En el medio del camino de mi vida

abril 29, 2014 § Deja un comentario


Inferno, Canto I      Santa Caterina Da Siena

Nel mezzo del cammin di nostra vita 
mi ritrovai per una selva oscura 
che’ la diritta via era smarrita (Dante Alighieri, Divina Commedia, Inferno, Canto I, I)

La mia Verità vi ha invitato a chiedere, allorché vi disse: ‘Chiamate e vi sará risposto; bussate e vi sarà aperto; chiedete e vi sarà dato’. Ti dico che Io voglio che tu faccia cosí: che mai allenti il tuo desiderio di chiedere il mio aiuto, né affievolisca la tua voche di chiedermi di usare misericordia al mondo. En non cessare dal Bussare alla porta della mia Verità, seguendo le sue orme; dilettatianzi sulla croce con lui, mangiando il cibo delle anime a gloria e lode del mio nome. E con amoroso affanno leva il tuo grido sulla morte del genere umano che vedi condotto a miseria cosí grande che la tua lingua non basta a descriverla. Per questo lamento e questo grido voglio usare misericordia al mondo. Ciò è quanto chiedo ai miei servi, e questo sará pero me il segno che essi mi amano secondo verità. Io infatti non spreco i miei desideri, come ti ho detto (Santa Caterina da Siena, Vergine, Patrona dell’ Italia e dell’ Europa e Dottoressa della Chiesa, Dialogo della Divina Provvidenza, 107) 

A mis Padres, que me dieron la vida

Y A.M.D.G., por Quien fui redimido

Si leemos el pasaje citado de Santa Catalina de Siena, Fiesta Litúrgica de hoy, y cuyo texto original he querido respetar por mi filiación italiana -así como el del conocidísimo texto de apertura de la Divina Comedia de Dante-, vemos que el mensaje de Santa Catalina, Doctora de la Iglesia, no dista en lo esencial del mensaje que Jesús transmitiera, a varios siglos de distancia, a Santa Faustina Kowalska, instrumento de la instauración de la Fiesta de la Divina Misericordia que muchos celebramos con gozo y extrema alegría el pasado domingo, Domingo Segundo o de la Octava de Pascua: Misericorda para el mundo. MISERICORDIA.

Si Dios quiere, hoy, veintinueve de abril de dos mil catorce, cumpliré treinta y cinco años. Edadad suficiente como para haber hecho muchas cosas buenas según los ojos del mundo, pero no necesariamente a los ojos de Dios, porque, como dice el Libro Primero de Samuel, mientras los hombres miran la aparicencia, el Señor ve el corazón: en este mundo de capitalismo salvaje en el que vivimos, el tener, el poseer, parece ser el criterio al que aspiran la gran mayoría los seres humanos, y al que muchos hemos aspirado alguna vez, habiéndonos dejado cosas más importantes por el camino y habiendo perdido el camino correcto, que no obstante, puede recuperarse. La madurez que he alcanzado en el primer lustro de mi treintena, cimentada en mis profundas creencias religiosas, me hace pensar que esta visión de mundo fundada en el triunfo del dinero, del éxito, del reconocimiento social, de la gloria del mundo y de un sinfín de poderes terrenos no es la correcta, pese a que vivamos sumergidos en ella, especialmente en los autodenominados “países civilizados” de un primer mundo empobrecido muchos de cuyos habitantes se limitan a sobrevivir,  o a malvivir, como colectivos excluidos, viendo pasar lo que ellos suponen son las vidas idílicas de otros, y ansiando, cuando no envidiando, dichas vidas. Como cristianos, pero sobre todo como personas, no debe ser esa la actitud que debe proceder nuestro proceder en la vida. Lo material es -en en fondo- prescindible, pero, hasta que no alcancemos un grado de santidad suficiente como para renunciar a todo, comenzando por nuestro yo, seguiremos necesitando los bienes materiales; hasta que podamos decir, con Jesus, “no sólo de pan vive el hombre”, aunque Él no renunció a comer y a bebe en Su última cena. En definitiva, se trata de dar a los bienes materiales su justo valor y, sin renunciar a los que nos vengan dados como fruto del trabajo o de la empresa, tratarnos siempre como bienes que no son enteramente nuestros, sino bienes que nos han sido confiados al servicio de los demás. Precisamente en un mundo como el de hoy, tan carente de valores, pero también, para muchas personas, de lo necesario para sobrevivir, azotado por la pobreza, el hambre y la violencia, es mucho más acuciante nuestra necesidad de ayudar al prójimo en sus necesidades tanto materiales como espirituales, como el propio Jesús nos indica a lo largo de todo el Evangelio. Y a dar nuestros bienes, nuestra vida y nuestro ser por Amor, precisamente como Él no hizo. Como dice San Pablo en su segunda carta a los Corintios, “si no tengo Amor”, no soy nada. Por supuesto que se está refierendo amor de Dios, que es capaz de transformar nuestro corazón de piedra en un corazón de carne, como pedía el profeta Ezequiel, y nos hace semejantes a Él en el Amor al prójimo. Que así sea.

Pade nuestro…

Señor, ten piedad de nosotros, de nuestros amigos y de nuestros enemigos

Cristo, ten piedad de nosotros, de nuestros amigos y de nuestros enemigos

Señor, ten piedad de nosotros, de nuestros amigos y de nuestros enemigos

Misericordia Divina, ten misericordia de nosotros y del mundo entero.

Santa María, Madre de Dios,

Ruega por nosottos, por nuestros amigos y por nuestros enemigos

Santos Pedro y Pablo, apóstoles de Cristo,

Rogad por nosotros, por nuestros amigos y por nuestros enemigos

Santa María Magdalena,

Ruega por nosotros, por nuestros amigos y por nuestros enemigos

San Judas Tadeo, Patrón del Trabajo y de la Salud, y de las causas imposibles y desesperadas,

Ruega por nosotros, por nuestros amigos y por nuestros enemigos

Santos Miguel, Gabriel y Rafael, Arcángeles de Dios,

Rogad por nosotros, por nuestros amigos y por nuestros enemigos

Santos Ángeles Custodios,

Rogad por nosotros, por nuestros amigos y por nuestros enemigos

San Agustín, Fundador religioso,

Ruega por nosotros, por nuestros amigos y por nuestros enemigos

San Francisco, Fundador religioso,

Ruega por nosotros, por nuestros amigos y por nuestros enemigos

Santo Tomás de Aquino, Doctor de la Iglesia y Patrón de la Academia,

Ruega por nosotros, por nuestros amigos y por nuestros enemigos

San Raimundo de Peñafort, Patrón de los juristas,

Ruega por nosotros, por nuestros amigos y por nuestros enemigos,

Ruega por nosotros, por nuestros amigos y por nuestros enemigos

Santa Catalina de Siena, Doctora de la Iglesia,

Ruega por nosotros, por nuestros amigos y por nuestros enemigos

Santa Inés, virgen y mártir de la Iglesia,

Ruega por nosotros, por nuestros amigos y por nuestros enemigos

Santa Gema, mística religiosa,

Ruega por nosotros, por nuestros amigos y por nuestros enemigos

San Manuel Comboni,

Obispo Misionero de la Iglesia,

Ruega por nosotros, por nuestros amigos y por nuestros enemigos

Santa Faustina Kowalska,

Ruega por nosotros, por nuestos amigos y por nuestros enemigos

San Juan XIII,

Ruega por nosotros, por nuestrsos amigos y por nuestros enemigos

San Juan Pablo II,

Ruega por nosotrotros, por nuestrso amigos y por nuestros enemigos.

Salve Regina, Mater Misericordiae…

En este  tiempo de la cincuentena pascual, felicitemos a María por la Resurrección de su Hijo con el canto propio que sustituye al Ángelus en este tiempo:

Regina Coeli

Laetare, Alleluia

Quia, quae meruisti portare, Alleluia

Resurrexit, sicut dixit, Alleluia

Ora pro nobis Deum, Alleluia.

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