SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS E INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA, ¡EN VOS CONFIAMOS!

junio 28, 2014 § Deja un comentario


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Junio es el mes de la devoción eucarística por excelencia para la Iglesia Católica. La Solemnidad del Cuerpo y de la Sangre de Cristo, así como las devociones al Sagrado Corazón de Jesús y al Inmaculado Corazón de María así lo atesfiguan. Los días 27 y 28 de junio, se celebran, respectivamente, la Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús y la Fiesta del Inmaculado Corazón de María.

La devoción a los Corazones de Jesús y María, de propagación relativamente reciente en la Historia de la Iglesia, hunde sus raíces en las reflexiones teológicas de los propios Padres de la Iglesia, quienes meditaban sobre el costado abierto de Cristo, de donde manaron la sangre y el agua que nos redimió y nos limpió ante el Padre, fruto de un Amor entregado hasta el fiinal. El Corazón de Jesús, divino y humano al mismo tiempo como consecuencia de la unión hipostática que define la propia Persona de Jesús, es la fuente física del Amor y de la Misericordia sin límites de donde brotó la Sangre redentora. Con razón reza una de las letanías a la Divina Misericordia, que ésta se encuentra encerrada en el compasivísimo Corazón de Jesús.

La devoción al Inmaculado Corazón de María hunde también sus raíces en la noche de los tiempos. El de María es un Corazón humilde, obediente, que guardaba y meditaba “todas esas cosas” sobre su Hijo en su Corazón, y al final, un Corazón de dolor traspasado por una espada, según la profecía de Simenón, que fue pronunciada por Simeón en el mismo momento de la Presentación del Niño en el Templo: “en cuanto a ti, una espada te atravesará el corazón” (Lc 2, 35).

Pero la devocuón al Inmaculado Corazón de María conduce siempre a su Hijo, y su Hijo, como Él mismo nos vieno a revelar, al Padre, infinitamente bueno y rico en misericordia. Precisamente la idea de misericordia se encuentra en el centro de ambas devociones. María fue la primera en experimentarla, en cuanto se humilló ante Dios y le bendijo y ensalzó, “porque había mirado la humillación de su esclava” (Lc 1, 48), como proclama la Oración del Magníficat, quizá, una de las más bellas de todos los tiempos. Y es que el origen de la palabra misericordia está lleno de un sentido profundo, cuyo significado es “dar corazón -amor- a la miseria”. Por tanto, Jesús y María se compadecen de nuestro corazón herido, porque “un corazón quebrantado y humillado tú no lo desprecias”, Señor (del Salmo 50, 19). Con nuestra humillación y súplica, los Corazones de Jesús y María pueden obrar milagros en nuestros corazones, que sólo son visibles a los ojos del que tiene fe. Así, podemos exclamar, con el salmista, Señor, “crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme” (Sal 50, 12), a fin de que, para mayor Gloria Suya, para bien nuestro y de nuestro prójimo, el Señor arranque de nuestro pecho el corazón de piedra y ponga en su lugar en su lugar un corazón de carne (vid. Ez 36, 25), como el Sagrado Corazón de Jesús, que sea capaz, en virtu del Espíritu Santo, que es Amor y Comunión puros, de amar como Él amó y como Él nos ama.

 

Promesas principales hechas por el Sagrado Corazón de Jesús a Santa Margarita de Alacoque (ca. 1673):

  1. A las almas consagradas a mi Corazón, les daré las gracias necesarias para su estado.
  2. Daré la paz a las familias.
  3. Las consolaré en todas sus aflicciones.
  4. Seré su amparo y refugio seguro durante la vida, y principalmente en la hora de la muerte
  5. Derramaré bendiciones abundantes sobre sus empresas
  6. Los pecadores hallarán en mi Corazón la fuente y el océano infinito de la misericordia
  7. Las almas tibias se harán fervorosas
  8. Las almas fervorosas se elevarán rápidamente a gran perfección
  9. Bendeciré las casas en que la imagen de mi Sagrado Corazón esté expuesta y sea honrada.
  10. Daré a los sacerdotes la gracia de mover los corazones empedernidos
  11. Las personas que propaguen esta devoción, tendrán escrito su nombre en mi Corazón y jamás será borrado de él.
  12. A todos los que comulguen nueve primeros viernes de mes continuos, el amor omnipotente de mi Corazón les concederá la gracia de la perseverancia final.

 

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Pablo Guérez Tricarico

 

A.M. D.G. 

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