Sobran los motivos: sobre la página www.hazteextranjero.com. “By the way”, algunas reflexiones sobre la responsabilidad por la crisis.

diciembre 15, 2013 § 7 comentarios


Sobran los motivos: sobre la página www.hazteextranjero.com

Murió el poeta lejos del hogar

Le cubre el polvo de un país vecino

Al alejarse le vieron llorar,

Caminante no hay camino,

Se hace camino al andar (Cantares, Joan Manuel Serrat, Disco Dedicado a Antonio Machado, Poeta: 1969)

Hola a todos. Recomiendo el siguiente link: http://www.hazteextranjero.com, compartido en Facebook.

Sobran los motivos, la verdad. Para irse. Ya sea a los Estados Unidos de América, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, los países escandinavos, América Latina, algunas islas del Caribe, Fidji, las Islas Shetland, Alemania, Finlandia o a ningún país, como la Antártida, las personas sensatas que todavía “vivimos” en este país y que nos sentimos asfixiadas por un clima social que no hace sino sumergirnos una y otra vez en el bucle de las mentiras sobre la crisis y en la culpabilización de los ciudadanos por el Poder, que no hace más que exigirnos “austeridad” a los que sencillamente ya no tenemos nada (por cierto, la austeridad es una virtud, que ejerce el que tiene bienes administrándolos con mesura y moderación; por eso no puede exigirse a quienes nos limitamos a subsistir y vivir de la caridad familiar o de las pocas redes asistenciales que la sociedad civil pueda poner a nuestra disposición), enmascarando los problemas reales de empobrecimiento de los ciudadanos y de sus familias y agitando fantasmas como la “alarma social que exige tomar medidas más severas contra la delincuencia” o la amenaza inminente de una hipotética secesión de parte del territorio nacional, entre otras cuestiones, tenemos la necesidad de marcharnos del territorio nacional. Mi felicitación a los miembros de las varias generaciones perdidas de este país -los nacidos entre los años ochenta y los noventa, grosso modo-, que lo están intentando, están en camino o ya lo han logrado, especialmente a los que han conseguido una residencia y un trabajo digno de tal nombre en otro país o la tan anhelada US Green Card, para cuya Lotería anual me he “postulado”. Y sobre todo para los jóvenes hipercualificados, médicos, ingenieros, Doctores en cualquiera de las especialidades recogidas en nuestra legislación y, en muchos de los casos, para los jóvenes que han tenido que completar su formación en el extranjero.  Porque aquí la formación en general, y la llamada formación académica superior avanzada llamada por las empresas  -sobre todo por la pequeña y la mediana empresa, todo hay que decirlo, aunque les siente mal a muchos-, son denominadas por la mayoría de las y de los profesionales de recursos humanos como  “hipercualificación” o “sobrecualificación”, lo que resulta ser un demérito y un signo de estupidez juntos. La “hipercualificación” acaba siendo un problema para la persona muy cualificada, que es objeto de todo tipo de envidias (el pecado nacional por excelencia) y de comentarios, del estilo de… “Pero tú, con lo que sabes… ¿por qué has seguido estudiando? ¡Si eso no vale para nada! ¡Lo que hay que hacer es cursar cualquier mastercito de seismil o diez mil euros y “presentar” una candidatura para algún puesto intermedio o de dirección, preferiblemente en la banca. Ahí, una vez colocado, tienes tu sueldecito y, por supuesto, tus ingresos en B”. Ahora bien, también está la opción “noble”, la de preparar unas “opos”, del grado que sea. pera esa también se cerró. Y las oposiciones del grupo A, para cualquiera de las Administraciones, siguen inspiradas en un modelo de “aprendizaje” decimonónico (a falta de una palabra mejor que pueda describir un proceso selectivo semejante) memorístico y acrítico que nadie parece tener voluntad política de cambiar. Ello, en mi ámbito profesional, resulta sobre todo preocupante en las oposiciones a Jueces, a pesar de algunos tibios intentos del Consejo General del Poder Judicial de cambiar “algo” el sistema de acceso a la carrera judicial durante la última etapa de gobierno socialista. De modo que, si algunos seguimos aquí, y se ha dicho muchas veces, vamos a pertenecer a las primeras generaciones en este país, en mucho tiempo, que sólo va a poder aspirar a vivir peor que la generación de sus padres, aunque sólo sea un poco peor. Así que las personas capaces de desarrollar trabajos altamente cualificados (típicamente, los investigadores) tienen un mal pronóstico de inserción social y de “evolución” en este país, como dirían algunos psicólogos. Por supuesto, la empresas extranjeras lo saben y no faltan, gracias a Dios, ofertas muy atractivas para profesionales cualificados de nuestro país para trabajar en el extranjero o “headhunters” extranjeros que incluso se  desplazan hasta aquí para contemplar, no sin estupefacción, cómo son desperdiciadas varias generaciones por un sistema  económico inmaduro y muchos jóvenes muy preparados rechazados para puestos que intentan cubrir perfiles para los que se exige una cualificación mucho menor que la del aspirante. Por la hablar de la “actividad” de los servicios estatales o autonómicos de empleo, que han hecho una dejadez cuasi absoluta de funciones en manos de las ETTs. Así, el “hipercualificado”, el que destaca por encima de la media, se convierte él también, y en este caso muchas veces sin ser consciente de ello, en una “víctima” más del sistema. Qué duda cabe de que la victimización se produce también en este ámbito, por contraintuitivo  que pudiera parecer, de acuerdo con una solución tan a la española como la del “café para todos”. Mucho habría que decir sobre esto y su relación con nuestro sistema educativo, puesto que al niño que destaca en el colegio o al joven que lo hace en el instituto no se le premia, sino que el sistema intenta reconducirlo dentro de los cauces de la cada vez más pobre educación española preuniversitaria, como lo demuestran los datos del último informe “Pisa”, por mucho que el actual Ministro de Educación, de cuyo nombre no quiero acordarme, nos prometa soluciones “ya”, muy a la española.

Llenaría ríos de tinta comentando todas las razones por las que considero a España un país de segunda o de tercera división, hasta el punto de que la cuestión me parece evidente, como si de un postulado matemático se tratara: somos un país -y sin de desmerecer a los colectivos que se mencionarán- de camareros, putas, pícaros, estafadores, ladrones, maleantes, incompetentes y estúpidos. En general, claro. Pero parece que ni siquiera la consideración de las aisladas voces que se alzaron tras el “Desastre de 1898” y que dieron nombre a aquella generación, preconizando la fractura, primero sangrienta, luego represiva y todavía sin cerrar, de las dos Españas, una de las cuales, en palabras de Machado, ha de helarte el corazón (yo diría que las dos), han conseguido situarnos en la primera fila de las grandes naciones occidentales. Evidentemente, no quiero ocultar aquí el mayor o menor “drama”derivado de la emigración que siempre -salvo raras excepciones- supone para el emigrante: alejamiento de sus familiares y seres queridos, pérdida de la red de apoyo que tuviera en su país -si es que la tenía-, etc., así como el simple sentimiento de tener que marcharte de un país que, le guste o no, es el suyo, cuya mentalidad y costumbres le ha impregnado en mayor o menor grado y a contribuido a su desarrollo como persona, en lo bueno en lo malo. Algo de España se va cuando una persona toma la decisión de abandonar, temporalmente -nada es definitivo- este país. Aunque sólo sea por los recuerdos de la infancia, nunca es grato del todo abandonar el país de origen, pues parece a afectar a uno de los “núcleos duros” de nuestra intimidad que los antropólogos y algunos psicólogos humanistas denominan “sentimiento de pertenencia” (los orígenes, las raíces, el arraigo, o como queramos llamarlo). Y la sensación de desarraigo -que yo mismo, aunque haya sido por poco tiempo, he experimentado- no es algo precisamente agradable, y se ve agravada en la medida en la que la inserción social del emigrante en el país de acogida se ve a su vez dificultada por todo tipo de trabas. Pero el emigrante adulto también se lleva algo de su origen consigo, aunque sólo sean los recuerdos y, en el mejor de los casos, la esperanza de construir en su nuevo país un futuro mejor para sí mismo y para su familia, la cual permanece muchas veces en el país de origen. Y es a él al que corresponde valorar si el marcharse merece la pena, sopesando todos los pros y los contras, tanto desde el punto de vista intelectual como desde el emocional, puntos que, por cierto, no están tan distantes entre sí. La ilusión de una nueva vida, de una “segunda oportunidad”, de un “second step” -propia de países como los Estados Unidos, pero no del nuestro-, pueden muy bien mover al emigrante a buscar un futuro mejor más allá de nuestras fronteras, y esta consideración puede compensar con creces lo que cree poder “dejar atrás” aquí, sabiendo que siempre podrá volver. Pero cuando vuelva… ¿cómo encontrará este país? No quisiera adelantarme a pronosticar nada -entre otras cosas porque carezco de esa habilidad en sentido estricto, pero en la España del próximo decenio veo un panorama desolador. Ya está empezando a entreverse ahora. Y esto es lo que yo veo, muchas veces directamente: servicios sociales públicos desbordados, servicios de Cáritas -que por cierto, si no fuera por su contribución, estaríamos muchísimo peor de lo que estamos, y habría muchas más personas y familias no ya en riesgo, sino en exclusión social-; familias anteriormente de clase media que se ven obligadas a buscar alimentos en las basuras, muchas veces caducados, o a la salida de los supermercados, por haber perdido el empleo uno, varios o todos sus miembros; niños que no tienen lo suficiente para comer de una forma saludable; familias desahuciadas por la aplicación de una Ley de Hipotecaria, de 1870, que, aunque legal, resulta en muchos casos manifiestamente injusta, si no inconstitucional, si nos atrevemos a aplicar de verdad el artículo 33.2 de nuestra Constitución (que habla de la llamada función social de la propiedad, por no hablar del artículo 128, que nunca se aplicó en serio y que en la práctica fue derogado por el Tratado de la Unión Europea a partir de 1999, cuando se produjo la definitiva cesión de soberanía económica a la “dudosamente” democrática institución del Sistema Europeo de Bancos Centrales) y un Gobierno tibio que no sabe que hacer ante las legítimas quejas de movimientos en favor de los derechos civiles como la Plataforma de Afectados por la Hipoteca. Y es en nuestro país donde se aplican las leyes que quieren nuestros políticos -o que nuestros políticos permiten que se apliquen por el Poder que les ha llevado a donde están-, y se dejan de aplicar las leyes que nuestros políticos no quieren -o que nuestros políticos permiten que se inapliquen por el Poder que les ha llevado a donde están- (como la Ley de Usura de  23 de julio de 1908… ¡actualmente vigente, al menos de manera formal!, así como varias Circulares del Banco de España que limitan los tipos de interés que pueden exigir incluso las llamadas agencias o entidades de crédito expresamente reguladas y excluidas de la legislación bancaria general, como muchas entidades de préstamos al consumo, créditos rápidos o “minicréditos”, algunas de ellas como las de los créditos telefónicos con TAEs del orden del 200%, que enmascaran, para no incurrir en ilegalidad, como “comisiones” o “precios del servicio o gastos de gestión”. En cuanto a las entidades bancarias “tradicionales”, ocurrió, aunque en menor medida, “más de lo mismo”, tanto en los préstamos personales como en los llamados -de una manera muy poco rigurosa- préstamos o créditos hipotecarios, y que -como se ha visto en la práctica-, no son sino préstamos personales con garantía real (de hipoteca, en este caso). Y si eso ha ocurrido en el nivel legislativo…. ¿Qué decir de la práctica bancaria, en connivencia con el discurso político que se nos ha estado vendiendo, tanto por el PP como por PSOE, como “uno, si no el mejor, de los sistemas financieros del mundo”? La burbuja fue un mal y una gran mentira en la que caímos -yo incluido-, muchos españoles. En en período comprendido entre los años 2000 hasta más o menos 2006, cuando empezaban a advertirse, por parte de los profesionales más a avezados, las primeras señales de lo que habría sido la peor crisis de Occidente desde el “crash” del 29, todo parecía ir “demasiado bien”. Los que estábamos fuera no nos lo creíamos, hasta que pudimos comprobar con nuestros propios ojos cómo un trabajador no cualificado ganaba 1200 euros en A y a lo mejor otros 100o en B. Mientras, algunos trabajadores cualificadísimos, ganábamos prácticamente lo mismo, pero sólo en A. Y ahí estaba la ventana del crédito bancario, abierta de par en par, y publicitada a los cuatro vientos. A los que ganaban 1000 euros con trabajos fijos o semifijos se les daba una tarjeta de crédito con un límite de 3000, que se les seguía aumentando si pagaban regularmente.  Algunos caímos en esa trampa, así como en el de las famosas tarjetas “revolving”, que permitían pagarlo todo en “cómodos plazos”. Sin darnos cuenta, pero también sin pretender exonerarnos de nuestra parte de responsabilidad, muchos, embullidos en ese ambiente de promesas de crecimiento económico y de ascensos laborares que habrían acabado no produciéndose -cuando lo que nos estaba deparando el destino, o el transcurso de los acontecimientos, era el paro); la trampa de que, si compras todo a plazos -y ya sin necesidad de tener en cuenta los elevadísimos intereses de posposición, que no de demora, del pago-, es como -o peor- que si compras todo cuando tienes dinero en caja. El “criterio de devengo” y el “ya lo pagaré”, elevados a forma habitual de consumo surgieron en muchos españoles que caímos en esa trampa, y a algunos nos llevó a un endeudamiento aún peor, en el que contribuyeron otras causas que no quiero mencionar aquí. Después, viene la crisis, y, parafraseando a Lenin, el “¿Qué hacer?”. Yo, por lo menos, he sido sincero. Mis deudas y mis renegociaciones, de acuerdo con la ley y la práctica (incluida la ética) bancaria, son mías. Pero ésas y sólo ésas, que son insignificantes comparadas con la enorme deuda del país, tanto pública como privada. Y ahora me hago, nuevamente, pues no es nueva, la pregunta: ¿He contribuido a la crisis? Pues mi contribución a lo mejor ha existido, pero el daño hecho al sistema puede ser como el daño que supone la muerte de una mosca del vinagre para la supervivencia de todo el sistema ecológico del planeta. Y no me vengan ahora con teorías del caos, por si a alguno se le ocurre, muy lejos de ser aplicables para todo y de ser generalizables. En aquellos años, ningún personaje o autoridad públicos sabía -y si lo sabía… ¿por qué no lo dijeron?-, la que se nos iba a echar encima. Incluso en un contrato firmado “en igualdad de condiciones” entre un particular, un hombre “de la calle” y un banco, tal igualdad no es real. Se trata de contratos de adhesión en los que ellos ponen las condiciones. Además, el que tiene mayor información -el evaluador de riesgos bancario- tiene mayor responsabilidad que el particular que firma un documento ya preparado con su letra grande y su letra pequeña, del mismo modo que en Derecho penal el que tiene mayor conocimiento sobre los riesgos tiene mayor responsabilidad que el que no la tiene -por ejemplo, entre los ocupantes de un vehículo y el conductor que conduce habitualmente de forma imprudente y que sabe, además, que tiene los frenos del vehículo que finalmente acabará teniendo un accidente en el que, por ejemplo, fallece uno de los dos ocupantes mencionados en el ejemplo, o los dos, que ignoran tales hechos, tiene mayor responsabilidad el conductor que sus dos ocupantes-. Así que ya estoy cansado de que nos digan, a estas alturas en la que muchos arrastramos el desgaste del sobreendeudamiento, sobre todo desde la casta política, y por boca de políticos imputados por malversación y corrupción, que “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”. Ya está bien. Satis. Habría primero que hacerse la pregunta de quién, o qué, ha determinado nuestras posibilidades. Y la respuesta ya la he sugerido antes. Por eso prefiero una descripción más ajustada a la realidad sobre la atribución de responsabilidad por el sobreendeudamiento de nuestro país. Y es la siguiente: Algunos (cada cual sabrá) no hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. Hemos, más bien, vivido -algunos al límite, pero siempre dentro- de las posibilidades que nos ofrecieron entonces. Y a partir de esta aceptación, deberán los políticos tomar las medidas adecuadas, pero sobre todo equitativas para arreglar el problema, incluida la renegociación de nuestra deuda “soberana”. Y ello no debe hacerse nunca a costa de los servicios que atienden las necesidades básicas de los ciudadanos, como la sanidad, la educación, las pensiones, los servicios sociales, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado o la necesaria oferta de empleo público que demanda un Estado social según nuestra Constitución (artículo 1). Y menos aún prestando dinero a los bancos para “rescatarlos”, con el pretexto de que si no se habría hundido el  sistema financiero, y prestándolo, además, sin condiciones, sin supervisión y sin una contrapartida de rendición de cuentas, como han exigido otros países occidentales -por supuesto los Estados Unidos, a cuyo pueblo, por el arraigo del capitalismo, no se le suele gustar mucho la idea, tan arraigada en nuestro país, de la “subvención”, máxime cuando éstas -bajo forma de préstamos, avales, rescates, da igual la terminología-, son otorgadas a entidades típicamente “capitalistas”, como las entidades financieras. Por supuesto, en ese país la depuración de responsabilidades, tanto a nivel individual (piénsese en la famosa estafa Madoff, pero ha habido más investigaciones a distintos niveles), como a nivel de las propias entidades a las que, y pese a no ser economista, atribuyo el mayor peso de la crisis mundial (ocasionada, entre otros factores, por ejemplo, por la caída de Lehman Brothers en el otoño de 2007 a raíz del escándalo de las “subprimes”, y que provocó un efecto expansivo de la crisis en todos los mercados de valores internacionales). Pero se tomaron medidas; entre otras, la Administración Obama tomó medidas muy contrarias al presunto “espíritu capitalista”, a través de una intervención del sistema bancario sin precedentes, precisamente para “rescatar” a los principales bancos norteamericanos, son sin exigir una rendición de cuentas pública que les costó la reputación, cuando no directamente la cárcel, a varios de los hasta entonces reputadísimos hombres de negocios. En otros países serio, como en Alemania, se tomaron medidas similares. E incluso en otros, como Islandia, se optó por “no pagar” una deuda que se consideraba, por la mayor parte de su población, sencillamente “injusta”. Sin embargo, aquí no se produjo nada de esto. El entonces gobierno del Partido “socialista” y “obrero” español, liderado por el “preparadísimo” joven Zapatero, decidió avalar a los bancos para “salvar” o, en el mejor de los casos “estimular” la economía, sin exigir contrapartida alguna a cambio, y como mucho, salvando los muebles por medio de falsas promesas a la ciudadanía como la exigencia, “si eso”, y “más adelante”, de una futura rendición de cuentas, de un cierto control, de que sería deseable un autocontrol de las entidades de crédito y del sistema financiero… En fin, que cada cual saque sus propias conclusiones.

Éstos son los problemas que quiero denunciar aquí, y el mal que están causando a nuestra sociedad puede muy bien motivar la salida del país de muchas personas que tendrían mucho que aportar a España y que, por las condiciones en las que ésta se encuentra, no son capaces de aportar o, mejor dicho, a causa de varios de los males endémicos que ha padecido históricamente este país y que han contribuido a forjar una mentalidad compleja, en la que se entremezclan factores tan dispares como el derrotismo y la picaresca,  no se les da a estas personas por la generalmente pobre clase empresarial del país -muchas de ellas jóvenes o adultos jóvenes- la posibilidad de contribuir con sus conocimientos y habilidades a la generación de riqueza. Por todas estas razones, ¿cómo no plantearse la búsqueda de un futuro mejor, sabiendo que nuestra vida es una peregrinación, un camino, recordando nuevamente al Poeta, que se hace al andar, con sus errores y sus aciertos, fuera de nuestras fronteras?

“By the way”, quisiera dedicar algunas palabras a los por algunos igualmente amados como odiados Estados Unidos de América, aunque sólo sea porque gran parte de los movimiento de las redes sociales vinculadas al trabajo de blogeros “liberals” (incluidos importantes blogs “sensacionalistas” o “antisistema”) se gestaron allí, no sin dificultades, en los campus de Stanford, Berkeley, en el MIT, o sencillamente en las escuelas independientes de periodismo repartidas a lo largo y ancho del país. Muchos de los que leeréis el blog lo sabréis, y otros lo deduciréis pronto; aunque mi plan A es encontrar un trabajo de subsistencia en este país bananero, si por mí fuera me iba con mi billete de ida y dos mil dólares en el bolsillo a cualquier otro lugar para comenzar una nueva vida (“second step”, “second strike”, “second chance”), así sin más. De momento no puedo.

Los Estados Unidos están en primera línea. Cuántas veces hemos visto en las películas historias reales del self-made man, de gente que tropieza y se levanta, de un sistema que permite esto. Incluso de criminales que se cambian de nombre, se van a otro Estado y cambian de vida. No en vano, y sin negar sus enormes problemas y desigualdades sociales, los Estados Unidos de América sigue siendo el país de las oportunidades y de las ilusiones, donde todo es posible, con la ayuda de Dios. Es así de paradójico: el Gobierno del Estado más poderoso del mundo y, por ello, el más peligroso y potencialmente “malvado” es el Gobierno del país de las oportunidades, de los “checks and balances”, de los contrapesos; y también es el país de las paradojas y de los cambios; del respeto al que cae y luego se levante, aunque haya caído setenta veces siete y se haya levantado setenta veces siete más una; es el lugar -a pesar de los abusos tanto de los ciudadanos como de las autoridades-, del respeto a todas las minorías, así como de las discusiones -en el buen sentido de debate, “to discuss”-, del sentido de la democracia como modo de funcionamiento, aun imperfecto, en todos los niveles sociales. Como se dice en la magnífica película de Costa Gavras “Desaparecido” (1982, guión de Costa Gavras y de Donald Stewart) sobre la responsabilidad de los Estados Unidos en el golpe de estado en la dictadura chilena, el protagonista de la película (Jack Lemmon), ante las trabas interpuestas de los funcionarios diplomáticos estadounidenses para no seguir indagando sobre la muerte de su hijo por razones de defensa y de seguridad nacional, y de los argumentos dados por éstos en la línea de que su país lo que hace es defender sus intereses mejor que cualquier otro para que sus ciudadanos vivan mejor dentro de sus fronteras, y que claro, eso conlleva inevitablemente el pago de un precio, lleva a algunos efectos “colaterales”, aquél (Jack Lemmon, que interpreta al padre su hijo asesinado durante la dictadura), les replica que, pese a todo, es consciente y está orgulloso de ser ciudadano de un país en el que puede acudir a los Tribunales para defender sus derechos que esos mismos funcionarios del Gobierno le niegan; y los Jueces, a veces fallan con verdadera independencia -a años luz de lo que aquí denominamos “independencia del Poder Judicial-, en favor de los titulares legítimos de los derechos civiles reclamados, de las minorías y de la gente desfavorecida. Y es así. Precisamente sólo en un país compuesto por una pluralidad étnica, racial, de origen, cultura e ideológica tan dispar, ha podido desarrollarse una gran Nación con conciencia de tal por encima de las diferencias individuales. Y todo ello pese a los Lobbies, a los grupos de poder, y probablemente a su mayor responsabilidad por los conflictos del mundo. Así es. Es el país de las paradojas, y, por tanto, el país donde todo es posible. Por no hablar del reconocimiento social, que se hace universal, que en ese país tienen los profesionales de la ciencia y del conocimiento, tanto teórico como aplicado. Ahí sí que existe verdadera “transferencia” de tecnología, cosa que en España se reduce a un “palabro” que sólo sirve para incluirlo en los discursos de los dirigentes académicos y políticos y en los diferentes kafkianos formularios que debemos rellenar los que aspiramos a obtener una acreditación, una estancia de investigación, unas dietas, el reconocimiento de un sexenio de investigación, etc., etc., todas éstas cosas que seguramente no interesen a la mayoría de mis lectores, y con razón, lo que constituye la mayor prueba de que aquí nuestras autoridades académicas, cada una en su nivel, hayamos adoptado, algunos contribuido a adoptar, algunos por acción, y otros por omisión, un modelo tan formalizado de medir la capacidad investigadora, la producción científica y su proyección social que, por no creérnoslo nosotros mismos, nos nos hace creíbles ante la sociedad (la cual, dicho de paso, no está exclusivamente constituida por los famosos “emprendedores” de cuya mención se les llena la boca todo el rato a nuestros políticos). Un abrazo especial a Hilo, María y Sara, que han decidido plantar su pequeña “tienda” de emigrantes procedentes de un país aldeano llamado España en ese gran país, creando una familia en un país todavía libre, pese a las amenazas que los grupos de la ultraderecha norteamericana en orden a mejorar la “seguridad nacional” siguen realizando. Porque, además, los Estados Unidos son el país de la esperanza y de la confianza. Así reza incluso la famosa referencia en el billete del dólar “In God we trust”. Eso es lo que les ha permitido crecer como Nación y situarse, pese a todos sus errores y extralimitaciones -sobre todo en materia de política exterior-, en la vanguardia de las Naciones del mundo. Así que, pese a lo que les pese a algunos, que Dios os bendiga. Y que Dios bendiga a los Estados Unidos de América… ¡Y a sus inmigrantes!

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Sobran los motivos: sobre la página http://www.hazteextranjero.com. “By the way”, algunas reflexiones sobre la responsabilidad por la crisis por Pablo Guérez, Phd se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial 4.0 Internacional.
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§ 7 respuestas a Sobran los motivos: sobre la página www.hazteextranjero.com. “By the way”, algunas reflexiones sobre la responsabilidad por la crisis.

  • manuel lopez barto dice:

    Posiblemente y digo prosiblemente tengan mucha razón los que apuntan en la dirección de que somos un país de pandereta, pero para llgar a ser el país de la pandereta hay un origen, y es que en este puñetero país hay una multitud ingente de pandereteros. Para tener una consecuencias tiene que existir un origen. Tomen nota los que en vez de empujar el carro se dedican sistemáticamente a “poner palitos en las ruedas” y decir que otros países son mejores.

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    • pabloguerez dice:

      Gracias, Manuel, por tu comentario. Por lo que a mí respecta, no sé muy bien a qué te refieres cuando hablas de los que ponen “palitos en las ruedas” y se limitan a decir que otros países son mejores. Más bien yo me refiero a los que, legítimamente, nos podemos haber hartado de empujar un carro demasiado pesado y que no nos corresponde, al menos en una buena parte de su carga. E incluso hay personas que todavía creen en este país y arrastran consecuencias ocasionadas por otros. Una cosa es que alguien no haga nada e indique algo que, a su juicio, es mejor -el hecho de que otros países están más evolucionados que el nuestro-, lo que, por cierto, es una opción legítima, y otra distinta es que muchos tengamos que cargar con la basura generada por los pandereteros. La crisis, citando al Gran Wyoming, para todos. Como esto sólo es un comentario, y no quiero “abrir el melón”, solamente apuntaré algunas ideas de mi planteamiento al respecto: ¿Qué han hecho nuestros políticos -me da igual el partido, me refiero los que han estado en el poder en sus diferentes niveles: ayuntamientos, provincias, Comunidades Autónomas y Administración General del Estado- con los fondos pedidos a Europa o al FMI?; ¿Qué cuenta han dado los bancos a los políticos (nuestros representantes, en teoría), o a los ciudadanos, del dinero dado o avalado -tanto me da, la terminología de los subterfugios bancarios no cambia la ética- a cuesta de los impuestos de muchos -la clase trabajadora “nominera” empobrecida-, que es la que típicamente paga impuestos en este país de la picaresca? Así que, me parece muy loable intentar que se recupere nuestro país generando empresas que sean capaces no sólo de acumular, sino de crear riqueza para el bien de toda la sociedad (y pongo como ejemplo más avanzado de ellas las empresas que se dedican, invierten, o tienen que ver con el llamado I+D+I). Por ello me parece, además de legítima, muy loable también la labor de aquellos que hemos tenido que soportar deudas generadas por algo llamado “burbuja”, “economía financiera”, mientras trabajábamos en y por este país en puestos que, por no ser rentables a cortoplacísimo plazo, nunca serán reconocidos aquí, hasta que cambiemos nuestra atávica y provincial mentalidad picaresca por otra productiva y optimista, típica de los países más avanzados del mundo. Y a propósito de esto, sin perjuicio de poder comentarlo más detenidamente en un posible post futuro, os recomiendo el siguiente enlace:

      http://ecoteuve.eleconomista.es/ecoteuve/television/noticias/5394817/12/13/Wyoming-La-desgracia-no-es-robar-es-que-pasa-cuando-te-pillan-que-no-ocurre-nada-.html

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  • manuel lopez barto dice:

    Evidentemente hay motivos para argumentar y justificar tu postura, la cual comparto en un gran tanto por cierto, pero no es menos cierto que estoy cansado de escuchar y leer comentarios despectivos de este país, el cual para bien o para mal, hemos sido todos, por acción o por omisión responsables de crear lo bueno y lo malo que tenemos en la actualidad. La famosa burbuja a la cual se le achacan todos los males, la creamos todos, nos guste más o menos, el sentirnos cómplices. Es ladrón el que roba cinco euros y el que roba cinco millones, y es igual de especulador el que compro un pisito en planos y lo vendió antes de escriturarlo llevándose un suculento pellizquito, por supuesto libre de impuestos, que las empresas promotoras que sacaron suculentos beneficios. No trato de justificar a los macro-chorizos de todos conocidos, tan solo indicar que donde se ha llegado ha sido por todos y cada unos de los españolitos, y de otra indicar que para poder salir adelante, no por España, pero sí por los españolitos, o empujamos todos o nos vamos por la cuesta sin frenos y a lo loco.

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    • pabloguerez dice:

      Me parece que esta solución que argumentas, para lo bueno y para lo malo, del “café para todos”, constituye una irresponsabilidad y una injusticia flagrante contra el conjunto de los españoles, sobre todo para los que se han matado toda su vida a trabajar y nunca han vivido por encima de sus posibilidades. Es, además, una perspectiva muy española, en el peor de los sentidos. Intentar repartir las cargas de la crisis por igual entre personas -o entidades- cuya responsabilidad en la misma ha sido muy distinta, y no sólo cuantitativamente. Por otra parte, la afirmación de que es igual de ladrón el que roba cinco euros que el que roba cinco millones me parece francamente demagógica: el primero es también ladrón, sí, pero no hay término de comparación con el segundo. En nuestro Derecho, gracias a Dios, y aunque les pese a algunos, rige el llamado principio de proporcionalidad, que tiene su manifestación más significativa en el Derecho Penal; pero sin llegar a esta rama del Derecho, y simplemente por un asunto de justicia conmutativa, en el primer caso (en el que, por lo demás, hay lo que ya llamaban los antiguos moralistas una evidente “parvedad de materia”), el que ha robado cinco tendrá que restituir esos cinco, y el que ha robado cinco millones, pues tendrá que restituir esos cinco millones, simplemente a modo de restitución (no voy a entrar ahora en el castigo). Pretender inferir que el que ha robado cinco euros, si hubiera estado en una posición de robar más, lo habría hecho, es simple y llanamente una generalización que, además de suponer un bajo concepto de la naturaleza humana en TODAS las personas -pues habrá que ver siempre las circunstancias, los motivos de por qué lo ha hecho-, no tiene respaldo empírico alguno.

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  • manuel lopez barto dice:

    Es evidente que el generalizar da un resultado injusto. Como bien dices existe un principio de proporcionalidad, esto no es discutible, pero lo que trato de decir es que todos, en mayor o menor medida somos responsable de la actual situación. Para nada trato de justificar a la casta política y todo el sequito que les rodea, que para mí, estos últimos son peor que los que aparecen en primera plana de los periódicos. Qué podemos decir de los intocables y todopoderosos periodistas, movidos tan solo por intereses tan oscuros como inconfesables, y así podemos llegar hasta el último de los gremios que en un momento u otro han sido contaminados por la casta política, por desgracia todos o casi todos. En cuanto la creencia que tratan de inculcarnos de repartir la carga de la crisis entre todos, yo estoy de acuerdo, pero como tu bien has comentado, unos en menor medida que otros.
    Llegado a este punto tengo que decirte que lo mas injusto que se ha comentado, es por donde ha empezado la discursión, “este es un país de pandereta”, estás generalizando y repartiendo la responsabilidad de la crisis entre todos, y creo que hay colectivos que han aportado bien poco, aunque también son un poco participes.

    Lamento no expresarme con la claridad y lucidez con la que tu lo haces,

    Saludos

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  • Francesca dice:

    Comentario lucido y profundo sobre la situación actual

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Actualmente estás leyendo Sobran los motivos: sobre la página www.hazteextranjero.com. “By the way”, algunas reflexiones sobre la responsabilidad por la crisis. en Victimología social, "blaming the victim", teoría social, religión, Derecho y crítica legislativa.

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