¿WHERE IS THIS CAPITALIST SYSTEM LEADING US TO?

enero 20, 2014 § 1 comentario


No podéis servir a Dios y al Dinero (Mt 6, 24 in fine)

“La codicia, a falta de una palabra mejor, es buena; es necesaria y funciona. La codicia clarifica y capta la esencia del espíritu de evolución. La codicia en todas sus formas: la codicia de vivir, de saber, de amor, de dinero; es lo que ha marcado la vida de la humanidad…” (Gordon Gekko, en Wall Street, 1987, dir. de Oliver Stone, guión de Stanley Weiser y Oliver Stone)

 “Toda la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general” (Constitución Española de 1978, art. 128.1)

 

ritz mendigos

Estas imágenes retratan dos lugares distantes apenas unos doscientos metros entre sí, en un conocido distrito de la capital de España. Esto es una fotocomposición, pero ello no cambia el hecho de que, si nos damos una vuelta por la zona, es muy probable que lo que vean nuestros ojos en los respectivos lugares sea algo prácticamente idéntico a lo que han fotografiado las cámaras con las que se han realizado las respectivas imágenes. No comment. No es la distancia física la que separa, sino la otra.

1. DATOS

En el periódico digital eleconomista.net ha aparecido hace apenas unas dos horas, la siguiente noticia, relativa a un Informe de Intermón Oxfam España, y que reporto íntegra utilizado el derecho de cita. En el cuerpo de la noticia puede leerse lo siguiente: “Lunes, 20 de Enero del 2014 | Escrito por – DPA

La fortuna que suman las 20 personas más ricas de España iguala los ingresos del 20 por ciento de la población más pobre del país, según denunció hoy la ONG Oxfam Intermón en un informe que sitúa a España en segunda posición de desigualdades en Europa, solo por detrás de Letonia.El documento, que lleva por título “Gobernar para las élites”, se publica con motivo de la celebración del Foro Económico Mundial de Davos, que arranca el miércoles en la ciudad suiza y al que Oxfam manda un conjunto de recomendaciones para acabar con las desigualdades globales. Oxfam Intermón, la rama española de la confederación interancional Oxfam, cifra en 77,000 millones de euros la fortuna acumulada por los 20 españoles más ricos, más de lo que tiene el 20 por ciento de los más pobres.El informe acusa a la clase política de haberse “subyugado” a los poderes financieros y la responsabiliza de un crecimiento de la desigualdad durante la actual crisis económica.Antes de la crisis, el 20 por ciento de los españoles más ricos ganaba 5,3 veces más que el 20 por ciento de los más pobres. En 2011, la diferencia se amplió a 7.5 veces más.

“Si la tendencia continúa, para el año 2025, el 20 por ciento de los españoles más ricos podrían ganar de media 18 veces más que el 20 por ciento más pobre”, advirtió en la presentación del informe, en Barcelona, el director general de Oxfam Intermón, José María Vera.

Vera aseguró que las decisiones políticas en España “están secuestradas por las élites y los poderes económicos” y denunció que “las grandes empresas no pagan impuestos” en el país, sino que se llevan el dinero a paraísos fiscales.

“La crisis económica, financiera, política y social que padece España tiene buena parte de su origen precisamente en esas dinámicas perniciosas donde el interés público y los procesos democráticos han sido secuestrados por los intereses de una minoría”, en palabras del director general de Oxfam Intermón.

“Que no se haya hecho recaer el esfuerzo económico para encarar la crisis en quienes tienen más recursos, junto con la impunidad con que se ha tratado a los responsables de la debacle financiera, y la falta de una actuación clara y contundente contra una corrupción cuyas evidencias se multiplican día a día, inocula una tensión insoportable en la sociedad”, señala el informe”. Fin de la cita.

  Unas horas antes, la agencia EFE reportaba esta misma noticia de manera mucho más escueta.
  En la mañana del día 21 podemos leer más datos sobre el informe de Intermón-Ofxam, ya a nivel mundial. La perspectiva es escalofriante: el 1% de la población mundial detenta el 46% de la riqueza mundial. La tesis que someramente voy a intentar desarrollar muestra cómo la “mano invisible” del capitalismo -al menos el en estado de desarrollo en el que se encuentra ahora mismo-, lejos de lo que siempre ha sido defendido por el liberalismo económico, no distribuye los bienes de la manera más eficaz posible, ni siquiera en mercados remotamente parecidos a “economías de competencia perfecta”, sino que no hace otra cosa que alargar la brecha entre ricos y pobres, entre Norte y Sur.  Os dejo en enlace: http://t.noticias.es.msn.com/la-mitad-de-la-riqueza-mundial-esta-en-manos-del-1-percent-de-la-poblacion

2. ANÁLISIS

Aviso a navegantes: La lectura de las noticias referidas me ha inducido el siguiente post. Quisiera advertir a los lectores de que se trata de un texto técnico, sobre todo a partir de la segunda mitad del mismo, pues para tratar con un mínimo rigor científico esta cuestión he considero imprescindible acudir a fuentes especializadas del pensamiento económico y filosófico, todas ellas del máximo nivel. No obstante, para intentar mantener varios niveles de lectura, he optado por el modelo de citas al final, por cierto, siempre preferible por mí en “papers” o artículos cortos, propio de los países anglosajones. Aprovecho “by the way” este apunte -aunque ello constituya un “informante” innecesario, en el moderno lenguaje estructuralista de escritura, en relación con el propósito de este post, para criticar la proliferación innecesaria de citas de los textos académicos del mercado formal, y la “forma académica”, a veces decimonónica, a la que se ven sometidos muchos investigadores jóvenes, sobre todo en el ámbito de las Humanidades y de las llamadas ciencias sociales, si quieren ver publicados sus artículos en el mercado académico formal de la Europa continental.  Comienzo ahora el análisis.

¿Hasta cuándo vamos a soportar esta situación? ¿Cuándo nos daremos finalmente cuenta de la gran mentira sobre las “bondades” del sistema capitalista, el cual, en su lógica originaria, no es el mejor de los sistemas económicos inventados por el hombre, como expresaba recientemente un lector en un comentario en mi blog al post sobre la “sociedad líquida”, sino que es un sistema esencialmente injusto, pues acaba generando una gran cantidad de víctimas que son condenadas a la extrema pobreza y a la exclusión social a costa de mantener el bienestar de unos pocos? Al menos dicho lector ha tenido la valentía de expresar una opinión y de honrar con ello al blog, cosa que, sin embargo, no puedo decir de muchos de los que se declaran “críticos con el sistema” y cuya presencia en el blog está brillando por su ausencia. Será que no les interesan los temas. Pero a los lectores no hay que echarles nunca la culpa. Eso es un grave error, propio de las veleidades literarias de un aprendiz de escritor. Si no han escrito, habrá sido simplemente porque los temas que les propongo no les parecen interesantes, en el sentido de que no he sabido suscitar en ellos el interés suficiente como para inducir a una participación más activa. Dicho esto, conviene recordar que vivimos en un país en grave crisis, en el contexto de una crisis mundial socioeconómica y política pero, sobre todo, de una crisis de valores. En estos contextos “de emergencia”, se necesitan acciones positivas por quienes quieran liderar procesos de cambio o contribuir a ello. Aunque sea con la palabra. Aunque sea escribiendo algo en un humilde blog de cuarta categoría que este servidor lleva apenas un mes manteniendo y que, además, no está escrito en el lenguaje de la red.  Lo que está claro es que hay que hacer algo. El acomodamiento, que tanto me criticaba ese mismo lector, está claro que no es bueno. Y yo, en eso, le doy la razón, tanto en relación con el acomodamiento victimológico –que, tomado en serio, es realmente el equivalente funcional al sentirse bien en una situación de muerte civil, con todas las servidumbres que ello plantea-, como en general, para quienes realmente quieran sentirse, con derecho, “ciudadanos”. Sólo por eso, me gustaría alentar de nuevo a mis seguidores con la frase tan conocida de Burke, y en relación con el tema que nos ocupa ahora: el capitalismo y el aumento de las desigualdades, lo que produce un crecimiento insostenible de víctimas del sistema económico que son objeto de empobrecimiento, cuando no de exclusión directa del mercado de producción y consumo. Ello, como veremos en posteriores posts, constituye, además de un escándalo moral, un auténtico estigma social, que cronifica la situación de victimización de quienes, cada vez más, sufren en silencio este imparable aumento de las desigualdades sociales. Dijo Burke, en tiempos también oscuros, que “para que el mal triunfe sólo hace falta que los buenos no hagan nada”. Parafraseando a Burke, podríamos decir, sin temor a equivocarnos demasiado, que “para que el capitalismo triunfe, sólo hace falta que las personas críticas no hagamos nada”: y ¿qué supondría, al fin y al cabo, algo así como una “proclamación” del “triunfo” del Capitalismo en el mundo? Realmente, queridos lectores, no lo sé, pero creo que nada bueno. Me basta con ver a dónde nos está conduciendo su evolución no regulada: al aumento de las desigualdades, a la conflictividad social, a la destrucción de la clase media, que suele decirse que es la que “sostiene” un país, a la pérdida de derechos sociales, e incluso al reforzamiento de la violencia del Estado, relegado a mero instrumento de guardián del status quo de “los mercados”, los que de verdad gobiernan el mundo.

Se ha dicho muchas veces, y no sólo desde círculos ideológicos o políticos, sino pretendidamente “neutrales”, que el capitalismo ha sido el único sistema económico inventado por el hombre que ha funcionado y funciona, constituyendo el mejor modo de producción y distribución de la riqueza. Se dice que la experiencia histórica, sobre todo a partir de la caída del Muro de Berlín y de los regímenes socialistas, ha demostrado históricamente, según Fukuyama, que el capitalismo ha vencido y que se configura como el único modelo al que deben adaptarse todos los regímenes políticos, democráticos y no democráticos[1]. Pero cuando se dice eso lo que realmente se está diciendo es que son las poblaciones de dichos regímenes los que deben soportar el sistema. Y para mí hay aquí un postulado valorativo en el que no puedo ceder: como todas las instituciones, el sistema capitalista debe estar hecho para el hombre, y no al revés.

Como en la época actual la Filosofía parece estar poco de moda, los argumentos del viejo liberalismo económico de los siglos XVII y XVIII, mucho más cercano de lo que pensamos a corrientes modernas de liberalismo “social” o igualitario, como el representado por Rawls[2], esos mismos argumentos han sido pasados por el tamiz de la “cientificidad” primero de las “ciencias sociales” como la Economía, cuya veneración social actual sólo resulta explicable desde la desinformación deliberada que desde el Poder económico –el cual a veces ha instrumentalizado el poder político-, lo que ha producido que el conocimiento económico detente hoy por hoy un buen sector de la hegemonía cultural –en el sentido gramsciano de la expresión- de las sociedades modernas. Sin embargo, desde la propia ciencia económica, ya ha sido puesto de manifiesto cómo los modelos de análisis del comportamiento humano que postulan, por así decirlo, las teorías económicas ortodoxas –sobre todo, en el ámbito de la microeconomía-, parten de una concepción de lo que éstas denominan “actores económicos” o “sujetos”, demasiado burda, y, sobre todo, ajena a cualquier aproximación científica y honesta a la realidad socioantropológica del ser humano. En este sentido, caen en el mismo error reduccionista del primer conductismo radical, que intenta explicar toda la conducta humana a través de una reducción de los denostados “hechos psíquicos” de la psicología psicodinámica a mecanismo de premio/recompensa y castigo. En el ámbito de la economía, ya desde que las primeras teorías de juegos trasladaran al lenguaje matemático formal y económico las viejas “cuestiones trágicas” de la filosofía moral analítica, el modelo del llamado homo oeconomicus, cuyo comportamiento es explicable por un único fin que consiste en reducir los costes y aumentar los beneficios, resulta caricaturesco, además de incompleto[3]. Hoy por hoy, ya encontramos en el discurso económico diversos modelos comportamentales, ninguno de los cuales, en cuanto modelos, puede dar cuenta por sí mismo de las razones para la acción, ni siquiera desde el punto de vista estrictamente “económico”. Los desarrollos de la teoría de juegos nos han explicado cómo no cabe suponer la competición sin suponer al mismo tiempo la posibilidad de cooperación, y, donde encontramos “sujetos” regidos efectivamente por el principio del máximo beneficio -el cual, si compite en un ámbito con las variables adecuadas, puede obtenerse en ocasiones sólo de manera cooperativa-, encontramos también sujetos que responden a lógicas diferentes. Junto al clásico homo oeconomicus encontramos al nuevo homo reciprocans, el cual en ocasiones puede preferir perder si con ello son preservados objetivos y valores cuya protección sí que constituye la verdadera razón de su acción en el mercado económico. De manera menos abstracta, el modelo del homo reciprocans explica cómo alguien, en un sistema económico-social determinado, puede preferir aceptar ganar menos, si ello se ve compensado con el hecho de que los sueldos de las personas que más ganan en el sistema, haciendo un trabajo cualificado similar, no son desorbitados (¡y no digamos cuando se trata de los sueldos de políticos no cualificados para nada, salvo para la mentira profesional!). De una manera mucho más intuitiva, el homo reciprocans exige un trato igual por parte de los demás participantes en el juego económico, de modo que aquél no está dispuesto a aceptar, pudiendo incluso llegar a soportar ex ante la posibilidad de un perjuicio, que determinados actores busquen exclusivamente su lucro personal o, lo que es parecido, que el sistema dependa fundamentalmente de los que buscan exclusivamente su lucro personal.

Por si fuera poco, la ideología neoliberal se ha ocupado también de “teñirse” de “científica” –como ya le ocurriera al propio socialismo marxista en el siglo XIX-, ya desde bien hace cien años. Desde que aparecieron, como fruto del pensamiento neopositivista “científico”, las varias teorías del darwinismo social, hasta las más modernas teorías basadas en la genética, como la teoría de Dawkins, que en su obra “El gen egoísta”, entiende que el ser humano es egoísta y competitivo por naturaleza[4]. Sus datos, sin embargo, no son concluyentes, y son refutados por sus propios colegas partidarios de las “evolutionary ethics”[5]; si el hombre fuera (sólo) un ser competitivo, ¿de dónde surgirían el instinto de unión y de cooperación? Estos autores parecen sugerir que estos instintos han ido surgiendo en los primates, incluido el hombre, como mecanismos evolutivos capaces de otorgar una ventaja competitiva a los miembros de un determinado grupo de especímenes en la lucha por la supervivencia. Sin embargo… ¿es esto sólo lo que explica el comportamiento humano? ¿Y si así fuera, la socialización humana, tan extraña en comparación con el resto de los animales, incluidos la mayoría de los grandes simios, basada en el intercambio de información y en la cooperación, no tendría nada que decir en el propio proyecto evolutivo del ser humano? Son cuestiones que exceden en mucho del ámbito de un post de este tipo, incluso de un artículo científico, pero que considero necesario apuntar. Sin embargo, por dar algún tipo de respuesta a estas cuestiones que, cómo no, tienen que ver con la Cuestión, el Problema, podríamos decir que tanto el egoísmo como el altruismo son tendencias que están dentro de nosotros, en mayor o menor medida según los individuos. Y nosotros podemos elegir, dentro de unos márgenes más o menos grandes o más o menos pequeños, qué tipo de conductas haremos –si de tipo egoísta o de tipo altruista-, y qué tipo de sociedad, entre todos, querremos para el futuro, incluyendo un modelo económico que tienda al bienestar de todos.  

Volviendo al Capitalismo: ¿Qué podemos obtener de todas estas consideraciones? Lejos de considerar al sistema capitalista como un sistema justo y ecuánime, ¿qué podemos sacar de la experiencia histórica, y de datos contrastables, precisamente, después de la caída del Muro de Berlín, de los regímenes socialistas y de los “espejismos” burbujeantes mobiliarios e inmobiliarios de los años noventa y dos mil, primero en Japón, después en el Sudeste Asiático, luego en China y después en nuestra querida comunidad occidental transatlántica? Pues precisamente todo lo contrario a lo que algunos economistas ortodoxos y otros biólogos metidos a moralistas tratan de enseñarnos, rodeados de sus cohortes de aduladores políticos y mediáticos: que, una vez desaparecidas o anuladas las variables de contención de la evolución natural del sistema capitalista[6], éste se ha revelado como lo que esencialmente es, pues su lógica, basada en la obtención del máximo beneficio, es ajena a las necesidades reales de las personas[7]. Por ello, tarde o temprano acaba produciendo desigualdades cada vez mayores, hasta que las mismas se vuelven tan insoportables que desaparece la cohesión social. Entonces podemos decir que el sistema no funciona. De hecho, el país prototípico del sistema capitalista, los Estados Unidos, protagonizaron, tras la crisis financiera desatada en los mercados americanos y, por extensión, de todo el mundo, y provocada en buena medida por la mala gestión de Lehmann Brothers, un hecho realmente histórico: el mayor rescate a la banca nunca producido. El hecho fue de tal significación que varias voces conservadoras del país acusaron a los responsables del Tesoro y a varios miembros del Gobierno de entonces de “comunismo”. En Europa, ha habido ya demasiados rescates, parciales, totales, condicionales y no condicionales, sujetos más o menos a control o sin control alguno (como en el caso del rescate a la banca española). Así que, por mucho que se empeñen los que todavía defienden el capitalismo y no ven que el sistema está en crisis, y que la situación ya no puede consistir en volver a la situación anterior -pues la Historia no echa marcha atrás, y si lo hiciera acabaría repitiéndose en mismo escenario y la misma secuencia de burbuja-explosión-crisis-rescate-aumento de las desigualdades y recorte de derechos sociales y de libertades civiles-. Pero… ¿tendremos todavía la fuerza de decir que el capitalismo es una gran mentira de unos pocos para enriquecerse con el trabajo de unos muchos, y  que ha fracasado, y si es necesario de gritarlo a los cuatro vientos, cuando el sistema nos haya despojado hasta de nuestra propia voz? En una sociedad menos compleja que la nuestra, como la de la Alemania del siglo XIX, Karl Marx terminaba su famoso Manifiesto del Partido Comunista de esta manera: a los proletarios del mundo sólo les queda perder sus propias cadenas. Y sin embargo, tienen por ganar un mundo entero. ¡Proletarios del mundo, uníos! En la sociedad posmoderna y líquida de hoy, puede que incluso nuestras propias cadenas no sólo no nos pertenezcan, sino que nos hayan sido impuestas como necesidades artificiales por parte del sistema[8]. En un contexto así, ¿quién será capaz de rebelarse, si quiere seguir aspirando a tener lo que los economistas denominan bienes de propiedad no compartibles y no fungibles, en todo caso limitados? Para que funcione un nuevo sistema es preciso renunciar a muchas ideas sobre la propiedad y la riqueza, ideas que se han ido forjando a lo largo de casi dos mil años. Tal vez las nuevas formas de comunicación generadas en la red, la posibilidad de compartir y de reproducir la información, la nueva cibercultura del conocimiento compartido y la cooperación como instrumento fundamental de creación de riqueza sean las claves para generar un sistema económico más justo y equitativo en el futuro.


[1] Vid. “The End of History and the Last Man”, New York: Free Press, 1992. Recientemente, véase también el interesante libro, cumbre intelectual del ultraliberalismo, Poverty, Inequality, and Democracy, publicado junto a Larry Diamond and Marc Plattner (Baltimore: Johns Hopkins University Press, 2012).

[2] La bibliografía de este John Rawls, uno de los máximos exponentes del llamado “liberalismo igualitario” del pensamiento norteamericano del siglo XX es ingente. Vid., por todas, su imprescindible A Theory of Justice. Cambridge, Massachusetts: Belknap Press of Harvard University Press, 1971. La edición fue profundamente revisada en 1999, sin alterar sus contenidos esenciales. La última edición española actualmente en catálogo del clásico es la publicada por el Fondo de Cultura Económica de España, S. L., John RAWLS, Teoría de la Justicia, 2006. Del mismo autor vid. también Political Liberalism, The John Dewey Essays in Philosophy, 4. New York: Columbia University Press, 1993. Justice as Fairness: A Restatement. Cambridge, Massachusetts: Belknap Press, 2001 (com. and ed. by Erin Kelly). También “Fairness to Goodnes”, in Philosophical Review (October 1975), n. 84 (4), pp. 536-554.

[3] En este sentido vid., por todos, ya John Forbes Nash. Entre sus principales publicaciones, referentes del máximo nivel en teoría de juegos, vid. NASH, JF (1950). “Equilibrium Points in N-person Games”. Proceedings of the National Academy of Sciences 36 (36): 48–9. doi:10.1073/pnas.36.1.48. PMC 1063129. PMID 16588946., MR 0031701. El mismo, “The Bargaining Problem”. Econometrica (18): 155–62. 1950.. MR 0035977. Nash, J. (1951). “Non-cooperative Games”. Annals of Mathematics 54 (54): 286–95. doi:10.2307/1969529. JSTOR 1969529.. “Two-person Cooperative Games”. Econometrica (21): 128–40. 1953., MR 0053471.

[4] Vid. Richard DAWKINS, The Selfish Gene, Oxford: Oxford University Press, 1976.

[5] La expresión “evolutionary ethics” (o ética de la evolución, evolución ética), ha sido objeto de un debate muy complejo, sobre todo el ámbito académico anglosajón, que ha involucrado biólogos, éticos y bioéticos de opiniones muy distintas sobre el tema. En el fondo, el problema proviene de la vieja discusión de la filosofía moral y de la teología sobre la compayibilidad del iusnaturalismo con el darwinismo, o las teorías evolutivas surgidas a partir del debate que en la comunidad científica suscitó la publicación de la obra cumbre de Dawin, El origen de las especies. El problema fundamental que se plantea en el ámbito de las “evolutionary ethics” es si cabe extraer –ya de una manera científica, y no metafísica- de la propia evolución natural la “generalogía” –utilizando la conocida expresión de Nietzsche- la naturaleza de la moral, en el sentido de una moral natural “inscrita en los genes” que pudiera, por ejemplo, seleccionar como más adaptativos, y por lo tanto “buenos” en el plano moral, algunos comportamientos cooperativos. Sobre la cuestión, para quien quiera investigar más en profundidad, vid., entre otros, DE WAAL, Frans (1996), Good Natured: The Origins of Right and Wrong in Humans and Other Animals. London: Harvard University Press. ISBN 0-674-35660-8. VV AA, Katz, L. (Ed.), Evolutionary Origins of Morality: Cross-Disciplinary Perspectives Imprint Academic, 2000, ISBN 0-907845-07-X; KITCHER, Philip (1995) “Four Ways of “Biologicizing” Ethics” in Elliott Sober (ed.) Conceptual Issues in Evolutionary Biology, The MIT Press; KITCHER, Philip (2005) “Biology and Ethics” in David Copp (ed.), The Oxford Handbook of Ethical Theory, Oxford University Press; Krebs, D. L. (2005), “An evolutionary reconceptualization of Kohlberg’s model of moral development”, in R. Burgess & K. MacDonald (Eds.) Evolutionary Perspectives on Human Development, (pp. 243–274) CA: Sage Publications. Texto completo accessible en: http://www.sfu.ca/psyc/faculty/krebs/publications/MacDonald.pdf; vid. también SHERMER, Michael (2004), The Science of Good and Evil: Why People Cheat, Gossip, Care, Share, and Follow the Golden Rule, New York: Henry Holt and Company. ISBN 0-8050-7520-8. Muy crítico respecto del planteamiento de una “evolutionary ethic”, en psicología, vid. TEEHAN, J. & DI CARLO, C. (2004), “On the Naturalistic Fallacy: A conceptual basis for evolutionary ethics”, Evolutionary Psychology, 2, pp. 32-46. Puede leerse el texto completo en http://www.epjournal.net/wp-content/uploads/ep023246.pdf. En sentido contrario, vid. WALTER, A. (2006), “The anti-naturalistic fallacy: Evolutionary moral psychology and the insistence of brute facts”, in Evolutionary Psychology, 4, pp. 33-48. También hay acceso en la web al texto completo en http://www.epjournal.net/wp-content/uploads/ep043348.pdf.

[6] Entre estas variables pueden citarse factores sociológicos o de moral social, políticos o geopolíticos; entre los primeros, cabe citar la influencia conformación de la identidad social de los Estados occidentales de los valores cristianos, típicamente de solidaridad y de ayuda hacia los desfavorecidos, así como de los valores humanistas y de los valores del primer liberalismo, en concreto, del valor de la igualdad,  y de la evolución de este valor en su relación con la “igualdad material” postulada por el pensamiento de izquierdas, desde el socialismo utópico hasta el pensamiento socialdemócrata, que han llevado históricamente a la incorporación de estos valores tanto a los textos normativos de mayor rango (las principales Constituciones democráticas), como a la propia configuración de la moral social. Entre los factores políticos o geopolíticos podemos destacar la gran influencia de los partidos de izquierdas –socialistas o comunistas- en la formación de los consensos constitucionales que dieron base a los llamados Estados sociales o Estados del bienestar, así como en contrapeso ideológico –sustentado por el poder político y militar de la Unión Soviética- que sirvió de contrapunto para que los sectores más ultraderechistas de los Estados Unidos –sobre todo a partir del macartismo-, no se hicieran con cotas de “hegemonía cultural” mayores, cediendo terreno ante el surgimiento, precisamente en los Estados Unidos, a “movimientos societarios”, cuyo perfil ideológico pudo abarcar asociaciones o movimientos de características muy distintas, desde los movimientos por los derechos civiles al auge académico del liberalismo igualitario y las experiencias de vida académica comunitaria, sobre todo en la Universidad de Berkeley de los años 60, el propio movimiento “hippie” y la “revolución feminista”, por poner sólo algunos ejemplos. Debería estudiarse más en profundidad –o por lo menos yo no conozco estudios específicos sobre la cuestión- la relación entre la influencia del pensamiento soviético relativa a no conceder a las cuestiones de sexualidad –salvo en el caso del aborto- un status de cuestión moral y el surgimiento paralelo en el tiempo de la llamada “revolución sexual y de la mujer” en los países occidentales, que podemos situar en las distintas democracias occidentales, entre mediados de los años 60 y finales de los 70, llegando a España ya con la democracia, a finales de los años 70, junto con el resto de revoluciones que en nuestro país todavía estaban –utilizando una terminología informática- “pendientes de actualización” (sic).

[7] En este sentido tenían razón tanto los socialistas utópicos como Owen o Fourier, como el propio Marx, en su análisis “científico” del desarrollo del capitalismo. Desde hace ya muchos años, siempre he comentado cómo el análisis que realiza Marx de la sociedad capitalista alemana de su tiempo, y el pronóstico de su desarrollo, resultan ser alarmantemente mucho más atinados para el análisis del tiempo presente, que de la época en la que Marx escribió, en la que el capitalismo todavía se encontraba en una fase relativamente primitiva. Y mucho más primitiva era la sociedad económica en la que se desarrolló, por influencia del bolchevismo, el socialismo real, la sociedad rusa de comienzos del siglo XX. En dicha sociedad, la importación del modelo de producción pronosticado por Marx sólo podía ser un trágico “experimento social”, acompañado de la violencia típica de todas las Revoluciones y del sistema de represión instaurado como consecuencia de las mismas. En la Rusia soviética se vivió siempre en la primera parte de la “fase socialista”, sin poder alcanzarse nunca –pues ello nunca podría provenir de las armas- el pretendido y “profetizado” por Marx “paraíso comunista”, que habría de conducir a la extinción misma del Estado. Por otra parte, siguiendo a CHIARA, la falta de teoría de Estado y la obligada posición y roles geopolíticos que la nueva URSS habría de adquirir, siquiera para su defensa, en el escenario de la segunda posguerra mundial y de la Guerra Fría, junto a otros factores que no es posible desarrollar aquí, habrían precipitado la caída de la URSS, y, con ella, a la manera de un “efecto dominó”, la caída de los demás regímenes socialistas. Pero, a la vez, la “onda expansiva” de la caída de la segunda superpotencia mundial habría afectado también a los presupuestos de las socialdemocracias occidentales, incluidas las nórdicas, tanto por factores ideológicos relativos al papel del Estado en la economía, como por factores geoestratégicos relacionados con el mantenimiento de las necesarias alianzas con la única superpotencia mundial.

[8] Sobre este tipo de ideas, desde aquí sólo puedo aconsejar, sin que este post se me “desmande” demasiado, por todas, la obra de MARCUSE, Herbert, Der eindimensionale Mensch: Suhrkamp, Frankfurt am Main 1967, pp. 1 ss. Hay traducción al español por Ariel, 2ª ed. de 1994, con el título de El hombre unidimensional. Desde la primera página el autor trata de mostrarnos cómo la sociedad actual es capaz de satisfacer todas las necesidades básicas de toda la población mundial, debido a la tecnología ya entonces existente, pero una de las ideas que lo impide, es para el autor, además de la acumulación y de los mecanismos de poder, la creación de necesidades artificiales sutilmente diseñadas precisamente en las democracias para que no todos gocen de los mismos bienes que creen necesitar. Este procedimiento convierte a los modernos Estados democráticos, para el autor, en auténticas dictaduras, pero mitigadas, sigilosas y, por ello, tal vez más peligrosas. Lectura recomendada, para nada pasada de moda, como tantas otras que marcaron –al menos parte de- una generación, y han sido relegadas al olvido tanto académico como literario y crítico.

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