MENSAJES DE REFLEXION – MENSAJES POSITIVOS: UNA HISTORIA NO TIENE COMIENZO NI FIN…

abril 24, 2014 § Deja un comentario


 

Die Unendliche Geschichte

 

Frente al pensamiento típicamente occidental, caracterizado por la racionalidad, la dualidad, la contradicción de los opuestos y el principio de no contradiccón, y el pensamiento oriental, caracterizado por la no-dualidad, la complementariedad y el pensamiento no racional, no hubo en sus orígenes, ni hay en el fondo, una separación abismal, en contra del contenido de los caminos filosóficos emprendidos muchos los pensadores de ambas tradiciones, tal y como sus doctrinas o teorías son enseñadas generalmente en las escuelas de secundaria o en el Bachillerato; de hecho, la no-dualidad la encontramos no sólo en la Grecia helenística, que tanta influencia tuvo sobre las comunidades cristianas primitivas, ya fueran éstas de inspiración canónica o gnóstica, sino en el pensamiento de autores presocráticos como Heráclito, por poner sólo un ejemplo, seis siglos antes del nacimiento de Cristo. Y la idea de circularidad y reiteración, tan arraigada en religiones orientales como el hinduismo, podemos encontrarla en filósofos y en escritores de la Edad contemporánea como Nietzsche, con su eterno retorno,  Shopenhauer -si bien éste bebe para la construcción de su sistema filosófico de fuentes orientales-, o Borges. Por no hablar de científicos -¡sí, de científicos!- como varios físicos, que han postulado que las respuestas más convincentes sobre el por qué del estado actual del Universo son aquellas que hablan, bien de multiversos (o de universos paralelos), como en el caso del físico cuántico Hugh Everett III, bien de otras cosas que más bien parecen pertenecer a lo que hasta ahora entraba en el ámbito de la metafísica, como en el caso del Premio Nobel de Física E. Schrödinger, de la idea de la mente únca permanente, postulada para resolver de la manera más satisfactoria los imposibles que la mecánica cuántica planteaba a los físicos observadores atónitos al atribuir un papel relevante a la subetividad del observador en la determinación de la propia ontología -o fenomenología- del objeto observado (por ejemplo, un electrón que pasa por una doble rendija, y que, según determinadas interpretaciones de la física cuántica, ¡puede haber pasado por las dos rendijas a la vez!), inspirándose en los Upanishads vedas (vid. “Mind and Matter”, 1956), o de otros físicos que han postulado en este siglo y en el siglo pasado la teoría de la “recreación permanente”, que consiste, muy básicamente, en la idea de que el Universo está siempre en continua creación y, por lo tanto, en recreación, coincidiendo con una milenaria leyenda veda (de al menos 5000 años), que sostiene que Dios continúa modelando el Universo continuamente hasta su perfección final, a la cual tienden todas las cosas. A todo ello he dedicado gran parte de mi pensamiento durante mi etapa de formación doctoral, aun sin conseguir plasmar esta tesis, por cierto, nada novedosa, en ninguna publicación científica. Sin embargo, a los efectos de este humilde post, que procede de un reblogueo, me ha parecido interesante apuntar esta consideración, la cual, en mi opinión, casa con el Cristianismo, o, al menos, con un Cristianismo no demasiado apegado a los dogmas, sino el que da preferencia al Espíritu y a la Palabra, al Verbo divino. Os dejo para vuestra reflexión los siguientes pasajes del Nuevo Testamento: Este es el plan que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
recapitular en Cristo todas las cosas
del cielo y de la tierra (Ef 1, 9-10). 
Y en el Apocalipsis encotramos varias veces la archiconocidísima frase: “Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último” (Ap 22, 13). Ambos pasajes se leen en su momento en la Liturgia de las Horas. Siendo esto así, y aunque lo que voy a plantear excede en mucho del propósito de un simple post, máxime teniendo en cuenta su gestación, además de exceder quizá la interpretación dominante sobre el Misterio de la Redención, ¿por qué no pensar en una apocatástasis, como pensaron algunos de los primeros padres de la Iglesia (entre ellos, Orígenes, San Ambrosio y San Jerónimo, entre otros autores menos conocidos o con menos “solera”); es decir, una “restitutio in integrum”, una vuelta al estado original y además una elevación al plano celeste de todas las criaturas caídas, humanas y angélicas, y, por ello, como afirmara el teólogo Papini, una redención también para Satanás y para sus ángeles? El propio Hans Kung, que no es tan “extremista” como el respetadísimo Giovanni Papini, se plantea esta posibilidad, habiendo afirmado en varias ocasiones que un Dios misericordiosísimo no podría contemplar desde las alturas la perdición de sus criaturas por toda la eternidad, y dando datos al respecto sobre la tradición del Magisterio de la Iglesia, en el que encontraba siempre ejemplos contrarios a la eternidad del infierno, y en concreto dos: la anihilatio, o destrucción de la criatura, humana o angélica que ésta fuera, y la apocatástasis, la cual, sin renunciar al justo castigo, vendría a conceder al final un perdón universal para todos: ¿por qué no? La cuestión, a pesar de los dogmas de fe, sigue hoy abierta, precisamente por el humanitarismo liberal, entre los teólogos, si bien son minoría los que contemplan estas hipótesis. Sé que cualquie teólogo “oficialista” o “vaticanista” me podría rebatir con argumentos -en el tiempo en que vivimos, gracias a Dios, sólo con argumentos, y no con tormentos-, derivados de los pronunciamientos del Concilio de Trento. Sin embargo, en esta Octava de Pascua en la que providencialmente celebramos la Novena de la Divina Misericordia, ello no debe hacernos desesperar, sino hacernos esperar precisamente en la Divina Misericordia, en cuyas letanías se nos dice que es “supremo atributo de Dios”, “más sublime que los Cielos”, “asombro para los santos e incomprensible para los ángeles”, y otras muchas cosas, terminando con el responso en que se dice que “las Misericordias del Señor son más grandes que todas sus obras”
.

  

 

El mensaje de Graham Greene es completamente verdadero y auténtico, y deberían saberlo todos aquellos que quieran dedicarse a la escritura. Me ha recordado inmediatamente a uno de mis libros preferidos y más añorados de mi niñez, La Historia interminable (título original,  Die unendliche geschichte, 1979, de Michael Ende, libro de adultos escrito para niños, en el que encontramos continuas referencias a las ideas de circularidad, figuras narrativas típicas de estructura de cajas chinas, tanto de la mitología como del pensamiento occidental y oriental, que parecen unierse. Es verdad: el momento de inicio, o de cesura, a partir del cual decidimos hacer algo -como iniciar una historia, o cualquier plan o proyecto que tengamos en marcha, es abritrario, es fruto de la libre decisión humana, si bien dicho momento esté condicionado por nuestro pasado y… quién sabe -según los físicos- también pueda estar condicionado por nuestro futuro, a partir de la novedosa idea físico-filosófica de “retrocausalidad”. Y lo mismo sucede con tantas cosas del quehacer humano: sobre todo, con nuestra actitud ante nuestra vida. Nosotros decidimos a partir de qué punto queremos tomar un nuevo rumbo y tirar para adelante, aunque no podamos dominar las olas que, al igual que las olas del mar, vemos venir más o menos en lontananza en forma de consecuencias de nuestra vida pasada y que quizá nos puedan hacer naufragar. Pero aun así, nunca cambiarán nuestra actitud, con la ayuda de Dios; con la ayuda de Jesucristo, cuyas fiestas de Resurrección celebramos a lo largo de la Octava de Pascua durante toda esta semana y a lo largo de toda la cincuentena pascual. Él fue Quien hizo que Pedro fuera a Su encuentro cuando caminó en la mar, Quien calmó la tempestad y Quien sostuvo a Pedro cuando, por sus dudas, comenzó a hundirse. Fdo.: Pablo Guérez Tricarico, PhD.

 

 

Marcial Rafael Candioti IV - Mi Legado: Humanidad, Solidaridad, Independencia, ¡LIBERTAD!

EL FIN DEL ROMANCE

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