Gracias. De paso, apuntes sobre la propiedad industrial e intelectual y sobre la justicia humana.

enero 28, 2014 § Deja un comentario


A mi Madre

Gracias a todos mis seguidores. Sólo gracias a vosotros he podido superar, hace apenas un día, las mil visitas a mi blog; estas visitas proceden en su abrumadora mayoría de mi país natal y de mi todavía residencia, seguidas, a mucha distancia, por visitas desde los Estados Unidos, Italia y Argentina, de momento por este orden. Considero que ello es debido, en buena medida, al deficiente “márketing” del blog, cosa que intentaré remediar proxímamente; también tiene que ver con el hecho de que no escribo en el lenguaje de la red, el inglés. Pero bueno, de momento cumple mi propósito de retratarme y de exponerme públicamente en la red, sin miedo, para que quien quiera conozca mi pensamiento y pueda compartirlo; como habéis visto, todas mis licencias son de CC Creative Commons -también llamadas de “copy-left”-, movimiento que permite flexibilizar el dominante copy-right, muchas veces aprovechado solamente por las casas editoriales, que nos reparten a los autores las migajas. Esto lo sé, además, por conocimiento propio. Pero esta no es la única razón para utilizar dicho instrumento jurídico, ya internacional, por encima de la legislación de los Estados. Se funda en mi percepción profunda de que el conocimiento, en general -y sobre todo el conocimiento científico en sentido amplio-, se basa fundamentalmente en el conocimiento ajeno, forjado durante siglos y milenios por hombres y mujeres como tú y como yo. Los derechos de propiedad intelectual e industrial, como tales -excluyentes, a mi juicio, en la mayoría de los casos- no surgen hasta la revolución industrial del siglo XVIII. Y si bien es cierto que la atribución al inventor o al “creador” de algún derecho sobre su obra es necesario como premio al esfuerzo y a la creatividad -en el caso de la propiedad industrial, muchas veces, para compensar y amortizar las inversiones realizadas en el proceso productivo-, es necesaria su revisión en un mundo globalizado, sobre todo de la propiedad intelectual. “A hombros de gigantes”, reza el lema de Google Academics. Lo que significa que el conocimiento humano es una cadena, y que lo que unos lo escribimos o inventamos se basa en escritos o invenciones realizados por nuestros semejantes del mismo o de otros tiempos. Es una peculiaridad del ser humano, que nos distingue del resto de la grandísima mayoría de los animales -salvo algunos primates, en concreto, algunos grandes simios-. Un chimpancé puede desarrollar un arma punzante, pero no puede enseñar a otro chimpancé de su grupo “social” a hacer lo mismo. Este segundo chimpancé deberá aprenderlo desde cero. Este pensamiento profundo, que no es “ideológico”, aunque sí valorativo y moral, es el que me lleva a pensar en la necesidad de la revisión profunda de los modernos derechos de propiedad inmaterial, y ello tanto desde argumentos de eficacia como de justicia. Los de justicia los acabo de apuntar. En una entrada posterior intentaré argumentar cómo el coste asociado a las patentes de determinados bienes de primera necesidad -como los medicamentos- no es soportable para la mayoría de las personas del Tercer Mundo. Y en cuanto a la eficacia, las posibilidades que ofrece la red en este sentido son innumerables, y no se pueden poner puertas al campo: la piratería está a la orden del día; alguna vez se pilla a alguien, generalmente a los que menos responsabilidad tienen en los mercados de piratería, como ocurre en el tráfico de drogas ilegales, en el que siempre acaban pagando los pequeños “camellos”, generalmente con una multitud de problemas médico-sociales y de integración, mientras los grandes narcotraficantes que son defendidos por los grandes despachos -muchos de cuyos miembros conozco personalmente-, permanecen impunes. Y ello no debe interpretarse como una opinión contraria al derecho de defensa. Pero, permitidme, mis queridos lectores, que, parafraseando a Orwel, exprese mi idea con las siguientes palabras: “Todos tienen derecho a la defensa, pero algunos más que otros”. Es decir, es la calidad de la defensa la que falla en nuestro sistema judicial.

Bueno, por ahora no entraré a analizar estas cuestiones en profundidad.

Sólo quiero reiterar las gracias a mi seguidores y felicitar a mi madre por su cumpleaños, la mejor madre del mundo.

Un saludo,

Pablo

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