The Fisher King / El rey pescador

agosto 15, 2014 § Deja un comentario


 

A Robin Williams Tribute

 

Grial        Robin Williams     Grial templarios

To Robin Williams, IN MEMORIAM

 

“¿Alguna vez has oído la historia del Rey Pescador?

Comienza cuando el rey era un muchacho que tuvo que dormir solo en el bosque para probar su valor y así llegar a convertirse en rey…

Mientras que pasaba la noche solo, lo visitó una visión sagrada…

De entre unas llamaradas aparece el Santo Grial…símbolo de la gracia de Dios.

Una voz le dijo “Tú serás el portador del Grial para que cure los corazones de los hombres”

Pero el muchacho fue cegado por visiones más grandiosas… de una vida llena de poder, gloria y belleza. Y en este estado de asombro radical…él se sintió por un breve instante… no como un muchacho… sino invencible. Como Dios. Entonces trató de alcanzar el fuego para tomar el Grial… y el Grial desapareció… dejándolo con su mano terriblemente herida por el fuego.

Conforme este muchacho crecía…su herida se hacía más profunda. Hasta que un día… la vida para él perdió el sentido. Ya no tenía fe en ningún hombre, ni siquiera en sí mismo. No podía amar o sentirse amado… estaba tan enfermo de experiencia que comenzó a morirse.

Un día, un bufón merodeó por el castillo del rey… y lo encontró solo. Y siendo un bufón, era ingenuo. Él no vio a un rey… solamente vio a un hombre abandonado… y sufriendo. Y el bufón preguntó al rey, ” ¿Qué te aflige, amigo?” Y el rey contestó: “Estoy sediento y necesito un poco de agua para refrescar mi garganta.” El bufón tomó una copa que estaba al lado de su cama, la llenó de agua y se la dio al rey.

Y mientras el rey comenzó a beber… se dio cuenta que su herida se había curado. Al fijarse, vio que allí estaba el Santo Grial, el que había buscado durante toda su vida. El rey se volteó hacia el bufón y dijo: “¿Cómo has podido encontrar aquello que mis hombres más valientes e inteligentes no pudieron?”

El bufón contestó: “No lo sé. Lo único que sabía era que tú tenías sed” (El Rey Pescador, 1991)

 

Hace tres días, Robin Williams nos ha dejado. No me considero ningún clarividente, pero algo, en lo profundo de mi corazón, me dice que a él, como a muchos, un tercer día le llegará.

Con independencia de la polémica valoración “técnica” del actor, en la que no quiero entrar, Robin Williams fue, para muchas personas de mi generación, un extraordinario acto que supo encarnar como pocos, desde una interpretación tragicómica, personajes problemáticos para la sociedad del stablishment norteamericano, hasta el punto que constituyó una auténtica “espinilla” para la conciencia colectiva de su país. Fue mendigo traumatizado y ex profesor de universidad en El Rey Pescador, mendigo excluido por el “sistema” en Con honores (With merit), periodista humanista en Good morning Vietnam, profesor deshonrado en El club de los poetas muertos o médico filántropo en Despertares. En todas sus interpretaciones dio vida a personajes que cuestionaron abiertamente la servidumbre que conlleva el sueño americano, basado exclusivamente en el triunfo y el éxito individual y material, encarnando valores contrarios a la idiosincrasia norteamericana dominante, tan condicionada por la ética del triunfo a toda costa y fruto de las más radicales corrientes del protestantismo, que en ocasiones debería ruborizarse ante su denominación de “cristiano”: valores de humanidad, de compromiso con los más débiles, de solidaridad y bonhomía. Es precisamente por todo ello, por haberse rebelado contra un sistema social injusto que hace del triunfo en los negocios la norma suprema del desarrollo personal, y por haber encarnado a los más débiles, a los desamparados, a los excluidos por el sistema y el status quo constituido por los “triunfadores”, por los succesful men, aquéllos que se llaman a sí mismos “hombres de bien”, defensores del law and order, los que profanan el nombre de Dios con su apego a los bienes de este mundo, e incluso con la diabólica doctrina poscalvinista de la identificación del éxito material con la salvación divina, por lo que Robin Williams ha supuesto un referente moral para muchas personas de mi generación. Su muerte no debe interpretarse, como proclamarían los defensores del más rancio law and order, como un comportamiento inmoral debido a las drogas, sino como una consecuencia de la incomprensión y el ostracismo social de una sociedad, la estadounidense, privada de referentes morales auténticos. Fue ello lo que condujo al actor, a pesar de su humor desbordante, a la depresión y, con ello, a la desesperación. Cualquier juicio adicional sobre la conducta que haya conducido a su muerte sobra, no sólo desde una perspectiva humana, sino auténticamente cristiana. Mucho menos deben cargarse las tintas por los fariseos de ahora contra su persona. Antes bien, estas personas deberían reflexionar sobre el porqué de su suicidio, sobre las gravísimas causas sociales que han empujado a un hombre capaz de criticar a todo un stablishment y al american dream cautivando a los espectadores tan sólo con una sonrisa. Este antihéroe americano merece, sin lugar a dudas, todos mis respetos, así como mi llanto por su pérdida, junto a las críticas de aquellos a los que “les va bien” a los ojos del mundo, y que, por lo tanto, les es más difícil no caer en aquellas debilidades más visibles para los hombres, pero no en aquellas más graves para Dios, como la envidia, la soberbia, la codicia o el odio. Y a propósito de todo esto, la fortísima exigencia social de “triunfar a toda costa”, el falso mito del self-made man, y el reduccionismo soteriológico del hombre al american dream se han convertido en los Estados Unidos, desde hace ya demasiado tiempo, en una carga illevadera, del estilo de las que denunciara Jesús. Mis pocos lectores saben que no me gusta se políticamente correcto. Una vez más, no lo soy. De las consideraciones que acabo de exponer deducirá el lector fácilmente mi conclusión: Williams ha sido una víctima más de una sociedad despiadada, la cual, proponiendo como única meta y sentido del hombre las cosas de este mundo, es capaz de desacreditar con una brutalidad inimaginable a aquellos hombres que se atrevan a cuestionar el rancio conservadurismo de los epígonos de la llamada “ética protestante”, verdadero escándalo para el auténtico mensaje evangélico. Sé que a más de uno mis palabras podrán parecer muy duras, pero las escribo desde la sinceridad que brota de mi corazón y desde la fe confiada en un Dios que no quiere personas ricas ante este mundo –y mucho menos que alardeen de su riqueza y hagan de ella el bastión de una nueva “religión” basada en las riquezas y el poder, así como en el cumplimiento de un falsa piedad a la cual, pese a la observancia externa de la ley, le falte corazón, como al león de El mago de Oz-; Dios quiere personas ricas ante Él, como Jesús se ocupó de predicar reiteradamente, incluso con mayor crudeza, durante su paso por este mundo.

Anoche, las luces de Broadway se atenuaron para homenajear a un hombre cuya luz iluminó la conciencia de muchos hombres buenos que no quisieron ver en el estado de las cosas la plasmación de la Ley de Dios, sino que se sintieron espoleados por los personajes interpetados por Williams que, desde la alegría y el sentido del humor, cuestionaron el american dream. Más allá de otras corrientes críticas del pensamiento estadounidense –como el llamado “realismo sucio” de Carver-, William supo cuestionar el sistema desde la alegría y la esperanza verdadera, que es la del que no tiene nada y sabe esperar contra toda esperanza. Por ello, a tres días de su muerte, suplico al Dios de la Misericordia y la Clemencia, el único en el que creo, que perdone sus pecados de debilidad debidos a situaciones de desesperación tan fácilmente ignoradas por los llamados “hombres justos”, y que Él le conduzca a la eternidad de Su presencia. Dios quiera que mi oración de intercesión por Robin Williams se una a la de todos los hombres misericordiosos, que, según la promesa de nuestro Señor Jesucristo, alcanzarán misericordia y que, con la intercesión de la Santísima Virgen, cuya gloriosa Asunción a los Cielos en cuerpo y alma celebra hoy con gozo la Iglesia Universal, brille sobre él la Luz eterna. Good bye, Mr. Williams. May you rest in peace.

 

Pablo Guérez, Phd.

Anuncios

Etiquetado:, , , , ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

¿Qué es esto?

Actualmente estás leyendo The Fisher King / El rey pescador en Victimología social, "blaming the victim", teoría social, religión, Derecho y crítica legislativa.

Meta

A %d blogueros les gusta esto: