DIÁLOGO Y ORACIÓN DE AGRADECIMIENTO DE UN HOMBRE EN LA PRUEBA

febrero 19, 2014 § Deja un comentario


DIÁLOGO Y ORACIÓN DE AGRADECIMIENTO DE UN HOMBRE EN LA PRUEBA

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Señor, ante la imagen en mi mente de Ti, revestido de Gloria y Majestad, Jesús de la Misericordia, atributo divino al que guardo especial devoción, te dirijo esta oración:

Gracias por las pruebas de la vida que me está tocando sufrir y padecer. Por mi fe, confío en Ti, y por ello sé que Tú, como reza la Carta de Santiago que la Liturgia nos recuerda este año en esta sexta semana del Tiempo ordinario, no envías las pruebas. Señor, Tú no envías nada malo porque no eres el autor de nada malo. Tú todo lo hiciste bueno.

Las pruebas, como la enfermedad, la incomprensión, los recortes de libertad, la violencia padecida, la injusticia y las falsas justicias humanas, o las derivadas de las consecuencias del pecado mío o ajeno, muchas veces procedentes del miedo y del odio, que con mucha frecuencia pueden parecerme insoportables y pueden humanamente desbordarme, proceden del mundo y de los hombres, de la naturaleza humana caída que Tú viniste a restaurar. Tú, Jesús, sabes que en la fórmula canónica del Sacramento de la Confesión, que Tú instituiste, a veces omitida, inmediatamente posterior a la absolución sacramental, se nos recuerda que Tus méritos, es decir, “los Méritos de Nuestro Señor Jesucristo”, así como “los méritos de la Santísima Virgen y de todos los Santos, el bien que hagamos y el mal que podamos recibir, nos sirvan como remedio de nuestros pecados, aumento de gracia y premio de vida eterna”. Y a continuación, el sacerdote pronuncia a veces en Tu Nombre, y en Nombre de la Santísima Trinidad, las confortadoras palabras “El Señor te ha perdonado. Vete en paz”. U otras parecidas, pero de igual sentido. Como Tú pronunciaste ante tantos pecadores que acudieron a Ti pidiéndote perdón y Tú los perdonaste, diciéndoles: “Vete en paz. Tu fe te ha salvado”. En cuanto a las pruebas, Señor, en Tu infinita e insondable sabiduría, Tú permites que nosotros, pobres hombres pecadores que queremos seguirte, seamos probados, para que nuestra alma salga fortalecida por Tu Espíritu. Si te sigo y tengo Tu Espíritu, como nos dijo San Pablo, “todo lo puedo en Aquél que me conforta”. Pues, “si Dios está conmigo… ¿Quién contra mí?” En los momentos de tribulación, de oscuridad y de padecimiento es cuando son puestos a prueba mi amor y fidelidad a Ti, al tiempo que, como rezan los Salmos, Tú vas nos vas forjando en el fuego, como el buen metal, para que, cuando salgamos, con Tu asistencia, victoriosos de la prueba, nos veamos más fortalecidos y podamos dar más y mejor testimonio de Ti en el mundo, pero sin ser del mundo, como nos dijo San Juan. Y todo el que cree en Ti y da testimonio de Ti, como Tú mismo nos has enseñado, tiene Vida, y Vida en abundancia. Pues, ¿qué clase de discípulos tuyos seríamos si sólo te estuviéramos agradecidos cuando nos van bien las cosas? Es algo muy humano, que yo mismo he hecho y, probablemente, seguiré haciendo muchas veces, cerrando con ello mi corazón a Ti y limitando mi apertura a Ti. Y que pecaré, y volveré a pecar, más de setenta veces siete. Y quizá a veces las pruebas futuras me superarán, o no podré con ellas. Tú también experimentaste la tentación de la desesperanza en Getsemaní, y sabes como hombre, Jesús, lo fácil que es caer en ella cuando las circunstancias se vuelven contra ti. Pero confío en Ti. Quiero confiar en Ti. Y sé que Tú estarás ahí para recordarme que para Ti, nada es es imposible, que has vencido al mundo, al pecado y a la muerte; de un modo u otro, más pronto o más tarde, cómo y cuando Tú quieras, pues, como reza el Salmo, “Tú me sondeas y me conoces” mejor que yo a mí mismo.  “Cuando me acuesto y cuando me levanto. De lejos penetras mis pensamientos. Todos mis senderos te son familiares”. Sabes que soy un pobre pecador, pero Tú conoces mi corazón y mi debilidad, y puedo decirte, como te dijo Pedro desde una profunda humildad: “Señor, Tú lo sabes todo. Tú sabes que te quiero”. Y desde mi debilidad, desde mi pecado, Tú has mirado muchas veces en mi vida mi humillación y me has levantado, no por mis méritos, sino conforme a Tu bondad, y estarás siempre dispuesto a perdonarme; y me perdonarás siempre que te lo pida, porque un corazón contrito y humillado, Señor, tú no lo desprecias. Por eso te pido que no me canse nunca de pedirte perdón, como nos ha recordado el actual vicario de Pedro, Cabeza de Tu Iglesia, porque Tú me perdonarás. Para eso viniste al mundo. Como Tú mismo le dijiste a Pilatos, has venido a dar testimonio de la Verdad. Y todo el que es de la Verdad escucha Tu Palabra. Tú nos has enseñado, con Tu palabra, pues Tú eres la Palabra misma, pero también con Tu vida y con Tu Sacrificio en la Cruz, la naturaleza profunda del Amor, de la entrega total, que es la misma esencia de Dios, como nos recuerda San Juan en su primera carta. El Amor que no conoce límites, el Amor hasta el extremo. Como dijiste a Tus discípulos en la Última Cena: “Nadie tiene mayor Amor que el que da su vida por sus amigos”. Moriste por mí. Y por todos los hombres, hasta por el mayor pecador, y especialmente por él. Yo valgo Tu Sangre. Porque así lo quisisteis, Tú y el Padre, desde antes de la Creación. Y así lo aceptaste, como Dios y como hombre, de acuerdo con la Voluntad del Padre, en Tu amarga Oración en el Huerto de Getsemaní. Frente a eso no puedo menos que sentir una gratitud suprema, aun con las limitaciones de mi corazón humano y pecador. Por eso te pido que abras más mi corazón a Tu Amor y no quede aquél endurecido por la tibieza, el rencor o la prueba. Hoy, en esta noche, te digo de nuevo, Señor: Gracias por las cruces que la vida me manda. No quiero aceptar ninguna cruz “porque sí”, pero sí quisiera, si Tú me lo concedes, con la ayuda de Tu divina gracia, poder aceptarlas todas según Tu voluntad y contigo, pues Tú, y Tu cruz, eres El que da sentido a nuestras cruces: “El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, que coja su cruz y me siga”, nos dijiste, pues “Mi yugo es llevadero, y mi carga ligera”. Y también, justo antes de darnos este mensaje, nos dijiste estas preciosas palabras: “Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso”. Así que quisiera terminar esta oración, antes del rezo de Completas, con la Oración de San Agustín: “Nos hiciste, Señor, para Ti, y nuestra alma está inquieta hasta que descanse en Ti”. Amén.

Hasta aquí mi oración personal. A continuación, reproduzco, para quien pudiera estar interesado en esta tan especial forma litúrgica, familiarizándose así con la Liturgia de las Horas, que es la Oración de la Iglesia, la Oración de Completas de la Liturgia de las Horas de la Iglesia Universal de hoy, antes del descanso nocturno, a la que me he incorporado hará más o menos una hora. Su inclusión en esta entrada se justifica a modo de TESTIMONIO PERSONAL, además de enseñanza, por lo que enseguida diré. Los Salmos del oficio de Completas de hoy, como siempre, para quien sabe interpretar las señales divinas, han resultado en mi caso particular providenciales, dada la difícil situación que estoy atravesando, y me han proporcionado el consuelo que sólo Dios sabe y puede darnos en los momentos de prueba, pues antes del rezo de Completas no sabía qué Salmo o qué Oración tocaba para esta noche. Aconsejo por ello encarecidamente su lectura, aunque sólo sea por curiosidad.

MARTES DE LA SEMANA VI DEL TIEMPO ORDINARIO
18 de febrero de 2014

COMPLETAS
(Oración antes del descanso nocturno)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

EXAMEN DE CONCIENCIA

Hermanos, habiendo llegado al final de esta jornada que Dios nos ha concedido, reconozcamos sinceramente nuestros pecados.

Yo confieso ante Dios todopoderoso
y ante vosotros, hermanos,
que he pecado mucho
de pensamiento, palabra, obra y omisión:
por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,
a los ángeles, a los santos y a vosotros, hermanos,
que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.

V. El Señor todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Himno: SE INCLINA YA MI FRENTE

Se inclina ya mi frente,
sellado está el trabajo;
Señor, tu pecho sea
la gracia del descanso.

Mis ojos se retiran,
la voz deja su canto,
pero el amor enciende
su lámpara velando.

Lucero que te fuiste,
con gran amor amado,
en tu gloria dormimos
y en sueños te adoramos. Amén.

SALMODIA

Antífona 1ª. No me escondas tu rostro, ya que confío en ti.

Salmo 142, 1-11 – LAMENTACIÓN Y SÚPLICA ANTE LA ANGUSTIA

Señor, escucha mi oración;
tú que eres fiel, atiende a mi súplica;
tú que eres justo, escúchame.
No llames a juicio a tu siervo,
pues ningún hombre vivo es inocente frente a ti.

El enemigo me persigue a muerte,
empuja mi vida al sepulcro,
me confina a las tinieblas
como a los muertos ya olvidados.
Mi aliento desfallece,
mi corazón dentro de mí está yerto.

Recuerdo los tiempos antiguos,
medito todas tus acciones,
considero las obras de tus manos
y extiendo mis brazos hacia ti:
tengo sed de ti como tierra reseca.

Escúchame en seguida, Señor,
que me falta el aliento.
No me escondas tu rostro,
igual que a los que bajan a la fosa.

En la mañana hazme escuchar tu gracia,
ya que confío en ti;
indícame el camino que he de seguir,
pues levanto mi alma a ti.

Líbrame del enemigo, Señor,
que me refugio en ti.
Enséñame a cumplir tu voluntad,
ya que tú eres mi Dios.
Tu espíritu, que es bueno,
me guíe por tierra llana.

Por tu nombre, Señor, consérvame vivo;
por tu clemencia, sácame de la angustia.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Antífona 1ª (puede omitirse). No me escondas tu rostro, ya que confío en ti.

LECTURA BREVE   1Pe 5,8-9

Sed sobrios, estad despiertos: vuestro enemigo, el diablo, como león rugiente, ronda buscando a quien devorar; resistidle, firmes en la fe.

RESPONSORIO BREVE

V. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

V. Tú, el Dios leal, nos librarás.
R. Te encomiendo mi espíritu.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Antífona 2ª. Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.

CÁNTICO DE SIMEÓN       Lc 2, 29-32

Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz,

porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante todos los pueblos

luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Antífona 2ª (puede omitirse). Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.

ORACIÓN

OREMOS,

Ilumina, Señor, nuestra noche y concédenos un descanso tranquilo; que mañana nos levantemos en tu nombre y podamos contemplar, con salud y gozo, el clarear del nuevo día. Por Cristo nuestro Señor.
Amén.

BENDICIÓN

V. El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una santa muerte.
R. Amén.

ANTÍFONA FINAL DE LA SANTÍSIMA VIRGEN

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Santísima Virgen Madre De la Divina Providencia

Salve, Reina de los cielos
y Señora de los ángeles;
salve raíz, salve puerta,
que dio paso a nuestra luz.

Alégrate, Virgen gloriosa,
entre todas la más bella;
salve, agraciada doncella,
ruega a Cristo por nosotros.

Y ahora, dedicada especialmente para quien también esté siendo probado, después de haber rezado las Completas, os dejo con una bonita canción: http://www.youtube.com/watch?v=5NJrpixP93E

Queridos lectores y amigos: Paz y bien, en el mejor sentido y sabor franciscanos. Que el Señor Todopoderoso, rico en Misericordia, os bendiga y os guarde y que, como reza la Oración de Completas, que tengáis una noche tranquila y una muerte santa. Amén.

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