MENSAJES DE REFLEXION – MENSAJES POSITIVOS: AMURALLAR EL PROPIO SUFRIMIENTO…

febrero 13, 2014 § Deja un comentario


A mis Padres

A Francisco Cózar

A todos los que piensan que no hay que “congelar los problemas”, sino más bien “que de todo se sale”

Con la ayuda de Dios

Frida Kahlo tiene toda la razón. Por eso las terapias de exposición -con o sin prevención de respuesta- se han demostrado en Psicología como las más eficaces para el tratamiento de muchos “trastornos mentales”, desde las fobias a las adicciones. Enfrentarse a los propios miedos, a las propias obsesiones y evitar la realización de rituales compensatorios, hace no sólo, con la práctica, que vaya desapareciendo el objeto del problema, sino que éste no incremente su intensidad. De manera similar, parece que el tratamiento de las adicciones, tanto las adicciones a sustancias como de las llamadas adicciones comportamentales -las llamadas “adicciones sociales” (Echeburúa, 2003), responden mejor a tratamientos que busquen un enfrentamiento de la conducta problemática. Entre las llamadas adicciones comportamentales o adicciones sociales pueden citarse la mal llamada adicción al juego, ludopatía o juego patológico, donde en España, a falta de un término específico como el del inglés gambling, debería definirse como adicción al juego de azar por dinero, que es realmente la conducta problemática, pues el juego, o el jugar, en cuanto tal, forma parte esencial del proceso de aprendizaje y de socialización del ser humano, y los juegos cooperativos o de suma no cero pueden ser muy beneficiosos aun para el adicto, como se ve en la práctica de los deportes de equipo; la también mal llamada adicción al sexo -pues el sexo es una característica sustancial del ser humano y de la mayoría de los seres vivos, determinado, según explican tanto la Biología como la Sexología histórica, por su proceso de sexuación; lo que debe abordarse como problemático es más bien la conducta erótica descontrolada o compulsiva, sin importar el carácter normativo o moralizante, carente a mi juicio de fundamento científico, que subyace bajo la vetusta todavía vigente distinción, al menos en los principales manuales de Psiquiatría y Psicopatología, entre sexualidad normal y sexualidad parafílica, sobre todo en los tiempos que corren, donde la mayoría de las llamadas “parafilias” -excluyendo aquellas en las que uno de los sujetos no consiente o no es capaz de consentir, como en la pedofilia o la zoofilia-, están a la orden del día en los encuentros sexuales de parejas completamente “normales”, aunque sea bajo forma de juegos eróticos, al tiempo que en un Estado liberal que reconoce la libertad sexual como un derecho, de acuerdo con la Carta de Naciones Unidas de Derechos Sexuales y Reproductivos, debe garantizarse que los límites del encuentro sexual estén determinados exclusivamente por los propios intervinientes en el encuentro, y no por la moral social imperante, con independencia de la sumisión voluntaria de cada uno a una u otra moral sexual (Ullerstam, 1964; Ellacuría, 1998; Lizárraga, 2007; Linaza, en conversación; sobre esto último, en contra, vid. DSM-V, por todos, y la mayoría de la Psiquiatría y de la Psicopatología académica y clínica); así como las poco definidas adicciones -o conductas cumpulsivas- relacionadas con la comida, las compras, el ejercicio físico desmedido o cualquier conducta compulsiva o descontrolada. La intervención terapéutica en todas estas conductas resulta más abordable desde un enfoque terapéutico que contemple la exposición del paciente a su historia y bagaje cognitivo y emocional en un contexto en el que la respuesta adictiva aprendida resulta de muy fácil recurso, a través del aprendizaje y del manejo por parte del paciente de las herramientas conductuales necesarias para poder detectar a tiempo la “conducta verbal” asociada al proceso adictivo y poder después realizar la correspondiente “defusión cognitiva”, a efectos de que lo que se piensa y se desea no se convierta necesariamente en conducta automatizada, deshaciendo los procesos psicológicos de aprendizaje sobre los que se sustenta la adicción a nivel psicológico (Francisco Cózar, en conversación, 2014); esta manera de enfrentar estos problemas resulta mucho más alentadora para el paciente y presenta un mayor pronóstico terapéutico que los tradicionales tratamientos de “congelamiento del problema” vía terapias “de grupo”, muchas de las cuales, y aun desde buenas intenciones -y sin dudar de su eficacia complementaria, derivada de su pedagogía y de su posible efecto aversivo-, se conforman muchas veces, expresa o veladamente, en sus objetivos “terapéuticos”, con que el problema “no vaya a más”, congelándolo y no resolviéndolo realmente (cfr., Echeburúa y otros, 2003), es decir, no restituyendo la libertad  al paciente frente a los miedos, frente a las obsesiones, frente a los deseos incontrolados o frente a las adicciones, llegando a plantear muchas veces situaciones que desbordan lo psicológico e invaden el ámbito de lo personal y jurídico, como situaciones de incapacidad ¡como instrumento terapéutico con carácter general!

Coherentemente con este planteamiento psicológico, desde el punto de vista neurofisiológico y neuroquímico, las modernas investigaciones en neurociencias han puesto de manifiesto que es posible que las conexiones neuronales fruto de conductas aprendidas por un histórico de conducta pueden ser “desaprendidas” por la implementación de conductas en sentido contrario, lo cual puede incluso cambiar los mecanismos neurofisiológicos de las adicciones. Por lo tanto, y en conclusión, aunque cueste, enfrentarse al propio sufrimiento -bien luchando contra él cuando se puede, bien aceptándolo cuando no se puede- es la mejor manera de deshacerse de él, o, por lo menos, de tener libertad frente a él. Algo que ya nos enseño el psicoanálisis, y el conductismo postskinneriano no contradijo, sino que más bien desarrolló positivamente. Espero comentarios.

Marcial Rafael Candioti IV - Mi Legado: Humanidad, Solidaridad, Independencia, ¡LIBERTAD!

02- SUFRIMIENTO

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