SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS E INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA, ¡EN VOS CONFIAMOS!

junio 28, 2014 § Deja un comentario


Imagen

Nota legal: Esta imagen pertenece al dominio público.

 

Junio es el mes de la devoción eucarística por excelencia para la Iglesia Católica. La Solemnidad del Cuerpo y de la Sangre de Cristo, así como las devociones al Sagrado Corazón de Jesús y al Inmaculado Corazón de María así lo atesfiguan. Los días 27 y 28 de junio, se celebran, respectivamente, la Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús y la Fiesta del Inmaculado Corazón de María.

La devoción a los Corazones de Jesús y María, de propagación relativamente reciente en la Historia de la Iglesia, hunde sus raíces en las reflexiones teológicas de los propios Padres de la Iglesia, quienes meditaban sobre el costado abierto de Cristo, de donde manaron la sangre y el agua que nos redimió y nos limpió ante el Padre, fruto de un Amor entregado hasta el fiinal. El Corazón de Jesús, divino y humano al mismo tiempo como consecuencia de la unión hipostática que define la propia Persona de Jesús, es la fuente física del Amor y de la Misericordia sin límites de donde brotó la Sangre redentora. Con razón reza una de las letanías a la Divina Misericordia, que ésta se encuentra encerrada en el compasivísimo Corazón de Jesús.

La devoción al Inmaculado Corazón de María hunde también sus raíces en la noche de los tiempos. El de María es un Corazón humilde, obediente, que guardaba y meditaba “todas esas cosas” sobre su Hijo en su Corazón, y al final, un Corazón de dolor traspasado por una espada, según la profecía de Simenón, que fue pronunciada por Simeón en el mismo momento de la Presentación del Niño en el Templo: “en cuanto a ti, una espada te atravesará el corazón” (Lc 2, 35).

Pero la devocuón al Inmaculado Corazón de María conduce siempre a su Hijo, y su Hijo, como Él mismo nos vieno a revelar, al Padre, infinitamente bueno y rico en misericordia. Precisamente la idea de misericordia se encuentra en el centro de ambas devociones. María fue la primera en experimentarla, en cuanto se humilló ante Dios y le bendijo y ensalzó, “porque había mirado la humillación de su esclava” (Lc 1, 48), como proclama la Oración del Magníficat, quizá, una de las más bellas de todos los tiempos. Y es que el origen de la palabra misericordia está lleno de un sentido profundo, cuyo significado es “dar corazón -amor- a la miseria”. Por tanto, Jesús y María se compadecen de nuestro corazón herido, porque “un corazón quebrantado y humillado tú no lo desprecias”, Señor (del Salmo 50, 19). Con nuestra humillación y súplica, los Corazones de Jesús y María pueden obrar milagros en nuestros corazones, que sólo son visibles a los ojos del que tiene fe. Así, podemos exclamar, con el salmista, Señor, “crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme” (Sal 50, 12), a fin de que, para mayor Gloria Suya, para bien nuestro y de nuestro prójimo, el Señor arranque de nuestro pecho el corazón de piedra y ponga en su lugar en su lugar un corazón de carne (vid. Ez 36, 25), como el Sagrado Corazón de Jesús, que sea capaz, en virtu del Espíritu Santo, que es Amor y Comunión puros, de amar como Él amó y como Él nos ama.

 

Promesas principales hechas por el Sagrado Corazón de Jesús a Santa Margarita de Alacoque (ca. 1673):

  1. A las almas consagradas a mi Corazón, les daré las gracias necesarias para su estado.
  2. Daré la paz a las familias.
  3. Las consolaré en todas sus aflicciones.
  4. Seré su amparo y refugio seguro durante la vida, y principalmente en la hora de la muerte
  5. Derramaré bendiciones abundantes sobre sus empresas
  6. Los pecadores hallarán en mi Corazón la fuente y el océano infinito de la misericordia
  7. Las almas tibias se harán fervorosas
  8. Las almas fervorosas se elevarán rápidamente a gran perfección
  9. Bendeciré las casas en que la imagen de mi Sagrado Corazón esté expuesta y sea honrada.
  10. Daré a los sacerdotes la gracia de mover los corazones empedernidos
  11. Las personas que propaguen esta devoción, tendrán escrito su nombre en mi Corazón y jamás será borrado de él.
  12. A todos los que comulguen nueve primeros viernes de mes continuos, el amor omnipotente de mi Corazón les concederá la gracia de la perseverancia final.

 

Imagen

 

 

 

Pablo Guérez Tricarico

 

A.M. D.G. 

http://www.nadiesinfuturo.org/spip.php?page=info

junio 27, 2014 § Deja un comentario


http://www.nadiesinfuturo.org/spip.php?page=info

Os dejo un enlance de Cáritas sobre el drama que representa en nuestro mundo el fenómeno migratorio. Mis reflexiones al respecto irán aparecieno posteriormente al hilo de un comentario sobre la “Gaudium et spes” -ya veré si limitado a este tema o más general-, y basado en una intepretación que puedo denominar -a falta de una denominación mejor- “progresista” del texto conciliar, así como de otros importantes textos de la Sagrada Escritura y de la Patrística.

Por el momento, os dejo que disfrutéis de la lectura de los contenidos de la página de Cáritas.

Un saludo,

Pablo

¡Muévete!, ‘Una sola familia humana, alimentos para todos’

junio 27, 2014 § Deja un comentario


Ésta es la Iglesia Católica, el Pueblo, la Casa de Dios en la tierra, a la que muchos critican; la Iglesia no son sólo los obispos y los cardenales, sino que somos todos los que en ella hemos sido bautizados y creemos fundamentalmente lo que nos enseña el Evangelio, y que puede compendiarse en el Misterio de la Trinidad, ya desde los primeros Padres tomado por ejemplo de un sucinto compendio de la fe cristiana: Que Dios es bueno y es Padre misericordioso, que Jesús, siendo Dios, se hizo hombre como nosotros, salvo en el pecado, para salvarnos del pecado y de la muerte, a quienes venció para siempre con Su Gloriosa Resurrección; y que con el anuncio del Reino de Dios durante su predicación aquí en la tierra llevó también a cabo la obra de anuncio de la buena nueva que el Padre le había encomendado, para que, a través del don y de la fueza del Esíritu Santo Jesús, propagáramos a todos los hombres este mensaje de Redención, al tiempo que cooperamos juntos por la corrección de las desigualdades y de las injusticias de este mundo y trabajamos por un mundo mejor, teniendo como meta modelo del Reino de Dios, el cual no está regido ni por el odio, ni por el dinero, ni por la codicia, ni por la servidumbre o por la esclavitud, sino por el Amor: “Porque tuve hambre, y me diste de comer” (Mt 25, 35). Estas personas, entre otras, son las que hacen Iglesia, y que los cristianos tengamos credibilidad en un mundo que la ha perdido, o que escoge arbitrariamente a qué temas otorga credibilidad y a cuáles no.

Pablo

antes de 2015 ¡actúa!

1 Una sola familia 140421

Os seguimos proponiendo los materiales de ‘Muévete para que otros, sencillamente puedan vivir’, para llamaros a actuar con la finalidad de construir un mundo mejor.

La ficha ‘Una sola familia humana, alimentos para todos’, está dedicada a la campaña lanzada por Caritas Internationalis, que nos moviliza para que trabajemos juntos y unidos en la tarea de acabar con el problema del hambre antes de 2015. ¡Muévelo entre tu gente!

Ver ficha

Ver la entrada original

MENSAJES DE REFLEXION – MENSAJES POSITIVOS: TENDRAS QUE DEJAR CIERTAS COSAS…

junio 27, 2014 § Deja un comentario


Dios quiera que así sea, en Sus infinitas providencia y sabiduría, para mejor fortuna de los hombres y mayor Gloria Suya.

Marcial Rafael Candioti IV - Mi Legado: Humanidad, Solidaridad, Independencia, ¡LIBERTAD!

tendras que dejar ir ciertas cosas

Ver la entrada original

MENSAJES DE REFLEXION – MENSAJES POSITIVOS: MEJORA TU ARGUMENTO… DESMOND TUTU – PREMIO NOBEL DE LA PAZ 1984

junio 23, 2014 § Deja un comentario


Buen consejo, válido para todos, especialmente en estos momentos de crispación política, social e individual.

Marcial Rafael Candioti IV - Mi Legado: Humanidad, Solidaridad, Independencia, ¡LIBERTAD!

09- MEJORA TU ARGUMENTO

Ver la entrada original

TISA: El nuevo Tratado secreto del nuevo orden mundial.

junio 23, 2014 § 1 comentario


TISA: El nuevo Tratado secreto del nuevo orden mundial.

¿Será verdad? No me extrañaría. Mis lectores saben que nunca he sido muy partidario del conspiracionismo ni del sensacionalismo baratos, aunque sí de la curiosidad científica e investigadora, de la prensa crítica e independiente y de determinados contenidos que, por su recurrencia, parecen tener al menos cierta verosimilitud, anunciados por los partidarios de la inminente llegada de un distópico “nuevo orden mundial”, sostenido por opacas instituciones como el Club Bilderberg y de sus opciones ideológicas a favor de la desregulación financiera. La coyuntura actual de crisis internacional y de situación de “guerra económica”, dominada por la hegemonía cultural del pensamiento único, hace plausible la firma de un tratado de este estilo. No se trata sino de seguir la línea ultraliberal de los instrumentos internacionales de “liberalización del comercio” tipo GATT, OMC, en favor no sólo de sustraer el control del comercio internacional de las grandes corporaciones a los organismos democráticos de los Estados o a organismos políticos supranacionales de integración regional -como la Unión Europea- o mundial -como Naciones Unidas-, con cierta legitimidad democrática o moral, siquiera “representativa” o indirecta, sino al propio Derecho y a los Tribunales tradicionales de los Estados-Nación, entregando las disputas que genere el “autocontrol” del comercio mundial corporativo a la ya existente lex mercatoria -el Derecho mercantil transnacional de facto aplicado por las grandes corporaciones no sólo en sus relaciones, sino en las relaciones con los Estados, de manera similar a lo que las entidades  financieras aplican a sus ciudadanos con sus contratos de adhesión, algunos de ellos contrarios a la legislación vigente,  y que sin embago son dados por válidos por la práctica judicial y arbitral de los Estados constitucionales- y a instituciones arbitrales patentemente antidemocráticas. La evolución del poder de las grandes corporaciones y el debilitamiento de los Estados-Nación, de las organizaciones supranacionales clásicas y de su control democrático por parte los ciudadanos es un hecho patente, y no es de extrañar que conduzca a escenarios como los que se pueden presentar tras la firma del Tratado mencionado; de acuerdo con lo afirmado anteriormente sobre el poder de las corporaciones y de la lex mercatoria, así como con las constantes demandas de “flexibilidad” y desregulación económica que las corporaciones dirigen a los Gobiernos, con el Tratado la situación de preeminencia de aquéllas que se da en la actualidad de facto pasaría a una situación de iure, que comprometería, a mi modo de ver, la propia concepción del  Derecho positivo, tanto nacional como internacional. Éste pasaría de ser la expresión jurídica -en forma de un sistema de premisas y argumentos estandarizados- de una voluntad política muy influida por las élites económicas (lo que es el Derecho en la actualidad,  a mi juicio), a la expresión directa de la voluntad económica corporativa, sin legitimidad de ningún tipo, al menos desde mis principios de filosofía moral y política, que coinciden con la tradición política democráctica occidental basada en la idea -hoy ficción- del contrato social.

La información que posteo en el  enlace de arriba ha sido contrastada con otras fuentes de periodismo “no oficialista”, incluyendo un artículo aparecido la semana pasada en el periódico francés Le Monde Diplomatique del 20 de junio, sobre la firma secreta de un Gran Tratado Transatlántico. Por si alguien tuviera dudas al respecto, os dejo el enlace de su edición digital: http://www.monde-diplomatique.fr/dossier/GMT. Dios nos salve del triunfo del llamado “nuevo orden mundial” y del renacimiento del becerro de oro, si es que existe tal y como lo conciben los partidarios de las teorías conspiracionistas que vienen alertando sobre el mismo desde los inicios del siglo pasado. O tal vez estemos ahora ante los últimos tiempos de la Historia de la Humanidad, pero de verdad, no como dijera Fukuyama; es decir, y aunque me tachen de loco, los tiempos preconizados por el Apocalipsis: la llegada de la bestia -que es un poder político, según una buena exégesis neotestamentaria-, en cuya cabeza estaría el Anticristo -un personaje político contrario a todos los valores representados por la Cristiandad- y todos los males anunciados por el último Libro de la Biblia. Aunque los cristianos sabemos que al final la historia acaba bien, para aquellos que no se doblegan a las servidumbres del mundo, representado hoy por la tiranía del dios Dinero legitimado por el pensamiento único de la economía oficial, convertida en ciencia omnicomprensiva y explicativa del todo.

En cualquier caso, vosotros juzgaréis. Pero por mi parte, que Dios nos pille confesados.

 

Fdo./Signed by: Pablo Guérez, PhD

@pabloguerez

 

TREINTA MONEDAS. Carta abierta a S.E.R. Ignacio Ducasse, Presidente de la Conferencia Episcopal Chilena.

junio 23, 2014 § Deja un comentario


Imagen

 

Acogiéndome al derecho de cita, para mayor conocimiento de mis lectores, he considerado interesante postear abajo las declaraciones de Monseñor Ignacio Ducasse, Presidente de la Conferencia Espiscopal de la República de Chile, en formato similar al que me fue retwitteado a mi cuenta particular de Twitter hace unos días. No en vano he escogido estas declaraciones por proceder de una persona que vive en un país cuyo pensamiento económico se fundó durante muchos años en las corrientes doctrinarias más ultraliberales e incluso antidemocrácticas de la Escuela de Chicago, perfectamente compatibles con una dictadura como fuera la chilena, o las actuales dictaduras del competitivo Sudeste asiático. En ellas se aborda la espinosa cuestión del valor o el precio de las personas, en relación con el mercado del fútbol. Más bien sobre el precio, porque, como bien dijera Antonio Machado, “todo necio confunde valor y precio”. Mi intención con esta Carta, a la que puede que le sigan más desarrollos, es ir mucho más allá, y expresar mi opinión sobre la diabólica inversión valorativa que se ha producido en nuestras sociedades posmodernas, en las que todo se compra y se vende. También la vida y la dignidad. Y ya no “sólo” en el Tercer Mundo, sino en todo el ancho mundo. Más aún, el mercado y la compraventa constituyen para nuestras sociedades y economías actuales lo que algunos filósofos o sociólogos del siglo pasado habrían llamado “la cifra” (Jaspers) o “la relación comunicativa por excelencia que conforma la identidad social de nuestros sistemas y subsistemas sociales” (Luhmann).

 

Eminencia:

En pocos casos como en los deportes-espectáculo, S. S. el papa Francisco, a pesar de su procedencia argentina, se ha mostrado tan crítico con el fenómeno que se da, no sólo simbólicamente, como S. E. explica tan bien en sus declaraciones, de la tasación de la vida humana. Sobre esto, que creo que se sitúa en el centro de su mensaje, y no sobre el fútbol, quería compartir con S. E. una serie de reflexiones, no sin antes dejar de expresar mi opinión sobre la gran razón que tienen, a mi juicio, la mayoría de las personas que en Brasil, país donde el fútbol es vivido por muchos como una pseudorreligión, con ocasión de este mundial, han manitestado una postura muy crítica en torno a la suntuosidad de los gastos públicos realizados a mayor gloria del evento, teniendo en cuenta la situación de extrema desigualdad y de pobreza que asola al país.

En cuanto a la cuestión de fondo: el valor de la persona y su tasación. Procedo de un país todavía más cohesionado que el de Su Eminencia, España, y al que todavía nos atrevemos a definir como “desarrollado”, solamente porque mantiene un régimen democrático formal y las desigualdades, aunque graves, no son extremadamente sangrantes. Sin embargo, si seguimos el ritmo que llevamos en Europa -especialmente en Europa del Sur-, sometiendo nuestra política, nuestras propias personas y nuestra dignidad a los dictados de los mercados financieros, o a las “economías idolátricas”, como las denominara recientemente el papa Francisco, acabaremos llegando a una situación social en la que se junten, además de la crisis de fe propia del Primer Mundo, la pobreza y la miseria propias del Tercero. Ya antes de que se produzca esta situación, muchas personas en situación de desempleo y en riesgo de exclusión social, anteriormente “socialmente integradas” en un sistema capitalista con contrapesos sociales, nos sentimos pisoteadas en nuestra dignidad, y con razón. Es algo más que un sentimiento de privación, de inutilidad y de carencia de valor, algo de por sí suficientemente grave como para despertar la conciencia colectiva de un pueblo en torno a la cuestión de que su economía no puede seguir cimentándose en los mismos engranajes -pues no me atrevo a llamarlos principios- que han llevado a nuestro país al borde de la ruina económica y moral. Se trata de una crisis que ha golpeado en Europa de un modo especialmente duro a los países del Mediterráneo, los por algunos llamados “PIGS”. En este sentido, resulta muy significativo que personalidades de la máxima autoridad moral, comenzando con S. S. el papa Francisco, S. M. el rey Don Juan Carlos I, S. M. el rey de España Don Felipe VI, el Presidente de la República italiana Giorgio Napolitano, así como políticos de diversas posiciones ideológicas que merecen todos mis respetos, como el ex primer ministro italiano democristiano Enrico Letta o el candidato a la Presidencia de la Comisión Europea Tsipras por la Izquierda Unitaria Europea-Izquierda Verde Nórdica, por poner sólo algunos ejemplos, hayan tenido en el centro de sus mensajes sobre el desempleo la misma idea: la pérdida prolongada del empleo acaba afectando no sólo al país, por cuanto el absoluto desprecio de los mercados y de los llamados “emprendedores” del talento de varias generaciones muy preparadas y, en muchos casos, hipercualificadas, conducen a la pérdida irreparable de una oportunidad histórica para el progreso del país en términos de desarrrollo, sino, sobre todo, porque dicha situación prolongada de desempleo nos ha llevado a muchos a ese sentimiento legítimo de pérdida de nuestra dignidad.

No soy yo quién para hablar de deuda, cuando la deuda de los países mediterráneos, tanto pública como privada, no se acerca ni de lejos a la injusta deuda que el Tercer Mundo mantienene como una losa frente al Primero, y que en la mayoría de las ocasiones no va a poder pagar si no media una condonación total o parcial. Como ciudadano comprometido con mi entorno social que nunca he dejado de ser, en mis tiempos de bonanza, creo hice lo que pude para exigir a nuestros gobiernos, responsables -que no causantes, que es distinto, pues los causantes son los principales mercados occidentales de materias primas-, la condonación de la deuda. Hoy resulta absolutamente imposible abogar por un comercio justo en una economía regresiva cuyo curso sólo se explica por la especulación de unos pocos. Así que, Eminencia, si le llegan estas breves líneas, le diría que tiene razón en el mensaje, pero que “el mundo” -tal y como lo entendió conceptualmente el evangelista San Juan-, no se rige ya por estos criterios. El ampuloso discurso de la tradición jurídico-política del Norte occidental, en el que nuestros mediocres políticos repiten incansablemente palabras y expresiones ya desgastadas como “dignidad humana”, “dignidad de la persona”, “derechos humanos”, “derechos sociales”, muchas de las cuales encontramos en nuestras leyes y en nuestros textos constitucionales, resulta ya hueco y falto de toda credibilidad. A diferencia de tiempos pasados, no se rige en parte por estas leyes, sino por el capricho y los dicterios de “los mercados”, a los que hay que satisfacer como a “ídolos”, sacrificando públicamente ante sus altares, por ejemplo, la dignidad, la salud, y la integridad física y moral de personas que han perdido su empleo por causa de una crisis que ha sido causada por el hombre, y que, utilizando las palabras que empleara J.F. Kennedy tras la victoria de la cordura frente a la locura tras un oscuro episodio de nuestra Historia mundial no tan lejana, “es el hombre el que debe resolverla”. En en mi país, muchos no podemos pagar deudas contraídas con entidades usureras que tienen, de facto, mayores derechos que nosotros, a los que se nos considera ciudadanos. En este contexto de pérdida de empleo, peso de la deuda y pérdida de expectativas de lograr una vida digna, que afecta de un modo sangrante a personas jóvenes y no tan jóvenes, de pérdida de derechos básicos como el derecho a la educación o el derecho a la sanidad, cuando no de “derechos formales” como el derecho de manifestación o la libertad de prensa -incluida la propia libertad religiosa cuando lo que se diga en su amparo no convenga a los intereses financieros-, muchos hemos sentido que hemos perdido la dignidad, y por qué no, la vida. Quizá no estemos muy lejos de un escenario distópico en el que por fin se diga claramente lo que cuesta cada ser humano por parte de un Gobierno mundial tecnológico de tintes totalitarios, como muchos se aventuran a prececir. Aunque no se trata de algo completamente nuevo, pues siempre se puso precio a la vida de los hombres por parte de los hombres. Personalmente, mi posición es que no vivimos en democracias reales, sino, a lo sumo, en democracias reales que respetan algunos derechos mientras su ejercicio no les sea demasiado incómodo a los poderosos, que son los que verdaderamente nos gobiernan; élites -y ya es atribuirles una cualidad moral que dudosamente poseen- plutocráticas; estamos ante un gobierno de los mercados, pero que no es el exigido por la tradición del constitucionalismo social del siglo XX, que demanda un gobierno de los mercados ejercido por representantes políticos elegidos democráticamente, en la línea de defender una recuperación de la primacía de la política frente a la economía que reclamara hace poco el papa Francisco en su entrevista. Por el contrario, nuestro sistema socio-económico-político, o simplemente nuestras sociedades, están regidas por un gobierno de los mercados ejercido desde éstos, por éstos y para éstos, con instituciones que les bailan el agua, y frente al cual los antiguos valores defendidos tanto por ideologías políticas tradicionales “de derechas” o “de izquierdas”, que antiguamente podían haber servido de contrapeso al pensamiento único y a la hegemonía cultural del mismo expresado por la primacía de la economía como ciencia comprensiva de la totalidad de la realidad social actual, ya no cumplen ninguna función de contrapeso al afán de codicia del ser humano. Algo similar sostiene el propio papa Francisco, cuando dice que vivimos en “economías idolátricas”, que ponen precio a la vida y a la dignidad humanas. En cuanto a la mía, ya sé su precio, y corresponde exactamente a la cantidad que debo a las entidades financieras. El propio Rey Felipe VI de España, por su parte, en su discurso de inauguración de su reinado en las Cortes Generales, habló de los efectos de la lacra del desempleo, que han llegado, en sus propias palabras, hasta el punto de que muchas personas hayan perdido su dignidad como tales, y de la responsabilidad colectiva del Estado y de la sociedad civil en orden a que estas personas seamos “recuperadas” para el bien de la comunidad. El nuevo Rey juró defender los derechos “de los ciudadanos y de las Comunidades Autónomas”, y, que yo sepa, los que mandan, las entidades financieras y los mercados no son “ciudadanos ni Comunidades
Autónomas”. Y, sin embargo, me encuentro personalmente en la paradoja de que pronto seré juzgado por las autoridades humanas de este país en su nombre, y condenado. Recordando a Shakespeare, sólo podré ofrecer una libra de mi carne como tributo a las entidades usureras que me demandan. Algo anda podrido en este país y en el sistema económico mundial cuando se permiten estas cosas, y, personalmente, me va bastante bien si me comparo con otras personas que han sido tasadas por los créditos hipotecarios, y se ven ahora desahuciadas y con el peso de la deuda, como he expresado antes. Y no digamos frente a personas del Tercer Mundo que mueren todos los días literalmente por un puñado de dólares al amparo o bajo la complicidad de los gobiernos del Primer Mundo, los cuales dicen defender “sus intereses nacionales”, cuando realmente lo que defienden son los interereses de unos pocos. En fin, no quiero extenderme más. No creo haber dicho mucho más de lo que ya todos sepamos, y que algunos defienden, otros criticamos, y a otros les resulta indiferente. No creo en la justicia humana, y apelo a la justicia y a la misericordia divinas. Porque, como no me corresponde a mí juzgar, si a mí, y a muchos, no se nos ha hecho justicia en este mundo, como dice la sabiduría de los Salmos, “el Señor me hará justicia”.

A modo de epílogo: lo que escribo en esta carta quiero hacerlo sin rencor ni resentimiento a los que me juzguen, aunque me resulte difícil, pues, como he dicho antes, no me correspode a mí juzgar, y está escrito: “no juzgues, y no serás juzgado”. Dicho lo cual, la correción fraterna me aconseja, es más, considero que me obliga en conciencia a denunciar las graves inversiones valorativas del mundo de hoy regido por el dios Dinero, en la línea expresada por el propio Santo Padre. Mi Dios, espero que sea siempre el Dios crucificado. El Dios que se rebajó a la altura de los hombres, y no precisamente a la de los más ricos. El que siendo rico, se hizo pobre, haciéndose en todo semejante a nosotros, salvo en el pecado. Su Vida, precisamente la de Aquél inocente que era y que es la Vida, también fue tasada por los hombres: concretamente en treinta monedas de plata. Mi vida y mi dignidad están hoy tasadas en unos cuantos miles de euros. Suficientes para que me maten en el Tercer Mundo o para que en el Primer Mundo me perdonen la vida pero me condenen a la muerte civil. También Nuestro Señor sintió la infamia, el ostracismo de Su pueblo y el abandono de los suyos, hasta el punto de exclamar: “Me muero de tristeza” (Mt 26, 38). Por no mencionar el grito de abandono al Padre justo en el momento más doloroso de Su Crucifixión (Mt 27, 46). La Pasión de Nuestro Señor Jesucristo es lo único que puede confortarme en momentos vitales en los que uno parece tener que enfrentarse solo a las estrcuturas de poder y de pecado, como las denominara el papa San Juan Pablo II. Y, claro, la impotencia y la amargura, cuando no cosas peores, se apoderan de mi espíritu, que va atravesando sin cesar noches oscuras, malas noches en malas posadas…. Solamente contemplar la comparación entre ambas “tasaciones” debería hacerme desfallecer, no ya por la cuantía, sino por la meditación sobre la Bondad y la Majestad de Quien fue entregado aceptando el precio de la traición por nuestra causa, desde la conciencia de mi miseria como hombre pecador. Tal vez quisiera el mundo sojuzgado por el peso de sus deudas y sus culpas -por cierto, la raíz etimológica de ambos términos es en muchos idiomas la misma, y la historia de la liturgia cristiana los ha intercambiado muchas veces, como en el rezo del Padre Nuestro-, no ya sólo saber, sino experimentar, lo que Dios ha hecho por mí, y que ahora, sin embargo, en una situación de grave desánimo, apenas puedo recordar con alegría. A veces no es culpa nuestra. Los sentimientos, simplemente, aparecen, y también el desánimo, la desesperación frente a un Dios silente que, como en muchos de los Salmos de David, parece dar la espalda al hombre afligido y cercaado por sus enemigos. Pero Dios actúa en el mundo, y siempre tiene la última palabra. Porque Él, que era inocente, por mí, por ti, y por todos los hombres, aceptó el precio de la ignominia, de ser contado entre los criminales, para salvar a toda la Humanidad. Con ello no sólo pagó la antigua deuda de Adán, sino todos nuestros pecados y nuestras culpas, justificándonos por Su Pasión y Su Cruz ante Dios Padre, y regalándonos el don de la filiación divina por adopción: ¡Qué alejado parece este discurso de la mentalidad contemporánea y del pensamiento economicista que parece vertebrar nuestros sistemas socioeconómicos y políticos! Y es que el Amor sin límites es el Único que nos puede salvar, como nos recordó recientemente el papa Francisco en una de sus últimas publicaciones. Sobre todo en los momentos de tribulación, de prueba, de humillación, de vejación y aun de pecado, volvamos nuestra mirada a Jesús compasivo y misericordioso, crucificado, y a la Cruz, y unámonos solemne y silenciosamente al canto de la antífona del Oficio de la Adoración de la Cruz de la Liturgia del Viernes Santo, “mirad el árbol de la Cruz, en el que estuvo clavada la salvación del mundo”. Porque Jesús no se bajó de la Cruz, hasta que todo estuvo consumado. Ayer celebrábamos en España la Solemnidad del Corpus, del Misterio Eucarístico de la Sangre y del Cuerpo de Cristo. Pidámosle a Él, que ha querido quedarse en este Sacramento como Memorial de su Pasión que nos conceda, como reza la liturgia final de la Adoración Eucarística, venerar siempre los sagrados Misterios de Su Cuerpo y de Su Sangre, de tal modo que experimentemos siempre el gozo de Su Redención. Pidámosle a Jesús también, a través de su Madre, Mediadora de todas las gracias, y al Espíritu Santo Defensor, poder contemplar con los ojos de la fe la verdad de que una sola gota de la Sangre de Cristo derramada por nosotros vale infinitamente más que todas las deudas y todos los pecados de todos los hombres cometidos durante la Historia de la Humanidad, desde su comienzo hasta su final. Él ha pagado por nosotros a Dios Padre, y el Padre le ha hecho Señor de todas las cosas. Dios es el verdadero dueño de todo lo creado. Dios quiera que podamos experimentar la alegría de que su Hijo Jesucristo pagó y satisfizo por nosotros, de una vez para siempre, nuestras deudas. Por el inmenso Sacrificio de Jesucristo éstas están pagadas ante la Justicia divina, y nosotros en amistad con Dios. Y, recordando a San Pablo, si Dios está con nosotros… ¿Quién contra nosotros?

Ruego, Eminencia, rece por mí, para que lo que acabo de escribir pueda calar en mi corazón como lluvia fina, y por todos los que en estos momentos experimentamos un ataque constante a nuestra dignidad como personas en una sociedad inhumana, que se desentiende arbitrariamente de las aportaciones que le podemos y debemos prestar, para que nosotros, los excluidos, llenos de nuevo del Espíritu Santo y de Sus siete dones, especialmente del don de fortaleza, y con Sus frutos de paz y gozo, podamos experimentar de nuevo la alegría de nuestra salvación, en nuestra conciencia de sabernos Hijos perdonados y amados por Dios.

El Señor le bendiga, le guarde de todo mal y le lleve a la vida eterna.

 

Pablo Guérez Tricarico

@pabloguerez

 

Mundial FIFA Brasil 2014 debe recordar que la persona no vale por el dinero, expresa Obispo

Mons. Ignacio Ducasse. Foto: iglesia.cl
    Mons. Ignacio Ducasse. Foto: iglesia.cl

SANTIAGO, 19 Jun. 14 / 03:28 am (ACI/EWTN Noticias).- El Secretario General de la Conferencia Episcopal Chilena (CECh),   Mons. Ignacio Ducasse, expresó su deseo de que el mundial de fútbol que se disputa estos días en Brasil sea una oportunidad para recordar que la persona –incluyendo el futbolista-, vale por su dignidad humana y no por su condición física o la tasación de su pase.

En un artículo publicado en el sitio Iglesia.cl, el Prelado destacó los valores que inculca el deporte, así como los beneficios económicos que trae a las personas que trabajan alrededor de los espectáculos deportivos.

“Muchos piensan que los tiempos de ir al fútbol en familia son parte del pasado. Explican que la violencia ahuyentó a la familia de los estadios y que la tecnología nos lleva el espectáculo deportivo a la comodidad del hogar. Sin embargo, el público no decae y son múltiples las industrias que se benefician con el fútbol, desde la industria de los mega-auspiciadores globales, pasando por las grandes redes de televisión, hasta los vendedores de comida y los acomodadores de autos”, afirmó.

Asimismo, recordó que “en la competencia futbolística se aprende a trabajar en equipo y a promover el respeto, que cada uno puede desplegar con sus mejores talentos. ¡Cuántas veces el fútbol ha sido capaz de silenciar metrallas y superar barreras políticas, económicas, idiomáticas y culturales!”.

“El fútbol enseña a ser leales, coherentes y consecuentes con la palabra empeñada, capaces de levantarnos con esperanza para volver a la lucha cotidiana”.

Sin embargo, “también en el deporte el egoísmo humano puede ensuciar hasta la más sana y noble de las ilusiones. Cuánto talento juvenil termina enmarañado en las usureras redes del tráfico de talentos. Cuántas veces la competencia se ensucia con límites extremos y violentos”.

Por ello, expresó su deseo de que el mundial de fútbol sea “una buena oportunidad para recordar que los seres humanos valen por su dignidad de personas, no por su condición muscular ni la tasación de su pase. Y que los verdaderos triunfos en la vida se logran a punta de esfuerzos colectivos y no exentos de sufrimiento. La vida no se resuelve por penales”.

 

Etiquetas: BrasilChileDeporteIglesia en ChileDignidad humanaMundial Brasil 2014Obispos de ChileMundial FIFA Brasil 2014

 

 

¿Dónde estoy?

Actualmente estás viendo los archivos para junio, 2014 en Victimología social, "blaming the victim", teoría social, religión, Derecho y crítica legislativa.

A %d blogueros les gusta esto: