Carta abierta a Cristina Martín Jiménez, especialista en el Club Bilderberg

mayo 26, 2014 § Deja un comentario


 

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Estimada Cristina:

 

Soy un profesor de derecho penal en paro desde hace ya casi tres años que, como muchas personas -incluyendo personas hipercualificadas-, está sufriendo en mis carnes y en mi espíritu los efectos devastadores de la crisis. Ojalá muchos comprendan que la crisis ha sido ideada por personas muy poderosas para mantener e incrementar su poder sobre las clases medias, a las que han degradado a clases medias empobrecidas; de las clases bajas ni hablamos. Pero, ante todo, soy un ciudadano culto y comprometido con el mundo que me rodea, haciendo mío el lema humanista de Terencio “nada de lo humano me es ajeno”.

 

Mi interés por el Club Bilderberg viene de lejos, aunque, dado su hermetismo, se necesitan investigaciones serias como la tuya para entender su alcance. No me considero ni partidario ni detractor de las teorías de la conspiración -me preocupa fundamentalmente, en el plano del control de las mentes, el papel del movimiento “New Age”, que ya fuera preconizado a principios de los años 40, o incluso antes, en las sociedades teosóficas de principios del siglo XX, así como el auge de los movimientos neognósticos, que no hacen otra cosa que “drogar intelectualmente” a una buena parte del sector de la población y de los movimientos sociales que podrían contribuir a constituir un “progresismo sociológico” preocupante para el Poder, desviándolo hacia un limbo de los justos neohippie-.

 

Ante todos estos fenómenos, como investigador por vocación, mi actitud es la de la parsimonia científica de Ockham, y su principio más conocido de que, a igualdad de condiciones, la explicación más sencilla tiende a ser la verdadera. Tengo mis creencias religiosas cristianas, que considero complementarias de mi actitud científica popperiana, en el sentido amplio. Ahora me considero antisistema, en el sentido etimológico de la palabra, al igual que radical, en el mismo sentido. Por eso me interesa todo lo que tiene que ver con el Club Bilderberg que sea hecho con seriedad, no desde las teorías conspiranoicas que solamente buscan popularidad en YouTube y que yo no tardaría en descalificar -aunque me equivocara-, de teorías propias de “falsos profetas”.

 

Escribo esto en estos momentos, tras un período de relativa inactividad en la red, porque la debacle en las elecciones europeas de las fuerzas políticas tradicionales me ha reflexionar de nuevo sobre el tema de los demás amos del mundo. Sé que, como diría Obi Wan Kenobi en “La Guerra de las Galaxias” -disculpa la cita pseudofriki, pero la saga de Lucas contiene un pensamiento, como bien sabrás, para nada nuevo y deudor de varias tradiciones filosóficas y religiosas orientales-, no nos pasará nada por hablar de esto, sencillamente porque “no somos importantes”. Los verdaderos maestros zen saben que, además, cuando uno no tiene nada es cuando se hace más fuerte, porque no tiene nada que perder. Por ello me gustaría estrechar contactos contigo y con tu obra, en orden a concienciar más a la población de una manera cercana y realista.

 

No quiero concluir este comentario sin hacer referencia a una organización mucho más antigua que, seguramente, esté dentro y por encima del Club Bilderberg. El nuevo orden mundial no nace como proyecto con la caída del Muro y con el final de la Guerra Fría, sino que se trata de una meta perseguida desde hace mucho, mucho tiempo. Por mi parte, sólo es una corazonada, aunque mi actividad investigadora, sobre Derecho penal, medicina y bioética -algo tan aparentemente alejado de temas políticos-, así como mi actividad parainvestigadora -lo que no ha impedido que haya profundizado en los orígenes de la medicina y en su distinción respecto de la magia, el ocultismo y el hermetismo, frente a la luz de las religiones “exotéricas”-, me han llevado sobre la pista de que es cierto que la innombrable organización de arcos, compases y ojos que todo lo ven es la que mueve los hilos de la “sacrosanta” Economía, la “ciencia-de-las-ciencias” en la configuración social mundial post-postmoderna, por encima del Club; o más bien sus personas son movidas por ella y por el Poder, que actúa como una droga o como una fuerza maligna, pues más se tiene y más se quiere; la manipulación de los ciudadanos en formas sutiles de control del estímulo de la oferta y la demanda, incluso en términos económicos (Chomsky, 2003) es algo real, que hace que la realidad del “Mundo Feliz” de Huxley y su “soma” para anonadar a los ciudadanos aparezca cada vez como algo más factible. Por eso mismo, en lo que no tenemos que caer los que denunciemos “poderes en la sombra” es en el halo de ocultismo y ocultación que ellos mismos utilizan, empleando los mismos artificios que ellos. Te felicito porque, por lo poco que he podido conocer de tu obra, tú no lo has hecho. El poder -si alguna vez estuvo en él, y lo estuvo al menos en mayor proporción de la que está ahora-, debe volver a la gente, al menos, a los niveles que estuvo en los países más democráticos antes de 2011, antes de 1989. Por ello estoy dispuesto a colaborar contigo para compartir esfuerzos y concitar colaboraciones, incluso entre formaciones políticas, para que lo expresado magníficamente por la X enmienda a la Constitución Federal de la primera potencia mundial, aunque ésta fuera fundada por los señores adoradores del Gran Arquitecto, enseña, y que expresa una regla de poder ciudadano “desde abajo” que debería dar sentido al principio de subsidiariedad declarado en el Tratado de la Unión Europea: “Todo el poder que no pertenezca a la Federación, o a los Estados, pertenece al pueblo” (Constitución de los Estados Unidos de América, Bill of Rights, X Enmienda), 1787. Disculpa lo largo del mensaje.

 

Con el mayor respeto y admiración,

 

Fdo.: Dr. Pablo Guérez Tricarico

@pabloguerez

pabloguerez.com

 

 

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