Feliz Pentecostés, Culminación del Tiempo Pascual: Dios no nos ha dejado solos. Su Espíritu habita en nuestros corazones.

junio 9, 2014 § Deja un comentario


 

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Y JESÚS CUMPLIÓ SU PROMESA: FELIZ PENTECOSTÉS A TODO EL MUNDO

 

 

Feliz Pentecostés a todo el mundo. Que la gracia del Espíritu Santo, que es Dios en Persona, se derrame copiosamente sobre todos vosotros, con sus siete dones y sus doce frutos.

Deja que Dios sea Dios: así comienza el título de una canción muy conocida en el ámbito de la Renovación Carismática, así como otras canciones de invocación al Espíritu Santo, y que se han extendido a multitud de grupos de oración, tanto en la Iglesia Católica como en varias Iglesias reformadas, especialmente, la Iglesia Evangélica y las Iglesias reformadas norteamericanas más modernas, en cuyo seno nació aquel movimiento. Es un don que se nos da desde lo Alto, que Jesús, y aun antes los profetas, habían prometido a Israel, pero que ahora se anuncia para todo el mundo. Es un don tan maravilloso que es el mismo Dios, en su Tercera Persona, que quiere habitar en nuestros corazones, con tal de que le hagamos sitio, aunque sólo sea muy pequeñito. Sólo basta, recordando una entrada anterior, que estemos dispuestos a recibirlo con la disposición y el fervor adecuados. Lo demás, lo hará Él, cómo, dónde y cuándo quiera. Por algo es Dios. Nosotros sólo tenemos que fiarnos de Él y dejarle entrar en nuestro corazón. El Espíritu de Dios, si nosotros queremos, puede cambiarnos la vida. Al Espíritu Santo que hoy ha sido derramado sobre mí para el perdón y remisión de mis pecados y para concederme sus siete dones que habré de cultivar, según Su voluntad, dirijo estas palabras, a modo de oración catequética, para que, en lo que puedan, aprovechen y conforten a todos los lectores que se encuentren con ellas, a propósito o accidentalmente -nunca existen accidentes en lo que se refiere al Espíritu, sino Su invisible acción y Providencia-, especialmente a los lectores más probados y necesitados.

Espíritu de Dios, mira nuestros corazones vacíos y extraviados, especialmente los de aquéllos que andamos y sufrimos tribulación; envía tu aliento sobre nosotros, riega la tierra reseca de nuestras almas cansadas y agobiadas y santifíciales con el fuego de tu Amor inagotable. Para que cantemos tus maravillas, Señor. Ven, Espítu Santo, puríficanos, y habita en nuestros corazones, según la promesa de Nuestro Señor Jesucristo. En este Solemnidad en la que la Iglesia Universal conmemora Tu efusión plena como Paráclito a los Once, quienes, a pesar de las apariciones de Jesucristo Resucitado en Espíritu, Alma y Cuerpo gloriosos, se hallaban todavía confundidos, encerrados en el Cenáculo, por miedo a los judíos, tal y como leemos en el realto de “Hechos”, Señor, hemos querido abrirte nuestro corazón: es un corazón contrito y humillado que, como nos enseñaste a través de la sabiduría de los Salmos por Ti inspirados, Tú nunca desprecias. Cambia con la fuerza de tu Poder, que no es otro que el Amor de Dios, como se reza en la oración del profeta Ezequiel, nuestro corazón de piedra por un corazón de carne; destierra en nosotros todo temor, todo odio, toda ira, toda cólera, toda venganza y toda falsa justicia humana. Concédenos Tus siente dones, sabiduría, entendimiento, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios, y, especialemente en estos tiempos tan turbulentos, el don de la fortaleza para resistir toda tribulación, por grande que sea, según Tu voluntad; Tú, que eres Persona y Misterio incomprensible de la Plena comunión del Hijo en la Gloria de Dios Padre, y eres Dios mismo, una de sus Tres Personas, concédenos que, por los frutos de Tu Presencia en nosotros, nuestro corazón y nuestros actos puedan irradiar los efectos de Tus frutos, comenzando por la paz, la alegría, la bondad y la benignidad. Haz que, olvidándonos de nosotros mismos y de los problemas que nos aquejan, te dejemos moverte libremente en nuestro interior, como la brisa ante cuyo fluir se tapó la cabeza el Profeta Elías, que, en señal de adoración a Ti, se cubrió el rostro con su manto, pero pudo sentir Su presencia. Después del Sacrificio de Jesucristo, Tú nos ofreces hoy mucho más que eso: nos ofreces poder habitar en nuestro interior, poner en él Tu morada. Por ello está escrito que muchos profetas desearon ver lo que nosotros vimos, y no vieron; u oír lo qu nosotros oímos, y no oyeron. Tu Santo Espíritu está en el Evangelio de Jesucristo, que es la Palabra viva: ¿Quién habrái imaginado un regalo mejor de Dios? Tenerle en nuestro interior. Ser nosotros Sus templos. Parece el Cielo en la tierra. Si bien el que escribe estas páginas sabe que, para poder sentir con plenitud el don del Espíritu Santo hay que seguir un camino de perfección espiritual, distinto para cada uno -puesto que los caminos del Señor son infinitos-. Estamos en el camino, y el camino está en el mundo. Y en el mundo encontraremos tribulación, enfermedad, desolación, muerte y muchas noches oscuras del alma. Pero recordemos las palabras de Jesús pronunciadas justo antes de Oración Sacerdotal, y no muy lejanas de Su Promesa del envío del Espíritu Santo: “en el mundo pasaréis tribulación, pero no temáis; yo he vencido al mundo”. El Espíritu Santo es Nuestro Paráclito, Nuestro Defensor, y nos dará la fuerza necesaria, si se la pedimos con fe, para sobrellevar cualquier tribulación, por dura que sea o por insuperable que nos parezca. Así que, aunque no lo veamos ni lo percibamos, si invocamos al Espíritu con fe, Éste se manifestará. Si hemos llegado a un punto en el que parece que no podemos resolver nuestros problemas, que no podemos luchar contra las injusticias externas, contra nuestras debilidades, contra el mal que nos ataca por doquier o contra nuestro propio pecado, te rogamos que nos infundas, Espíritu divino, la confianza y la fortaleza necesarias para dejar muchas cosas que no están en nuestras manos en las Tuyas. Pues nada es imposible para Ti. Te pido, para mí y para todo el mundo, que nos concedas el don de dejarte ser Dios; de dejar, como reza la canción de la Renovación Carismática con la que iniciaba mi humilde oración, que Dios sea Dios. Amén.

 

Y ahora, los que podáis y queráis, intentad dejar de pensar en vuestros problemas y descansad en Dios escuchando esta preciosa canción.

 

http://www.goear.com/listen/8085b78/ven-y-descansate-renovacion

 

Feliz Pentecostés a todos.

 

AMDG

 

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