¿LA EUROPA FORTALEZA MERECE EL CALIFICATIVO DE CRISTIANA, O SIQUIERA DE HUMANA?

febrero 22, 2014 § 6 comentarios


¡VERGÜENZA! ¿LA EUROPA FORTALEZA MERECE EL CALIFICATIVO DE CRISTIANA, O SIQUIERA DE HUMANA?

Breve entrada sobre cómo estamos perdiendo a marchas forzadas nuestra común tradición histórica humanista 

“No defraudarás el derecho del emigrante y del huérfano ni tomarás en prenda las ropas de la viuda; recuerda que fuiste esclavo en Egipto y que de allí te rescató el Señor, tu Dios”; por eso yo te mando hoy cumplir esto. Cuando siegues la mies de tu campo y olvides en el suelo una gavilla, no vuelvas a recogerla; déjasela al emigrante, al huérfano y a la viuda, y así bendecirá el Señor todas tus tareas. Cuando varees tu olivar, no repases las ramas; déjaselas al emigrante, al huérfano y a la viuda. Cuando vendimies tu viña, no rebusques los racimos; déjaselos al emigrante, al huérfano y a la viuda. Acuérdate de que fuiste esclavo en Egipto. Por eso yo te mando hoy cumplir esto” (Dt 24, 17-22, ca. 1205 a. C.)

“(…) Oráculo del Señor. (…) Éste es el ayuno que yo quiero: soltar las cadenas injustas, desatar las correas del yugo, liberar a los oprimidos, quebrar todos los yugos, partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, cubrir a quien ves desnudo y no desentenderte de los tuyos. Entonces surgirá tu luz como la aurora, enseguida se curarán todas tus heridas, anti ti marchará la justicia, detrás de ti la gloria del Señor (shekhinah YHVH)” (Is 58, 3-8, ca. 800 años a. C.)

“Homo sum: humani nihil a me alienum puto” (Terencio, Heauton Timoroumenos, 165 a.C.)

“Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me hospedasteis; estuve desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; estuve en la cárcel, y vinisteis a verme”. Entonces los justos le responderán, diciendo: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos? ¿o sediento, y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos forastero, y te hospedamos? ¿o desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y fuimos a verte?” Y respondiendo el Rey, les dirá: “En verdad os digo que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis”. Entonces dirá también a los de su izquierda: “Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y para sus ángeles: Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; Fui forastero, y no me hospedasteis; estuve desnudo, y no me vestisteis; enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis”. Entonces también ellos le responderán, diciendo: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, o sediento, o forastero, o desnudo, o enfermo, o en la cárcel, y no te servimos?” Entonces les responderá, diciendo: “En verdad os digo que lo que no hicisteis con uno de éstos, los más pequeños, tampoco lo hicisteis conmigo. Y éstos irán al castigo eterno y los justos a la vida eterna” (Mt 25, 37-46, ca. 60-85 d. C.)

“El Derecho de Gentes no sólo tiene fuerza por el pacto y convenio de los hombres, sino que tiene verdadera fuerza de ley” (Francisco de Vitoria, De potestate civili, 1528)

“(…) Uom di povero stato e membra inferme/Che sia dell’alma generoso ed alto,/Non chiama se nè stima/Ricco d’or nè gagliardo,/E di splendida vita o di valente/Persona infra la gente/Non fa risibil mostra;/Ma se di forza e di tesor mendico/Lascia parer senza vergogna, e noma/Parlando, apertamente, e di sue cose/Fa stima al vero uguale./  Magnanimo animale./Non credo io già, ma stolto,/Quel che nato a perir, nutrito in pene,/Dice, a goder son fatto,/E di fetido orgoglio/Empie le carte, eccelsi fati e nove/Felicità, quali il ciel tutto ignora,/Non pur quest’orbe, promettendo in terra/A popoli che un’onda/Di mar commosso, un fiato/D’aura maligna, un sotterraneo crollo/Distrugge sì, che avanza/A gran pena di lor la rimembranza./Nobil natura è quella/Che a sollevar s’ardisce/Gli occhi mortali incontra/Al comun fato, e che con franca lingua,/Nulla al ver detraendo,/Confessa il mal che ci fu dato in sorte,/E il basso stato e frale;/Quella che grande e forte/Mostra se nel soffrir, nè gli odii e l’ire/Fraterne, ancor più gravi/D’ogni altro danno, accresce/Alle miserie sue, l’uomo incolpando/Del suo dolor, ma dà la colpa a quella/Che veramente è rea, che de’ mortali/Madre è di parto e di voler matrigna./Costei chiama inimica; e incontro a questa/Congiunta esser pensando,/Siccome è il vero, ed ordinata in pria/L’umana compagnia,/Tutti fra se confederati estima/Gli uomini, e tutti abbraccia/Con vero amor, porgendo/Valida e pronta ed aspettando aita/Negli alterni perigli e nelle angosce/Della guerra comune. Ed alle offese/Dell’uomo armar la destra, e laccio porre/Al vicino ed inciampo,/Stolto crede così, qual fora in campo/Cinto d’oste contraria, in sul più vivo/Incalzar degli assalti,/Gl’inimici obbliando, acerbe gare/Imprender con gli amici,/E sparger fuga e fulminar col brando/Infra i propri guerrieri./Così fatti pensieri/Quando fien, come fur, palesi al volgo,/E quell’orror che primo/Contra l’empia natura/Strinse i mortali in social catena,/Fia ricondotto in parte/Da verace saper, l’onesto e il retto/Conversar cittadino,/E giustizia e pietade, altra radice/Avranno allor che non superbe fole,/Ove fondata probità del volgo/Così star suole in piede/Quale star può quel ch’ha in error la sede”. (Giacomo Leopardi, Canti, La ginestra o il fiore del deserto, 1836)

“Si les terribles moyens de destruction dont les peuples disposent actuellement, paraissent devoir, à l’ avenir, abréger la durée des guerres, il semble que les batailles n’ en seront, en revancha, que plus meurtrières; et dans ce siècle où i’ imprévu joue un si grand ròle, des guerres ne peuvent-elles pas surgir, d’ un côté ou d’ un autre, de la manière la plus soudaine et la plus inattendue? – N’ y a-t-il pas dams ces considérations seules, des raisons plus que suffisantes pour ne pas se laisser prendre au déporvu?” (J. Henry Dunant, Geneve, Un souvenir de Solferino, 1863, pp. 169-168).

Considerando que la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana;

Considerando que el desconocimiento y el menosprecio de los derechos humanos han originado actos de barbarie ultrajantes para la conciencia de la humanidad, y que se ha proclamado, como la aspiración más elevada del hombre, el advenimiento de un mundo en que los seres humanos, liberados del temor y de la miseria, disfruten de la libertad de palabra y de la libertad de creencias;

Considerando esencial que los derechos humanos sean protegidos por un régimen de Derecho, a fin de que el hombre no se vea compelido al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión;

Considerando también esencial promover el desarrollo de relaciones amistosas entre las naciones;

Considerando que los pueblos de las Naciones Unidas han reafirmado en la Carta su fe en los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad y el valor de la persona humana y en la igualdad de derechos de hombres y mujeres, y se han declarado resueltos a promover el progreso social y a elevar el nivel de vida dentro de un concepto más amplio de la libertad;

Considerando que los Estados Miembros se han comprometido a asegurar, en cooperación con la Organización de las Naciones Unidas, el respeto universal y efectivo a los derechos y libertades fundamentales del hombre, y

Considerando que una concepción común de estos derechos y libertades es de la mayor importancia para el pleno cumplimiento de dicho compromiso;

LA ASAMBLEA GENERAL proclama la presente DECLARACIÓN UNIVERSAL DE DERECHOS HUMANOS como ideal común por el que todos los pueblos y naciones deben esforzarse, a fin de que tanto los individuos como las instituciones, inspirándose constantemente en ella, promuevan, mediante la enseñanza y la educación, el respeto a estos derechos y libertades, y aseguren, por medidas progresivas de carácter nacional e internacional, su reconocimiento y aplicación universales y efectivos, tanto entre los pueblos de los Estados Miembros como entre los de los territorios colocados bajo su jurisdicción: (…) Art. 13. 1. Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado. 2. Toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio, y a regresar a su país.

 

“Vergogna!” Con estas claras y contundentes palabras pronunciadas por el papa Francisco en noviembre del año pasado, referidas al naufragio de una patera llena de inmigrantes subsaharianos, muchos de ellos mujeres y niños, a pocas millas de la costa de la isla de Lampedusa (Italia) se habría en la opinión pública, a partir de las declaraciones de una de las máximas autoridades morales, religiosas y políticas de nuestro tiempo, un debate sobre el papel de la Unión Europea en las catástrofes humanitarias, y sobre su posible complicidad omisiva en múltiples asuntos. En estos horribles tiempos de crisis, decía el Papa, debemos ser especialmente atentos, compasivos y misericordiosos con nuestro prójimo, tal y como quiso nuestro Señor Jesucristo. Unos pocos meses después de aquel incidente, mi mirada se dirige a los responsables políticos, económicos y burocráticos de una Unión Europea demasiado centrada en lo económico y culpable, al menos por ceguera deliberada, podríamos decir, ante algunos acontecimientos recientes que no pueden ser silenciados.

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Como dice repetidamente el papa Francisco, “soltanto l’ Amore può salvarci”. En y desde un mundo, nuestro mundo, el mundo acomodado que poco a poco va empobreciéndose moral y económicamente, un mundo en el que se niega la condición de persona a los inmigrantes y se les deja naufragar para que evitar que consigan arribar a las costas de nuestra decadente Unión Europea, ya conocida por muchos autores como “La Europa Fortaleza”, y, una vez en nuestro “civilizado territorio”, para evitarnos el “mal trago” de tener que adoptar medidas de las que en el fondo, por nuestra tradición jurídico-política, moral y religiosa, de la que no es posible dar cuenta aquí, a pesar del humilde intento reflejado en las citas reportadas arriba, nos avergonzamos. Nos encontramos ante una Unión Europea y ante un país como el nuestro que permiten que se les dispare a los inmigrantes, refugiados y asilados -muchos de ellos ciudadanos de mi querido pueblo sirio, los cuales, ante la brutal guerra civil desatada en su país, huyen de una muerte segura-, simplemente por el delito de traspasar las fronteras exteriores de la UE con el propósito de buscar una vida mejor para ellos y para sus familias o, simplemente, con el de conservar la suya; una Unión Europea, con líderes a su cabeza como Barroso, que permite que en uno de los países candidatos a la anexión se esté desarrollando simple y llanamente otra guerra civil.

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La Unión Europea perdió su credibilidad hace mucho tiempo. Comenzó a perderla cuando decidió prefijarse objetivos más allá de lo económico, mientras en los Tratados y en el Derecho derivado hacía otras cosas; fundamentalmente, a partir de la aprobación del Tratado de la Unión Europea (más conocido como Tratado de Maastricht, de 7 de febrero de 1992), que entró en vigor para la mayoría de los Estados miembros de entonces el 1 de enero de 1993, comenzando un sistema diabólico de transferencia de competencias políticas a un entramado de instituciones técnica, llamado Sistema Europeo de Bancos Centrales, sin sujeción a ningún control, legibus solutus, propio más bien de las instituciones de Estados autoritarios y dictatoriales, propio de un “nuevo Antiguo Régimen”, y regido por el dios Mercado. Dicha transferencia de competencias se completó en enero de 2002 con la introducción del euro como moneda física de curso legal. Pero a diferencia de cualquier otro país del mundo -al menos que yo conozca-, el euro no tiene control político.

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Los débiles criterios, directrices o recomendaciones -por cierto, siempre de carácter neoliberal- que, muy de vez en cuando, dirige a la institución financiera el Consejo Europeo -en teoría, pero también según los Tratados, la máxima institución de la Unión Europea-, tienen para el Banco, por cierto, la institución “autónoma” público-privada notoria más poderosa de Europa, precisamente por esto mismo, la misma fuerza normativa real que pueden tener los consejos que un amiguete pobre puede dar a uno rico en una noche de juerga. Así las cosas, la Unión Europea ha tratado de extender cada vez más su normativa hacia lo no estrictamente económico, desarrollando un acervo exacerbado (y perdón por el juego de palabras) de normas de vario rango y diversa fuerza vinculante, relativas a prácticamente todo lo regulable: a la protección del medio ambiente, a los derechos laborales y sociales, a los derechos de los consumidores, a la sostenibilidad, a las llamadas “acciones positivas” en favor de la mujer, y hasta relativas al Derecho penal, llegando a hablarse incluso de un “Derecho penal federal europeo” (Tiedemann, 2002, 2005; Bajo Fernández, 2006; Gómez-Jara Díez, 2006, 2009, 2011, 2013). Pero.. ¿en qué términos se regulan estas cuestiones? A todas luces ha habido, incluso desde antes de que empezara oficialmente “la crisis” -en los Estados Unidos-, un retroceso en los llamados por los constitucionalistas derechos de segunda (derechos sociales y laborales) y tercera generación (derechos medioambientales, derechos de los consumidores frente a las corporaciones, derechos relativos al ámbito de las nuevas aplicaciones de la Biomedicina y de la Bioética, etc., etc.); ahora se está intentando el ataque a los “derechos de primera generación”, que no son otros, en su mayoría, que los derechos fundamentales y las libertades públicas reconocidos, por ejemplo, por la Constitución Española de 1978 en sus artículos 14 a 29: y no me refiero ya a algunos derechos sociales muy básicos, como el derecho a la educación, reconocido en el artículo 27 de la Constitución, sino derechos clásicos de los llamados típicamente “burgueses”, como el derecho a la seguridad personal previsto en el artículo 17 de la Constitución (amenazado, si bien en pequeña medida y sobre todo de manera indirecta, por el anteproyecto de nueva Ley de Seguridad Ciudadana, pero sobre todo de hecho, por parte de la actuación de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, como se han ocupado de mostrar los acontecimientos ocurridos en Ceuta, acontecimientos que exigen un mayor esclarecimiento, más allá de la farsa parlamentaria que constituyó la comparecencia del Presidente del Gobierno ante el Senado el pasado martes 18 de febrero, en orden la depuración de las responsabilidades políticas, y aun penales, si las hubiere); entre otros derechos de primera generación conculcados, esta vez no en nombre de la seguridad, sino simplemente por el interés del Estado de recuperar el dinero presuntamente sustraído por nuestros representantes políticos, ha sido el derecho a la tutela judicial efectiva, reconocido en el artículo 24 de la Constitución, recortado por el famoso decreto promovido por el ministro Gallardón, de tasas judiciales.

En cuanto a la situación de los inmigrantes, ya he anticipado algunas de mis opiniones. Mi reprobación es especialmente dura hacia los máximos responsables de los hechos de Ceuta y de la política en materia de control férreo de nuestras fronteras exteriores, y apunta hacia el ministro del Interior y el Presidente del Gobierno, máximo responsable, presuntamente incluso penal, de acuerdo con las reglas de imputación desarrolladas por estos casos por el Derecho penal, en relación con el Derecho internacional humanitario y el Derecho Penal Internacional, del principio respondeat superior (vid. recientemente, por todos Garrocho, T.D. depositada en la Universidad Carlos III, Madrid, 2014, inédita). Esta deriva histórica en el Derecho comunitario tuvo un hito fundamental en el año 2008, con la aprobación, a nivel europeo y, posteriormente, a nivel nacional, con los correspondientes cambios legislativos y reglamentarios en materia de extranjería, de la famosa “Directiva de la vergüenza”, la directiva del retorno 2008/115/CE, aprobada por los dos grupos parlamentarios mayoritarios en el Parlamento Europeo, el Grupo Parlamentario de los Populares Europeos -al que pertenece el PP-, y el Grupo Parlamentario Socialista -al que pertenece el PSOE-, si bien con alguna notable oposición de algunos miembros del PSOE, entre otros, el señor Borrell-, y por la mayoría cualificada del Consejo de la Unión. Esta directiva vino a endurecer los requisitos para la concesión de visados de todo tipo, así como a restringir sustancialmente los derechos de los inmigrantes -permitiendo, por ejemplo, el internamiento de los extranjeros a la espera de expulsión en centros de internamiento de extranjeros hasta sesenta días-, y aun de los solicitantes de asilo, en contra de los compromisos asumidos internacionalmente en esta materia por varios Estados miembros en el ámbito de las Naciones Unidas. Sin embargo, y pese al escándalo que entonces supuso la aprobación de la la normativa, todavía nos hallábamos muy lejos de la situación actual “a la americana”, basada en el lema first shoot, ask later, presuntamente aplicado, por acción o omisión con responsabilidad equivalente -en Derecho penal solemos decir, en comisión por omisión-, por los actuales ministro del Interior, y por el actual Presidente del Gobierno, el señor Mariano Rajoy, ante lo que a mi juicio constituyen homicidios presuntamente cometidos en Ceuta o en tierra marroquí por representantes del poder público español, y ante la violencia represiva estatal desatada en la verja de Melilla. Mientras, el señor Barroso y su panda de pseudotecnócratas corruptos y con sus bolsillos llenos de billetes de 50o euros, más lo que presuntamente puedan tener en paraísos fiscales -algunos de los cuales, por cierto, permitidos por la propia Unión Europea, como Gibraltar y otros-, miran para otro lado. Dios quiera que la Iglesia Católica, a cuya cabeza está ahora uno de los papas más auténticos, en el sentido evangélico, de los últimos siglos, pueda ser una “conciencia moral” para Europa más efectiva que la que representara en su momento, a principios del siglo pasado, la voz de su predecesor Benedicto XV, quien, a pesar de sus notables intervenciones comprobadas, no pudo evitar lo que él, en sus propias palabras, denominó “el suicidio de Europa”: la primera de las dos grandes guerras mundiales, las cuales, sólo en el siglo pasado causaron conjuntamente más de sesenta millones de muertos. 

 

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DIÁLOGO Y ORACIÓN DE AGRADECIMIENTO DE UN HOMBRE EN LA PRUEBA

febrero 19, 2014 § Deja un comentario


DIÁLOGO Y ORACIÓN DE AGRADECIMIENTO DE UN HOMBRE EN LA PRUEBA

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Señor, ante la imagen en mi mente de Ti, revestido de Gloria y Majestad, Jesús de la Misericordia, atributo divino al que guardo especial devoción, te dirijo esta oración:

Gracias por las pruebas de la vida que me está tocando sufrir y padecer. Por mi fe, confío en Ti, y por ello sé que Tú, como reza la Carta de Santiago que la Liturgia nos recuerda este año en esta sexta semana del Tiempo ordinario, no envías las pruebas. Señor, Tú no envías nada malo porque no eres el autor de nada malo. Tú todo lo hiciste bueno.

Las pruebas, como la enfermedad, la incomprensión, los recortes de libertad, la violencia padecida, la injusticia y las falsas justicias humanas, o las derivadas de las consecuencias del pecado mío o ajeno, muchas veces procedentes del miedo y del odio, que con mucha frecuencia pueden parecerme insoportables y pueden humanamente desbordarme, proceden del mundo y de los hombres, de la naturaleza humana caída que Tú viniste a restaurar. Tú, Jesús, sabes que en la fórmula canónica del Sacramento de la Confesión, que Tú instituiste, a veces omitida, inmediatamente posterior a la absolución sacramental, se nos recuerda que Tus méritos, es decir, “los Méritos de Nuestro Señor Jesucristo”, así como “los méritos de la Santísima Virgen y de todos los Santos, el bien que hagamos y el mal que podamos recibir, nos sirvan como remedio de nuestros pecados, aumento de gracia y premio de vida eterna”. Y a continuación, el sacerdote pronuncia a veces en Tu Nombre, y en Nombre de la Santísima Trinidad, las confortadoras palabras “El Señor te ha perdonado. Vete en paz”. U otras parecidas, pero de igual sentido. Como Tú pronunciaste ante tantos pecadores que acudieron a Ti pidiéndote perdón y Tú los perdonaste, diciéndoles: “Vete en paz. Tu fe te ha salvado”. En cuanto a las pruebas, Señor, en Tu infinita e insondable sabiduría, Tú permites que nosotros, pobres hombres pecadores que queremos seguirte, seamos probados, para que nuestra alma salga fortalecida por Tu Espíritu. Si te sigo y tengo Tu Espíritu, como nos dijo San Pablo, “todo lo puedo en Aquél que me conforta”. Pues, “si Dios está conmigo… ¿Quién contra mí?” En los momentos de tribulación, de oscuridad y de padecimiento es cuando son puestos a prueba mi amor y fidelidad a Ti, al tiempo que, como rezan los Salmos, Tú vas nos vas forjando en el fuego, como el buen metal, para que, cuando salgamos, con Tu asistencia, victoriosos de la prueba, nos veamos más fortalecidos y podamos dar más y mejor testimonio de Ti en el mundo, pero sin ser del mundo, como nos dijo San Juan. Y todo el que cree en Ti y da testimonio de Ti, como Tú mismo nos has enseñado, tiene Vida, y Vida en abundancia. Pues, ¿qué clase de discípulos tuyos seríamos si sólo te estuviéramos agradecidos cuando nos van bien las cosas? Es algo muy humano, que yo mismo he hecho y, probablemente, seguiré haciendo muchas veces, cerrando con ello mi corazón a Ti y limitando mi apertura a Ti. Y que pecaré, y volveré a pecar, más de setenta veces siete. Y quizá a veces las pruebas futuras me superarán, o no podré con ellas. Tú también experimentaste la tentación de la desesperanza en Getsemaní, y sabes como hombre, Jesús, lo fácil que es caer en ella cuando las circunstancias se vuelven contra ti. Pero confío en Ti. Quiero confiar en Ti. Y sé que Tú estarás ahí para recordarme que para Ti, nada es es imposible, que has vencido al mundo, al pecado y a la muerte; de un modo u otro, más pronto o más tarde, cómo y cuando Tú quieras, pues, como reza el Salmo, “Tú me sondeas y me conoces” mejor que yo a mí mismo.  “Cuando me acuesto y cuando me levanto. De lejos penetras mis pensamientos. Todos mis senderos te son familiares”. Sabes que soy un pobre pecador, pero Tú conoces mi corazón y mi debilidad, y puedo decirte, como te dijo Pedro desde una profunda humildad: “Señor, Tú lo sabes todo. Tú sabes que te quiero”. Y desde mi debilidad, desde mi pecado, Tú has mirado muchas veces en mi vida mi humillación y me has levantado, no por mis méritos, sino conforme a Tu bondad, y estarás siempre dispuesto a perdonarme; y me perdonarás siempre que te lo pida, porque un corazón contrito y humillado, Señor, tú no lo desprecias. Por eso te pido que no me canse nunca de pedirte perdón, como nos ha recordado el actual vicario de Pedro, Cabeza de Tu Iglesia, porque Tú me perdonarás. Para eso viniste al mundo. Como Tú mismo le dijiste a Pilatos, has venido a dar testimonio de la Verdad. Y todo el que es de la Verdad escucha Tu Palabra. Tú nos has enseñado, con Tu palabra, pues Tú eres la Palabra misma, pero también con Tu vida y con Tu Sacrificio en la Cruz, la naturaleza profunda del Amor, de la entrega total, que es la misma esencia de Dios, como nos recuerda San Juan en su primera carta. El Amor que no conoce límites, el Amor hasta el extremo. Como dijiste a Tus discípulos en la Última Cena: “Nadie tiene mayor Amor que el que da su vida por sus amigos”. Moriste por mí. Y por todos los hombres, hasta por el mayor pecador, y especialmente por él. Yo valgo Tu Sangre. Porque así lo quisisteis, Tú y el Padre, desde antes de la Creación. Y así lo aceptaste, como Dios y como hombre, de acuerdo con la Voluntad del Padre, en Tu amarga Oración en el Huerto de Getsemaní. Frente a eso no puedo menos que sentir una gratitud suprema, aun con las limitaciones de mi corazón humano y pecador. Por eso te pido que abras más mi corazón a Tu Amor y no quede aquél endurecido por la tibieza, el rencor o la prueba. Hoy, en esta noche, te digo de nuevo, Señor: Gracias por las cruces que la vida me manda. No quiero aceptar ninguna cruz “porque sí”, pero sí quisiera, si Tú me lo concedes, con la ayuda de Tu divina gracia, poder aceptarlas todas según Tu voluntad y contigo, pues Tú, y Tu cruz, eres El que da sentido a nuestras cruces: “El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, que coja su cruz y me siga”, nos dijiste, pues “Mi yugo es llevadero, y mi carga ligera”. Y también, justo antes de darnos este mensaje, nos dijiste estas preciosas palabras: “Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso”. Así que quisiera terminar esta oración, antes del rezo de Completas, con la Oración de San Agustín: “Nos hiciste, Señor, para Ti, y nuestra alma está inquieta hasta que descanse en Ti”. Amén.

Hasta aquí mi oración personal. A continuación, reproduzco, para quien pudiera estar interesado en esta tan especial forma litúrgica, familiarizándose así con la Liturgia de las Horas, que es la Oración de la Iglesia, la Oración de Completas de la Liturgia de las Horas de la Iglesia Universal de hoy, antes del descanso nocturno, a la que me he incorporado hará más o menos una hora. Su inclusión en esta entrada se justifica a modo de TESTIMONIO PERSONAL, además de enseñanza, por lo que enseguida diré. Los Salmos del oficio de Completas de hoy, como siempre, para quien sabe interpretar las señales divinas, han resultado en mi caso particular providenciales, dada la difícil situación que estoy atravesando, y me han proporcionado el consuelo que sólo Dios sabe y puede darnos en los momentos de prueba, pues antes del rezo de Completas no sabía qué Salmo o qué Oración tocaba para esta noche. Aconsejo por ello encarecidamente su lectura, aunque sólo sea por curiosidad.

MARTES DE LA SEMANA VI DEL TIEMPO ORDINARIO
18 de febrero de 2014

COMPLETAS
(Oración antes del descanso nocturno)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

EXAMEN DE CONCIENCIA

Hermanos, habiendo llegado al final de esta jornada que Dios nos ha concedido, reconozcamos sinceramente nuestros pecados.

Yo confieso ante Dios todopoderoso
y ante vosotros, hermanos,
que he pecado mucho
de pensamiento, palabra, obra y omisión:
por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,
a los ángeles, a los santos y a vosotros, hermanos,
que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.

V. El Señor todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Himno: SE INCLINA YA MI FRENTE

Se inclina ya mi frente,
sellado está el trabajo;
Señor, tu pecho sea
la gracia del descanso.

Mis ojos se retiran,
la voz deja su canto,
pero el amor enciende
su lámpara velando.

Lucero que te fuiste,
con gran amor amado,
en tu gloria dormimos
y en sueños te adoramos. Amén.

SALMODIA

Antífona 1ª. No me escondas tu rostro, ya que confío en ti.

Salmo 142, 1-11 – LAMENTACIÓN Y SÚPLICA ANTE LA ANGUSTIA

Señor, escucha mi oración;
tú que eres fiel, atiende a mi súplica;
tú que eres justo, escúchame.
No llames a juicio a tu siervo,
pues ningún hombre vivo es inocente frente a ti.

El enemigo me persigue a muerte,
empuja mi vida al sepulcro,
me confina a las tinieblas
como a los muertos ya olvidados.
Mi aliento desfallece,
mi corazón dentro de mí está yerto.

Recuerdo los tiempos antiguos,
medito todas tus acciones,
considero las obras de tus manos
y extiendo mis brazos hacia ti:
tengo sed de ti como tierra reseca.

Escúchame en seguida, Señor,
que me falta el aliento.
No me escondas tu rostro,
igual que a los que bajan a la fosa.

En la mañana hazme escuchar tu gracia,
ya que confío en ti;
indícame el camino que he de seguir,
pues levanto mi alma a ti.

Líbrame del enemigo, Señor,
que me refugio en ti.
Enséñame a cumplir tu voluntad,
ya que tú eres mi Dios.
Tu espíritu, que es bueno,
me guíe por tierra llana.

Por tu nombre, Señor, consérvame vivo;
por tu clemencia, sácame de la angustia.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Antífona 1ª (puede omitirse). No me escondas tu rostro, ya que confío en ti.

LECTURA BREVE   1Pe 5,8-9

Sed sobrios, estad despiertos: vuestro enemigo, el diablo, como león rugiente, ronda buscando a quien devorar; resistidle, firmes en la fe.

RESPONSORIO BREVE

V. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

V. Tú, el Dios leal, nos librarás.
R. Te encomiendo mi espíritu.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Antífona 2ª. Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.

CÁNTICO DE SIMEÓN       Lc 2, 29-32

Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz,

porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante todos los pueblos

luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Antífona 2ª (puede omitirse). Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.

ORACIÓN

OREMOS,

Ilumina, Señor, nuestra noche y concédenos un descanso tranquilo; que mañana nos levantemos en tu nombre y podamos contemplar, con salud y gozo, el clarear del nuevo día. Por Cristo nuestro Señor.
Amén.

BENDICIÓN

V. El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una santa muerte.
R. Amén.

ANTÍFONA FINAL DE LA SANTÍSIMA VIRGEN

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Santísima Virgen Madre De la Divina Providencia

Salve, Reina de los cielos
y Señora de los ángeles;
salve raíz, salve puerta,
que dio paso a nuestra luz.

Alégrate, Virgen gloriosa,
entre todas la más bella;
salve, agraciada doncella,
ruega a Cristo por nosotros.

Y ahora, dedicada especialmente para quien también esté siendo probado, después de haber rezado las Completas, os dejo con una bonita canción: http://www.youtube.com/watch?v=5NJrpixP93E

Queridos lectores y amigos: Paz y bien, en el mejor sentido y sabor franciscanos. Que el Señor Todopoderoso, rico en Misericordia, os bendiga y os guarde y que, como reza la Oración de Completas, que tengáis una noche tranquila y una muerte santa. Amén.

PERFIL PÚBLICO ACTUALIZADO

febrero 17, 2014 § Deja un comentario


PERFIL PÚBLICO

Una cuestión de dignidad: Y nos cambiaron las reglas una vez comenzada la partida

“Llamé al cielo y no me oyó, y pues sus puertas me cierra, de mis pasos en la tierra, responda el cielo, no yo.” (Zorilla, Don Juan Tenorio, 1844; Primera Parte, Acto IV, Escena X)

“El que tenga oídos, que oiga” (Mt 13, 1-9)

(…) Y habiendo buscado durante mucho tiempo, y encontrado y experimentado en el oro lo que busca la alquimia del notariado (la servidumbre de su adoración), me quedo con lo que busca en él la ciencia de la física (su mera descripción) (…) (Pablo Guérez Tricarico, Inspirado por una pareja anónima de física y notario en la noche del 19 de febrero de 2014, después de un concierto)

“Con los pobres de la tierra, quiero yo mi suerte echar. El arroyo de la sierra, me complace más que el mar” (José Martí, Versos sencillos) 

“No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque seréis juzgados como juzguéis vosotros, y la medida que uséis, la usarán contra vosotros. ¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “Déjame que te saque la mota del ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? Hipócrita: sácate primero la viga del ojo, entonces verás claro y podrás sacar la mota del ojo de tu hermano” (Mt 7, 1-5)

Dedicado a todos los que en esta vida me han querido y me siguen queriendo, estén o no ya entre nosotros, comenzando por mis padres e incluyendo también a algunos miembros de la Academia 

Dedicado a todos los Doctores expulsados por el sistema y a todos aquellos investigadores que, aun sin haber llegado nunca al Grado de Doctor, se desvivieron por la Academia y nunca recibieron de ella ni las gracias

¡Hola! Soy Pablo Guérez Tricarico, Doctor en Derecho Público y Filosofía Jurídica (programa de Doctorado en Ciencia Jurídica) y especializado en Derecho penal. Aunque esto no es lo más importante de mí, como bien saben mis familiares y amigos, ¡y me refiero a cosas buenas! Como ser humano, no soy perfecto, y he cometido mis errores, fuera y dentro del ámbito profesional, como cualquier persona y cualquier trabajador en activo. Ahora mismo estoy fuera de la Academia… vamos a decirlo suavemente… por “circunstancias objetivas”. Y estoy fuera, también, como les gusta decir a algunos juristas más o menos “progres”, “en sentido material”, conservando las libertades formales. Es decir, que no cobro un solo céntimo de la Universidad, pero, eso sí, soy “Profesor Honorario”. ¿Y qué es eso de “Profesor Honorario”? Para los menos entendidos en figuras contractuales universitarias o equivalentes funcionales en la historia de las reglamentaciones universitarias recientes en España, la figura de Profesor Honorario es una figura de profesorado universitario no permanente, creada “praeter legem” -como dirían los administrativistas-, es decir, a falta de previsión legal o reglamentaria, por la normativa estatutaria de la propia Universidad. El sentido de la figura, en principio admisible, sobre todo en tiempos de crisis, es el de un reconocimiento especial que se otorga por la Universidad a profesionales de prestigio en sus diversas disciplinas -y que como tales, se ganan sus cuartos en el ejercicio de actividades laborales, profesionales o empresariales vinculadas al conocimiento y a la aplicación de dichas disciplinas-, a fin de que dichas personas, nombradas “Profesores Honorarios” por el Consejo de Gobierno de la Universidad, con quien no les une ninguna relación contractual ni estatutaria, ni mucho menos una expectativa de la misma, como es lógico, “transfieran” su conocimiento, normalmente adquirido en buena medida fuera de la Universidad, al ámbito universitario, facilitando de esta manera la transferencia del conocimiento. La figura vendría a ser un poco como la del antiguo Profesor Asociado LRU “de verdad”, es decir, el profesional de prestigio que aporta conocimientos prácticos a la Academia, y su función no varía mucho de la de un moderno Profesor Asociado -del tipo que sea- de la LOU/LOMLOU. Más bien el sentido de la figura del “Profesor Honorario” debería ser el de una persona, ya de edad avanzada, que pudiera aportar una valiosa experiencia a la Universidad, y pudiera permitirse el lujo, a cambio del “honor”, de hacerlo a titulo gratuito. Sin embargo, la política rectoral actual de la Universidad Autónoma de Madrid, aunque ha ido dando, como en casi todos los terrenos, vaivenes en este sentido, tiende a un remplazo de las plazas de Profesores Asociados -sobre todo de aquellos con poca carga docente-, por la de Profesores Honorarios, motivado por la necesidad de ahorro impuesta por la incontestable política de contención del gasto público a raíz de la coyuntura económica de crisis general que sufre el país. Me gustaría que se hablara más de “autonomía universitaria” y de búsqueda de fuentes alternativas de financiación en colaboración con el sector privado en este ámbito, y menos en órganos políticos como el CCU o en lobbies de influencia mediática como la CRUE o la CRUMA, reclamando simplemente más gasto público sin ofrecer nada a cambio, cuando los rectores, que se supone que son gente culta, deberían saber que la batalla, no ya por la sostenibilidad, sino por la propia supervivencia del sistema universitario, no puede plantearse en estos términos tan rudos. Volviendo a la figura del Profesor Honorario, también es notorio que ésta ha sido criticada, no sin razón, por los sindicatos del ámbito universitario, cuando ha podido constatarse que ésta ha constituido una forma de encubrimiento de funciones docentes o investigadoras propias de un profesor o investigador a tiempo completo no remuneradas. En este sentido, y aun siendo consciente y denunciando la gravedad de este peligro genérico en la Universidad mientras subsista la figura, quiero dejar claro que éste no ha sido mi caso, sino todo lo contrario. Mi nombramiento como Profesor Honorario me ha permitido conservar una cierta -aunque lábil- vinculación con la Universidad que ha cosechado incluso algunos frutos, y frutos económicos, como por ejemplo, alguna invitación a impartir clases de posgrado en alguna Universidad extranjera. Esto tengo que reconocerlo. Sin embargo, ello no empaña la constatación de que el mantenimiento de una situación prolongada de “Profesor Honorario” va produciendo con el tiempo disfunciones o “desajustes” en el sistema y en la propia persona que ostenta el “cargo”, en la medida en la que, lo que en principio pudo pensarse como situación provisional, acaba convirtiéndose en situación indefinida en el peor de los sentidos, es decir, en situación no definida. Así, por lo que conozco de la Facultad de Derecho, los pocos profesores honorarios que nos encontramos en esta extraña y precaria situación de ser “sólo” profesores honorarios, sin actividad profesional alguna, si bien al principio de nuestra situación -respaldada económicamente por el inicio del cobro de la ayuda de la prestación por desempleo-, pudimos vernos en una especie de “purgatorio contractual”, a la espera de que se nos abrieran las puertas del cielo de las plazas de profesorado permanente, ahora el devenir de los acontecimientos, especialmente influidos por la devastadora crisis económica que se ha ido desarrollando más y más en nuestro país y en nuestras instituciones, como si de una enfermedad se tratara, muestra una realidad totalmente distinta. Si antes podía haber un conato de esperanza, ahora no hay esperanza alguna, y el purgatorio contractual acaba cediendo ante el infierno del desempleo sin prestación. Ahora que me queda poco, tengo la libertad para escribir de los deshauciados, para quejarme, legítimamente, pues las personas que hayan tenido la responsabilidad de poder mover los hilos decanales y rectorales durante mi “etapa de formación”, tanto por acción y omisión, ya saben con qué parte de responsabilidad les ha tocado cargar por haberme perdido. O quizá hayan sido tan ineptas que no lo sabían, algo muy propio en este país, especialmente en su endogámica Universidad. Y si esto le molesta a alguien, como suele decirse popularmente, tiene dos trabajos. Y si le duele es porque es verdad, como los datos que aporto en esta entrada. Y la verdad duele. A todos. A mí también.

Sin embargo, ahora, visto con algo de perspectiva y con un sano cinismo, no sé qué me sorprende de todo esto. En mi carrera académica truncada, por favores de diversa índole -algunos también imputables a mí, por qué no, pero en ningún caso desproporcionados al ostracismo al que me he visto obligado-. Algo que, inconscientemente, ya predije cuando comenzó la “crisis universitaria”, antes del estallido de la crisis general, es decir, allá por noviembre de 2007.  Pero no me enorgullezco de ello, porque si lo hiciera sería un necio. Si realmente lo predije con claridad, debí haber cogido el toro por los cuernos y haber realizado una tesis exclusivamente instrumental para “colocarme” como profesor contratado doctor, incluso sin concurso, en aplicación de una transitoria de la LOMLOU. Desgraciadamente, mi carácter no me permitió orquestar semejante plan, y mi tesis doctoral se fue alargando más allá de lo “conveniente”, precisamente para no descuidar el rigor científico y lo “necesario”. Volviendo al momento presente, y sin temor a equivocarme, los meses que me queden hasta que termine este curso académico sean quizá mis últimos tiempos en la Universidad. Al menos, si los contamos de forma continuada desde mi primera incorporación formal al Área de Derecho Penal en 2002, o de mi primera etapa universitaria. Pues no descarto volver, a ésta o a otra Academia que me reconozca, si las cosas llegaran realmente a cambiar y si a mí realmente me conviniera. Mi nombramiento y, por lo tanto, mis funciones como Profesor Honorario de Derecho de la UAM tienen los días contados -por cierto, como los de todos-.

En lo que desborda al pequeño ámbito universitario, ni la LOU, ni la LRU fueron nunca un ejemplo de derechos laborales del llamado “personal docente e investigación en formación” o de sus equivalentes funcionales. La LRU permitió a principios de los años ochenta del siglo pasado que muchos PNNs -para mis lectores más jóvenes, profesores docentes no numerarios-, pasaran a convertirse, casi por arte de magia, en profesores funcionarios, y que después de unos años, “pasaran” de nosotros, los más jóvenes, que no pretendíamos saltarnos las reglas como ellos, sino simplemente tener la oportunidad de concursar a plazas de profesorado permanente según nuestro mérito y capacidad, que nunca fueron convocadas. Y, queridos lectores, a estas alturas, no puedo creerme que no fueron convocadas porque no hubiera dinero. A pesar de la crisis, a pesar de la crisis económica general, dinero había -como se comprobó en promociones muy dudosas de alguna de las Facultades de la UAM-, y se gestionó mal desde los órganos académicos correspondientes y desde la Comisión de Profesorado. Podría pedir transparencia a los órganos en su momento encargados de las promociones, pero tal misión sería casi como pedirle transparencia al Banco de España, o incluso al Banco Central Europeo.

En lo que respecta a los avances legislativos que nos prometieron los políticos, la LOU constituyó un avance en el reconocimiento de los derechos laborales del profesorado no funcionario, convirtiendo los contratos administrativos en laborales. No lo voy a negar. Entre otras cosas porque no soy -Dios me libre de serlo nunca-, ni rector ni gerente de una Universidad pública española (cosa distinta es que me nombraran vocal de un Patronato de supervisión universitaria independiente, sostenido con fondos privados, modelo del todo desconocido en nuestro mediocre panorama universitario administrativo, que no investigador y docente, pues éste sigue siendo excelente pese a todos los obstáculos de la burrocracia y el pasilleo que reinan en nuestros claustros). Sin duda fue un avance. Pero para cuando las Universidades públicas pudieron utilizar dichos contratos se dieron cuenta del enorme coste en Seguridad Social que tenían que asumir, y para cuando se aprobaron por los respectivos Claustros y Consejos de Gobierno de dichas Universidad tímidos planes de promoción y estabilización del profesorado docente universitario, al menos en las Universidades de mayor envergadura, como la UAM -y de ello soy consciente, porque participé de alguna de estas lúgubres comisiones, defendiendo la continuidad de las plazas de mis compañeros, nunca la mía-, en los interminables debates de pasillo en los que se decide todo en cualquier organización, al margen de la realidad económica real, ya estábamos en plena crisis universitaria; y después, la recesión general del país, comenzada en la segunda etapa del Gobierno de Zapatero. Bien por Zapatero y su “Ley Caldera”, que hizo que algunos pocos investigadores de organismos autónomos, incluido el CSIC, fueran contratados como fijos después de “disfrutar” de contratos laborales de dos años. Así, efectivamente era la norma. Y el Estatuto de los Trabajadores, que poco a poco se encargaron de desmontar los gobiernos del PSOE y del PP, hasta el punto de que algunos nos planteamos en la actualidad si existe el Derecho laboral en cuanto tal. Sin embargo, y para lo que aquí quiero destacar, fíjense los lectores en lo siguiente: La “Ley Caldera” obligaba a hacer fijos o a indemnizar a cualquier trabajador, ya fuera del sector privado o del sector público (aquello tan bonito de “Personal al Servicio de las Administraciones Públicas”, con Registro de Personal y todo: sonaba tan bien que algunos, cometiendo un error que sigue pesándonos, pensamos equivalente a una promesa de funcionariado o, al menos de permanencia; aprovecho para decir que me da igual que los Profesores universitarios de las Universidades Públicas sean funcionarios o laborales, como los Médicos de la Seguridad Social: más bien me inclino a pensar que tengan que ser todos laborales, pues la función de docencia e investigación no es una función, a mi juicio, del funcionariado -aunque sí de servicio público, como muchas realizadas por el sector privado-, al menos en el sentido clásico que yo defiendo). Lo que sí me parece una aberración y una injusticia que clama al cielo es que, por dar las gracias por el paro de entonces -el máximo, y que por lo menos era una cantidad digna de 1020 euros mensuales-, se nos haya olvidado a muchos reclamar la otra cara de la moneda. La Ley Orgánica de Universidades, de rango superior, prevalecía sobre cualquiera de las Leyes citadas, con carácter ordinario. Esto significa, y significó, que pude estar  SEIS AÑOS Y  DIEZ MESES contratado sin derecho a que se me hiciera investigador permanente; si mi no renovación, de acuerdo con la “Ley Caldera” -que ya hemos dicho que no fue aplicable porque era inferior en rango a la LOU-, se hubiera equiparado a un despido, COSA QUE MATERIALMENTE FUE, me habría correspondido una indemnización de 10978, 72 euros, aplicando el baremo entonces vigente de los 42 días por año trabajado. Es una cantidad modesta para cualquier empresa de limpieza o para una Universidad pública española, sin querer desmerecer el objeto social de una u otra. Pero una cantidad grande para una persona, salvo que hablemos del “Lobo de Wall Sreet” o, sin ir tan lejos, de lo que ganan algunas personas respetables de los grandes despachos profesionales de prestigio, algunos de los cuales me negaron desde el principio de mi final académico. Con eso y con el paro acumulado podía haber formado mi propia empresa, que ideas no me faltaban, si no hubiera sido por las falsas expectativas dentro de la Universidad que entonces seguían cautivándome. Sin embargo, asumo mi responsabilidad, como persona adulta, de haberme dejado llevar por los espejismos académicos, descargando en este punto de la suya a terceros que pudieran haber tenido algún grado de responsabilidad. Mis palabras están medidas, y ninguna sobra, al menos según mi conciencia. Es la primera vez que hablo de esa cifra. De hecho, la acabo de calcular, aprovechando una gestión que he tenido que hacer relacionada con la Seguridad Social. Y este párrafo en negrita no va dirigido tanto a los representantes universitarios, como a mi familia, amigos, allegados, y a las personas que, desde fuera de la Universidad, me ayudaron o decidieron dejar de hacerlo, para que conozcan la verdad, y, conociéndola, puedan juzgar, si lo estiman, mis errores y mis aciertos en mi vida profesional, en conciencia. 

En cuanto al contenido material y a las funciones de Profesor Honorario que he desempeñado hasta el momento, y quiero seguir desempeñando con mayor dedicación en el tiempo que me queda, tengo poco que decir, no sin su importancia. En primer lugar, es más que nada. Significa que conservo mi despacho, mi ordenador, sigo colaborando de buen grado en tareas docentes –porque me gusta, aunque en menos de las que quisiera, por circunstancias personales que, y esto debo decirlo, son escrupulosamente respetadas por los responsables académicos-, y sigo conservando la categoría de “Profesor”, hecho que podría utilizar, y de hecho utilicé en el pasado, para buscar trabajo o para trabajar muy puntualmente en el sector privado, incorporando este dato y el logo de la UAM a mis tarjetas de visita. También dispongo de un ambiente privado tranquilo donde trabajar y poder hacer mis cosas, entre otras dedicarme a la investigación. Pero ahí empiezan los problemas. Porque, como decían los antiguos, primum vivere, deinde filosofare. Es decir, a diferencia de los profesores honorarios “al uso”, tengo que buscarme algo que me rente, que me dé de comer o, como dicen los norteamericanos –por cierto, por lo general muy pragmáticos y a veces algo “toscos” según nuestro exquisito criterio europeo, pero que nunca habrían permitido una situación académico-laboral como la mía-, “to pay the bills”. Y ahí ya empiezan los problemas, porque, más allá de la gratitud que le debo a mis compañeros del Área de Derecho Penal por haber propuesto al Consejo de Gobierno de la Universidad Autónoma de Madrid mi nombramiento como Profesor Honorario, las salidas profesionales han brillado por su ausencia, tanto en el “bando” académico como en el “bando” de la empresa privada, aun a riesgo de incurrir en un reduccionismo impropio de un investigador. Y es que a la empresa privada no parece haberle importado absolutamente nada el que en mi tarjeta de visita ponga “Profesor Honorario” –cosa que, por experiencia, no puedo decir de otros cargos académicos, en general-. Por otra parte, en la política rectoral no ha habido ni una sola acción de verdad encaminada a la inserción de Doctores en el ámbito laboral, pese a la tan cacareada “transferencia del conocimiento” que acostumbramos a escuchar en los discursos rectorales. Mucha exigencia de subvención pública, eso sí, pero de autocrítica, nada; entre otras cosas, porque no la iban a necesitar: todos los peces gordos del gobierno universitario son “funcionarios docentes”, especie dotada de una inmunidad especial en nuestro ordenamiento jurídico, comparable a la de diputados y senadores. A pesar de ello, no es en ningún caso mi intención que esto pueda ser interpretado como un ataque personal contra nadie, y mucho menos contra las buenas personas que desde siempre estuvieron conmigo ayudándome en un camino que ya resulta difícil y penoso por sí mismo, como para que encima se convierta en un callejón sin salida, sobre todo cuando te cambian las reglas una vez comenzada la partida, como acostumbro a decir. O en un camino sin “salidas”, entendiendo como tales las salidas profesionales. O sin salidas profesionales dignas, pero vistas no desde mi perspectiva, sino desde la perspectiva de los ciudadanos, de los contribuyentes. Decía J. F. Kennedy que no debemos preguntarnos qué hace nuestro país por nosotros, sino qué hacemos nosotros por nuestro país. Estoy de acuerdo en general, incluso aceptando la idea de que este país sea un país de políticos mediocres, y hasta ahí puedo leeer, como decía Don Narciso Ibáñez Serrador, fiel reflejo de la idiosincrasia española, y que estoy seguro que gestionaría mejor el país que cualquiera de los politicuchos actualmente presentes -por decir algo- en el Parlamento. Y precisamente mi queja no va tanto en el sentido de que no me den un trabajo acorde a mi cualificación, que también, pues soy un ser humano al que la santidad le queda todavía muy lejos, sino de la frustración que me produce el hecho de que los ciudadanos contribuyentes, los que pagan y han pagado durante años impuestos diligentemente -fundamentalmente, los trabajadores por cuenta ajena-, me hayan sufragado una formación pública hasta el máximo nivel que reconoce nuestro ordenamiento jurídico, el Grado de Doctor, incluyendo el pago de becas y de estancias en el extranjero, y yo no pueda devolver a la sociedad española lo que me ha dado a través de la Universidad; por supuesto que puedo aceptar una ocupación para la que estaría peor preparado, pues de algo hay que vivir: mas no puedo volcar en la sociedad mi saber y mis habilidades sin más, saberes y habilidades que económicamente hemos -pues yo también he pagado impuestos hasta que he podido- sufragado entre todos. En parte ya lo estoy haciendo a través de este blog, que considero una obligación social como ciudadano y como persona. Y para quien quiera más… ¿qué esperáis? Podría, pero moralmente no puedo -ni debo-, por dignidad, por respeto a mi profesión y por respeto a mí mismo, hacerlo por cualquier precio, o por absolutamente ninguno, pues el obrero merece su salario (1Ti 5, 18), entendiendo como tal un salario justo. Bastante se ha invertido públicamente en mí como para que venga una empresa privada a pagarme un salario despreciable o incluso nada (cosa que ya ha pasado en el ámbito de la empresa privada jurídica, pero se dice el pecado, y no el pecador). Hasta aquí mi opinión, justa o injusta que le parezca al lector. Ahora, con su permiso, hablaré muy resumidamente de mi formación: se trata de una formación que ha sido acreditada por los órganos competentes para ello como suficiente para ocupar una plaza de profesor permanente en cualquier Universidad o centro de enseñanza superior de la Comunidad de Madrid, y ello solamente un año después de leída la tesis doctoral, que recuerdo a mis lectores que obtuvo la calificación máxima de Sobresaliente “cum laude” por unanimidad y posteriormente el Premio Extraordinario de Doctorado a la mejor Tesis de Derecho leída en la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad Autónoma de Madrid en el curso académico 2010-2011. Esto lo digo no para engreírme –pues bien saben los que me conocen que no me gusta precisamente practicar la soberbia-, sino para exponer datos objetivos. Datos objetivos que simplemente quiero comparar con otros datos objetivos: estoy, desde hace ya prácticamente DOS AÑOS Y SEIS MESES EN EL PARO, SEIS de los cuales sin derecho a prestación, cuando todavía sigo pagando –yo o mi familia- mis medicinas con arreglo a la clasificación T-3, cuando debería estar dentro de la clasificación más baja, al ser considerado oficialmente por los órganos de la Administración Pública de la Comunidad de Madrid como “persona sin recursos residente en la Comunidad de Madrid”. Es decir, para que lo entienda todo el mundo, INDIGENTE. Cuestión distinta es que la caridad familiar me pueda costear la vida. Sin embargo, incluso jurídicamente, la hipocresía del lenguaje debería tener un límite. Por todo esto -aunque no sólo- ahora escribo sobre víctimas y sobre estigmatizaciones, y anuncio un “post” largo en cuya publicación he puesto mucho empeño, por lo que espero que vea la luz en los próximos días. Sin embargo, ¿de qué me quejo? Vivimos en un país capitalista, en un mercado libre, y no en una democracia (la cita es de la película Wall Street, 1987, cit. en varios posts míos); los “sabios” que asesoran a los políticos me dirán: ¿De qué te quejas? Una cosa es la educación y otra es el trabajo. Y es verdad. Pero entonces… ¿el dinero de los contribuyentes? Da igual, puede ser robado por los políticos. Al final, los gastos sociales, médicos y educativos no son sino una “disfunción” del sistema capitalista, lo que en otro tiempo se llamó socialdemocracia. 

Pero volvamos a la Academia, a esa “aula dorada” de formación de élites, como más de uno la han denominado, o le han exigido –no sin razón- que lo fuera. Pero que lo fuera de verdad, como ocurre en países serios. Y esto lo digo muy en serio, pues, a pesar del juego de palabras y de la opinión que en su momento histórico expresara tristemente el Sr. Goebbels, las mentiras no se convierten en verdades por su repetición. España, hoy por hoy, y ya desde hace tanto tiempo que no recuerdo si algún día lo fue, o estuvo a punto de serlo –y ello pese a mi buena memoria-, no es un país serio.

Estoy fuera de la Academia porque, como para algunos -afortunadamente, en mi Universidad, no muchos- se cerró el ascensor justo en el momento en el que nos iba a llevar a la planta de arriba: la planta de la permanencia, y alguien -pues estas cosas no funcionan solas- apretó al botón antes de tiempo; antes de mi tiempo; ¿o quizá fui yo el que llegué tarde? Sea como fuere, estas discusiones son inútiles. Entre otras cosas, porque hubo un día en el que otro investigador rechazado por un prestigioso instituto de matemáticas suizo –con el que para nada intento compararme- nos enseñó, mientras trabajaba como empleado en la Oficina de Patentes de Berna, y a través del envío directo de un artículo a una revista de máximo nivel internacional,  regida simplemente por la autonomía científica y no por variables extrañas de “índices de impacto”, que el tiempo no es absoluto. Más o menos cien años más tarde de aquella valiosísima enseñanza física, comencé mi andadura universitaria “en serio”, con mi primera estancia en Alemania, y diez años después nos encontramos en el momento presente. Ya he comentado en varias ocasiones que para mí, la variable tiempo va perdiendo cada vez más importancia… ¡será cuestión de que me hago mayor!, y que cada vez estoy más convencido de que un distanciamiento con respecto a las premuras de la vida presente sería un remedio saludable altamente recomendable para todos, especialmente para los académicos, que están cada vez más pendientes de “sus cosas”: sus acreditaciones, sus sexenios, sus publicaciones “alimenticias” (expresión del gran penalista y amigo el Dr. Enrique Peñaranda, uno de los mejores penalistas del país), y a sus varias tareas más o menos útiles de auto, hétero y múltiple-evaluación y gestión, pero a las que el tiempo acaba haciendo justicia y dictando sentencia, la mayor parte de las veces, relegándolas al polvo del olvido. Varias veces, no sabría precisar cuántas, en el transcurso de todos estos años de vida y producción universitarias, y que ahora parecen diluirse en la nada, yo mismo, mientras vivía inmerso en la vorágine académica, escuchaba una voz impersonal que me decía, una y otra vez: “aguanta, chico… Si total, de aquí no echan a nadie”… “Si por aguantar cinco, diez años… ¿qué más da?”… “Serás Profesor Titular y, además, con un sexenio de investigación nada más terminar la tesis” (esta frase la recuerdo tal cual como fue pronunciada, ya sabéis que tengo muy buena memoria, y a quien la pronunció tras una comida en el restaurante “El Goloso”, próximo a la Universidad, sólo puedo guardarle gratitud, así como a los que asintieron, pero su autoría no será revelada hasta que yo no lo decida). ¿Que qué más da? Pues da. Y mucho. Se puede ir la juventud –de hecho se te va-. Y se te va la vida en las bibliotecas y salas de estudio, cuando no por rincones peores, como reacción a una travesía en el desierto basada en promesas que, ya desde lejos, se van viendo como incumplibles. Como así ha sucedido. Con ello no pretendo juzgar –ni mucho menos condenar- a nadie. Pero tampoco a mí mismo. Lo que sí pretendo hacer es reflexionar sobre un sistema que, en mi caso, no ha sabido o no ha querido incorporarme a su acerbo. Sus razones habrá tenido. Suficientes. Satis, en latín. No quiero ni puedo exigir responsabilidades de ningún tipo a nadie, pues bastante enredada está la madeja universitaria como para tratar de desenredarla: lo que es cierto es que, como en la Dinamarca de Hamlet, algo anda podrido en la Academia española como he dicho antes, y lo de “¡haber tenido que nacer yo para purificarla!”, se me antoja que no va a ser mi destino. Sin embargo, debo expresar y expreso públicamente una gratitud especial hacia las siguientes personas -de entre las que tuvieron influencia real en mi posible promoción o auctoritas personal para promoverla-, y que siempre me mostraron su apoyo de manera incondicional: Agustín Jorge Barreiro; Fernando Molina Fernández; Enrique Peñaranda Ramos; Juan Antonio Lascuraín Sánchez; Carmen Tomás-Valiente Lanuza. Junto a estas personas, no puedo olvidarme de tantas otras que, desgraciadamente, no tuvieron el poder para poder promocionarme, pero que sin duda piensan, en conciencia, que yo merecería ser Profesor Titular, simplemente por la excelencia de mi trabajo. Estas personas, de dentro y de fuera de la pequeña Área de Derecho Penal de la UAM, e incluso de otras Universidades españolas y extranjeras o de fuera de la Academia, saben en su corazón que me estoy refiriendo a ellas con gratitud; son muchas, por lo que no considero necesario ni prudente nombrarlas.

Llegados a este punto… ¿Queréis saber la verdad?… ta chann… ¿Y qué es la verdad? Le preguntó Pilatos, intrigado, a Jesús, el Nazareno. No obtuvo respuesta. O al menos eso es lo que nos relata el Evangelio de San Juan en Jn, 18, 38. La verdad, la saben los pocos que me conocen de verdad en la Universidad y que me aprecian. Entre otros, las cinco personas que acabo de citar en el párrafo anterior. Si yo no estoy en la Academia es por circunstancias objetivas de ¿difícil? determinación, y no por mi trayectoria académica ni por la calidad de mis trabajos. Y lo mejor de ello es que mis trabajos son públicos, la mayoría han sido evaluados por expertos independientes y nadie, hoy por hoy, se ha atrevido a discutir su alta calidad. En cuanto a la docencia, el Rectorado custodia mis encuestas y están, o en la media, o por encima de la media: son datos objetivos. Y en cuanto a la gestión, mi representación en órganos universitarios y en proyectos de investigación, desarrollo e innovación ha sido, es y será siempre -al menos si no cambian demasiado los principios de la Administración pública-, públicos. Así que la respuesta a mi no promoción -o lo que es lo mismo, materialmente, que no técnicamente-, al “problema” de la finalización de la relación laboral que anteriormente he venido manteniendo con la Universidad Autónoma de Madrid desde octubre de 2005, previa una relación estatutaria de becario, con dicha Universidad, generada a partir de una convocatoria pública de becas FPU en concurrencia competitiva con efectos desde 1 de enero de 2002, y la posterior “solución” propuesta para mi caso, consistente en la sustitución de una relación laboral por mi todavía no finalizada “relación”, basada en un nombramiento del Consejo de Gobierno de la Universidad Autónoma de Madrid, de “Profesor Honorario”, no tiene nada que ver ni con la calidad de mis trabajos, ni con mi docencia, ni con mi perfil como académico.

Lo que nadie, ni casi ninguna “circunstancia objetiva” –cómo les gusta a muchos economistas y expertos en “empleabilidad” usar estos términos ambiguos en estos tiempos tan duros para tantas personas y tantas familias que, de verdad, están en nuestro país bajo el umbral de la pobreza o en riesgo inminente de estarlo por la incompetencia de muchos, incluida la de los expertos acuñadores de los términos arriba entrecomillados- podrá impedirme será ejercer mi libertad de investigación y de estudio, cuya plena capacidad me reconoce mi Título de Doctor, y dedicarme a lo que realmente me gusta: el estudio, la investigación y la enseñanza. Así que, lo que no pueda hacer desde la cátedra o desde el banco universitario como Profesor lo haré como individuo en la red, como bloguero. Si piensas así, entonces eres de los míos.

Dr. Pablo Luis Guérez Tricarico

Madrid, a diecisiete de febrero de dos mil catorce

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¿En verdad Dios se compadece del hambre de los hombres? Mientras tanto, hagámoslo nosotros: Nada de lo humano me es ajeno.

febrero 15, 2014 § Deja un comentario


ADVERTENCIA: ALGUNAS IMÁGENES, ASÍ COMO ALGUNAS OPINIONES, PUEDEN HERIR LA SENSIBILIDAD DEL LECTOR.

 “Humani nihil a me alienum puto” (Terencio)

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“Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles están viendo siempre en los cielos el rostro de mi Padre celestial” (Mt 18, 10)

“Me muero de tristeza; quedaos aquí y velad conmigo” (Tomado de la Oración de Jesús en Getsemaní, Mt 26, 38, in fine)

“Tesis”

Día litúrgico: Sábado V del tiempo ordinario (15 de febrero de 2014)

Texto del Evangelio de hoy (Mc 8,1-10): En aquel tiempo, habiendo de nuevo mucha gente con Jesús y no teniendo qué comer, Él llama a sus discípulos y les dice: «Siento compasión de esta gente, porque hace ya tres días que permanecen conmigo y no tienen qué comer. Si los despido en ayunas a sus casas, desfallecerán en el camino, y algunos de ellos han venido de lejos». Sus discípulos le respondieron: «¿Cómo podrá alguien saciar de pan a éstos aquí en el desierto?». Él les preguntaba: «¿Cuántos panes tenéis?». Ellos le respondieron: «Siete». Entonces Él mandó a la gente acomodarse sobre la tierra y, tomando los siete panes y dando gracias, los partió e iba dándolos a sus discípulos para que los sirvieran, y ellos los sirvieron a la gente. Tenían también unos pocos pececillos. Y, pronunciando la bendición sobre ellos, mandó que también los sirvieran. Comieron y se saciaron, y recogieron de los trozos sobrantes siete espuertas. Fueron unos cuatro mil; y Jesús los despidió. Subió a continuación a la barca con sus discípulos y se fue a la región de Dalmanuta.

 

“Antítesis”

Un día yo pregunté: Abuelo, dónde está Dios. Mi abuelo se puso triste, y nada me respondió. Mi abuelo murió en los campos, sin rezo ni confesión. Y lo enterraron los indios, flauta de caña y tambor. Al tiempo yo pregunté: ¿Padre, qué sabes de Dios? Mi padre se puso serio y nada me respondió. Mi padre murió en la mina sin doctor ni protección. ¡Color de sangre minera tiene el oro del patrón! Mi hermano vive en los montes y no conoce una flor. Sudor, malaria, serpientes, la vida del leñador. Y que nadie le pregunte si sabe dónde está Dios. Por su casa no ha pasado tan importante señor. Yo canto par los caminos, y cuando estoy en prisión oigo las voces del pueblo que canto mejor que yo. Hay un asunto en la tierra más importante que Dios. Y es que nadie escupa sangre pa que otro viva mejor. ¿Que Dios vela por los pobres? Tal vez sí, y tal vez no. Pero es seguro que almuerza en la mesa del patrón (Atahualpa Yupanqui, Preguntitas sobre Dios)

 

¿Síntesis?

“Si algo puedes, ten compasión de nosotros y ayúdanos. Jesús replicó: “¿Si puedo? Todo es posible al que tiene fe”. Entonces, el padre del muchacho se puso a gritar: Creo, pero ayuda mi falta de fe” (tomado del Evangelio de Marcos 9, 22 in fine a 24). 

¿DIOS SE COMPADECE DEL HAMBRE DE LOS HOMBRES?

¿Y NOSOTROS?

Son preguntas que me dirijo a mí mismo, para después dirigirlas a todos mis lectores, cristianos, de otras religiones, agnósticos, ateos o anticristianos, en esta aciaga mañana de sábado lluvioso en Madrid, después de haber leído el Evangelio de hoy.

El hambre en el mundo, o la pobreza, la falta de alimentos, de medicinas, de vestido, de cobijo, de aquello que hemos de compartir con nuestro prójimo, ha llegado, desde hace mucho, al Primer Mundo. Desde dentro y desde fuera. Cada vez son más los pobres que acuden a pedir lo que les es negado incluso en las iglesias; gente que, hace unos años, a lo mejor pertenecía a la clase media; ¿pero qué decir de la pobreza que viene de fuera, que está empujando con una fuerza casi sobrehumana las fronteras de nuestra “Europa fortaleza”? Sobre ello quiero escribir un post independiente, pues considero que la cuestión lo merece. Será breve, pero suficiente y contundente. Lo que quiero plantear con esta entrada es una cuestión de alcance mucho mayor, que tiene que ver con la propia intervención divina y con nuestra responsabilidad como hombres y hermanos en el Señor. Se trata de la pregunta clásica ante estas catástrofes humanitarias… ¿Dónde está Dios? Parecería, para el incrédulo, pero también para el creyente que duda -como no puede ser de otra manera, pues todos tenemos dudas-, que, como dice la canción de Atahualpa Yupanqui en un famoso poema “por aquí no se ha pasado tan importante señor”. ¿Cómo no pensar, con todo lo que ocurre en el mundo, que Dios nos ha abandonado? ¿Que ha abandonado la Creación de sus manos, utilizando el lenguaje de los Salmos? Si el propio Jesucristo, Él mismo verdadero Dios y verdadero hombre, gritó en el máximo momento de su agonía, recitando el Salmo 22, que comienza diciendo: “¿Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado? A pesar de mis gritos, mi oración no te alcanza”. Y en Mateo 27, 45-46, leemos: “Desde la hora sexta hasta la hora nona vinieron las tinieblas sobre toda la tierra. A la hora nona, Jesús gritó con voz potente Elí, Elí, lemá sabaqtaní (es decir, “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”).

Y nosotros, ¿qué hacemos frente a la miseria y a la injusticia del mundo? Frente a todas las catástrofes humanitarias que vemos pasar, como si no nos importara, como si a nadie le importaran, cada día en los telediarios durante unos breves minutos, los responsables del poder civil y de las máximas instancias internacionales, incluida la ONU, sin autoridad moral alguna ante su pasividad cómplice en los conflictos bélicos y en los mayores problemas de la Humanidad, como el representado ahora por el caso de Siria, miran para otro lado y, en lugar de cooperar con la Iglesia, ponen el acento en algunos casos aislados presuntamente encubiertos por la Santa Sede, que, de ser ciertos, son ciertamente condenables, como los abusos a niños presuntamente cometidos por algunos sacerdotes o religiosos. Hay pocos actos humanos que me repugnen más que éstos. El propio Jesús pronuncia frente a los que los cometen palabras durísimas: “Al que escandalizara a uno de estos pequeños que creen en mí, más le valdría que le colgasen una piedra de molino al cuello y lo arrojasen al fondo del mar. ¡Hay del mundo por los escándalos! Es inevitable que sucedan escándalos, ¡pero ay del hombre por el que viene el escándalo!” (Mt 18, 6-7). Pero la Santa Sede, sobre todo durante el pontificado de Benedicto XVI -y estoy seguro de que el papa Francisco seguirá en la misma línea, si no la superará-, dejó suficientemente claro su compromiso de luchar contra tales actos tan reprobables, de cuya autoría, por cierto, no tienen “la exclusiva” los curas. Y aunque el Derecho canónico pueda parecerme -y en mi opinión lo es- manifiestamente mejorable para luchar contra estos casos, es el Derecho soberano de Ia Iglesia, si nos creemos realmente lo que dice el Derecho internacional: que pregunten las Naciones Unidas cómo luchan contra los abusos sexuales de todo tipo países, por ejemplo, como Arabia Saudí o los Emiratos Árabes Unidos. O cómo luchan los países que se autodenominan “civilizados” contra la trata de mujeres y de niños orquestada a nivel internacional, de proporciones incalculables y verdadera lacra de nuestra Humanidad, a pesar de los numerosos convenios suscritos por casi todos los Estados miembros de Naciones Unidas. El mayor mercado de consumo de trata, prostitución forzada de mujeres y niños, y pornografía infantil, está en el llamado Primer Mundo. Así que de nuevo la autoridad moral de Naciones Unidas se encuentra atrapada -en el mejor de los casos- en su propia viga en el ojo. El poder civil, estatal o supranacional que sea, suponiendo que conserve algo del poder que históricamente tuvo -salvo casos aislados, como el Gobierno federal de lo Estados Unidos o el Gobierno dictatorial chino-, frente al tan denostado poder eclesiástico, que en muchas ocasiones históricas contribuyó, a pesar de sus indudables errores -por cierto, errores que no fueron privativos de la Iglesia -y no quiero entrar en el tema de la Inquisición, pues la Inquisición civil existió, y los tormentos infligidos por las autoridades civiles a los, entonces sí, presuntos delincuentes, se perpertuaron con carácter general, en los países occidentales, hasta bien entrado el siglo XVIII-, con sus ideas de compasión, clemencia y misericordia, a mitigar al primero, ya no tiene ninguna legitimidad, ni de origen ni de ejercicio. Es una farsa. Por lo que, las recientes declaraciones de responsables de Naciones Unidas atacando a la Santa Sede, entidad con personalidad internacional soberana, y a su Derecho canónico, pecan a mi juicio -y soy consciente de lo polémica de esta opinión-, de falta de sentido de la oportunidad y falta de miras, precisamente en un momento en el que la Iglesia Católica está viviendo una nueva “primavera”, y de apertura a los problemas reales del hombre en el mundo, que no se veía desde la apertura del Concilio Vaticano II por parte de Juan XXIII, como declaraba hace poco en su último libro Leonardo Boff (Francisco de Roma y Francisco de Asís: ¿una nueva primavera en la Iglesia, Ed. Trotta, Madrid, 2013), uno de los teólogos de la liberación que el “stablishment” vaticano de los años inmediatamente anteriores a la caída del Muro de Berlín -dominado, sobre todo, por la influencia ejercida sobre Juan Pablo II por el entonces Cardenal Ratzinger- condenara al silencio como parte de una estrategia geopolítica, que no venía de Dios, sino de los hombres. No es mi propósito ahora tratar sobre la teología de la liberación; desde mi punto de vista la misión fundamental de la Iglesia sigue siendo la salvación del género humano, es una misión fundamentalmente soteriológica, pero como tal no puede entenderse sin una perspectiva de liberación y de trabajo por la paz en el mundo. Lo dijo el propio Jesús en sus bienaventuranzas. Y, hoy por hoy, no existe ninguna institución que ayude más y mejor a los necesitados de este mundo que la Iglesia Católica, y las organizaciones directa o indirectamente vinculadas a ella, como Caritas o Manos Unidas, por citar sólo algunas de las más conocidas. Muchas veces sus miembros se implican hasta dar su vida por el prójimo. Es más, reto a alguien que me diga alguna institución que lo haga mejor. La propia Cruz Roja, entidad también por cierto dotada de personalidad jurídica internacional, tiene sus raíces en el pensamiento cristiano. Así que no podemos desconocer que la propia idea de liberación ¡aquí, en este mundo!, primero de Israel, que fue liberado de la opresión de Egipto y de todos sus enemigos cuando se mostró fiel al Señor YHVH, y después de todas las naciones de la Tierra -en las que ya se hace referencia en los Salmos-, así como las constantes referencias a la ayuda al prójimo, también en sus necesidades materiales, está presente en toda la Biblia; y la necesidad de ayudar al prójimo en sus necesidades materiales está presente ya desde el Antiguo Testamento, sobre todo en los libros proféticos, para culminar en el Evangelio. Y para quien tenga dudas sobre lo acertado que resultó ser el posicionamiento oficial de la Iglesia Católica en los documentos conciliares del Vaticano II, y su “opción preferencial por los pobres”, que vemos en numerosos documentos, como la “Gaudium et spes”, de acuerdo con los textos sagrados, sirva la lectura de este pasaje de Isaías, tan repetido en la Liturgia de las Horas, la Oración de la Iglesia Universal, y en las Adoraciones Sálmicas: “¿Para qué ayunar, si no haces caso? ¿mortificarnos, si no te enteras? En realidad, en día de ayuno hacéis vuestros negocios y apremiáis a vuestros servidores; ayunáis para querellas y litigios, y herís con furibundos puñetazos. No ayunéis de este modo, si queréis que se oiga vuestra voz en el cielo. ¿Es ese el ayuno que deseo en el día de la penitencia: inclinar la cabeza como un junco, acostarse sobre saco y ceniza ¿A eso llamáis ayuno, día agradable al Señor? Éste es el ayuno que yo quiero: soltar las cadenas injustas, desatar las correas del yugo, liberar a los oprimidos, quebrar todos los yugos, partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, cubrir a quien ves desnudo y no desentenderte de los tuyos. Entonces surgirá tu luz como la aurora, enseguida se curarán todas tus heridas, anti ti marchará la justicia, detrás de ti la gloria del Señor (shekhinah YHVH)” (Is 58, 3-8).

Y si leemos el Evangelio, es según la ayuda al prójimo, y fijaos que Jesús insiste ¡en la ayuda material!, en lo que la doctrina de la Iglesia ha venido en llamar “obras de misericordia corporales”, frente a las espirituales, además, seremos juzgados, tal y como se afirma en Mt 25, 37-46: “Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me hospedasteis; estuve desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; estuve en la cárcel, y vinisteis a verme”. Entonces los justos le responderán, diciendo: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos? ¿o sediento, y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos forastero, y te hospedamos? ¿o desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y fuimos a verte?” Y respondiendo el Rey, les dirá: “En verdad os digo que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis”. Entonces dirá también a los de su izquierda: “Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y para sus ángeles: Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; Fui forastero, y no me hospedasteis; estuve desnudo, y no me vestisteis; enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis”. Entonces también ellos le responderán, diciendo: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, o sediento, o forastero, o desnudo, o enfermo, o en la cárcel, y no te servimos?” Entonces les responderá, diciendo: “En verdad os digo que lo que no hicisteis con uno de éstos, los más pequeños, tampoco lo hicisteis conmigo. Y éstos irán al castigo eterno y los justos a la vida eterna”.

Visitad esta página sobre la pobreza: podéis comenzar con la situación de la pobreza en España: http://lacebolla.es/?p=11561

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Análisis de algunos aspectos de la realidad política actual, a partir de unas reflexiones de Nelson Mandela

febrero 14, 2014 § 1 comentario


 

Nota: Este post nace de un reblogueo del blog de Marcial de MENSAJES DE REFLEXIÓN-PENSAMIENTOS POSITIVOS, de Chile. Sin embargo, por su entidad, he considerado oportuno darle cierta entidad de post propio, confiando en que Marcial no se lo tome a mal, pues ya explico cómo se han gestado las reflexiones contenidas en este blog.

Las reflexiones del señor Nelson Mandela, que en gloria esté, que he podido leer en el blog de mi colega Marcial, provocando el reblogueo de su entrada a mi blog, son totalmente acertadas y de una actualidad desconcertante. Y aplicable a la situación de nuestro país. A pesar de lo que digan los principales partidos de nuestro miserable panorama político español y, sobre todo, el partido en el gobierno -que no en el poder, pues el poder, a día de hoy, no está en los gobiernos, sino en los mercados-. Mi pensamiento social y político se ha radicalizado mucho, en el sentido etimológico, en los últimos años, sobre todo en los últimos meses. Más bien ha regresado a sus orígenes, que no temo ni quiero ocultar, caiga quien caiga, y me cueste las relaciones o amistades que me cueste. En este sentido, me considero hijo de la Modernidad, aunque haya nacido en la posmodernidad. Ideológicamente, aunque suene mal este término, no tengo miedo a desnudarme, y me reconozco heredero del pensamiento cristiano, por una parte, y del pensamiento de izquierdas. En concreto, del pensamiento católico crítico, cristocéntrico, y de pensamientos políticos próximos al liberalismo igualitario de Rawls o al de las socialdemocracias nórdicas de los años sesenta y setenta. Y digámoslo de una vez, y por todo lo alto: ¡YA ESTÁ BIEN DE QUE LA DERECHA, SOBRE TODO LA DERECHA ESPAÑOLA, TRADICIONALMENTE ANTIDEMOCRÁTICA Y ULTRACONSERVADORA, QUE SIEMPRE HA JUGADO CON VENTAJA Y NUNCA HA ACEPTADO NI SIQUIERA LAS REGLAS DEL LIBRE MERCADO ÉTICO, SE HAYA ARROGADO Y SE SIGA ARROGANDO EL MONOPOLIO DE LA RELIGIOSIDAD CRISTIANA! ¡YA ESTÁ BIEN, POR DIOS! ¡CUÁNTO TENDRÍA QUE APRENDER DE LAS DERECHAS EUROPEAS, DE LOS PARTIDOS LIBERALES Y DEMOCRISTIANOS! AUN ASÍ, UNA PARTE DE LA DERECHA FRANQUISTA, SOBRE TODO LA DE LA LÍNEA FALANGISTA, MANTUVO UNA CONCIENCIA SOCIAL, QUE NO PUEDE SER DESTERRADA DEL PENSAMIENTO CRISTIANO, COSA QUE HOY BRILLA POR SU AUSENCIA. Y LO MISMO ESTÁ PASANDO CON LOS PARTIDOS DE DERECHA A NIVEL MUNDIAL, PUES HAN PERDIDO LA ÉTICA DEL COMERCIO, RENDIDOS AL DIOS DINERO Y AL CAPITAL, MIENTRAS LA IZQUIERDA CARECE DE DISCURSO ALTERNATIVO. Ante esta situación, el panorama político no puede ser más desolador, cuando no directamente inhumano. Por esta y por otras razones, mi opinión por el papel del poder de la política para cambiar en mucho ha cambiado mucho en los últimos años de mi vida, tanto en el estudio como a raíz de las diversas experiencias vitales, algunas de ellas muy dolorosas, que han marcado los primeros años de mi treintena; en este sentido, sí estoy de acuerdo con Marx cuando hablaba de democracia real y de estructura económica. Es ésta -junto a otras que van perdiendo peso a marchas forzadas-, y no la política, la que determina la configuración de las sociedades occidentales “avanzadas”, como pusieron de manifiesto los marxistas críticos de la Escuela de Frankfurt en los años sesenta y setenta, como Horkheimer, Adorno y Marcuse, entre otros, y aun con sus limitaciones. En este contexto “ideológico”, o de visión del mundo, la figura del líder político se ha ensombrecido pavorosamente. Sólo el carisma de ciertas personas excepcionales, como Nelson Mandela, manifestado en sus palabras y en su conducta de vida, ha conseguido a veces encender una tibia luz donde todo es mediocridad, hipocresía, corrupción y falta de autoridad moral. Y sé que esto me obligará a tomar distancias con personas a las que considero amigas, si éstas no son capaces de respetar nuestras diferencias. En cuanto a la autoridad moral, por poner un ejemplo, ¿con qué legitimidad se atreven el señor Barroso, presidente del ente putrefacto denominado “Comisión Europea”, a pedir, “estabilidad en el gobierno” a un Estado miembro fundador y con una sociedad civil envidiable como Italia, a pesar de la corrupción de sus líderes políticos, y a pesar de un panorama político en el que su ex primer ministro Letta parecía ser una persona honesta y competente, algo mucho más que suficiente para gobernar un país, sobre todo si lo comparamos con los líderes mundiales de los Estados con mayor PIB, e incluido el señor Obama, que tendría que haber dimitido “eo ipso” solamente por el hecho de haber admitido el espionaje a los países aliados? Más le valdrían al señor Barroso y a la señora Merkel pedir estabilidad a los mercados italianos, que son lo que realmente le interesa a estos señores, por llamarles de alguna manera. Ya no hay figuras como Nelson Mandela a la cabeza de las naciones o de las organizaciones internacionales. O como Gandhi. O Martin Luther King. O como John Fitzgerald Kennedy, quien nos recordaba en su discurso ante la Universidad de Washington D.C. que los problemas que tenemos han sido causados por el hombre, y es el hombre el que debe solucionarlos. La crisis actual que lleva a los gobiernos títeres del Capital a recortar los derechos sociales y a privar de los bienes básicos a la mayor parte de la población mundial, no es una epidemia vírica sobre la que no tengamos control los humanos; tampoco ha sido provocada por un ataque extraterrestre -al menos que nosotros sepamos-, algo que, si ocurriera, según manifestaciones del Premio Nobel de Economía Paul Krugman, nos llevaría a una economía “de emergencia” parecida a la economía de guerra, que nos sacaría de la crisis en menos de un año. Pero no interesa. A los señores de Wall Street, que son los actuales señores de la guerra. Y de las tinieblas. Hasta aquí mi comentario. Satis.

Marcial Rafael Candioti IV - Mi Legado: Humanidad, Solidaridad, Independencia, ¡LIBERTAD!

nelson mandela

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MENSAJES DE REFLEXION – MENSAJES POSITIVOS: AMURALLAR EL PROPIO SUFRIMIENTO…

febrero 13, 2014 § Deja un comentario


A mis Padres

A Francisco Cózar

A todos los que piensan que no hay que “congelar los problemas”, sino más bien “que de todo se sale”

Con la ayuda de Dios

Frida Kahlo tiene toda la razón. Por eso las terapias de exposición -con o sin prevención de respuesta- se han demostrado en Psicología como las más eficaces para el tratamiento de muchos “trastornos mentales”, desde las fobias a las adicciones. Enfrentarse a los propios miedos, a las propias obsesiones y evitar la realización de rituales compensatorios, hace no sólo, con la práctica, que vaya desapareciendo el objeto del problema, sino que éste no incremente su intensidad. De manera similar, parece que el tratamiento de las adicciones, tanto las adicciones a sustancias como de las llamadas adicciones comportamentales -las llamadas “adicciones sociales” (Echeburúa, 2003), responden mejor a tratamientos que busquen un enfrentamiento de la conducta problemática. Entre las llamadas adicciones comportamentales o adicciones sociales pueden citarse la mal llamada adicción al juego, ludopatía o juego patológico, donde en España, a falta de un término específico como el del inglés gambling, debería definirse como adicción al juego de azar por dinero, que es realmente la conducta problemática, pues el juego, o el jugar, en cuanto tal, forma parte esencial del proceso de aprendizaje y de socialización del ser humano, y los juegos cooperativos o de suma no cero pueden ser muy beneficiosos aun para el adicto, como se ve en la práctica de los deportes de equipo; la también mal llamada adicción al sexo -pues el sexo es una característica sustancial del ser humano y de la mayoría de los seres vivos, determinado, según explican tanto la Biología como la Sexología histórica, por su proceso de sexuación; lo que debe abordarse como problemático es más bien la conducta erótica descontrolada o compulsiva, sin importar el carácter normativo o moralizante, carente a mi juicio de fundamento científico, que subyace bajo la vetusta todavía vigente distinción, al menos en los principales manuales de Psiquiatría y Psicopatología, entre sexualidad normal y sexualidad parafílica, sobre todo en los tiempos que corren, donde la mayoría de las llamadas “parafilias” -excluyendo aquellas en las que uno de los sujetos no consiente o no es capaz de consentir, como en la pedofilia o la zoofilia-, están a la orden del día en los encuentros sexuales de parejas completamente “normales”, aunque sea bajo forma de juegos eróticos, al tiempo que en un Estado liberal que reconoce la libertad sexual como un derecho, de acuerdo con la Carta de Naciones Unidas de Derechos Sexuales y Reproductivos, debe garantizarse que los límites del encuentro sexual estén determinados exclusivamente por los propios intervinientes en el encuentro, y no por la moral social imperante, con independencia de la sumisión voluntaria de cada uno a una u otra moral sexual (Ullerstam, 1964; Ellacuría, 1998; Lizárraga, 2007; Linaza, en conversación; sobre esto último, en contra, vid. DSM-V, por todos, y la mayoría de la Psiquiatría y de la Psicopatología académica y clínica); así como las poco definidas adicciones -o conductas cumpulsivas- relacionadas con la comida, las compras, el ejercicio físico desmedido o cualquier conducta compulsiva o descontrolada. La intervención terapéutica en todas estas conductas resulta más abordable desde un enfoque terapéutico que contemple la exposición del paciente a su historia y bagaje cognitivo y emocional en un contexto en el que la respuesta adictiva aprendida resulta de muy fácil recurso, a través del aprendizaje y del manejo por parte del paciente de las herramientas conductuales necesarias para poder detectar a tiempo la “conducta verbal” asociada al proceso adictivo y poder después realizar la correspondiente “defusión cognitiva”, a efectos de que lo que se piensa y se desea no se convierta necesariamente en conducta automatizada, deshaciendo los procesos psicológicos de aprendizaje sobre los que se sustenta la adicción a nivel psicológico (Francisco Cózar, en conversación, 2014); esta manera de enfrentar estos problemas resulta mucho más alentadora para el paciente y presenta un mayor pronóstico terapéutico que los tradicionales tratamientos de “congelamiento del problema” vía terapias “de grupo”, muchas de las cuales, y aun desde buenas intenciones -y sin dudar de su eficacia complementaria, derivada de su pedagogía y de su posible efecto aversivo-, se conforman muchas veces, expresa o veladamente, en sus objetivos “terapéuticos”, con que el problema “no vaya a más”, congelándolo y no resolviéndolo realmente (cfr., Echeburúa y otros, 2003), es decir, no restituyendo la libertad  al paciente frente a los miedos, frente a las obsesiones, frente a los deseos incontrolados o frente a las adicciones, llegando a plantear muchas veces situaciones que desbordan lo psicológico e invaden el ámbito de lo personal y jurídico, como situaciones de incapacidad ¡como instrumento terapéutico con carácter general!

Coherentemente con este planteamiento psicológico, desde el punto de vista neurofisiológico y neuroquímico, las modernas investigaciones en neurociencias han puesto de manifiesto que es posible que las conexiones neuronales fruto de conductas aprendidas por un histórico de conducta pueden ser “desaprendidas” por la implementación de conductas en sentido contrario, lo cual puede incluso cambiar los mecanismos neurofisiológicos de las adicciones. Por lo tanto, y en conclusión, aunque cueste, enfrentarse al propio sufrimiento -bien luchando contra él cuando se puede, bien aceptándolo cuando no se puede- es la mejor manera de deshacerse de él, o, por lo menos, de tener libertad frente a él. Algo que ya nos enseño el psicoanálisis, y el conductismo postskinneriano no contradijo, sino que más bien desarrolló positivamente. Espero comentarios.

Marcial Rafael Candioti IV - Mi Legado: Humanidad, Solidaridad, Independencia, ¡LIBERTAD!

02- SUFRIMIENTO

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El blog cumple su primer trimestre: Gracias a todos.

febrero 13, 2014 § Deja un comentario


A tres meses de apertura del blog, quiero dar las gracias a todos mis seguidores y lectores incondicionales, que han conseguido que haya superado las 1200 visitas, procedentes de 19 países en tres continentes, desde los Estados Unidos a Singapur, algunos de los cuales no he tenido el privilegio de pisar; y aunque la gran mayoría de las visitas proceden de España, no son nada desdeñables los números de visitas que he recibido desde multitud de países de América Latina. Espero y confío que mis ánimos renovados contribuyan a revitalizar también mi actividad en el blog, tras un período de pausa y reflexión. Con esta intención, y mis mejores deseos para todos mis lectores, me despido hasta el próximo post mío, que anuncio que será largo. De nuevo muchas gracias a todos.

¿Dónde estoy?

Actualmente estás viendo los archivos para febrero, 2014 en Victimología social, "blaming the victim", teoría social, religión, Derecho y crítica legislativa.

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