¿Por qué abrir un blog?

diciembre 14, 2013 § Deja un comentario


Hola a todos. Para los que no me conozcáis: Soy Pablo Guérez Tricarico, Doctor en Derecho por la Universidad Autónoma de Madrid. Por qué abrir un blog. Y sobre todo un blog con contenido social o personal. Es esta una pregunta difícil, que incluso a algunos podría parecer superflua. No hace mucho pensaba que muchos blogs -no todos- constituían una pérdida de tiempo, que llevaría demasiado administrarlo (y eso podría ser en el futuro un inconveniente, dada mi habitual “dejadez” para mantener ciertos asuntos, o mi falta de perseverancia), o que -si no son escritos por algún profesional que pueda aportar conocimientos útiles a la sociedad-, eran poco más en su mayoría más bien una vanidad del escritor. Sin dejar de ser algo escéptico al respecto, pues realmente pienso que las cosas, y las injusticias sociales y personales de este mundo en el que vivimos, si queremos cambiarlas por la palabra, los que realmente tienen la responsabilidad y el privilegio no sólo de concienciar, sino de convencer a la sociedad en su conjunto para que actúe y haga presión sobre el Poder -dicho así, suena muy fácil, pero en muchas ocasiones (desgraciadamente, pocas en nuestro país)- son los periodistas o blogeros. Son ellos los que, por su habilidad y conocimientos, pueden ser realmente capaces de reportar hechos o pruebas (evidences) lo suficientemente graves como para conmover los mismos basamentos de las estructuras injustas de poder que conforman nuestra sociedad enferma y adormecida de nuestro querido Primer Mundo. Y ello, en todo a lo que muchos no nos gusta: desde los experimentos ilegales de la industria farmacéutica y el control de precios para que la mayoría de la población mundial siga excluida de recursos sanitarios valiosísimos, a la conexión del funcionamiento de los mercados de materias primas o de piedras o metales preciosos con la responsabilidad directa en conflictos bélicos que se desarrollan, de manera olvidada aquí, en diversos países del llamado Tercer Mundo, por poner sólo dos ejemplos, los cuales, por no disponer de las herramientas propias del periodista, no puedo concretar sin exponerme, en el mejor de los casos -sí, me habéis leído bien, en el mejor- a ser objeto de querellas por calumnias, porque eso daría publicidad a estos temas olvidados por la sociedad y motivaría a los verdaderos periodistas valientes a volver a investigar sobre ellos. Mi admiración hacia una labor que en este país de tercera división resulta tan difícil, el periodismo de investigación o el periodismo de compromiso social -por la calidad de los periódicos de mayor tirada que en él se editan y su clara supeditación a líneas editoriales tan afines al poder real -no me refiero al poder político-, que la sola mención de este hecho resulta caricaturesca.

Hasta ahora, para transmitir las ideas que ahora intento plasmar por medio de “posts”, y algunas otras, había utilizado el modelo de la carta abierta selectiva vía mail, muchas de las cuales me sirvieron de desahogo, denuncia, contacto y comunicación de mi situación, preocupaciones e inquietudes en forma escrita -lo que permite una mayor serenidad y reflexión-, de manera rápida y fluida, e incluso me permitió resolver o paliar situaciones personales difíciles y ponerme en contacto con personas distantes en todos los sentidos de la palabra, y, “by the way”, extender lo que yo consideraba una problemática sólo individual a un ámbito más general o más social, denunciando situaciones objetivamente injustas. Ello no dejaba de ser un medio de expresar ideas puntuales que sólo podían llegar a un público limitado, por mucha gente de las “redes sociales” que viniera incorporando. Tenemos el ejemplo de otro tipo de formatos ofrecidos por los periódicos tradicionales, tanto en papel como exclusivamente digitales (como las tribunas, las cartas al director, o incluso iniciativas más abiertas en los periódicos digitales, como los foros de opinión con mayor o menor grado de moderación), y que pueden alojar opiniones realmente interesantes escritas por ciudadanos anónimos, pero que resultan ser, en el fondo, para la mayoría de los lectores de los respectivos periódicos, “flor de un día”, y acaban, en el mejor de los casos, siendo objeto de estudio en las hemerotecas por parte de verdaderos periodistas de investigación, que utilizarán o no como material de estudio para sus artículos. Frente a ello, el formato de blog permite una mayor continuidad, difusión, discusión y modificación de los contenidos que en él se alojan, además de constituir hoy por hoy, en esta sociedad “en red” en la que nos ha tocado vivir, una de las vías más eficaces de llegar a los ciudadanos, incluso por encima de los periódicos oficiales, cuya sujeción a la línea editorial, si bien está presente también, en mayor o menor grado, en los mejores periódicos del mundo -como los norteamericanos-, en nuestro país resulta ser simplemente caricaturesca; y ello sin perjuicio del trabajo muchas veces encomiable de los periodistas vocacionales, especialmente los periodistas de investigación y los periodistas sociales, a los que les mueve, por encima de todo, la búsqueda de la verdad, para que ésta sea conocida por la opinión pública (que no debe confundirse con la opinión publicada). Y por otra parte, no debemos olvidar -evidentemente, no me estoy refiriendo a mi caso-, que muchos periodistas ahora reconocidos y galardonados, empezaron, sobre todo en los tiempos más recientes y en los países más avanzados -como los Estados Unidos-, bien como blogeros, bien teniendo en cuenta el trabajo de éstos para realizar sus investigaciones y publicar sus artículos en periódicos “al uso”, algunos de los cuales tildados de sensacionalistas, para pasar después a ser contratados por periódicos no sospechosos de tener tal carácter.

Dicho esto, en la situación actual en la que vivo, las principales razones que me han movido a abrir este blog son las tres siguientes y, fundamentalmente la primera; me disculparán los lectores si desarrollo demasiado esta primera razón, que, como he dicho, es la que más me ha motivado a escribir:

1) Mi situación personal, social, y laboral, de parado sin derecho a prestación o, dicho en otros términos, de paria social, en el que, además, me veo sometido a exclusiones de diverso tipo y a obligaciones con las que no comulgo: en un cierto sentido, y por motivos que no vienen al caso, me siento un poco como el que está en la cárcel o en un programa de “rehabilitación”; ya habrá oportunidad, si acaso, de hablar de ello, y os adelanto que lo haré en un sentido muy crítico, ya que detesto todo lo que mina la autonomía de la persona. Pero volvamos a lo de la situación personal. Una de las ventajas de ser un parado sin derecho a prestación alguna en este miserable país, es decir, de “no ser nadie”, es que puedes escribir de lo que te de la gana sin rendir cuentas a nadie, porque -y no me resisto aquí a citar a Obi Wan Kenobi en “La Guerra de las Galaxias” (“no somos importantes”, Episodio IV. Una nueva esperanza., de George Lucas, dir., 1977). Me considero ciertamente un paria en cuanto carezco de derechos “materiales” -hablando en terminología marxista-, es decir, sobre todo, de la “sacrosanta” propiedad; me quedan algunos derechos “formales”, que sin embargo para mí no lo son tanto, pues no soy marxista, sino humanista, y más próximo al liberalismo igualitario de Rawls o Dworkin, además de cristiano: entre estos derechos “formales”, el que aquí me interesa destacar es la libertad de expresión e investigación, el uso de la Palabra con mayúsculas, que pienso explotar al máximo, hasta que ¡ojalá! un día, el Poder, en sus diversas formas y manifestaciones, se interese por mis palabras. Es verdad. No somos importantes. Pero mi humilde función, al abrir este pequeño blog, es señalar a otros que sí lo son, a los que cito literamente y a los que recomendaré, para que sean ellos los que puedan liderar un proceso de cambio. Esa es mi función, y, por ahora, no estoy preparado ni me corresponde hacer más. Como Juan el Bautista señaló en su tiempo a Jesús de Nazaret – yo, un hombre cualquiera, sigo señalándolo como modelo a seguir para el que quiera y para un cambio social de verdad-, y no interpretéis esta afirmación como una señal de soberbia, sino de todo lo contrario. Ya veremos en el tiempo cómo podremos ir construyendo una sociedad mejor. Algo de esto ya diré en la tercera razón. Volvamos otra vez al colectivo que ahora me interesa, el de los parados, especialmente el de los que no recibimos ningún tipo de prestación y estamos, por lo tanto, excluidos del sistema de la economía formal, que en nuestro tiempo equivale tanto como decir que estamos excluidos de la propia sociedad, pues la propia sociedad se basa en su funcionamiento en el dinero (sobre los parados en nuestro país, véase también en mi blog “Crisis?… What Crisis? Sobre la tasa de paro en España”, y “Carta abierta…)”.

En otro orden de cosas, ya adelanto que los posts que pretendo escribir aquí van a ser escritos desde una perspectiva muy subjetiva y personal; en cada uno, además del alcance general o de denuncia social que quiero darles, no puedo dejar de imprimir la huella de mi carácter y de mis sentimientos y emociones que tenga o haya tenido en cada momento; y el momento actual, podemos decir que no me encuentro en el mejor de mis momentos, tanto por razones personales como por razones sociales que no deben olvidarse y que constituyen verdades tanto como las primeras. Esto lo escribo por aquellos que me acusarán de buscar siempre razones para justificar mis argumentos o incluso mi comportamiento (cosa lícita en un país democrático, por cierto, pues, si no me defiendo yo… ¿quién lo hará por mí?), o de subjetivista, partidario de “teorías de la conspiración”, de “sobreintelectualizar” problemas, etc., etc. Adelantándome ya a tales críticas, algunas de las cuales me han sido hechas ya en el pasado, contesto que el blog está abierto a todos, siempre desde el respeto, para comentar, contraargumentar, comentar y construir juntos una red crítica sobre los problemas que yo plantee. Por todas estas razones, mis posts tienen también cierto carácter “terapéutico” para mí, en sentido amplio, son fruto de un “egoísmo altruista” y, en la mayor parte de los casos, estarán escritos desde la sinceridad y desde un saludable cinismo que me ha regalado la vida. Finalmente, dentro de esta primera razón, cuando pueda referirme “by the way” a experiencias más personales, adoptaré una postura crítica, enmarcando mis propios errores en el contexto social y tratando de suscitar la conciencia de la gran parte de responsabilidad que tiene la sociedad en los problemas individuales, y que se corresponde con la gran máxima de algunos Abogados defensores de “No mi cliente, sino la sociedad” (vid. en este sentido, por todos, Sánchez-Vera, 2009), sin negar mis errores ni mi parte de responsabilidad -pues ya habréis visto en mi perfil que, como uno de mis principios orientadores de mi vida, amo la Libertad, con su contrapartida que es la Responsabilidad, si bien con algunas matizaciones importantes que se derivan de mi carácter “humanista”, abierto al perdón y a la Misericordia, como valores que pueden y deben ser incorporados a un concepto humano de Libertad;

2) Las ganas de denunciar públicamente -aunque todavía no crea mucho en ellas, como puede desprenderse de la lectura de mi primer post-, hechos o actitudes sociales que me preocupan a través de las llamadas “redes sociales”, y todo tipo de marginación y exclusión social, sobre todo de los más débiles y desfavorecidos; entre ellos: todas las minorías, del tipo que sean, étnicas, raciales, culturales, ideológicas, políticas, religiosas, comportamentales, filosóficas, académicas, científicas, médicas, sexuales, eróticas, y todas las que me he dejado en el tintero;  determinados enfermos con enfermedades crónicas “de verdad”, es decir, físicas, como las personas infectadas por el VIH o las enfermas de SIDA; las personas con algún tipo de capacidad, con alguna malformación o defecto físico, psíquico o funcional genético o adquirido, incluidas las personas que no se corresponden con los cánones de belleza o de normalidad que nos marca nuestra sociedad occidental, hasta el punto de tener muchas de ellas de recurrir a la cirugía estética o satisfactiva (sobre este punto puede verse mi tesis doctoral, pero a lo mejor desarrollo un post específico al hilo de los abusos de la Medicina, especialmente de la Psiquiatría y de la Medicina experimental); la mayoría de lo que suele denominarse por la Psiquiatría y la mayor parte de la Psicopatología como “enfermos mentales” (ya adelanto, como espero escribir en un post -disculpen la cacofonía- posterior, que no creo en la existencia de las enfermedades mentales “strictu sensu”, al menos en la mayoría de ellas, como entidades nosológicas separadas “per se”, y menos aún como categorías discretas al modo en que las contemplan los modernos manuales de diagnóstico y tratamiento de los trastornos mentales al uso estilo DSM-V  de la Asociación Americana de Psiquiatría (APA) o CIE-10 de la Organización Mundial de la Salud), sino más bien en comportamientos desadaptativos que comportan sufrimiento al que los realiza y a veces también su entorno próximo.

Dicho en un lenguaje claro, a muchos no nos gusta el mundo tal y como está; y si no podemos cambiarlo con las armas, sino con la palabra, parece ser que la “revolución”, el “cambio”, la “toma de conciencia”, la “instauración del Reino de Dios” (y donde pongo Dios cada uno ponga Justicia social, paz, respeto e igualdad y todo eso que muchos tenemos en la cabeza) que muchos estamos anhelando, ya no puede venir de los sindicatos, de los partidos políticos o de instituciones anticuadas surgidas en el siglo XIX en las que muchos de nosotros hemos dejado de creer; el cambio deberá surgir “de la red”. De ahí el afán del Poder -sobre todo de las dos grandes potencias del mundo actual, el Gobierno Federal de los Estados Unidos y el Gobierno de la “República Popular” (sic) china- en controlarla cada vez más;

3) Por último, mi afición al género periodístico y mi voluntad de expresarme en un lenguaje a medio camino entre el género periodístico y el académico, en el mejor sentido de ambos, cogiendo lo mejor de los dos géneros e intentando evitar lo peor: del periodístico, la frescura del lenguaje, sin necesidad de estar atado por la “premura” de la noticia, por el necesario reduccionismo que impone la propia lógica periodística y sin sujeción a línea editorial alguna, sobre todo en este país; del académico, el rigor que aporta una investigación contrastada suficiente que puede encontrarse detrás -pero no necesariamente- dentro del texto “posteado”, de acuerdo con el ejercicio de la plena libertad investigadora y de su reconocimiento académico, al menos formal y a nivel legal, que me aporta mi Título de Doctor, y todo ello sin necesidad de realizar investigaciones presuntamente “rigurosas” con muestras de erudición de citas innecesarias que, en la mayoría de los casos, resultan inútiles incluso en las publicaciones especializadas, sobre todo desde que en nuestro país -cosa de la que, al menos en los ámbitos de las mal llamadas “ciencias sociales” y de las “Humanidades”, ya íbamos sobradísimos a lo largo de nuestra relativamente pobre historia académica (no sin notables excepciones)-, encima viniéramos a implantar un modelo de valoración de la investigación, por cierto, por mí superado hasta el nivel de Profesor Contratado Doctor, basado en la publicación de artículos “alimenticios” (este término se lo debo a Enrique Peñaranda, en conversación), es decir, artículos que se escriben enmascarando el verdadero rigor y la originalidad con un prolijo virtuosismo en el manejo de citas inútiles y sobre temas “que interesen” al organismo que acredita, cada vez de manera más oscura y anónima. Pero eso, como dijo Michael Ende, eso es otra historia (“La Historia interminable”,  edición traducida al español publicada por Ed. Alfaguara, 1983).

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¿Por qué abrir un blog? por Pablo Guérez Tricarico, PhD se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial 4.0 Internacional.
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