Paz para todos: Feliz Año Nuevo

enero 1, 2014 § Deja un comentario


Bienaventurados los que trabajan por la paz, por ellos serán llamados Hijos de Dios

Bienaventurados seréis cuando os insulten y persigan y con mentira digan contra vosotros todo género de mal por Mi causa. Alegraos y estad felices, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues así persiguieron a los profetas que hubo antes de vosotros (Mt 5, 9-12): Dedicado especialmente, pero no sólo, a los cristianos defensores del Evangelio de la Paz en Nigeria, muchos de los cuales han pagado recientemente y siguen pagando con su sangre la defensa de su Fe

Dedicado al Al Dr. Isidoro Dujovne, gran médico y mejor persona, humanista, mediador y constructor de Paz

  Queridos seguidores, amigas y amigos:

  Feliz Año 2014 a todos. Aunque me flaqueen las fuerzas, y en mi España natal el primer día del nuevo año está por expirar, el Señor me concede todavía la fuerza y la posibilidad de compartir con vosotros esta breve reflexión.

En primer lugar, quisiera daros las gracias a todos por leerme, por darme vuestras muestras de apoyo y por difundir el blog, cuyo contenido ya ha podido llegar a tres continentes. Hace apenas tres semanas, si me lo hubieran pronosticado, no me lo habría creído.

En este primer día del Año, la Iglesia Católica, junto a la Solemnidad de la Santísima Virgen María, Madre de Dios, celebra el Día por la Paz. Eso es lo que os deseo a vosotros hoy, durante el nuevo año y por siempre. La paz de corazón. שלום. Shalom. La paz de verdad de la que hablaba Jesucristo, “Príncipe de la Paz”. Es decir, la Paz interior, primer fruto del Espíritu que Jesús quiso regalarnos y sin el cual no podemos construir una sociedad que viva auténticamente en paz. La paz exterior es muy importante, y es un asunto, en la mayoría de las veces, de justicia. Pero la paz del corazón, que emana del mismo Dios, es fruto del Amor mismo, de la caridad, y es lo que os deseo a cada uno y a cada una de vosotros y vosotras. Observando lo que ocurre en muchas familias en las comidas y cenas de Navidad -y que conste que, como siempre, no pretendo juzgar, pues no es mi cometido, sino simplemente describir-, me pregunto -y creo que la pregunta es legítima- … ¿cómo podremos construir una sociedad en paz, cuando precisamente en los días de Navidad -o en cualesquiera otro período vacacional-, nos dedicamos entre nosotros a sacar los trapos viejos de viejos rencores y heridas pasadas que, a causa de la ausencia de la Presencia de Dios en nuestros hogares, y por no mantener un contacto basado en el verdadero Amor durante todo el año, vomitamos con ocasión del “roce” que se produce en las comidas y cenas de Navidad, cada uno en el otro? Con nuestros padres, nuestros hijos, nuestras mujeres, nuestros maridos, nuestros hermanos… ¿Cuántas discusiones inútiles por temas que deberían estar ya perdonados, por malentendidos entre varias partes, cada una de las cuales no tuvo, o no supo, aprovechar el momento, o los momentos, para arreglar las cosas con la palabra en el pasado? ¿Por qué hemos llegado a esto? Y es muy fácil atribuir la culpa a una sola persona como “cabeza de turco”, la “oveja negra de la familia”, por ejemplo, que, generalmente, suele ser la persona más débil o, para los que no me acepten esto, la que menor capacidad negociadora tenga, ya sea culpable o inculpablemente.

La verdadera causa de todo esto, mal que les pese a algunos, es la ausencia de la Presencia de Dios en nuestras acomodadas familias de Occidente. Deberíamos aprender mucho de familias que consideramos “atrasadas” que viven en países que consideramos “tercermundistas”.

Dicho lo cual, ello no nos excusa de trabajar, cada uno en la medida de su capacidad y de sus posibilidades, por la llamada “paz exterior”. Hoy mismo lo ha dicho el Papa en el Ángelus: ¡Basta ya de guerras! ¡Basta ya de conflictos bélicos que pueden ser evitados en una mesa de negociaciones! Pero también ha dicho que debemos buscar la paz, primero en nosotros mismos, después en nuestro círculo más íntimo, para poder extenderla al mundo.

Sin ánimo de entrar en esta cuestión, que me llevaría a alargar el post de una manera que, aun pudiendo teóricamente, no podría realizar en este momento, sobre lo último una cosa está clara, al menos para mí. La falta de paz interior hará más difícil la consecución de la paz exterior -que no es sólo la ausencia de guerra, como en los términos de la carrera de armamentos de la Guerra Fría, en la que la llamada y no querida por Kennedy, por insuficiente, “pax americana” estaba fundada en la disuasión-. La paz exterior debe fundarse también en compromisos sólidos de desarme de TODAS las partes implicadas, y en este sentido TODAS DEBEN CEDER, pues el beneficio que puede obtenerse de ello será muchísimo mayor que el derivado de sus posiciones geopolíticas de poder. Y esto es un asunto de estricta justicia. El mundo necesita la paz como una condición necesaria para construir un futuro próspero, mejor y en fraternidad. Elevemos pues nuestros ruegos a la Santísima Virgen María, cuya Solemnidad como Madre de Dios hoy celebramos, para que nos alcance de su Hijo la gracia especial de convertir a los responsables de la paz y de la guerra y para que Él pueda completar su misión en este mundo, Él que nació “para guiar nuestros pasos por el camino de la paz” (Lc 1,79).

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