De nuevo sobre los “valores” sociales dominantes, el valor de la economía y el valor del dinero: los llamados “sabios” actuales y la perversión del lenguaje.

enero 22, 2014 § 3 comentarios


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不尙賢,
使民不爭。
不貴難得之貨,
使民不爲盜。
不見可欲,
使民心不亂。
是以聖人之治,
虛其心,
實其腹,
弱其志,
強其骨。
常使民無知無欲,
使夫智者不敢為也。
為無為,
則無不治。

 

No ensalzar los talentos
para que el pueblo no compita.
No estimar lo que es difícil de adquirir
para que el pueblo no se haga ladrón.
No mostrar lo codiciable
para que su corazón no se ofusque.
El sabio gobierna de modo que
vacía el corazón de deseos,
llena el vientre de alimentos,
debilita la ambición,
y fortalece hasta los huesos.
Así evita que el pueblo tenga codicia
y ambiciones,
para que los oportunistas
no busquen aventajarse de los otros.
Quien practica la no-acción,
todo lo gobierna

(Lao Tse, Tao Te King, Cap. III)

 

“Os explicaré qué es la sabiduría y cuál su origen, sin ocultaros ningún secreto, sino que la rastrearé desde su origen, explicando lo que se conoce de ella, sin pasar por alto la verdad. No haré camino con la envidia corrosiva, pues nada tiene que ver con la sabiduría. Abundancia de sabios salva el mundo, y un rey sensato da bienestar al pueblo. (…) La preferí a cetros y tronos, y a su lado en nada tuve la riqueza. No la equiparé a la piedra más preciosa, porque todo el oro ante ella es un poco de arena y junto a ella la plata es como el barro. La quise más que a la salud y a la belleza y la preferí a la misma luz, porque su resplandor no tiene ocaso. Con ella me vinieron todos los bienes juntos, tiene en sus manos riquezas incontables. Disfruté de todos, porque la sabiduría los trae, aunque yo ignoraba que la sabiduría era su madre” (Del Libro de la Sabiduría, 6, 22-24 (…) 7, 8-32).

 

Tras el extenso “post” científico de hace un par de días, una simple noticia sobre el posible aumento del IVA presuntamente promovida por los llamados “sabios” asesores de Montoro me ha inducido a publicar esta entrada, más breve, a modo de reflexión en mi blog. La verdad es que el panorama social actual, dominado por el culto a la economía y al dinero, son cuestiones recurrentes en mi blog, especialmente en este “post” y en el inmediatamente anterior a él; tanto que estoy pensando en cambiarle ligeramente el título, sin renunciar a mi propósito fundamental que es el estudio y la crítica de los fenómenos de victimización; lo que ocurre es que, como intento argumentar en todas mis entradas, las principales víctimas lo son de un sistema económico y social que sencillamente no funciona, basado en la entronización del dinero y de valores que amenazan continuamente la verdadera humanidad de las personas. En la actualidad cultural más reciente, no ha pasado desapercibido para mí el estreno de la última película de Martin Scorsese, “El lobo de Walll Street”, donde el director parece querer retratar, aun exageradamente, una realidad social concreta, la de los personajes “triunfadores” en el mundo del dinero y de las finanzas -y por extensión, como intentaré argumentar a continuación, en todo el medio social-, por mucho que a algunos esta realidad nos pueda parecer o exagerada o insoportable.

Vivimos en una época en la que “La Economía” parece inundarlo todo: la economía en sentido amplio, no ya como ciencia económica, sino como discurso a veces hueco, sin ningún fundamento científico real, sino como manifestación de la preocupación por la producción y distribución de bienes y servicios y, sobre todo, como manifestación por la preocupación sobre la “creación de riqueza” (donde con esta expresión se quiere aludir normalmente a la creación de dinero), y su distribución. Esta economía omnipresente ha conseguido ya la hegemonía del pensamiento incluso al más alto nivel. El “pensamiento económico” parece capaz de explicarlo todo: la política, la psicología, el funcionamiento social, hasta la propia naturaleza humana y su biología, fagocitando a marchas forzadas otras formas de pensamiento típicas de la sociedad occidental, comenzando por el pensamiento filosófico, el pensamiento político, para intentar finalmente el asalto a uno de los pocos pensamientos respetados en Occidente, el pensamiento científico. De ahí, la “hegemonía cultural” del pensamiento económico se ha trasladado al discurso, y del discurso, a la praxis política y social de los distintos agentes que hoy por hoy detentan el poder mundial, o la apariencia del mismo. Parece que la Economía tiene que darnos respuestas para todo, incluido el Problema del Hombre. Según esta hipótesis, los problemas del hombre contemporáneo pueden y deben ser explicados fundamentalmente desde un discurso económico: surgen así el llamado “análisis económico del Derecho”, el “análisis económico de la política”, y, en definitiva, en análisis económico del comportamiento humano como análisis omnicomprensivo de su naturaleza y de las relaciones humanas. Incluso las relaciones interpersonales pueden  y deben ser interpretadas como manifestación del “homo oeconomicus”, explicable por modelos matemáticos infalibles y cuyos promotores se han arrogado incluso la competencia de poder determinar su superioridad incluso frente a modelos de comportamiento psicológicos y, por supuesto, frente a las respuestas de otras disciplinas, hoy por muchos consideradas “humanistas”, y por ello, sin el “rango” social como de las “disciplinas científicas”, como la mayoría de las denominadas ciencias sociales (sociología, antropología, psicología social, ciencias jurídicas), o de las respuestas tradicionales de la filosofía, relegada como mucho a análisis lógico al servicio de la economía, o de las religiones. En este panorama, no resulta extraño que se tilde de “sabios” a los que asesoran a los Gobiernos, normalmente en materia económica: desde los “sabios” del Ministerio de Hacienda español, hasta los “sabios” integrantes de comités variopintos en muchas prestigiosas instituciones a nivel supranacional o mundial, como los “sabios” asesores de las instituciones europeas o mundiales -ya sea del Consejo de la UE, de Banco Central Europeo, del FMI o del Banco Mundial-.

No es mi intención en este post realizar un desarrollo crítico de este panorama. Ello me tomaría demasiado tiempo y esfuerzo. Mi intención es solamente esbozar un reflexión compartida sobre las consecuencias a las que, en mi opinión, puede llevar y está llevando de hecho este planteamiento, comenzando por la perversión del lenguaje. La pregunta inicial podría plantearse en estos términos: ¿Quiénes son, realmente, dichos “sabios” que asesoran en materia de economía a los responsables -al menos formalmente- del gobierno económico del mundo? Pues son, en el mejor de los casos, personas expertas y muy bien formadas en ciencias económicas, es decir, en un sector muy determinado del conocimiento humano. Pero ya está. No son sabios, al menos en el sentido originario y real que entiendo que debe darse a dicha palabra. Fijémonos en el todavía “vigente” significado que se da al sustantivo “sabiduría” en la última edición del Diccionario de la RAE, de 2001: es cierto que la segunda acepción de término es la de “conducta prudente en la vida o en los negocios”; ello podría inducir a pensar que la aplicación del término “sabios” a las personas antes mencionadas es lingüísticamente correcta. Puede ser. Pero lo que yo critico no es su aplicación en abstracto, sino la exclusiva y desproporcionada aplicación del término a dichas personas, como si ellas tuvieran que dictar todas las reglas también en “la vida”. No se ha hecho el hombre para la economía, sino que la economía tiene que estar al servicio del hombre, o de la vida del hombre. Y es ahí, a mi juicio, donde entra en juego la verdadera sabiduría. Pues bien se puede ser “sabio” en los negocios y necio en la vida. Porque como bien dice Jesús en el Evangelio de Mateo, “¿en qué aprovecha al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida?” (algunas traducciones del original griego koiné traducen “si pierde su alma”) ¿O qué podrá dar para recobrarla? (Mt 16, 26). Y es así. Volviendo al Diccionario de la RAE, la primera acepción de la misma es “grado más alto del conocimiento”. Desde mi punto de vista, habría que retomar la vieja distinción entre “conocimiento” y “sabiduría”. Mientras el primero sería un saber sobre una parte de la realidad cognoscible por el ser humano, normalmente adquirido, según el ámbito sobre el que recae, por el estudio y la investigación a partir de observaciones anteriores, de acuerdo con métodos y lenguajes estandarizados, la segunda sería más bien un saber basado en la experiencia vital, adquirida por medio de vivencias, ya sea de manera directa o más o menos aislada, o a través de una persona a la que se considera “sabia” o guía en el proceso de aprendizaje. Este saber no sería necesariamente racional, sino que muchas veces podría llegar a ser profundamente irracional o no racional, pero que proporcionaría al sabio la satisfacción de necesidades inefables, pero realmente importantes, muchas veces alejados de las pautas sociales predominantes: por ejemplo, la “paz interior” o la “paz del corazón”. La pobreza –o mi pobreza del lenguaje, o de mi lenguaje, fruto del pensamiento racional occidental- es incapaz de captarla en su esencia. En ocasiones, la sabiduría ha estado profundamente enraizada con el pensamiento hermético y con el pensamiento religioso o místico. Me remito aquí al Tao Te King (o Tao Te Ching), con una de cuyas citas  encabezaba este post, cita de mi querido sabio –éste sí, con mayúsculas- Lao Tse, padre del taoísmo chino (¡hay que ver cómo ha acabado el sufrido pueblo chino, de sabiduría milenaria, fruto de sus corruptos líderes que todavía tienen la desvergüenza de llamarse “comunistas”!): “El Tao que puede llamarse Tao no es el verdadero Tao. El nombre que se le puede dar no es su verdadero nombre”. Otro corolario taoísta es: El que habla del Tao no sabe del Tao, el que sabe del Tao no habla del Tao. Siguiendo esta enseñanza no hablaré del Tao, ni del zen, ni del Budismo, apuntando solamente en la importancia de que mis lectores conozcan alguno de las ideas –que no conceptos- del pensamiento de la no dualidad propia de las filosofías o modos de pensamiento y religiones orientales, para acabar sorprendiéndose de que éstas no están tan alejadas del pensamiento cristiano originario, por cierto, nacido en Judea, Oriente Próximo, pero Oriente, al fin y al cabo, ni de algunos pensadores presocráticos nacidos en la Grecia preclásica, como Parménides o Heráclito, con su idea del panta rei: en este sentido, es importante la idea del 無為 (wei wu wei)de la no acción (o mejor, de la acción a través de la no acción), y de la no-dualidad. En un ámbito más “ecuménico”, llama la atención la transversalidad, en casi todas las religiones, de las ideas de desapego y de la no preocupación por el futuro, traducida en la idea de la confianza en la Providencia propia del Cristianismo que podemos ver en Mateo 6, 19-34, donde, después de hacer una feroz crítica a la servidumbre del dinero, Jesús nos invita a no comportarnos como los paganos (hoy podríamos decir, como el homo oeconomicus), y a  confiar en la Providencia. Mis lectores ya conocen este pasaje de anteriores entradas en el blog. Así, con mis mejores deseos de paz interior para todos, concluyo esta entrada.

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