Liquid society and “man of water” and their victims

enero 8, 2014 § 1 comentario


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Dedicated to James Cameron, Robert Zemeckis, George Lucas, Steven Spielberg and many other science fiction directors, for teaching ourselves, in the times of our chilhood and our first youth, that the future is not written.

 

Para cuando Skynet fue consciente de su capacidad, se había esparcido por millones de servidores informáticos por todo el Planeta; ordenadores corrientes en servidores de oficinas, en cibercafés, en todas partes. Todo era software. Y ciberespacio. No había núcleo del sistema. Y no se podía desconectar. El ataque empezó a las 18:18. Tal y como él había dicho. El Día del Juicio. El Día en que la raza humana quedó prácticamente destruida por las armas que había fabricado para protegerse. Debí darme cuenta, de que nuestro destino nunca fue evitar el Día del Juicio. Era simplemente sobrevivir a él. Juntos. El Terminator lo sabía. Intentó decírnoslo. Pero yo no quise escucharle. Puede que el futuro ya esté escrito; no lo sé. Sólo sé lo que el Terminator me enseñó: Nunca dejes de luchar. Y nunca lo haré. La batalla no ha hecho más que empezar (Terminator 3).

  La expresión “sociedad líquida”, junto a la de “modernidad líquida”, ambas acuñadas por el filósofo, sociólogo y ensayista polaco Zygmunt Bauman, es una categoría sociológica con la que el pensador describe, en el mejor de los estilos, la situación de la sociedad actual, posterior a la postmodernidad, si con ésta entendemos la situación social producida por el comienzo de la pérdida de referentes universales. Por otra parte, la expresión “hombre de agua”, acuñada en círculos cristianos de estudios de antropología social, como en la Universidad de San Dámaso, hace alusión a la situación del hombre en una sociedad privada de valores fijos y sólidos, el cual, en el mejor de los casos, es un sujeto que da rienda suelta a caprichos y veleidades cuya satisfacción resulta inmediata y dura un instante, cuando no es presa de esos mismos caprichos, debilidades y veleidades, ya convertidas en pasiones, que acaban por sojuzgarle y esclavizarle. La causa fundamental, como en muchas otras ocasiones: la ausencia de la Presencia de Dios (o de la Trascendencia, del “punto fuerte” sobre el que construir una cosmovisión que no nos resulte a muchos insoportable).

Volviendo al concepto de sociedad líquida, mi intención en este post es aplicarlo a la situación que sufrimos muchos individuos, jóvenes y no tan jóvenes, que hemos tenido la -para mí- desgracia de confrontarnos con esta nueva sociedad, de la que no dudo que ofrece pingües beneficios a otras tantas personas. Se trata de personas, utilizando un lenguaje del género distópico de la ciencia ficción, “polimiméticas”, capaces de adapartse a una nueva sociedad que les ha “venido al pelo”, dada su natural carencia de escrúpulos. Muchos de ellos son lo que la criminología y la psiquiatría llamaría “succesful pychopaths”, psicópatas bien integrados a los que les da igual ocho que ochenta, con habilidades sociales desarrolladas en la nueva sociedad líquida y dispuestos a poner la zancadilla a las personas más vulnerables tras su siempre repetida frase: “no es nada personal”. En cuanto a la sociedad en sí, lo cierto es que las cosas son como son, la “nueva sociedad” es como es -preferiría decir que “parece ser” como es, pues a una sociedad tal no le otorgaría ni siquiera el estatus ontológico del “ser”-. Algo de lo que, en el fondo, reniega. En la sociedad líquida nada parece tener un valor fundante -en el sentido originario de la palabra-; todo es multicéntrico, cuando no sin centro alguno. Al nivel de la intrahistoria -que es lo que me interesa, la sociedad líquida es aquella con la que tienen que confrontarse los jóvenes de hoy en día, enlazando becas con becas, becas remuneradas con trabajos precarios, en un círculo que no parece tener final, y que se prolonga más allá de los treinta o cuarenta y diez años. “Empresas” que aparecen y desaparecen, muchas veces sin un objeto social claro, muchas con buenas intenciones, y otras dedicadas a la mera especulación, pero que acaban disolviéndose inexorablemente en la “espuma cuántica” de la sociedad líquida. El que puede y quiera sacar tajada de ello la sacará. Pero los medios, modos y formas no serán los mismos que los que se gestaron en la sociedad en la que vivió la generación de nuestros mayores, al menos la de las personas que ya tienen “su vida hecha”, de cincuenta y tantos para arriba, salvo que les “alcance” una prejubilación forzosa o… ¡vaya, esto no lo había pensado! se den cuenta de que la caja de las pensiones estaba vacía. Y nosotros, los de la generación de los treinta y tantos… ¿Qué queremos ser de mayores? (pregunta retórica). Respuesta: Mayores ya somos. Y lo que queremos, aun instintivamente, como cualquier criatura viva, es sobrevivir. Sobrevivir y adaptarse a este nuevo mundo y a esta nueva sociedad, aceptando minijobs, discontinuidades y trabajos precarios, hasta que la Providencia nos traiga algo mejor. Y si no, los que somos creyentes, dar Gloria a Dios donde quiera que estemos y con cualquier cosa que hagamos. Ya no funcionan las antiguas consignas de “estudia, hijo, estudia mucho y serás un hombre de provecho, tendrás trabajo fijo como funcionario o como empleado de banca…”, o frases por el estilo.

Nosotros, los excluidos de la generación de los treinta y tantos, ya estamos acostumbrados a la inseguridad. A no saber lo que será de nosotros no ya dentro de unos meses, sino dentro de quince minutos. Y ello por muchos errores que hayamos cometido en el pasado, un pasado del que nos cambiaron las reglas -y nunca me cansaré de repetirlo- una vez comenzada la partida. Y no fuimos nosotros los culpables. Tal vez un día, si llegara a escribir mi biografía -¡y hojas ya tengo de sobra, creédme!-, me gustaría comenzar diciendo algo así: “Si hubiera nacido cinco años antes, sería Profesor Titular de Universidad. Si hubiera nacido cinco años después, sería hacker. Pero nací cuando nací, y me toca lidiar con el mundo tal y como está en el presente”. Así que, en esta selva, al que le vaya bien, pues bien para él. Pero muchos de nosotros fuimos solidarios cuando las circunstancias nos los permitieron, y, en la medida de lo posible, seguimos siéndolo, compartiendo con los más pobres la mitad de las migajas que nos caen de las mesas de los señores. Como bien señalaba la Beata Madre Teresa de Calcuta, una sola moneda dada por Amor, vale más que cientos de fundaciones en favor de los pobres, levantadas no por la Gloria de Dios, sino por la de su fundador. Y es curioso que este tipo de argumentos -de liberalismo extremo y favorecimiento del mecenazgo- sean esgrimidos en España por la más irrenconciliable ultraderecha ultramontana, cuya falta de ayuda y mecenazgo hacia obras pías o en favor del bien común -en especial, las dedicadas a la ayuda a la difusión del conocimiento y de la ciencia-, ha sido siempre inexistente. Eso sí, es la misma Derecha a la que se le llena la boca con “lo bien que lo hacen” personajes como el Bill Gates de turno. A aquélla no le doy ningún crédito. Aunque el personaje mencionado merezca mi respeto, entre otras cosas porque su actuación se ha visto enmarcada en un contexto sociocultural donde incluso la “sociedad líquida” ha encontrado contrapesos, por la presencia de valores sociales fuertes: la Nación americana, el honor, el mérito, o Dios, como cada uno lo entienda.

Sin embargo, no todo es “desechable” en la llamada “sociedad líquida”. Para Bauman, “la cruzada por la ética del trabajo debía entenderse como una batalla por imponer el control y la subordinación. Se trataba de una lucha por el poder en todo, salvo en el nombre; una batalla para obligar a los trabajadores a aceptar, en homenaje a la ética y a la nobleza del trabajo, una vida que ni era noble ni se ajustaba a sus propios principios de moral” (Trabajo, consumismo y nuevos pobres. Edición española publicada por Gedisa, Barcelona: 2000). Como ha sido señalado por numerosos autores, la ética del trabajo que traía su origen en la famosa ética protestante, imbuida por el “espíritu del capitalismo”, según la obra de Weber, constituía una inmoralidad patente, además de grosera, sobre todo en los tiempos del reaganismo; responsabilizar a los pobres de su pobreza por causa de su falta de su falta de disposición al trabajo y, por lo tanto, de su inmoralidad y degradación personal (lo que provoca su castigo ante el pecado) fue uno de los últimos -e inútiles- servicios de la -entonces vigente- ética protestante del trabajo a la sociedad de los consumidores. En la nueva “estética del consumo”, inseparable del capitalismo -cosa que muchas veces se olvida, pues se critica como inmoral al capitalismo sin criticar el consumismo, que constituye uno de los motores de aquél-, las clases que concentran las riquezas pasan a ser objetos de “adoración”, y los “nuevos pobres” son aquellos que son incapaces de acceder al consumo y a la novedad del sistema capitalista.

Llegados a este punto, no es mi intención con este post hacer un comentario en condiciones -¡Dios me libre!- a la obra de Bauman sobre la sociedad líquida; ello requeriría, además de mucho esfuerzo por mi parte, tiempo para abordar los argumentos del autor en un lenguaje menos periodístico y más académico. Solamente he querido, al hilo de una breve reflexión, hacer una referencia al carácter “light”, “soft”, de todo, lo que constituye el pensamiento más profundo (¡menuda paradoja!) del propio Bauman. Así, como expliqué en otro lugar, todo resulta ser “light”. Desde los presuntos fundamentos de un sistema político que no resulta sino ser una sombra de sombras (como en el mito de la Caverna de Platón, sólo que en este caso, del poder económico, un poder lábil, cobarde, difuso, sin centro y por lo tanto… ¿ilocalizable?) hasta las relaciones de trabajo, las relaciones personales, incluidas las de pareja, y las relaciones familiares (¡Marta García Aller!… ¿Dónde estás?) reducidas a objetos de consumo y negociación, y, en el “mejor de los casos”, a apariencia social tan perfecta que no puede sino levantar la duda de lo que hay detrás, y que muchos de los “formados” en la Modernidad podemos todavía advertir como lo que en realidad ES: el cuadro consumiéndose de Dorian Gray, como en el escalofriante pero a la vez realista relato de Oscar Wilde.

Hasta aquí el “post”. Os adjunto un enlace a un artículo científico muy interesante sobre la sociedad líquida, de Adolfo Vásquez Rocca, Profesor de la Universidad Católica de Valparaíso (Chile): http://pendientedemigracion.ucm.es/info/nomadas/19/avrocca2.pdf

Comentarios y entradas complementarias bienvenidos, especialmente de periodistas, juristas, psicólogos, antropólogos, religiosos, médicos y sociólogos.

Un saludo,

Pablo Guérez Tricarico, PhD

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Liquid society and “man of water” and their victims, by Pablo Guérez Tricarico, PhD, with the exception of the picture posted above, from the movie “Terminator 3”, is licensed under a Creative Commons Attribution 4.0 International License.
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 Para quien quiera disfrutar de un toque más audiovisual de la cita de la película “Terminator 3”, con la que abría mi post, os dejo el siguiente enlace en youtube (en inglés, con subtítulos también en inglés), con una magnífica banda sonora y una cuidada fotografía. Al verlo, una y otra vez, me vienen a la mente dos palabras: una, aceptación; y la otra, lucha: http://www.youtube.com/watch?v=O6gPPj8B_nU
  Así que, animo a todos a los que perdimos algo en el camino o sencillamente no obtuvimos lo que quizá no estuvo nunca destinado a nosotros, a los que no tenemos nada que perder, para que ¡luchemos!
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§ Una respuesta a Liquid society and “man of water” and their victims

  • Patxi dice:

    El siguiente paso será la sociedad gaseosa, todavía más heterogenea e indefinida si cabe en valores y referentes, pues la tendencia en cuanto a habitos de consumo y de vida nos lleva cada vez más a la globalización/homogeneización.
    Esto no creo que sea ni bueno ni malo en sí, todo depende de como se logre encauzar por la sociedad y por la gente que tenga algún tipo de responsabilidad importante para con la misma.
    Creo que el sistema que lleva imperando desde hace muchas decadas de capitalismo y libre mercado sin duda tiene cosas malas y mejorables, sobretodo cuando se quiere aplicar hasta su extremo máximo y sobretodo porque se aplica por personas, y cualquier sistema por muy perfecto que sea tenderá al error y al fallo siempre que sea gestionado por un ser humano.
    Pero por otro lado creo que son muchas las cosas buenas que ha obtenido, desde 1970 se ha reducido en un 80% el indice de pobreza a nivel mundial, son datos que se pueden contrastar facilmente.
    Estamos con el indice de pobreza mas bajo de la historia y eso en gran parte ha sido gracias al sistema capitalista y de libre mercado, a la oferta y la demanda, la cual es buena siempre y cuando se dé dentro de unos parametros de respeto y de sentido comun.
    ¿Tiene cosas malas?Por supuesto, se aprovechan los más poderosos para usarlo en su beneficio, puede llevar a crear desigualdades, genera injusticias sociales y un largo etcetera, como repito, no es perfecto ni mucho menos, ahora bien, tambien ha servido para generar riqueza y fomentar la igualdad y la autonomia de muchas personas (no me gusta hablar de pueblos)y a parte, esta demostrado que es el menos malo de los sistemas que ha desarrollado el hombre, ya que es el único que se mantiene con bastante aceptación social, ya sea por activa o por pasiva.

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