Pope Francis: The Church must be the home of the most disadvantaged, the poor, the sick, the disabled, the homeless

abril 17, 2014 § Deja un comentario


 

“Os doy un mandamiento nuevo, que os améis unos a otros como yo os he amado: amaos así unos a otros” (Jn 13, 34)

 

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Comienza hoy el Triduo Pascual, en el que los católicos conmemoramos la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor. Es una época de recogimiento y de silencio, de escuchar y de callar ante los Misterios de la Pasión, Muerte y Redención, para dejar entrar a Jesús en nuestro corazón. Y por poco que practiquemos esta actitud, Él vendrá a nuestro corazón y lo cambiará todo. Por esta poderosa razón, no escribiré más que lo imprescindible para transmitir las ideas fundamentales del mensaje que deseo daros hoy, para que llegue a vuestro corazón. Deseo por tanto resumir las ideas centrales de mi mensaje en tres sencillos párrafos: 1) el primero, sobre la intervención del Papa Francisco en la Misa de esta mañana y el sentido cristiano de los Oficios del Jueves Santo; 2) el segundo, sobre la interpretación del mensaje del Papa y sus posibles repercusiones en el mundo de hoy, repercusiones que deseo especialmente dirigir a los no creyentes; y 3) un breve párrafo de contenido soteriológico, en el que voy a tratar de explicar, humildemente y con pocas palabras, la trascendencia del principal acontecimiento que celebramos esta noche los católicos de todo el mundo.

Comencemos: “La Iglesia tiene que ser la Casa de los más desfavorecidos, de los pobres, de los enfermos, de los discapacitados, de los sin techo” Estas palabras no soy mías, sino que, interpretando el sentir general de la Iglesia Católica, al que yo me ha adhiero expresamente, las ha pronunciado el papa Francisco en la homilía de hoy durante la Misa Crismal del Jueves Santo, celebrada en el Vaticano a partir de las 9:30 de la mañana (hora del Vaticano, GMT+1). Este oficio litúrgico, propio del Jueves Santo, que tiene como finalidad la bendición de los sagrados óleos utilizados en variados actos de la liturgia católica, los cuales serán empleados, en particular, en la celebración solemne del Sacramento del Orden Sacerdotal. Recordemos que hoy, Solemnidad del Jueves Santo de la Pasión del Señor, Jesucristo instituyó dos Sacramentos fundamentales: la Eucaristía, en la Última Cena, y el Orden, delegando en Sus discípulos, con la pronunciación de la frase “Haced esto en conmemoración Mía”, el poder de transformar el pan y el vino, nada más y nada menos, que en Su propio Cuerpo y en Su propia Sangre; el Cuerpo y la Sangre de Cristo, y que, según Sus propias Palabras, “será derramada por nosotros, y por todos los hombres, para el perdón de los pecados”, haciendo referencia al Sacrificio Pascual al que Él se habría de entregarse esa misma noche.

Por la tarde, el Pontífice, en la celebración del Oficio del Lavatorio de los pies, lavará los pies a doce discapacitados. Este mensaje, acompañado de esta actitud, contribuirá sin duda a fortalecer a los alejados de la Iglesia en una confianza en un Dios que creían alejado de ellos, y más en una institución, la Iglesia Católica, compuesta de hombres, desde el pecador más pecador -la gravedad de cuyo pecado sólo la sabe y la puede juzgar Dios-, hasta el mismo Romano Pontífice, quien se han definido ya, en muchas ocasiones, como un pecador. Y es que la opción preferencial por los pobres, tanto tiempo ocultada por el acercamiento de la Iglesia institucional al poder humano (incluidos a poderes antidemocráticos de triste recuerdo), es la correcta. No sólo porque lo digan los documentos del Vaticano II. No sólo porque lo diga incansablemente el actual vicario de Pedro. Es la correcta porque así está escrito en el espíritu y en la letra del Evangelio, que no es sino nada menos que la Palabra de Dios, para quien sepa leer. Ya que Jesús, después de referirse, con ocasión del Juicio Final, a los actos de misericordia corporales, pronunció -más o menos- las siguientes palabras, a las que he procurado ser lo más fiel posible, pero que no alteran el espíritu y el corazón del texto que del arameo/hebreo pasaría a ser redactado por Mateo en griego: למען האמת אני אומר לך את מה שעשיתי לאחד מהאחים שלי אלה, שעשית לי את זה / Στην πραγματικότητα θα σας πω τι κάνατε για έναν από αυτούς τους αδελφούς μου, το κάνατε σε μένα / “En verdad os digo que lo que hicisteis a uno de estos mis hermanos pequeños, conmigo lo hicisteis” (Mt 25, 40).

Hoy es el día del Amor fraterno; el día en el que se conmemora la entrega de Jesús hasta el final por los pecados de todos los hombres. Jesús murió por todos. No vino a salvar con Su Sangre a los justos, pues, como reza el Salmo, “nadie es inocente ante Dios”. Él vino “a buscar y a salvar lo que estaba perdido” (Lc 19, 10). El Único que podía venir a juzgar y no juzgó, sino que con Su Pasión se puso en el lugar de ti, de mí, y de la persona más pecadora que podamos pensar. En un sencillo, lo que Jesús nos estará diciendo esta noche es: “Tu pecado, por mucho que me repugne, lo tomo Yo. Sólo te pido que me acompañes; que me abras el corazón; y Yo cargaré con todas tus culpas y pecados y te justificaré ante mi Padre”. Jesucristo murió por todos los hombres, pecadores, para así destruir a nuestro enemigo y a la muerte, y darnos la vida eterna. Una segunda precisión: Jesús murió por todos, más buenos o más malos, creyentes o no creyentes. Desde el momento en el que Jesucristo se encarnó, asumió, con la asunción de la naturaleza humana, los pecados de toda la Humanidad. Debemos por tanto estar agradecidos a un Dios que ha hecho todo eso por nosotros. Un Dios que, como dice el Evangelio de hoy -cuya lectura os recomiendo encarecidamente-, “habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo” (Jn 13,1). No es el Dios de la pompa, del poder humano, del espectáculo, de los fuegos artificiales; no es el Dios lejano, ajeno a nuestros problemas y debilidades. El Dios que, con Su Cruz, y por Su dolorosa Pasión, cargó con toda la debilidad, el pecado y el sufrimiento de toda la Humanidad, justificándonos ante el Padre para siempre, y abriéndonos de una vez para siempre las Puertas del Cielo. Él es la Puerta, como reflejan las Escrituras. El Camino, la Verdad y la Vida. Acompañemos al  Señor en esta noche santa de Su pasión, que sólo nos pide nuestra compañía. Él que sufrió, además de dolores físicos inenarrables, el sufrimiento psicológico y espiritual en Getsemaní, cuando pidió al Padre que pasara de Él el cáliz que había de beber, y sufrió el abandono de Sus discípulos.

 

Referencias sobre la Misa Crismal, con más referencias a las principales agencias internacionales de noticias: http://www.lanacion.com.ar/1683033-en-la-misa-crismal-el-papa-francisco-recordo-a-los-sacerdotes-que-la-iglesia-es-su-unica-novia

Canción: https://www.youtube.com/watch?v=PtKKehayXjs

 

AMDG

 

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