VERBUM CARO FACTUM EST…

marzo 25, 2014 § 4 comentarios


… et in nobis habitavit.

 

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                                                                                                                                                Ai miei Genitori

                                                                                                                              Ai mie Avi, nell’ Eternità della Gloria

                                                      A mio Zio Annunziato, Padrino di Battesimo nella Santa Romana Chiesa Cattolica

                                                                                                                                              A mia cugina Annunziata

                                                                                                                      A tutti i miei parenti e ai miei fedeli amici

                                                                                                                    A tutti coloro che leggeranno questo post

 

 

En este Día, la Iglesia Universal celebra la Solemnidad de la Anunciación de Nuestra Señora. Fiesta importantísima que, a pesar de su significado litúrgico -se trata de una Solemnidad-, no ha sido todavía elevada a una Fiesta de Precepto. Pero es muy posible que lo sea en el futuro, a partir de los ánimos renovados de volver a los orígenes del Cristianismo manifestados en la doctrina y en el comportamiento del papa Francisco. Y es que la Anunciación de María es un momento único en la Historia del Tiempo en el que se produce la coincidencia sinérgica de dos sies, los cuales, según el plan divino, iban a ser necesarios para que fuera posible la obra redentora del hombre caído: el “divino” de la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, el Hijo, -un sí que, según los teólogos, estaba “preconcedido” desde antes de la Creación-, y el  “humano”, el sí de María, de la mujer de la Cual el mismo Dios quiso nacer como hombre y a Quien quiso ligar el Misterio de la Encarnación de su Hijo.

La Solemnidad de la Anunciación es por tanto la celebración del a la Voluntad de Dios y, con ello, la celebración del inicio de la reconciliación o de la conversión, si se quiere, del hombre a Dios. De un hombre que se había extraviado pero a quien Dios ama y no abandona. Es la celebración de la vuelta del hijo a la casa del Padre, como en la parábola del hijo pródigo, de donde nunca debió salir; sin embargo, Dios, respetuoso con la libertad de sus criaturas, no nos retuvo en su seno. Pero la buena noticia de la Encarnación es que Dios, haciéndose hombre, se ofreció a sí mismo en la Persona de Jesucristo como víctima propiciatoria y abrirnos de nuevo la Puerta del Cielo. Es decir, en pocas palabras: El Hijo, con su sacrificio en la Cruz, pagó la deuda al padre por todos nuestros pecados, de modo que el Padre está siempre dispuesto a acogernos si desandamos nuestros pasos y nos arrepentimos. Y ello es así, para Dios, siempre, por el valor infinito de los méritos de la Pasión de su Hijo y de su sacrificio redentor, que no son otra cosa de una manifestación y una prueba del Amor infinito y de la Misericordia de Dios, supremo atributo divino y más grande que todas Sus obras, según relata el Diario de Santa Faustina Kowalska, iniciadora de la especial devoción a la Misericordia Divina; una santa “de nuestros tiempos”, que vivió en el siglo pasado, como la definiera el beato Juan Pablo II, quien próximamente, si Dios quiere, será contado oficialmente en la Tierra entre los Santos de la Iglesia.

La Solemnidad de la Anunciación (vid. Lc  1, 26-38) es la celebración del sí, del fiat, del Hágase de María a la Voluntad de un Dios Padre que quiere, por medio de su Hijo, redimirnos, de la forma más cercana a nosotros: el mismo Dios Hijo –la Segunda Persona de la Santísima Trinidad-, se hace hombre, se hace carne mortal en el vientre de María, y, sin perder su naturaleza divina, asume la nuestra, como nos explica la  doctrina teológica de la unión hipostática (unión entre dos sustancias o dos naturalezas), “haciéndose en todo semejante a nosotros, salvo en el pecado” (Hb 4, 15). Pero no por ello -pues precisamente Jesús viene a habitar en el mundo con nosotros, es el Enmanuel, el Dios-con-nosotros-, puede desentenderse o desconocer los pecados y las debilidades de los hombres. Jesús, desde el mismo instante de su concepción, sella una alianza indeleble con el género humano. Él conoce nuestras debilidades porque como hombre, a lo largo de toda su vida, y especialmente a lo largo algunos de los episodios de salvación más importantes de su vida pública que recordamos precisamente en este tiempo de Cuaresma, se encuentra con ellas; más aún, Él conoce y comprende nuestro pecado porque, como Dios, penetra los corazones de los hombres. “Él (La Palabra de Dios) me tejió en el vientre materno” (…) “De lejos penetras mis pensamientos. Todos mis senderos te son familiares (…)”, como rezan los Salmos (vid. especialmente el Salmo 138). En esta Solemnidad, la Iglesia Católica medita intensamente sobre el gran Misterio de la Encarnación, que tendrá en la Navidad su manifestación más visible (o Epifanía), y en la Pascua la culminación de su misión redentora. Pues Jesús, cuya concepción en el seno virginal de María hoy conmemoramos, no ha venido al mundo –como Él mismo repite, de distintas maneras, en distintos pasajes del Evangelio-, para condenar, sino para salvar: “Porque el Hijo del Hombre ha venido al mundo a buscar y a salvar lo que estaba perdido” (Lc 19, 10).  Y María, con su , con su fiat mihi secundum Verbum Tuum, ha hecho posible el milagro más grande de la Historia de la Creación, el Milagro de la Redención, haciéndose Corredentora junto a Nuestro Señor Jesucristo. Pidámosle a Ella también, que es nuestra Madre, que nos alcance de su Divino Hijo las gracias necesarias para que esta Cuaresma represente para nosotros, pese a todos los momentos de prueba y de debilidad, con independencia de las circunstancias más o menos adversas, un tiempo de conversión sincera y profunda que pueda culminar en el gozo pascual, y en la conciencia plena del mayor don que el hombre moderno, en una buena parte, ha olvidado: en saberse criaturas amadas por Dios, redimidas por la Sangre de Su Hijo y, por lo tanto, como en muchas ocasiones le agradaba decir a San Pablo, en Hijos de un Padre. Y quien es Hijo, decía San Pablo, también es heredero del Reino, un Reino que ya puede empezar a habitar en nuestros corazones si le dejamos espacio y que no tiene fin, pues tiene como realización última la Gloria del Cielo.

 

A.M.D.G.


 

In questo Giorno, la Chiesa Universale celebra la Solennità della Annunciazione di Nostra Signora. Festa importantissima, la quale, nonostante il suo significato liturgico –si tratta di una Solennità- none è stata ancora riconosciuta come una Festa precettiva per i Cattolici. Ma è molto probabile che lo si in un futuro, soprattutto se teniamo in conto i rinnovati animi del papa Francesco, e il suo impegno di ritornare sulle origini del Cristianesimo, impegno manifestato dal suo discorso e dal suo comportamento. L’ Annunciazione dell’ Angelo a Maria e un momento unico nella Storia del Tempo nel quale si produce la coincidenza sinergica di due si, i quali, secondo il piano divino, dovevano essere necessari affinché fosse resa possibile la redenzione dell’ uomo caduto: il “divino” della Seconda Persona della Santissima Trinità, il Figlio -un che, secondo i teologi, era già stato preconcesso sin da prima dell’ inizio della Creazione-, e il “umano”, il di Maria, la donna dalla Quale lo stesso Dio volle nascere come uomo e alla Quale volle vincolare il Mistero della Incarnazione di Suo Figlio.

 

La Solennità dell’ Annunciazione è pertanto la celebrazione del alla Volontà di Dio e, cosí, la celebrazione dell’ inizio della riconciliazione o della conversione, se vogliamo, dell’ uomo a Dio. Di un uomo che era smarrito ma al quale Dio ama e non abbandona. È la celebrazione del ritorno del figlio alla casa del Padre, come nella parabola del figlio prodigo, da dove mai dovette uscire; nonostante ciò, Dio, che rispetta la libertà delle Sue creature, non ci costrinse a rimanere nel Suo seno. Ma la buona notizia della Incarnazione è che Dio, facendosi uomo, si offrí Egli stesso nella Persona di Gesú Cristo como vittima propiziatoria per aprirci nuovamente la Porta del Cielo. Vale a dire, in poche parole: Il Figlio, con il Suo sacrificio in Croce, pagò il debiti nostri al Padre per tutti i nostri peccati, in modo da fare che il Padre possa essere sempre disposto ad accoglierci di nuovo se ritorniamo indietro sulla via dei nostri passi smarriti e ci pentiamo. E ciò è cosí, per Dio, sempre, per il valore infinito dei meriti della Passione di Suo Figlio y del Suo sacrificio redentore, che non sono altro che una manifestazione e una prova dell’ Amore infinito e della Misericordia di Dio, supremo attributo divino e piú grande che tutte le Sue opere, secondo il testo del Diario di Santa Faustina Kowalska, iniziatrice della speciale devozione alla Misericordia Divina; una santa “dei nostri tempi”, vissuta nello scorso secolo, cosí definita dal beato Giovanni Paolo II, prossimamente, se Dio vorrà, proclamato santo.

 

La Solennità dell’ Annunciazione (vid. Luca 1, 26-37) è la celebrazione del si, del fiat, del “Cosí sia” da parte della Vergine Maria dinanzi alla Volontà di un Dio Padre che vuole, per mezzo di Suo Figlio, redimerci, proprio nella forma piú vicina a noi: il proprio Dio –la Seconda Persona della Santissima Trinità-, si fa uomo, si fa carne mortale nel ventre di Maria, e, senza perdere la Sua natura divina, assume la nostra come ci spiega la dottrina teologica della unione ipostatica (unione tra due sostanze o due nature). Cosí facendo, Egli si fa “in tutto simile a noi, eccetto nel peccato (Hb, 4, 15). Ma non per questo –perché appunto Gesú viene ad abitare nel mondo fra noi, è l’ Emmanuele, il Dio-con-noi, può non interessarsi o non conoscere i peccati e le debolezze degli uomini. Gesú, dallo stesso istante del Suo concepimento, sigilla una alleanza indelebile con tutto il genere umano. Egli conosce le nostre debolezze perché come uomo, lungo tutta la Sua vita, e specialmente lungo alcuni degli episodi di salvezza piú importanti della Sua vita pubblica che la Chiesa ci propone di ricordare precisamente in questo tempo di Cuaresima, va incontro ad esse; ancora di piú: Egli conosce e capisce il nostro peccato –nel senso che lo comprende- perché, come Dio, è capace di penetrare nel cuore degli uomini. “Egli (che è la Parola di Dio) mi ha tessuto nel ventre di mia madre (…) Da lontano penetri i miei pensieri, tutti i miei sentieri ti sono familiari”, come pregano i Salmi (vid. specialmente il Salmo 138). In questa Solennità, la Chiesa Cattolica medita intensamente sul gran Mistero della Incarnazione, che avrà nel Natale la sua manifestazione piú visibile (o Epifania), e nelle Pasqua la culminazione della sua missione di redenzione. Perché Gesú, il Cui concepimento nel seno virginale della Madonna, non è venuto al mondo –come Egli stesso ripete, in modi e maniere diverse, lungo vari passaggi del Vangelo-, a condannare, ma a salvare: “Perché il Figlio dell’ Uomo è venuto al mondo a cercare e a salvare ciò che era perduto” (Lc 19, 10), affermerà Egli stesso nel Vangelo di Luca. E la beata Vergine Maria, con il suo , con il suo fiat mihi secundum Verbum Tuum (Lc 1, 38 in fine), ha reso possibile il miracolo piú grande della Storia della Creazione, il Miracolo della Redenzione, e cosí si è resa pure Corredentrice nostra assieme a nostro Signor Gesú Cristo. Chiedamole pure a Lei, che nostra Madre, che ci ottenga dal Suo Divino Figlio le grazie necessarie affinché questa Cuaresima rappresenti per noi, nonostante tutti i nostri momenti di prova e di debolezza, e con indipendenza dalle circostanze piú o meno avverse che attraversiamo o ci toccherà attraversare, un tempo di  conversione sincera e profonda che possa culminare nella grande allegria pasquale, e nella piena consapevolezza del maggior dono che l´’ uomo –l’ essere umano- moderno, al meno in una buona misura ha dimenticato: la consapevolezza di sapersi creature amate da un Dio, redimite dal Sangue del Suo Figlio y, per tanto, come in tante occasioni gli era grato affermare a San Paolo, la consapevolezza di sapersi Figli di un Padre. E chi è Figlio, diceva San Paolo, è anche coerede del Regno, un Regno che può già cominciare ad abitare nei nostri cuori, se gli lasciamo spazio, e che non ha fine, perché ha come sua ultima realizzazione la Gloria del Cielo.

 

A.M.D.G.

 

CC0 
To the extent possible under law, Prof. Dr. ric. Pablo  Luis Guerez Tricarico has waived all copyright and related or neighboring rights to “VERBUM CARO FACTUM EST….” This work is published from: Spagna.

        Para la Cuaresma de este año os recomiendo encarecidamente el siguiente enlace de la Revista Humanitas, editada por la Pontificia Universidad Católica de Chile. Per la Quaresima di quest’ anno vi raccomando vivamente il seguente link alla Rivista Humanitas, editata dalla Pontificia Università Cattolica del Chile:

http://www.humanitas.cl/web/index.php?option=com_content&view=article&id=2635:-domingo-xxxi-del-tiempo-ordinario-he-venido-a-buscar-y-a-salvar-lo-que-estaba-perdido-10-de-noviembre-de-2013&catid=37:evangelio-del-domingo-&Itemid=64

Un abrazo a todos vosotros en Jesús y María / Un abbraccio a tutti voi in Gesú e Maria,

Pablo

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§ 4 respuestas a VERBUM CARO FACTUM EST…

  • Annunziata dice:

    Grazie cuginone mio, grazie di cuore. Un abbraccio.

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  • Nunzia dice:

    Certo che ti penso e certo che prego per te. Ho letto del lavoro, mi dispiace, però cerca di vedere un lato positivo, è durato poco, ma c’è stato. Magari la signora andrà in maternità e tu potrai sostituirla. Non si sa mai nella vita.
    Io da un giorno all’altro ho cambiato la mia, mettendo me al secondo posto, lasciando famiglia, amici, lavoro e Italia è seguendo un uomo ed un progetto comune: la famiglia.
    Non saprò mai se davanti a quel bivio ho scelto la strada giusta, l’ho fatto e prego per avere sempre la forza x guardare avanti e mai indietro.
    Non c’è un modo per scriverci senza che tutto il mondo legga?!
    Ti abbraccio forte. Sorridi Pablo, sorridi sempre.
    Tua Nunzia

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    • pabloguerez dice:

      Grazie, Nunzia. Come disse Vittorio de Sica nel Generale della Rovere, “se non sai qual’ è la strada giusta, prendi sempre quella piú difficile”. Lo disse il personaggio interpretato da un uomo con grandi carismi e grandi debolezze, como molti grandi uomini. E Dio ci sta, sia per darci i carismi e i doni, sia per attenderci, per consolarci e per attenderci nelle nostre debolezze, piccole o grandi che siano. Grazie per pensarmi e prega per me. Un abbraccio, Pablo.

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