“Crisis?… What Crisis?

diciembre 15, 2013 § 3 comentarios


“It is not only a question of charity. It is just a question of dignity. Stop blaming the victim! Stop secondaries and n-victimizations by any social context. Stop blamig victims of violent crimes, victims of society, victims of the System and homeless people. Stop blamig children, teenagers without future, ageds, unemployees, poors, indigents, sick and different people, LGTB people, vulnerable people, deseaseds, patients, disableds, inmigrants, outcasts, outsiders, consumers and debtors, and many other innocent people which carry on the consequences of a thing that many renowned economists name “Global or World Crisis”, which is in reality the manifestation of an inequal global system of wealth distribution, in which they never have taken an active part, and it has lead them to a huge loss of dignity and humanity” (Pablo Guérez Tricarico, Phd, 12/28/2013) 

Según fuentes gubernamentales, hace poco más de un par de semanas que dejamos atrás la recesión, con el consiguiente aplauso de las Agencias de calificación de nuestra deuda soberana (¿o deberíamos decir las soberanas Agencias de calificación de la deuda?). Comienza una nueva etapa de crecimiento macroeconómico, ya no estamos a la cola de Europa y, desde el punto de vista de la economía financiera, puede empezar a decirse, de nuevo, recordando la consigna puesta de moda por un infame presidente del Gobierno que tuvimos que padecer los españoles y los residentes en nuestro país entre 1996 y 2004, “España va bien”.

Sin embargo, no se crea empleo. A pesar de los pingües beneficios recientemente publicados de las mayores empresas cotizadas en el IBEX-35, no se contrata, ni siquiera bajo las nuevas formas de “contratación” contempladas por las últimas reformas laborales, que se han ocupado de vaciar de contenido en la práctica el Derecho laboral: no, tampoco hay “minijobs”, contratos temporales de aprendizaje para adultos maduros, contratos temporales de 500 euros por convenio, becarios, etc., etc. ¿La razón de todo ello? Aun a riesgo de incurrir en un peligroso reduccionismo: una combinación de incompetencia de nuestra clase política y de la inexistencia -con poquísimas excepciones-, de verdaderos emprendedores en nuestro país, con auténtica visión de futuro.

Parece que lo único que importa son los datos y las cifras macroeconómicas de la economía financiera, que nunca me interesaron mucho. Por el contrario, me interesa la “intrahistoria”, en el sentido de Unamuno, la historia de la gente -no confundir con la cuasi incomprensible “ciencia” de la microeconomía, especialista en teorías formales que intentan describir modelos de comportamiento humano y explicar lo ocurrido a partir de predecir el pasado y de postulados condicionados ideológicamente, como la “innata naturaleza egoísta del ser humano”, y cosas por estilo-. Son pocos los economistas que presentan un enfoque más abierto, complementario, complejo y por ello más próximo a la realidad de la ciencia económica en general, renunciando al determinismo completo y a los postulados referidos, y admitiendo la reciprocidad y la cooperación en el juego económico (vid., por todos, Nash, John,  “Equilibrium points in n-person games”, PNAS, 1 de enero de 1950, vol. 36 no. 1 páginas 48-49, en inglés. Artículo enviado a la revista de PNAS [Proceedings of the National Academy of Sciencies] el mes de noviembre de 1949 y publicado en dicha revista en enero de 1950; Sen, Amartya K., On Ethics and Economics. Oxford: Basil Blackwell, 1987, así como artículos y libros de divulgación posteriores sobre las relaciones entre la economía, el derecho y la política).

Algún mal pensado habrá pensado que la causa de mi desempleo y de mi permanencia en él pueda ser algo así llamado crisis; ¿crisis? ¿what crisis? Me recuerda a una canción de Supertramp que se pierde en la noche de los tiempos en los que había ideologías… Ah, ¿Qué tenemos una tasa de paro del 26 y pico por ciento y una tasa juvenil del 46 y pico (esa ya no me toca, yo ya estoy dentro del paro general). Pues eso es simplemente porque la gente es vaga, y no vota lo suficiente al partido en el poder. Aceptemos subempleos, “minijobs de 500 euros”, contratos basura o contratos de esclavitud, y se acabará el desempleo. Así, por ejemplo, digamos sin complejos que si el parado no trabaja, es porque no quiere -o porque no quiere trabajar 12 horas diarias por un sueldo de 200 euros-. Y si el pobre es pobre, es porque le falta ambición, iniciativa, porque no se ha “puesto en marcha” para encontrar trabajo por cuenta ajena o, mejor, para fundar su propia empresa para explotar a otros pobres. Frases de este tipo se decían por ejemplo, en los Estados Unidos, en las campañas políticas de los peores tiempos reaganianos, mientras auditorios repletos de “chigago boys” aplaudían sin rechistar semejantes infamias. Y si la cosa está así en nuestro querido Occidente… ¿cómo estará en el Tercer Mundo, hoy excluido de la participación de los beneficios de un sistema financiero global intrínsecamente injusto, cuando no directamente expoliado por Occidente?  Bueno, no sigo. Que cada cual saque sus conclusiones; ¿pero a las personas de mi generación, de mediados de la treintena, no os lo han dicho más de una vez? Que si nosotros luchamos contra “los grises”, que los tipos de interés para comprarse una casa estaban más altos entonces, que si estudiabas, y si estudiabas mucho, te ganarías un empleo cualificado… y tantas y tantas otras mentiras, muchas veces dichas con buena intención, es decir, sin saber que nos cambiarían las reglas del juego una vez comenzada la partida (sobre esto, aunque aplicado a una generación afortunadamente más joven que la mía, recomiendo la lectura íntegra del interesante libro de Marta García Aller, “La generación precaria”, Ed. Espejo de tinta, Madrid, 2006).  Valgan como reflexión y estímulo -no como resumen- de las ideas y de los hechos centrales que tan bien se describen por su autora las siguientes palabras, referidas a ella misma y que, aunque no las comparta al 100 por 100, sí merecen el 100 por 100 de mi respeto: “Lo bueno sería tener algo seguro para los 35, ya me da más igual qué. Será que me estoy haciendo mayor, pero me estoy dando cuenta de que todo no lo puedes hacer. Ya no estudiaría más cosas para sacármelas por sacármelas. Lo que haga tendrá que ser porque valga para algo. En el fondo prefiero no complicarme mucho la vida. Si puedes trabajar en lo que estudiaste pues bien, y si no, pues a buscarse otra cosa; si puedes hacer una familia la haces y si no, pues no.  Pero hay que dejar de quererlo todo o te vuelves loco. En realidad lo que me gustaría es tener que dejar de tomar decisiones (…)” (p. 276). Observe el lector que el libro está escrito en el 2006… ¡antes del inicio de la crisis! ¡Qué cosas podrían decirse ahora! La verdad es que la obra de Marta merece una recensión, pero habiendo pasado lo que ha pasado y lo que seguimos padeciendo, no quiero ni imaginar lo que ella escribiría ahora sobre la precariedad. Probablemente, y aunque la intuición me dice que se ha “colocado” y vive mejor que yo, objetivamente podría escribir una obra mucho más demoledora. Continuaré escribiendo, si Dios me lo permite, sobre la crisis, y a ser posible en inglés, más adelante; sobre sus efectos en el Primero y el Tercer Mundo, desde  mi profunda intuición, acompañada de algún conocimiento empírico, de que la crisis actual trae su originen de una crisis de valores que ha estallado en el Primer Mundo, ocasionada por el hombre, y no en una hipotética falta de recursos.

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“Crisis… What Crisis? por Pablo Guérez Tricarico, Phd se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial 4.0 Internacional.
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§ 3 respuestas a “Crisis?… What Crisis?

  • drpgsoft34 dice:

    Enhorabuena por esta iniciativa. Ya hacían faltas cosas así, porque muchos estamos hasta la coronilla de tantas mentiras de nuestros políticos y de los que mandan. Totalmente de acuerdo en todo.

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  • Gracias, Pablo, por este blog; es una buena iniciativa para despertar de la siesta permanente en la que nos sumergimos muchos españoles, muchísimos, en cuanto a tomar parte en nuestra propia vida. Felicidades de corazón.

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    • pabloguerez dice:

      Muchísimas gracias por tu respaldo, Rosa, a mi reciente blog, que, como verás, está recibiendo más críticas -todas ellas bienvenidas y publicadas hasta ahora- que respaldos. Te animo a que seas, además, seguidora, pues ello repercutirá en el “impacto” y en la difusión en la red que el blog pueda tener.

      Efectivamente, como bien dices, debemos tomar conciencia del gran anodadamiento en que muchos vivimos -yo también, por qué no decirlo, en alguna ocasión-, ya sea porque tenemos la conciencia social adormecida, o porque simplemente no nos quedan fuerzas para pensar y denunciar nada después de renegociar los plazos de la hipoteca, negociar con nuestros diversos acreedores, intentar posponer el pago de los impuestos -sobre todo de los indirectos, que están mostrando un crecimiento alarmante-, buscarnos cuatro minijobs para dar de comer a nuestros hijos o asistencia a nuestros mayores y pagar el recibo de la luz. Aunque no debamos olvidarnos de los que siempre han estado en crisis -la mayor parte del planeta que habita el por nosotros denominado “Tercer Mundo”, no por ello debemos de luchar por recuperar aquello que, en los llamados países con un “Estado del bienestar”, no hace mucho años teníamos, y tuvimos hace muy poco: por ejemplo, uno de los mejores sistemas sanitarios del mundo, seguramente, en términos relativos a nivel de coste por paciente / recursos sanitarios y, probablemente, incluso en términos absolutos. Sólo desde una toma de conciencia por parte de la sociedad civil de que hace falta una red empresarial que realmente cree riqueza, y no explote a los más desfavorecidos, podremos permitirnos, además, el “lujo” de ser solidarios, o, lo que es lo mismo: compensar la injusta deuda económica que tienen los países del Tercer Mundo con nosotros -causada muchas veces porque fuimos nosotros los que determinamos los precios de las materias primas y, no contentos, nos pusimos a controlar su mercado, cuando no a expoliar directamente sus recursos- con un crédito moral justo equivalente a crear empresas u organizaciones sin ánimo de lucro que no tengan como objetivo “externalizar los costes” para abaratar precios, sino una inversión directa y comprometida en I+D+I en dichos países para contribuir a su desarrollo económico. Se lo debemos.

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