Jesús: “El que quiera seguirme…”

marzo 2, 2017 § Deja un comentario


“No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt 4:4)

“Pues quien se ensalza será humillado, y quien se humilla será enaltecido” (Lc 14:11)

“(…) Tomad y bebed todos de él, porque éste es el cáliz de mi Mi Sangre; Sangre de la Nueva Alianza, que será derramada por vosotros Y POR TODOS LOS HOMBRES para el perdón de los pecados. Haced esto en conmemoración mía (De la fórmula de la consagración, Misal Romano, ed. española posterior al Concilio Vaticano II, vigente hasta el Primer Domingo de Cuaresma, 4 de marzo de 2017; la mayúscula es mía)

 

Leo en las redes sociales, pero, sobre todo, en LinkedIn, muchos consejos sobre márketing personal, “desarrollo personal” o “coaching personal”, sobre “la vida” más allá del trabajo, sobre presuntos “ganadores” y “perdedores”, y algunos me causan rubor, cuando no decepción o amargura. Vivimos en la llamada “sociedad de la información y del conocimiento”. O, al menos, eso se nos hace creer por la gente de la industria cultural y sus seguidores. En esta sociedad, estamos dominados por la información, veraz o inveraz, mientras muchos alardean de que la nuestra es también la sociedad del “conocimiento” (¿pero, qué clase de conocimiento, también de la sabiduría?  A los que hemos sido formados y nos consideramos hijos de la gran tradición de pensamiento del humanismo, cristiano o agnóstico, en cualquier caso, si se me permite la licencia “pre-post-moderno”, parece que no hemos entendido nada de nuestro papel en esta vida, pero tampoco de nuestra dignidad. En mi humilde opinión se escribe mucho sobre liderazgo, habilidades directivas, “triunfo”, no sólo en los negocios, sino también en lo que, muchas veces frívolamente, otras sólo imprudentemente, se acostumbra a llamar “la vida”. Pero… ¿qué es la vida? Un frenesí, una ilusión, una sombra, una ficción, como escribiera Calderón en La vida es sueño. Justo después de leer estas “cosas del mundo”, me han venido a la mente, sin saberlo, las palabras de Jesús propuestas por la Iglesia para la lectura del Evangelio de hoy, 2 de marzo de 2017, apenas comenzada la Cuaresma: “Quien quiera seguirme, niéguese a sí mismo, cargue con su cruz cada día y me siga. Quien quiera salvar su vida la perderá; pero quien pierda su vida por mí la salvar. ¿En qué le aprovecha al hombre ganar el mundo entero si se pierde o se malogra a sí mismo?” (Lc 9:23-25).

En estos tiempos difíciles, que, en el hemisferio en el que se encuentran concentrados la mayoría de los países ricos del mundo, siguen anunciando la mayor llegada de refugiados desde los tiempos de la Segunda Guerra Mundial, y, a la vez, la pasividad de los gobiernos de los países ricos, es necesario que cada uno, desde su ser, su circunstancia y su ideología y creencias, así como desde su posición social, se comprometa activamente con su hermano. Como meditación general sobre la dureza del camino, como otras (pocas) veces, me ha parecido conveniente publicar unos comentarios al Evangelio de este 2 de marzo de 2017, pasaje que fue leído también el 13 de diciembre del año pasado, un momento de conclusión del inolvidable Año Jubilar dedicado a la Misericordia Divina.

Antífona de la Misa: “El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, que tome su cruz y me siga”.

El pasaje de  es especialmente bonito y significativo, y nos invita a reflexionar sobre nuestro sentido y nuestro ser en el mundo como negación de parte de nuestro ser y entrega a los demás. En el texto que abajo reproduzco, Jesús, después de preguntar a cada no de sus discípulos por  su Persona, anuncia, con una técnica sencilla pero que tiene que ver con muchos caminos seguidos por los ascetas y místicos orientales, desde los maestros rishis de los Upanishads hasta Gautama Buda, desde Lao-Tse a Tich Naht Hahn, Krisnamurti, Tagore o Thomas Merton, el camino más genuino de renuncia al mundo -en el sentido joánico-, de desapego y de entrega a Dios y al prójimo (dicha actitud de desapego puede encontrarse, por ejemplo, en  práctica del baktí en el budismo tardío o en ejercicio de la compasión que ya Schopenhauer  advirtiera maravillosamente en el siglo XIX en algunas Upanishads védicas, o que otro autor de la misma época, de la talla de Tolstoj, afirmara como uno de los núcleos centrales de la ética cristiana, profundamente ligada a la cristología del mensaje, quizá, más reconfortador del Evangelio incluso para los no creyentes, cual es el Sermón de la montaña y las bienaventuranzas). En la propuesta sencilla de Jesús, tal y como la vemos también en el otro sinóptico de Marcos, Hans Küng reconoce la radicalidad de la propuesta de vida de Jesús, contenida en no en un cuerpo jurídico de normas judías, sino en la fidelidad a una Persona, lo que implica una confianza ilimitada en sus promesas, pues sólo Jesús tiene “palabras de vida eterna”, como se nos recordó en el Evangelio del Domingo anterior. “El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, que tome su cruz y me siga”, dice Jesús en un lenguaje profundamente sencillo, y por ello, cuasi paradójico, que encierra una verdad que el mundo no quiere aceptar. Bajo la promesa de falsos respetos humanos y falsas glorias mundanas, como el Poder, el Dinero, o el Honor, el mundo nos presenta estos ideales, frente a los cuales nosotros corremos el riesgo de convertirlos en ídolos. Todas estas cosas, puestas donde no les corresponde, y, más aún, como metas o valores centrales de orientación para la acción moral, esclavizan. Por el contrario, la exigencia de renuncia de sí mismo es muy dura. Pero, en contra de lo que pudiera parecer, no es una propuesta castradora -al menos no lo es si es vivida con confianza desde el principio- sino liberadora. La renuncia al “sí  mismo”, como la propusieron de modo análogo -si bien no igual- las religiones y filosofías orientales, no implica, al menos desde el punto de vista que aquí se sostiene, una renuncia a la propia persona, ni siquiera a la propia personalidad en su conjunto, sino que se concreta en un desasimiento de los apegos mundanos, del “ego” en el sentido más propio del término, para abrir la propia capacidad de entrega y de amor a Dios y al prójimo. Así lo interpretaron los más grandes místicos de Oriente y Occidente, al margen de sus diferentes cosmovisiones, desde el propio Buda -para quien el estado de “samadhi”, meta del yoga como práctica de liberación, no era simplemente un “dejar la mente en blanco”, la “nada”, sino la entrada en una realidad de paz, quietud y muchas cosas buenas, donde la “dukka” -palabra sánscrita traducida muchas veces de forma no del todo exacta como “dolor” o “sufrimiento” por exégetas ortodoxos de la fe católica, y que en realidad engloba muchos más conceptos como el mal moral, la imperfección, etc.- no tiene lugar, sino sólo la esencia del Ser, a veces divinizado, eso sí, como dios impersonal.  Los místicos occidentales como San Juan de la Cruz o Santa Teresa de Jesús, apriorísticamente encuadrados dentro de la Teología dogmática católica, entienden y describen fenomenológicamente la unión con la Divinidad de un modo muy parecido al de los ascetas y místicos orientales, y ello es más que suficiente como para ser optimistas en el avance del diálogo interreligioso y el ecumenismo, corroborando las declaraciones del Concilio Vaticano II, de que “la Iglesia Católica aprecia todo lo bueno, bello y verdadero que hay en otras religiones, las cuales contienen un destello de la Verdad”.

Sin embargo, una de las cosas específicas de la práctica cristiana, al margen de su encaje en una u otra arquitectura cosmológico-teológica, es la experiencia de la Cruz, y su aceptación, que pasa, precisamente, por negarse a sí mismo, a lo que en nosotros no viene de Dios, es decir, por asumir una actitud de abnegación. De nuevo vienen a mi mente las palabras de Jesús: “El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga”. Sabiendo que no se nos ahorrará la cruz, sino que será nuestra cruz, con todos los sentidos y connotaciones que podamos darle, y que pueda aparece con mayor o menor gravedad en nuestra vida cotidiana, la cruz que, unida a la Cruz de Aquél que vino al mundo “a encontrar y salvar lo que estaba perdido” (Lc 19:10), dará sentido al bien que hagamos amando al prójimo como a sí mismo y viendo en las cruces del prójimo la propia imagen del Crucificado, tal y como Jesús mismo proclama en su sermón escatológico en Mt 25 (“estuve hambriento y me diste de comer…”) y al mal que eventualmente hayamos de soportar -que no buscar-, en el Nombre de Jesucristo, por Amor. Una cruz aceptada y soportada por Amor, como la aceptó el Salvador del Mundo es la que, en definitiva, nos ha de dar fuerzas con el aliento del Espíritu Santo, hará presente el Reino en nuestros corazones y, al terminar nuestra peregrinación por este mundo, nos llevará a la vida eterna. Dios nos bendiga y nos dé la fuerza para seguir Sus palabras por el camino que Él nos propone a cada uno de nosotros.

 

 

¡Verdaderamente ha resucitado! ¡Aleluya!

marzo 27, 2016 § Deja un comentario


A mis padres, que me dieron la vida

A todos mis compañeros y amigos presentes, pasados y futuros, a las personas de buena voluntad que se han cruzado conmigo en el camino de mi vida, y a todas las personas que tengo en mi pobre corazón

A los Cardenales, Obispos, presbíteros, diáconos, religiosos y fieles seglares de la Iglesia Católica que tuvieron, tienen, y espero sigan teniendo la paciencia de escucharme en mis momentos de tribulación

A los ministros y pastores de todas las Iglesias cristianas que todavía conservan la valentía y la alegría de trasmitir el mensaje de Jesús Resucitado

A los hombres y mujeres que renuncian al mundo para dedicarse a la vida contemplativa

A los representantes del poder civil

A los atribulados, a los pobres, a los enfermos, a los niños indefensos, maltratados o víctimas de abusos, a las mujeres maltratadas o víctimas de trata, a las víctimas de la violencia y del terrorismo y sus familias y allegados, a los huérfanos y viudas, a los presos, a los cautivos y a las víctimas de cualquier esclavitud, a los ancianos, a las personas con diversidad funcional o con ncesidades especiales, a los raros, a los excluidos, a los que huyen de la guerra, de las catástrofes naturales o de la miseria, y a todas las demás personas víctimas de la cultura del descarte, especialmente a aquellas a las que no puedo ayudar

A los creyentes, teístas y no teístas, gnósticos, agnósticos y ateos

A mis enemigos

Y A.M.D.G.

 

¡Aleluya!

¡Aleluya!

 

 

¿Venís a buscar al Crucificado? No está aquí: ¡Ha resucitado! (cfr. Mc 16, 6)

 

Con la expresión “Verdaderamente ha resucitado”, como respuesta a la exclamación: “¡Jesucristo ha resucitado!” hay constancia histórica que se saludaban las primeras comunidades cristinas y griegas. Costumbre que, más allá del ámbito litúrgico de la Iglesia Católica de rito latino, de la Iglesia ortodoxa y de la Iglesia armenia, se sigue utilizando en algunos países de nuestra más cercana Europa, como Rumanía o Moldavia.

Para la Iglesia Universal, alumbrada por el primer plenilunio de la Primavera, la estación en la que vuelve la vida, la noche santísima de la Vigilia Pascual constituye la celebración más importante del Año Litúrgico.

¡Feliz Pascua de corazón a todos en la alegría de Nuestro Señor Jesucristo Resucitado, vencedor del pecado y de la muerte y dispensador de la nueva y eterna vida que no cesa para todo el que quiera acogerla!

Pero… ¿qué, o a Quién celebramos en la Pascua cristiana?

Como ha expresado de manera muy didáctica el papa Francisco, ninguna teología es capaz de explicar completamente a la manera humana el Amor que Dios ha tenido y tiene por nosotros, cuya manifestación más gloriosa encontramos en el Misterio incomprensible de la Resurrección de Jesús. Esta afirmación del Pontífice debe ser entendida correctamente, en el sentido no de negar valor a las disquisiciones teológicas que históricamente se han sucedido en el campo de la Teodicea o “justificación de Dios”, sino en el de poner el acento en la subordinación de la lógica humana, incluso teológica, a la apertura del corazón, dispuesto a recibir el Misterio por excelencia: la respuesta a “la Pregunta” o “el Problema por antonomasia”. La pregunta sobre la vida y sobre la muerte, sobre lo divino y lo humano, sobre el sentido de nuestra vida, de nuestro dolor y sobre el anhelo de felicidad impreso en el corazón de todos los hombres.

Todas estas cuestiones se unen en misteriosa comunión en el “Exultávit” a la luz del Cirio Pascual encendido esta misma noche, en el lucernario que da inicio de la Vigilia Pascual en el que la luz pascual del Cirio, y que representa la Luz de Cristo, Luz del mundo y para el mundo, Luz “que no mengua cuando se reparte” es multiplicada en un luminar de velas más pequeñitas portadas por los asistentes, mientras se escuchan acordes gregorianos que cantan versos sagrados como “Ésta es la noche de la que estaba escrito: “será la noche clara como el día, el día claro como la noche”; o “¡qué noche tan dichosa, donde se unen el cielo con la tierra, lo humano y lo divino!”  Así, el Misterio de la Resurrección, se abre camino a través de la teología, de la liturgia, del culto y de la experiencia personal de la Presencia de Dios a la verdad última sobre la muerte y sobre los enemigos de la Humanidad: y el mensaje, o, mejor, uno de los mensajes de la Pascua cristiana, es que la muerte no tiene la última palabra. Y como no la tuvo para Jesús, según su Palabra, tampoco la tendrá para nosotros, pues el Amor triunfa sobre la muerte. El mensaje de la Resurrección pascual nos enseña o, mejor, nos muestra, que Dios es un Dios de amor, y que, como dicen las escrituras, es un Dios de vivos, y no de muertos. El triunfo del amor y de la vida es lo que celebramos en la Pascua cristiana, que en su acepción originaria judía significa paso; pero en esta ocasión se trata del paso definitivo hacia una vida nueva, a la vida nueva, a la vida de verdad en el Ser de Dios, que sustenta constantemente toda nuestra existencia. Una vida eterna, incomprensible, misteriosa, que ya ha comenzado, y que, aunque no la entendamos, podemos en ocasiones vislumbrar como la gran promesa de Nuestro Señor Jesucristo, aun en medio de los sufrimientos.

Vivimos tiempos difíciles para la fe, pero, sobre todo, para la esperanza. Las intolerables desigualdades entre personas y Naciones ricas y pobres, las injusticias flagrantes, la pérdida de los valores tradicionales y no tradicionales, las falsas seducciones del mundo de las que nadie, en algún momento de sus vidas, está libre de entregarse, el “silencio de Dios”, tan meditado y sufrido en la tradición de las Iglesias reformadas, pero también en la Iglesia Católica, los azotes de la guerra, las hambrunas, los desastres naturales, la presencia del Mal en las diversas formas de terrorismo, de indiferencia, de arrogancia, de comodidad y de banalidad excluyentes, y otras muchas cosas que “no están bien” en el mundo hacen muy difícil al hombre y a la mujer de hoy, al hombre y la mujer de la Posmodernidad, creer en un Dios. Y mucho más difícil creer en un Dios mecanicista, como lo pensaran filósofos como Pascal o Hume, o en un Dios que se desentiende de la vida de los hombres. Por el contrario, el Dios del que nos habla el cristianismo es un Dios activo, amante, hasta el punto en que es Él mismo, una comunidad de Amor conformada por un Dios-relación, en el Misterio de la Santísima Trinidad. Un Dios trascendente e inmanente, que por su encarnación se ha unido misteriosamente a todo el género humano, como recordaba hace no mucho, en la liturgia de la Navidad, el papa Francisco. Un Dios que vive, experimenta la alegría y la tristeza, se acerca y tiene trato con buenos y malos. Un Dios que se compadece del dolor de los hombres, hasta el punto de cargar sobre sí todos los pecados de la Humanidad y justificarla. Y, al final de todo este camino, un Dios que resucita, y que “va por delante” a prepararnos el camino. Jesucristo intercede en la Eternidad del Padre a través de su Espíritu por toda la Humanidad, tan querida por Dios. En este Año Jubilar Extraordinario de la Misericordia, el Papa nos invita a dejarnos tocar por esta Luz de esperanza, como los primeros cristianos, de los que relata San Pablo que “esperaron contra toda esperanza”. Contra toda esperanza humana. Y es que sólo a través de la fe podemos entrar en la dimensión, realmente ininteligible, de la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.

Pero, llegados a este punto, podríamos preguntarnos: ¿Por qué muchos cristianos no nos alegramos de verdad? ¿Cambiará nuestra vida después de una Pascua más? ¿Nos hará más buenos? ¿Nos hará capaces de soportar los dolores del mundo movidos por la fe en el Resucitado que, en la noche de su Pasión, le dijo a sus discípulos que venció al mundo?

Puede que sí, y puede que no. Pero no por eso los que creemos que Nuestro Señor Jesucristo resucitó de entre los muertos y que, realmente va por delante, a prepararnos el camino del Reino de los Cielos, tenemos una razón práctica, que es fruto de una profunda creencia, que puede darnos razones para la esperanza.

Jesús, que experimentó el dolor físico, psicológico y el abandono espiritual y moral, es consciente de esto. Y sabe que no es suficiente comprender intelectualmente el mensaje de que Él va por delante hasta que este mensaje no llegue a impregnar nuestras almas, todo nuestro ser y nuestras vidas. Porque nuestra vida cristiana depende de que interioricemos lo que significa la Resurrección, aun sin comprenderla del todo. En la vida de la Iglesia que Jesucristo encomendó a sus discípulos, y que, tal y como proclama el Concilio Vaticano II, subsiste a día de hoy en la Iglesia Católica, se da la comunicación de la gracia que Jesús dio a sus discípulos tras su Resurrección. Por medio del Espíritu Santo, que es el Espíritu de Dios, la gracia es capaz de liberar al hombre de todas las cadenas de este mundo que le tienen atado. En la concepción socioantropológica cristiana del ser humano, y sin necesidad de ahondar mucho en profundidades teológicas, la gracia pasa primero el espíritu o alma (pnéuma), de ahí a la mente (psiché) y de ahí al soma (cuerpo). Pero el trabajo de interiorización de sentirnos perdonados, y no sólo, sino amados por Dios sin medida, y en la libertad de los hijos de Dios por adopción, se realiza en buena parte a través de nuestra colaboración y del resto de colaboraciones humanas, misteriosamente gobernadas por la Providencia. Y, en definitiva, es un trabajo espiritual en cuyo progreso siempre estamos en camino, siempre estamos de paso, de “Pascua” en el sentido etimológico judío antiguo. Somos nosotros los que, a través de los signos tangibles de nuestro prójimo, y, en este Año Jubilar de la Misericordia, del ejemplo de los cristianos, los que a veces tenemos que hacer un trabajo difícil: dejarnos sanar por la gracia de Dios. Por su Misericordia. Tampoco Jesús en su vida mortal se sustrajo a las colaboraciones humanas. Sobre este volveré, D. m., en la próxima entrada de carácter religioso, dedicada a la Fiesta de la Divina Misericordia.

Dios no nos ahorra el sufrimiento. Jesús mismo, como recordaba hace unas líneas, se lo dice a sus discípulos en la Última Cena: “En el mundo pasaréis tribulación; pero tened valor: yo he vencido al mundo (Jn 16, 33). El sufrimiento, incomprensible para casi todo el mundo, no deja de ser un Misterio (como la vida, y la vida eterna), que, por lo menos, por lo que el autor de estas líneas respecta, nunca es comprendido del todo. Ninguna teodicea, por elaborada que sea, puede superar el “non liquet” al que los hombres y las mujeres de nuestro tiempo, con siglos de filosofía y teología a nuestras espaldas, de Oriente y Occidente se ven hoy muchas veces abocados como conclusión humana, que, como todas, sólo puede ser provisional. El respetado teólogo católico Hans Küng, movido por una fuerte confianza en Jesucristo, escribía en su libro “Credo” (1990), frente al absurdo de un mundo sin Dios, si bien Dios no nos preserva de todo sufrimiento, sí nos preserva en todo sufrimiento. La Persona de Jesucristo, que vivió y murió por nosotros, nos ha dejado un ejemplo vivo en la Historia del mundo de que el Amor es capaz de ser una razón ética suficiente para dar la vida. Lo que venga después, no lo sabremos hasta que no pasemos, cada uno de nosotros, por la muerte. Por la muerte en Cristo. Pero la fe y la esperanza en las palabras del Hijo del Hombre, como se refería a sí mismo Jesús, que significa “alguien como nosotros” en el original hebreo, y sus palabras, nos invitan a confiar siempre en Dios, que es Padre Misericordioso.

La Resurrección de Jesucristo es la respuesta de Dios padre a a desesperación en Getsemaní, a las burlas y las torturas de los soldados romanos, al camino al Gólgota, de la dolorosa muerte en cruz. En la figura de Jesuscristo desfigurado podemos ver, como proclamaba ayer el papa Francisco en la liturgia del Viernes Santo, a Aquél “varón de dolores” que vive, ama y sufre como consecuencia del Amor verdadero, y en el que tantas veces el Papa nos invita a reconocer a las personas “descartadas de esta sociedad”: a los refugiados, a los emigrantes, a los pobres, a los atribulados, por quienes rezamos en una de las invocaciones de las preces del Oficio del Viernes Santo. Sin embargo, tras el luto de la Semana Santa, la Iglesia nos invita, como en los primeros tiempos, a mirar más allá. Es precisamente la fe en el Resucitado la que mueve la acción (praxis) de las primeras comunidades cristianas de Oriente y Occidente, y la que continúa dirigiendo la barca de la Iglesia hoy en día. Una fe tan firme que sólo puede proceder del encuentro con el Amor que lleva a dar la vida. Jesucristo, con su muerte, ha vencido al mundo y a nuestra propia muerte, y, resucitando, nos ha dado la vida propia de la comunión con la Santísima Trinidad: la vida nueva que brota de la filiación divina por adopción, recibida ordinariamente a través del Sacramento del Santo Bautismo. El Paraíso, cerrado por el pecado del hombre, es de nuevo abierto a toda la Humanidad ya desde el Viernes Santo. Pero con la Resurrección, Jesús nos regala el precioso don de la filiación divina y el don de que, como canta una hermosa canción de la Iglesia Católica, “amigo mío, también a ti, un tercer día te llegará”, de donde es posible volver al “Exultávit” inicial de la Vigilia Pascual siendo más conscientes de los planes del Amor de Dios para la Humanidad, y proclamar, como los Padres de la Iglesia, que “donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia”, y “Feliz culpa, que mereció tan grande Redentor”.

Como en años anteriores, agradeciéndoos las constantes visitas a mi humilde blog desde todos los rincones de la Tierra, aun a pesar de la disminución del número de entradas desde que que yo comenzara a trabajar de manera regular, desde todos los rincones de la Tierra, os envío un mensaje de comunicación pascual en casi todos los idiomas de los países de los que me han visitado, como muestra de gratitud y reconocimiento.

Paz a vosotros. Que no tiemble vuestro corazón, que no se acobarde: Os deseo de todo corazón una Feliz Pascua de Resurrección y un tiempo pascual lleno de gozo y alegría. Cristo ha resucitado: ¡Aleluya!
Please excuse my spelling and syntax mistakes in every language. I will try to wish you happy Easter in all your mother languages.

En expresión inglesa:

Peace may be with you: I wish with all my heart a happy Easter full of joy and a gladness Eastertime. Christ is resurrected, Hallelujah!
En expresión francesa:
La paix soit avec vous: je souhaite de tout mon cœur plein d’allégresse pascal. Le Christ est ressuscité, Alléluia!
En expresión italiana:
La pace sia con voi: Vi auguro con tutto il mio cuore una felice Pasqua e un tempo pasquale pieno di gioia e di letizia. Cristo è risorto: Alleluia!
En expresión napolitana:
A pace sia cu’ voi. Vi auguro con tutt’ el mio core ‘na felice Pasqua e nu tempo pasquale pien di gioia e letizia. Cristo è risorto: Alleluia!
En expresión romanesca:
A pace sia co’ voi, Ve auguro con tutt’ el mio cuore una felice Pasqua e un tempo pasquale pieno de gioia e de letizia. Cristo è risorto: Alleluia!
En expresión catalana:
Pau a vosaltres: Us desitjo de tot cor una feliç Pasqua de Resurrecció i un temps pasqual ple de goig i alegria. Crist ha ressuscitat: Al · leluia!
En expresión galega:
Paz a vosotros: Os deseo feliz de todo corazón unha Pascua de Resurrección llena de alegría pascal e gozo. Cristo resucitou: ¡Aleluia!
En expresión euskera:
Vosotros bakean: The deseo una ematea zoriontsua Pazko eta a tiempo lleno pazko poza eta zoriona. Kristo gora egin du: ‘hallelujahs’!
En expresión portuguesa:
Paz a vosotros: Os desse de todo o coração uma feliz Páscoa da Ressurreição e um Tempo pascal lleno de gozo e alegria. Cristo foi ressuscitado: ¡Aleluya!
En expresión alemana:
Friede sei mit euch: Ich wünsche Ihnen von ganzem Herzen ein frohes Osterfest und eine Osternzeit mit voller Friede und Freude. Christus ist auferstanden, Halleluja!
En expresión holandesa:
Vrede zij met u: ik wens met heel mijn hart een vrolijk Pasen en vol vreugde en blijdschap Eastertide. Christus is verrezen, Halleluja!
En expresión polaca:
Pokój niech będzie z wami: Życzę z całego serca Wesołych Świąt i pełne radości i wesela Wielkanocnym. Chrystus zmartwychwstał, Alleluja!
En expresión danesa:
Fred være med dig: Jeg ønsker af hele mit hjerte en god påske og fuld af fryd og glæde Eastertide. Kristus er opstanden, Halleluja!
En expresión noruega:
Fred være med deg: Jeg ønsker av hele mitt hjerte en god påske og full av fryd og glede påsketid. Kristus er oppstanden, halleluja!
En expresión sueca:
Frid vare med dig: Jag önskar av hela mitt hjärta en glad påsk och full av glädje och fröjd Eastertide. Kristus är uppstånden, Halleluja!
En expresión finesa:
Rauha teille: Toivon koko sydämestäni hyvää pääsiäistä ja täynnä iloa ja riemua Eastertide. Kristus nousi kuolleista, Halleluja!
En expresión islandesa:
Rauha teille: Toivon koko sydämestäni hyvää pääsiäistä ja täynnä iloa ja riemua Eastertide. Kristus nousi kuolleista, Halleluja!
En expresión húngara:
Bárcsak minden a szívem boldog húsvéti és teljes az öröm és a boldogsághúsvéti.Krisztus feltámadott, Alleluja!
En expresión búlgara:
Мир вам: Желая с цялото си сърце щастлив Великден и пълна с радост. Христос е възкръснал, Алилуя!
En expresión rumana:

Pacea să fie cu voi: doresc cu toată inima mea un Paste fericit si plin de bucurie și veselie pascal. Hristos a înviat, Aleluia!

En expresión ucraniana:

Мир вам: Я хочу від усього серця раді Великодня і повний радості і веселощів Великдень. Христос воскресе, Алилуя!
En expresión lituana:
Linkiu iš visos širdies Linksmų Velykų ir pilnas džiaugsmo ir džiaugsmasVelykų.Kristus prisikėlė, Aleliuja!
En expresión letona:
Es vēlos no visas sirds Priecīgas Lieldienas un pilna ar prieku un līksmībuLieldienās. Kristus ir augšāmcēlies, Alleluia!
En expresión estona:
Soovin kogu südamest õnnelik lihavõtted ja täis rõõmu ja rõõm Eastertide.Kristuson üles tõusnud, halleluuja!
En expresión rusa:
Мир вам: Я хочу от всего сердца рады Пасхи и полный радости и веселия Пасху. Христос воскресе, Аллилуиа!
En expresión croata:
Mir s vama: Volio bih svim srcem sretan Uskrs i puna radosti i veselja uskrsno vrijeme. Krist je uskrsnuo, Aleluja!
En expresión eslovena:
Želim si, z vsem srcem vesel velikonočni in poln radosti in veseljaEastertide.Kristus je vstal, Aleluja!
En expresión turca:
Barış sizinle olsun: Ben bütün kalbimle mutlu bir Paskalya ve neşe ve sevinç paskalya dolu diliyorum. Mesih, Alleluia yükseldi!
En expresión azerí:
Mən bütün ürəyimlə xoşbəxt Pasxa sevinc. Məsih elhamdülillah artmışdır deyil!
En expresión afrikáans:
Ek wens met my hele hart ‘n gelukkige Paasfees en vol van vreugde en blydskapPaasfees. Christus het opgestaan​​, Halleluja!
En expresión suajili:
Napenda kwa moyo wangu wote na furaha Pasaka na kamili ya furaha. Kristo amefufuka, Haleluya!
En expresión somalí:
 
Waxaan jeclaan lahaa qalbigaaga oo dhan ku faraxsan Easter ah iyo ka buuxaanfarxad iyo rayrayn Eastertime. Masiixa sara kacay, Alleluia!
En expresión zulú:
Ngifisa ngayo yonke inhliziyo yami ibe Easter ojabulisayo futhi igcweleinjabulonokuthokoza Eastertime. UKristu uvukile, Alleluia!
En expresión malaya:
Saya ingin dengan sepenuh hati yang Paskah gembira dan penuh dengan kegembiraan dan sukacita Eastertide. Kristus bangkit, Alleluia!
En expresión hindi:
मैं दिल से चाहता हूं और पूवीऩ खुशी खुशी खुशी और पूवीऩ के एक बार पूर्ण. ईसा बढ रहा है: पोस्को!
En expresión china:
愿你们平安:我想用我所有的心脏复活节快乐,充满喜悦和欢乐复活节季的。基督复活了,哈利路亚!
En expresión mongola:
Би бүх зүрх сэтгэл, аз жаргалтай Улаан өндөгний баярын болон баяр хөөр.Христ, Alleluia амилсан байна!
En expresión tailandesa:

ฉันต้องการพร้อมด้วยหัวใจของฉันมีความสุขวันอีสเตอร์และวันอีสเตอร์เวลาที่มีความสุขและความสุขพระเยซูคริสต์ได้ลุกขึ้นทหารชรา

En expresión japonesa:
平和はあなたと一緒に:私はすべて私の心幸せなイースターをお祈りし、喜びと喜び復活節の完全な。キリストは、ハレルヤ上昇している!
En expresión tagala:
Gusto ko ang lahat ng aking puso isang Maligayang Pasko ng Pagkabuhay at puno ng kagalakan at kagalakan Eastertime. Si Kristo ay risen, Alleluia!
En expresión papiamienta (Aruba)
Os deseo di todo corason una felice pascua di Resurreccion cu paz. Kristo ha resucitado: Aleluya!
En expresión árabe:
واود ان الجنسين كفالة النجاح من اعماق قلبى عيد الفصح, وقت باسكوال اعادة مليئة غوزو والسرور. السيد المسيح بعثت من جديد: ولندع
 
En expresión hebrea:
שלום לכם: אני מאחל בכל לבי חג הפסחא שמח ומלא שמחה ושמחה חג הפסחא. המשיח קם, הללויה!
En expresión yidis:
אַ וואָסאָטראָס: אָס דעסעאָ דע טאָדאָ קאָראַזאָון ונאַ פעליז פּאַסקואַ דע רעסוררעקסיóן. קריסטאָ המגיד רעסוסיטאַדאָ: ¡אַלעלויאַ!
En expresión esperanta:
Paco estas vosotros: Os Nokto de todo koro una Feliĉa rospis de Reviviĝo. Cristo ha Revivigita: £ Haleluja!
En expresión griega:
Ειρήνη μαζί σας: εύχομαι με όλη μου την καρδιά μια χαρά το Πάσχα και το Πάσχα μια φορά γεμάτο χαρά και ευτυχία. Χριστός έχει αυξηθεί: αλληλούια!
En expresión latina:
Pax vobiscum: Cristus resurrexit, sicut dixit! Halleluihah!
De nuevo, Feliz Pascua a todos,
Pablo
Exultavit de la noche de la Vigilia Pascual (pregón pascual). Desde que acudo a la Vigilia Pascua, siempre me ha emocionado el momento en el que el diácono entona este antiguo canto, como diría San Agustín, de belleza tan antigua y tan nueva. La versión es en lengua vernácula castellana, con estilo gregoriano:
https://www.youtube.com/watch?v=NK6I1JoabRU (pregón pascual gregoriano con subtítulos)
Dos piezas más con el deseo de que concedan paz al corazón:
 https://www.youtube.com/watch?v=llyADThAg5o (Leonard Cohen / Jeff Buckley – Hallelujah (Hannah Trigwell live cover)
Pablo Luis Guérez Tricarico. Hijo redimido por la gracia de Dios el 19 de mayo de 1979
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No sólo de pan vive el hombre…

febrero 10, 2016 § Deja un comentario


“¿Es ése el ayuno que el Señor desea, el día en que el hombre se mortifica? Mover la cabeza como un junco, acostarse sobre estera y ceniza, ¿a eso lo llamáis ayuno, día agradable al Señor? El ayuno que yo quiero es éste: abrir las prisiones injustas, hacer saltar los cerrojos de los cepos, liberar a los oprimidos, romper todos los yugos; compartir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, vestir al que ves desnudo y no desentenderte de tu hermano. Entonces brillará tu luz como la aurora, tus heridas sanarán rápidamente; tu justicia te abrirá el camino, detrás irá la gloria de Jahvé. Entonces llamarás al Señor, y te responderá; pedirás auxilio, y te dirá: Aquí estoy. Si destierras de ti los cepos, y el señalar con el dedo, y la maledicencia; si das tu pan al hambriento y sacias el estómago del indigente, surgirá tu luz en las tinieblas, tu oscuridad se volverá mediodía. El Señor te guiará siempre, en el desierto saciará tu hambre, hará fuertes tus huesos, serás un huerto bien regado, un manantial de aguas cuya vena nunca engaña, reconstruirás viejas ruinas, levantarás sobre los cimientos de antaño; te llamarán tapiador de brechas, restaurador de casas en ruinas” (Is 58, 5-12)

No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios (Mt 4, 4)

Jesús en el Desierto

La Cuaresma es un tiempo de recogimiento, retiro y reflexión para encontrarnos con Jesucristo, desde las prácticas penitenciales que la Iglesia recomienda desde sus primeros tiempos: el ayuno, la oración y la limosna, pero que deben ser vividas con la alegría basada en la esperanza de sus efectos. Se trata de prácticas recomendadas por todas las religiones desde tiempos inmemoriales y que tienden a nuestra purificación, al desapego y al fomento de la vida espiritual. Con ellas, como todavía nos recuerda la liturgia de la Iglesia católica latina, “refrenamos nuestras pasiones”, con el fin mediato de desapegarnos de los bienes de este mundo y elevar nuestra mirada hacia los bienes del cielo, para, sin despreciar los primeros, volver a darles el justo valor que tienen, hoy artificialmente hipertrofiado por una sociedad sin valores y que tiene, precisamente en los bienes de este mundo, su máxima referencia, por encima de las personas o los individuos que deberían componerla. De acuerdo con un espíritu de autenticidad y sinceridad, vivamos esta Cuaresma con una oportunidad de encontrarnos con la Persona de Jesucristo, la que aparece relatada en el Evangelio, cuya Palabra y cuyas acciones muchas veces contrastan con las de sus representantes de la Iglesia Católica, desde los purpurados cardenales hasta los sencillos diáconos. Ellos, muchas veces, como expresó el propio Jesús condenando la actitud de los fariseos, cargan a los demás con cargas illevaderas, cuando ellos no son capaces de tocarlas ni con un sólo dedo. Y también advirtió Jesús a sus discípulos que hicieran lo que dicen los fariseos, pero que no hiciesen lo que éstos hacían, ya que no hacían lo que decían hacer. Parece un trabalenguas, pero es perfectamente entendible: ¡qué lejos están del Evangelio muchos hombres, sobre todo, y también mujeres, que dicen ser “hombres y mujeres de Dios, ley y orden”, y cuánto daño hacen a las personas de buena voluntad, sean éstas creyentes en Jesucristo, en Mahoma, en Moisés o en nadie en absoluto! ¡Y cuánto bien está haciendo el papa Francisco, en la medida de lo que la realpolitik vaticana le pueda permitir, denunciando las actitudes farisaicas y mundanas, en el peor sentido del término, de sus subordinados, a la vez que, con la creación de más de treinta nueve cardenales, intenta equilibrar el predominio de conservadurismo retrógado y, en mi opinión, en muchas veces antievangélico que prima en la Curia Vaticana y en muchas Iglesias nacionales, entre ellas, la de nuestro país, tan dado a los extremismos, aun con buenas intenciones!

Por el contrario, el Jesús en el que yo creo, es el Jesús de los pobres. Es el Jesús de la Misericordia que perdonó a la mujer adúltera, que predicó el perdón incondicional y el amor a los enemigos, que murió perdonando a los que le crucificaron y que le prometió el Paraíso al buen ladrón.  Convirtámonos a ese Jesús y Él nos llevará a nuestro Padre bueno del Cielo, simbolizado en el Padre de la parábola del hijo pródigo que vuelve a acoger a su hijo, o en el propio Jesús en la parábola del buen pastor, que deja las 99 ovejas que le son fieles y se va a por la oveja perdida.

En este Año Jubilar 2016, dedicado a la Misericordia Divina, la Cuaresma, como “tiempo fuerte” de la Iglesia, adquiere una dimensión espiritual especialmente esperanzadora, por cuanto nos invita a llorar nuestros pecados con la esperanza puesta en la Misericordia Divina que todo lo perdona, que es más grande que todas las obras de Dios, y, como rezan las Letanías de Santa Faustina Kowalska, es un Misterio impenetrable, “asombro para los ángeles, incomprensible para las almas santas”. Es un tiempo de gracia penitencial que se nos otorga para ponernos en paz con Dios y con nosotros mismos, y, de esa manera, reconciliarnos con nuestro prójimo. Es el momento para reconciliarnos con personas a las que quizá, por miedo, tibieza o por falsos respetos humanos, no nos hayamos dirigido la palabra, quizá durante años, simplemente para pedirles perdón. El mismo perdón incondicional que el Hijo pidió al Padre en la Cruz para los que le crucificaban, porque no sabían lo que hacían. El papa Francisco nos invita en este tiempo a entrar por las Puertas de la Misericordia de nuestras parroquias y catedrales y conseguir, por pura gracia, el perdón incondicional del Padre que siempre está esperando a su hijo pródigo, por muchas faltas que éste tenga en su haber o en su “debe”. De recibir el abrazo del Padre misericordioso que, como reza la fórmula del Sacramento de la Penitencia, “reconcilió consigo al mundo por la muerte y la resurrección de su Hijo y derramó el Espíritu Santo para la remisión de los pecados, te conceda, por el ministerio de la Iglesia, el perdón y la paz. Y yo te absuelvo de tus pecados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. El Señor te ha perdonado. Vete en paz”.

En relación con esto, se recuerda que este año, con motivo del Jubileo y por Decreto pontificio, cualquier sacerdote puede absolver directamente del pecado del aborto y de cualquier censura que no esté expresamente reservada a la Sede Apostólica.

Nosotros, los cristianos, con nuestra prácticas cuaresmales bien encauzadas conseguiremos olvidarnos un poco más de nosotros mismos y ayudar al de al lado. Precisamente en estos tiempos en los que no nos vienen precisamente bien dadas, pero, justamente por ello, podemos ayudar con nuestro poco a aquellos que no tienen ni ese poco.

En este sentido, es importante destacar que, en buena exégesis neotestamentaria, no pueden desligarse las obras de misericordia espirituales de las obras de misericordia corporales. Así, si bien sigue siendo válida la afirmación de “no sólo de pan vive el hombre”, con la que suele abrirse el período cuaresmal, la frase continúa diciendo “sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. Y en muchos pasajes del Evangelio Jesús, que es la propia Palabra de Dios encarnada, el “Logos” divino, muestra cómo no es indiferente ante el hambre de los hombres, tanto en los milagros de la multiplicación de panes, como en el episodio de la pesca milagrosa “por Su Palabra”, como en la indicación de las obras de misericordia (“tuve hambre y me diste de comer” en Mateo 25), o en la propia elección de la especie del pan para ser tabernáculo de su propio Cuerpo, la noche de su Pasión, en la institución de la Eucaristía.

Precisamente, no sólo de pan vive el hombre porque éste tiene que acordarse que sin la práctica de la justicia y de la caridad no hay pan para todos. La Cuaresma nos recuerda la necesidad de volver, siquiera temporalmente, a las exigencias de una vida sencilla para que todos puedan vivir con la dignidad de Hijos redimidos de Dios.

Pablo Guérez Tricarico

Hijo redimido por la gracia de Dios el 19 de mayo de 1979

 

 

A.M.D.G.

A.I.P.M.

TÚ ERES MI HIJO AMADO, EN EL QUE TENGO PUESTAS TODAS MIS COMPLACENCIAS

enero 11, 2016 § Deja un comentario


© Karl Bloch. El Bautismo de Cristo.

© Karl Bloch. El Bautismo de Cristo.

A mi Padre, el del Cielo, y a mi Padre de la Tierra. Gracias por tanta misericordia

AMDG

AIPM

Los caminos del Señor no son nuestros caminos, así como sus planes no son nuestros planes. Sus jerarquías tampoco son nuestras jerarquías. A Aquél que no necesitaba ser bautizado por ser Él la Palabra de Dios, acudió a Juan el Bautista, quien había dicho de Jesús que “Aquél que viene después de mí pasa por delante de mí, pues era antes que yo”, respecto de Quien el Bautista “no era digno de desatarle el cordón de las sandalias”. Aquél que no necesita el bautismo, por ser Él mismo la Salvación del mundo, acude a Juan para recibir el bautismo en agua y, con ello, para ser ungido por el Espíritu Santo, signo visible de su carácter mesiánico.

Juan, que piensa como los hombres, en un principio se resiste a bautizar a Jesús. Pero ya hemos dicho que Jesús no piensa como los hombres, y para Dios, lo grande es pequeño y lo pequeño es grande, como dirá más adelante con mejores palabras Pablo, invocando la sabiduría de los Salmos (cfr. 1 Cor 1, 25): lo débil de Dios es más fuerte que lo fuerte de los hombres; y lo fuerte de los hombres es más débil que lo débil de Dios. También San Pablo, en la Carta a Tito, se expresa con estas palabras, que destilan esperanza para todos los hombres necesitados de perdón, gracia y conversión, que somos todos: san Pablo: “Él nos salvó, no por nuestras buenas obras, sino en virtud de su misericordia, por medio del bautismo regenerador y la renovación del Espíritu Santo que derramó abundantemente sobre nosotros (…). De este modo, salvados por su gracia, Dios nos hace herederos conforme a la esperanza que tenemos de alcanzar la vida eterna” (Tit 3,5-7). Por la misma razón por la que Jesús quiso ser bautizado a manos de Juan el Bautista, escandalosa para los judíos, Jesús querrá lavar los pies a sus discípulos, para que éstos comprendan que Él ha dado la vuelta a todas las jerarquías humanas, ya procedan éstas de la invención social de las teocracias o de las creencias humanas (antiguamente llamados “respetos humanos”), y que el más grande debe ser el servidor de todos, porque el Hijo del Hombre no ha venido al mundo para ser servido, sino para servir, y dar su vida en rescate de todos (Mt 20, 28). En el episodio del Bautismo de Nuestro Señor, inmediatamente no tardó en escucharse, según los testigos de entonces, la primera teofanía, la voz del Padre, que hoy recordamos y que pone fin al tiempo de Navidad. La segunda, la escucharemos en Cuaresma, en el Tabor, junto a Pedro, Santiago y Juan, testigos privilegiados de la prefiguración de la Gloria de Jesús antes de su Resurrección; litúrgicamente, aunque ello depende de los ciclos, normalmente suele reservarse el relato de esta experiencia para el tercer domingo de ese tiempo. Desde hace ya varios años me conmueven las palabras de la teofanía, que se repite casi igual en la Transfiguración del Señor en el Monte Tabor. “El Espíritu Santo descendió sobre Él en forma corporal, como una paloma, y vino una voz del cielo, que decía: Tú eres mi Hijo amado, en el que tengo puestas todas mis complacencias” (Lc 3, 22).

Señor, permíteme poder abrazar con gozo la pobreza y la castidad a las que quizá esté destinado, si es Tu Voluntad.

Pablo Luis Guérez Tricarico, Hijo redimido por la gracia de Dios el 19 de mayo del año de Nuestro Señor de 1979.

 

ORACIÓN DE COMPLETAS, ÚLTIMA DEL TIEMPO DE NAVIDAD, ANTES DEL DESCANSO NOCTURNO

TIEMPO DE NAVIDAD
ENERO DE 2016

DOMINGO DESPUÉS DE LAS II VÍSPERAS
DOMINGO

COMPLETAS
(Oración antes del descanso nocturno)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

EXAMEN DE CONCIENCIA

Hermanos, habiendo llegado al final de esta jornada que Dios nos ha concedido, reconozcamos sinceramente nuestros pecados.

Yo confieso ante Dios todopoderoso
y ante vosotros, hermanos,
que he pecado mucho
de pensamiento, palabra, obra y omisión:
por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,
a los ángeles, a los santos y a vosotros, hermanos,
que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.

V. El Señor todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Himno: CUANDO ACABAMOS EL DÍA

Cuando acabamos el día
te suplicamos, Señor,
nos hagas de centinela
y otorgues tu protección.

Que te sintamos: contigo
sueñe nuestro corazón
para cantar tus loores
de nuevo al salir el sol.

Danos vida saludable,
alienta nuestro calor,
tu claridad ilumine
la oscuridad que llegó.

Dánoslo, Padre piadoso,
por Jesucristo, el Señor,
que reina con el Espíritu
Santo vivificador. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Al amparo del Altísimo no temo el espanto nocturno.

Salmo 90 – A LA SOMBRA DEL OMNIPOTENTE.

Tú que habitas al amparo del Altísimo,
que vives a la sombra del Omnipotente,
di al Señor: «Refugio mío, alcázar mío.
Dios mío, confío en ti.»

Él te librará de la red del cazador,
de la peste funesta.
Te cubrirá con sus plumas,
bajo sus alas te refugiarás:
su brazo es escudo y armadura.

No temerás el espanto nocturno,
ni la flecha que vuela de día,
ni la peste que se desliza en las tinieblas,
ni la epidemia que devasta a mediodía.

Caerán a tu izquierda mil,
diez mil a tu derecha;
a ti no te alcanzará.

Tan sólo abre tus ojos
y verás la paga de los malvados,
porque hiciste del Señor tu refugio,
tomaste al Altísimo por defensa.

No se te acercará la desgracia,
ni la plaga llegará hasta tu tienda,
porque a sus ángeles ha dado órdenes
para que te guarden en tus caminos;

te llevarán en sus palmas,
para que tu pie no tropiece en la piedra;
caminarás sobre áspides y víboras,
pisotearás leones y dragones.

«Se puso junto a mí: lo libraré;
lo protegeré porque conoce mi nombre,
me invocará y lo escucharé.

Con él estaré en la tribulación,
lo defenderé, lo glorificaré;
lo saciaré de largos días,
y le haré ver mi salvación.»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Al amparo del Altísimo no temo el espanto nocturno.

LECTURA BREVE Ap 22, 4-5

Verán el rostro del Señor, y tendrán su nombre en la frente. Y no habrá más noche, y no necesitarán luz de lámpara ni de sol, porque el Señor Dios alumbrará sobre ellos, y reinarán por los siglos de los siglos.

RESPONSORIO BREVE

V. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

V. Tú, el Dios leal, nos librarás.
R. Te encomiendo mi espíritu.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.

CÁNTICO DE SIMEÓN Lc 2, 29-32

Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz,

porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante todos los pueblos

luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.

ORACION

OREMOS,
Humildemente te pedimos, Señor, que después de haber celebrado en este día los misterios de la resurrección de tu Hijo, sin temor alguno, descansemos en tu paz, y mañana nos levantemos alegres para cantar nuevamente tus alabanzas. Por Cristo nuestro Señor.
Amén.

BENDICIÓN

V. El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una santa muerte.
R. Amén.

ANTIFONA FINAL DE LA SANTISIMA VIRGEN

Salve, Reina de los cielos
y Señora de los ángeles;
salve raíz, salve puerta,
que dio paso a nuestra luz.

Alégrate, virgen gloriosa,
entre todas la más bella;
salve, agraciada doncella,
ruega a Cristo por nosotros.

 

 

AMDG
AIPM

 

Para profundizar:

 

http://www.listindiario.com/puntos-de-vista/2016/01/09/403221/este-es-mi-hijo-muy-amado-el-predilecto

 

NAVIDAD. MENSAJE DE ESPERANZA PARA TODOS.

diciembre 25, 2015 § Deja un comentario


 

A mis padres, por su paciencia, que todo lo alcanza, y por tantas buenas cosas

A todos los hombres y mujeres de buena voluntad

Y AMDG

JESÚS HA NACIDO. FELIZ NAVIDAD.

JESÚS HA NACIDO. FELIZ NAVIDAD.

PRESEPIO DI BAROCCIO

PRESEPIO DI BAROCCIO

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque caminarás delante del Señor, preparándole el camino; anunciando a su pueblo la salvación por el perdón de los pecados. Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, mañana nos visitará el Sol que nace de lo alto, para iluminar a los que habitan en tinieblas y en sombras de muerte, para llevar nuestros pasos por el camino de la paz (Del “Benedictus” de Zacarías, Lc 76-70).

 

Por si alguien todavía no se ha enterado, es Navidad.

Sí, digo bien, por si alguien todavía no se ha enterado. Muchos de nosotros, al margen de nuestras circunstancias personales, familiares o económicas, vivimos en medio de una sociedad en la que estas fechas se caracterizan por el bullicio, las comidas y cenas de empresa, las luces, los anuncios de perfumes y El Corte Inglés, en las grandes ciudadanas. Desde el rico empresario hasta el mendigo que vive entre cartones este invierno dulce que nos ha deparado la climatología en casi toda España, todos son, en alguna medida, conscientes de que son días de celebración.

Otros, a pesar de sus duras condiciones económicas, apenas encontrarán motivos de fiesta y alegría, y otros vivirán estos días como una farsa pequeño-burguesa. Sea como fuere, la Navidad lleva más de dos mil años entre nosotros, y es muy anterior al nacimiento de la burguesía y a muchas de las ideologías modernas. Pero, volviendo al presente, entre la gente pobre, al que escribe estas palabras siempre le sorprende la sencillez de una fe vivida en pobreza y sencillez. Exactamente como en los primeros tiempos del Cristianismo, y como la vivieron aquellos pastores de Belén, testigos privilegiados del nacimiento del Salvador del Mundo.

Entre los pobres, el papa Francisco destacó en su Mensaje de Navidad del año pasado a los migrantes. Este año, junto a los migrantes por motivos socioeconómicos, cobran un protagonismo humano esencial también los asilados y refugiados. En el fondo, a todas estas personas, con independencia de su tratamiento jurídico diferenciado, les une un rasgo común: la carencia de lo necesario para vivir con dignidad y la voluntad de salir a buscarlo fuera de su tierra, muchas veces dejando atrás todo lo que tienen. Salvo su fe. La fe en que, con la ayuda de Dios, tal y como ellos lo entienden, lo lograrán, y se les abrirán las puertas. Es la misma fe que animó a Abraham a salir de Canaán, tal y como había escuchado de Yahvé. La fe que movió a María a decir sí a Dios y a aceptar el milagro y el inefable don de acoger en su seno virginal a Nuestro Señor Jesucristo. La fe que movió a José a no repudiar a María tras haber recibido en sueños el oráculo del Señor que le avisó de que la criatura que María portaba en su seno era fruto del Espíritu Santo.

Sin embargo, nosotros, en la todavía opulenta Europa, o, más bien, nuestros políticos, no han sabido ni han reaccionado a la altura de lo que las circunstancias humanitarias han demandado y siguen demandado. Del mismo modo que en la Belén de hace veinte siglos no aceptaron a Jesús, e, incluso después de su muerte y su resurrección, muchos siguieron sin aceptarlo en su corazón.

Este año, sin embargo, de acuerdo con un espíritu ecuménico, me gustaría que éste un mensaje esperanzador para todos, pero especialmente para los ateos y agnósticos y los fanáticos religiosos. Creo que ambos grupos, por alejados que parezcan, lo comprenderán perfectamente, o al menos, ése es mi propósito desde el respeto a la libertad de cada uno.

El año pasado -o éste, al principio-, publiqué en este blog una entrada titulada “Siempre es Navidad para los que buscan a Dios”. Y es verdad, porque, en un sentido religioso, esto es precisamente lo que los cristianos, sea cuál sea nuestra Iglesia o confesión, celebramos: el encuentro de Dios-con-nosotros (el Emmanuel) en la Persona de Jesucristo, que es, a la vez, encuentro de Dios con el mundo, como diría el teólogo evangélico “dialéctico” Karl Barth. Sin embargo, me gustaría completar esta afirmación en el sentido de que es Él, el propio Dios, su Palabra, como reza el Prólogo del Evangelio de San Juan, el que se hace hombre, y, con su propia humanidad, viene no sólo a restaurar la nuestra a un hipotético estado anterior a una “caída”, sino frente a todas las caídas, frente a todos los pecados de cada uno de todos los hombres y mujeres que hemos habitado este planeta. Con su nacimiento, restaura nuestra naturaleza caída y se hace uno de los otros, semejante a nosotros (en el fondo, eso significa en hebreo/arameo la expresión “Hijo del Hombre”, uno como vosotros, tan utilizada en los Evangelios, y el título que más se atribuye Jesús a sí mismo, pues Él respeta nuestra libertad y deja que sean los demás los que descubran su divinidad tras su humanidad.  Jesús “se hace pecado por nosotros”, como escribe San Pablo en su Carta a los Hebreos, comparte nuestra naturaleza y sus debilidades, conoce el sufrimiento y se entrega voluntariamente, tras una larga agonía psíquica y física, a la muerte en la Cruz, reconciliándonos plenamente con el Padre, mereciendo para nosotros no sólo la vida eterna, que también, sino el don de la filiación divina ya en esta vida, así como el don del Espíritu Santo, Misterio de Comunión del Padre y del Hijo en el Amor.

Navidad es un tiempo propicio para acoger el Misterio de la Encarnación, que nos revela en toda su inmensidad el Amor de Dios. El cual no consiste, como nos recuerda San Juan, en que nosotros hayamos amado a Dios, sino que Él nos amó primero, pues Él mismo es Amor. Ha sido el propio Dios, por iniciativa suya, el que ha decido hacerse uno de nosotros para, como bien se señala en el Evangelio de Lucas, encontrar y salvar lo que se había perdido. En este sentido, y esta afirmación va dirigida más bien a los cristianos fanáticos, Navidad es un tiempo de reconciliación y de amor, pues es en estas fechas en las que el Amor irrumpe en la vida de los hombres como manantial de agua nueva. Y la respuesta al porqué de la misión salvífica no es necesaria buscarla en entes supuestamente superiores al hombre (como “la Serpiente”, “el Diablo”, “Satanás”). Yo aquí no cuestiono la existencia de dichos seres de naturaleza angélica. Simplemente quiero subrayar que Dios se hace hombre, y no ángel, ni ninguna de las nueve jerarquías angélicas reconocidas por la teología rabínica y católico-cristiana ortodoxa. Y que con ello, Dios sella con su pueblo -con todos los hombres y mujeres de todas las épocas- una alianza tan indeleble con la Humanidad, que será consumada en la Cruz y glorificada en la Resurrección, que bien mueve a San Pablo en su Carta a los Romanos, que “estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni lo presente, ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro”.

A Dios, en el tiempo presente, le importamos tanto los hombres que se hace uno de nosotros, pequeño como nosotros. Para predicar lo divino al modo humano y desde abajo, desde lo pequeño, desde la sencillez y la humildad. Y como se hace uno de nosotros, la importancia de dichos seres, así como de las realidades supuestamente “percibidas” o incluso reveladas “privadamente” a algunos hombres y mujeres privilegiados (supuestas “aparescencias”, como bien las describía la mística Santa Teresa, ya sean malas o buenas) deben pasar a un plano necesariamente secundario. Para explicar el mal humano no es necesario un anti-Dios, un “Satanás” que esté todo el rato tentando al hombre “con el permiso de Dios” (Hans Küng, Credo, 1990; Jesús, 2014). Basta el hombre, pues, como diría el propio Jesús en su vida mortal “es del interior del hombre, no de fuera, de donde proceden” muchos males, en relación con su polémica frente a la comunidad judía y su distinción entre animales puros e impuros. La creación, con todo lo que conlleva, incluidos los aspectos más reprimidos por el aparato eclesiástico tradicional, como la sexualidad, es buena. Como todo, si se usa razonablemente y con respeto de la persona (lo cual no equivale necesariamente a decir “según la única e infalible enseñanza del Magisterio pontificio”, y mejor si éste resulta acompañado del “sentir común de los fieles”).

Por el contario, durante su vida pública -e incluso antes, si recordamos el episodio de la Presentación en el Templo- Jesús se somete a las leyes naturales, incluso a las leyes judías de su tiempo, salvo cuando Él, como Norma Suprema, quiere proclamar el Amor como la mayor de las leyes, y ”se salta” las prescripciones rabínicas: efectúa curaciones en sábado, habla con mujeres, y además no judías, se acerca y toca a leprosos, y muchos otros ejemplos que encontramos en los Evangelios canónicos. Come con pecadores, es reprendido por ello por los buenos judíos de su tiempo, tiene trato con publicanos, hasta el punto de escoger a Mateo, recaudador de impuestos, como uno de sus discípulos, y se atreve a proclamar ante fariseos y publicanos que “Los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el reino de los Cielos”. Un reino que Él mismo dice que “está entre vosotros”.

Pues bien, es éste el principal mensaje que tiene la virtualidad de llenarnos de alegría en estas Navidades: el encuentro de un Dios que se hace visible como un niño, como un niño humano, inerme, y que se ha hecho “uno de los nuestros” para acompañarnos durante toda nuestra vida, pues, en puridad, para el creyente, desde que Jesucristo se encarnó, “nadie está ya solo”. A Dios le importamos, y le importamos tanto que se hace pequeño y nace como hombre, como uno de nosotros, para revelarnos su divinidad desde su humanidad.

En el Misterio de la Navidad, Dios no sale a nuestro encuentro con el conocimiento humano, con la gnosis o con la meditación. Nos sale al encuentro en la Persona de su Hijo, verdadero Dios y verdadero Hombre. Y, como Él mismo declaró en su Sermón Escatológico, nos sale al encuentro aquí y ahora en los demás, en sus necesidades espirituales y materiales. En el prójimo necesitado, en el hambriento, en el sediento, en el desesperado, en el atribulado, en el ignorante, en el cautivo, ahí está Jesús, misteriosamente oculto. “En verdad os digo, que lo que hicisteis a cualquiera de estos hermanos, mis pequeños, a mí me lo hicisteis”, dice Jesús en Mt 25.

Que, en medio de los agobios que el mundo suscita en estas fechas, sepamos encontrar un espacio de espiritualidad para el encuentro con el Señor que nace y viene a nuestro encuentro a traernos su paz, la paz que puede saciar las inquietudes del corazón humano y sepamos transmitir a los demás esta alegría, aun en medio de nuestras tribulaciones, de sentirnos amados de un modo tan inefable por Dios que nuestra respuesta sólo puede ser la respuesta libre a la gratuidad a dicho Amor y a tanta Misericordia. Este Año Jubilar, dedicado por el papa Francisco a la Misericordia Divina, es un tiempo de gracia que se nos otorga para volver la mirada a Aquél que ha vencido al mundo y es capaz de perdonarlo todo, con tal de que se lo pidamos. Es tiempo de acoger esa misericordia y de practicarla con los demás, como si lo hiciéramos con el mismo Jesús, según su Palabra.

Que el Espíritu Santo, que, como reza el Credo de Nicea-Constantinopla, habló por los profetas que anunciaron a Israel la llegada del Mesías ilumine nuestros corazones y sepamos entrar, como niños, desvestidos de nuestros ropajes humanos socialmente tan importantes, en el Misterio de la Navidad, acogiendo al otro como nuestro hermano en Cristo Jesús y dando lo que tenemos a quien más lo necesita, pues, como escribió maravillosamente San Francisco de Asís, “es dando como se recibe”.

Feliz Navidad a todos. Paz y Bien.

 

Pablo Guérez Tricarico

 

A continuación os dejo con una versión del clásico “Silent Night” interpretado y grabado hace un año a capela por Fifth Armony, seguida de su interpretación del clásico moderno norteamericano “All I Want for Christmas is You”. Que lo disfrutéis:

 

 

 

Carta abierta de llamamiento urgente a colaborar, también económicamente, con los refugiados

septiembre 17, 2015 § Deja un comentario


©@// Hatice AVCI /Cuenta verificada @HaticeAVCI_ // #Journalist /Documentary. Todos los derechos reservados.

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Advertencia: algunas de estas imágenes pueden herir la sensibilidad del lector

“Reparto” de mendrugos de pan a migrantes hacinados en Hungría

@ From Euronews, 3/9/2015. At Budapest (HU) Train Station. Destination unknown.

 

Homo sum, humani nihil a me alienum puto (Terencio, ca. 165 a. C.)

Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos (Mt 5, 10, ca. 80 A. D.)

Sabed que esa pobre viuda ha echado más que nadie, porque todos los demás han echado de lo que les sobra, pero ella, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir” (Lc 21,1-4, ca. 80 A. D.)

 

Distinguidas autoridades; organismos públicos y privados; compañeros, conocidos y amigos todos:

Como miembro de la especie humana, ciudadano español y europeo (aunque no tenga recursos económicos), candidato a voluntario y/o trabajador de CEAR (Comisión Española de Ayuda al Refugiado) y ex voluntario y miembro de la Junta Directiva del Comité de Ayuda a los Refugiados, Asilados e inmigrantes en el Estado Español, por este orden axiológicamente descendente, os pido que colaboréis con lo que buenamente podáis en conciencia con una ayuda económica a los migrantes, solicitantes de asilo y refugio, ante el drama migratorio que estamos viviendo en Europa. Yo mismo, aunque apenas tengo dinero ni bienes materiales, tengo previsto colaborar a través mi blog http://pabloguerez.com; a tal efecto podéis ver la información contenida en el tercer “widget” colocado a la derecha de la página principal, y referente a las donaciones, así como el texto que figura debajo.

La necesidad de atender a los refugiados se trata, desde nuestro punto de vista, de una obligación de justicia social y de caridad; se trata de hacer justicia a los derechos humanos de los solicitantes de asilo y refugio a través de una obligación moral juridificada que viene impuesta por los Tratados y Convenios internacionales suscritos por España, por nuestra Constitución en su artículo 13.4, y por la legislación concordante estatal, autonómica y comunitaria. Y se trata también de una obligación moral derivada de la virtud de la caridad, en la medida en la que la justicia no sea suficiente para atender a estas personas como demandan su consideración de personas que huyen de conflictos bélicos y los deberes para con nuestro prójimo, directamente derivados de la dignidad humana de los solicitantes de asilo y refugio en la especial situación en la que se encuentran.

Con este propósito, os dejo el enlace directo al  sitio web oficial de CEAR relativo a las donaciones, donde podéis encontrar toda la información pertinente:

https://www.cear.es/colabora-con-cear

La Comisión Española de Ayuda al Refugiado es una asociación privada sin ánimo de lucro, y actualmente constituye la principal asociación privada de ayuda a los refugiados, asilados y migrantes en el Estado Español, tanto por número de voluntarios y trabajadores, como por presupuesto, y colabora activamente con otras organizaciones humanitarias que persiguen los mismos fines.

CEAR, con más de 30 años de experiencia, se define en sus Estatutos como “una organización de acción voluntaria, humanitaria, independiente y plural; inspirada por un profundo respeto a los valores de la justicia, la solidaridad, la libertad, la igualdad, la independencia, el compromiso ético, la pluralidad, la transparencia, la participación y la coherencia”. La defensa de estos principios, desde su fundación en 1979, constituye su principal patrimonio y es la motivación esencial de su trabajo.

La misión de CEAR es defender y promover los Derechos Humanos y el desarrollo integral de las personas refugiadas, apátridas y migrantes con necesidad de protección internacional y/o en riesgo de exclusión social.

En la actualidad CEAR cuenta con el compromiso de 454 personas voluntarias y 154 trabajadoras. Desgraciadamente, recordando la cita evangélica, muy pocos obreros para tanta mies. Pero también cuenta con el compromiso de organizaciones e instituciones solidarias con las personas refugiadas y que forman parte de su Asamblea: partidos políticos, sindicatos, confesiones religiosas y ONG, así como personalidades de reconocido prestigio en el campo de la defensa del asilo y los derechos humanos.

Partidos políticos: Partido Socialista Obrero Español (PSOE), Partido Popular (PP) e Izquierda Unida (IU).

Sindicatos: Comisiones Obreras (CC.OO.), Unión General de Trabajadores (UGT) y la Unión Sindical Obrera (USO).

Confesiones religiosas: Cáritas, Iglesia Evangélica Española y la Asociación Musulmana de España.

Organizaciones Sociales: IEPALA, Asociación Proderechos Humanos de España (APDHE) y Club de Amigos de la Unesco.

De acuerdo con un documento que podéis encontrar en la web de CEAR, “la composición de la Asamblea de CEAR es el fiel reflejo de la pluralidad de organizaciones políticas y de la sociedad civil que se unieron para trabajar porque nuestro país se convirtiera en tierra de acogida y protección de las personas refugiadas. Sinónimo del consenso político y social por la defensa del derecho de asilo y de la voluntad de unir esfuerzos, otorga a CEAR una de sus principales fortalezas: la pluralidad”.

CEAR es una organización sin ánimo de lucro (o NPO, “non profit organisation”, en inglés), declarada de utilidad pública por el Ministerio de Interior. CEAR aplica el régimen fiscal especial regulado en el Título II de la Ley 49/2002, de 23 de diciembre, de régimen fiscal de las entidades sin fines lucrativos y de los incentivos fiscales al mecenazgo. Por este motivo, las donaciones realizadas a CEAR pueden desgravar hasta un 30% de la Declaración del IRPF.

También podéis llamar a los números de teléfono que aparecen en cualquier página oficial de CEAR, pero me permito advertiros de que, por la intensidad del drama migratorio, a lo que se ha sumado un problema de la organización con Telefónica, últimamente están entrando 30 llamadas de cada una.

Si preferís colaborar con la causa de los refugiados a través de otro procedimiento, podéis hacerlo también a través de un listado bastante amplio de organizaciones humanitarias. A modo de listado ejemplificativo, y en ningún caso excluyente, La Cruz Roja, Cáritas, Médicos del Mundo o Intermón Oxfam, o todas las parroquias católicas por Decreto pontificio, también están colaborando, a diverso ritmo y según sus peculiares circunstancias, para facilitar a los solicitantes de asilo y refugio medios materiales y recursos jurídicos para poder afrontar lo mejor posible su nueva situación en la todavía opulenta Vieja Europa.

Como dato no poco relevante -sobre todo para quienes no utilicéis el navegador Chrome de Google y no os hayáis dado todavía cuenta-, hoy, jueves 17 de septiembre de 2015, y no sé hasta cuándo, Google ofrece la posibilidad, en su página principal, de igualar el importe que donéis. Puede ser una forma muy eficaz de donar, sobre todo para aquellas personas, como la que suscribe, que no llegamos al mínimo para declarar por el IRPF, o aquellas exentas de declarar por este impuesto. Por supuesto, siempre existe la posibilidad de donar de forma anónima, en el sentido de que los beneficios fiscales son voluntarios, nunca obligatorios, aunque sí lo es la comunicación de las donaciones recibidas a Hacienda por parte de CEAR o de cualquier otra asociación declarada de utilidad pública.

Confiando en el sentido del deber de justicia social y en la generosidad caritativa que anida en todos vosotros, me despido, sin más asuntos que tratar, hasta la próxima ocasión.

 

Fdo.: Pablo Guérez Tricarico

Feliz Pascua de Pentecostés

mayo 23, 2015 § Deja un comentario


El día de Pentecostés, cincuenta días desde la Resurrección del Señor, los apóstoles se encontraban por enésima vez en el Cenáculo, escondidos, por miedo a los judíos. No habían tenido el valor y la fortaleza -uno de los siete dones del Espíritu Santo-, para ser testigos del acontecimiento más importante de su fe, la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Al menos esto se relata en los Hechos de los Apóstoles y en algunos evangelios apócrifos. Pero la Promesa de Jesucristo, Quien no defrauda, hecha a los apóstoles en varias de sus apariciones después de resucitar de entre los muertos, y el mismo día de Su gloriosa Ascensión a los Cielos, misterio en el cual, como expresa tan bien la liturgia católica latina, la condición humana ha sido tal altamente enaltecida, no podía no cumplirse. Era necesario que la Persona de Jesús ascendiera a los Cielos para que pudiera interceder por nosotros, una vez vencedor del pecado y de la muerte, con Sus llagas gloriosas ante el Padre celestial, nuestro Padre también. Pero Jesucristo también se quedó con nosotros, como recordaremos los católicos en la Solemnidad del Corpus, aunque de forma oculta y misteriosa, en Su presencia real en el Misterio de la Eucaristía. Una vez hubo ascendido el Señor a lo más alto del Cielo, quizá alguno de los discípulos de Jesús sintiera, como yo he sentido más de una vez contemplando esa Fiesta, algo de tristeza o desamparo: ¿nos dejas, Señor? Imagino a Jesús hablando al corazón de sus discípulos de esta manera, o de una manera parecida: -No, no os dejo, os envío al Paráclito, al Defensor, que desde hace tanto tiempo os había prometido, y con Él, que es Dios conmigo junto con el Padre, os doy la fortaleza necesaria para que seáis testigos míos hasta que yo vuelva en la consumación de los tiempos. Y sabed que yo estoy vosotros, todos los días, hasta el fin del mundo (Mt 28, 20).

 ¡RECIBID EL ESPÍRITU SANTO!

¡RECIBID EL ESPÍRITU SANTO! A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados. A quienes se los retengáis, les quedan retenidos (Jn 20, 22-23)


PRIMERA LECTURA

Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 2, 1-11

Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De repente, un ruido del cielo, como de un viento recio, resonó en toda la casa donde se encontraban. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se repartían, posándose encima de cada uno. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas extranjeras, cada uno en la lengua que el Espíritu le sugería.

Se encontraban entonces en Jerusalén judíos devotos de todas las naciones de la tierra. Al oír el ruido, acudieron en masa y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propio idioma. Enormemente sorprendidos, preguntaban:

-« ¿No son galileos todos esos que están hablando? Entonces, ¿cómo es que cada uno los oímos hablar en nuestra lengua nativa?

Entre nosotros hay partos, medos y elamitas, otros vivimos en Mesopotamia, Judea, Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frigia o en Panfilia, en Egipto o en la zona de Libia que limita con Cirene; algunos somos forasteros de Roma, otros judíos o prosélitos; también hay cretenses y árabes; y cada uno los oímos hablar de las maravillas de Dios en nuestra propia lengua.»

Palabra de Dios.

 

   Himno de invocación al Espíritu Santo

Ven Espíritu Santo, envía tu luz desde el cielo. Padre amoroso del pobre; don, en tus dones espléndido; luz que penetra las almas; fuente del mayor consuelo.

Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo, tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego, gozo que enjuga las lágrimas y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma, divina luz y enriquécenos. Mira el vacío del hombre si Tú le faltas por dentro; mira el poder del pecado cuando no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo, lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo, doma el espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero.

Reparte tus Siete Dones según la fe de tus siervos. Por tu bondad y tu gracia dale al esfuerzo su mérito; salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.

Amén.

 

Salmo 104: R. Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.

CC0To the extent possible under law, Dr. Pablo Guérez Tricarico, PhD has waived all copyright and related or neighboring rights to Feliz Pascua de Pentecostés. This work is published from: Spain.

Meditación del Padre Esteban, de la Renovación Carismática, sobre el Misterio de Pentecostés:

Nadie puede decir: “¡Jesús es Señor!”, si no es impulsado por el Espíritu Santo (1Cor 12, 3); y nosotros no sabemos hacer oración, pero el Espíritu Santo ora en nosotros con gemidos que no pueden expresarse (Rm 8, 26). Y Jesús nos viene a través de María por gracia del Espíritu Santo.
El Cristianismo, nuestro ser cristianos, tiene su origen, su génesis, su arranque en Pentecostés, momento en el que Jesús pone la primera piedra para empezar a construir la preciosa y salvífica Comunidad de su Iglesia: “Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que va a venir sobre vosotros y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda  Judea y Samaría y hasta el confín de la tierra”. “Todos ellos -los Apóstoles- perseveraban unánimes en la oración junto con algunas mujeres y María, la Madre de Jesús, y con los  “hermanos” (la base de la Comunidad cristiana).
 
Pero, ¿qué ocurrió en Pentecostés?:
 “En Pentecostés ocurrió algo muy sencillo: Un grupo de personas atemorizadas y desconcertadas (los “Apóstoles”), porque habían matado en la Cruz a Jesús, su líder, de pronto se sintió penetrado por la “Fuerza” del Cristo que había resucitado y… ¡cambió su vida! En el Cenáculo entró a hacer oración un grupo de personas totalmente abatidas y salió de él un grupo de personas totalmente ilusionadas. Hasta tal punto que muchos decían: ¡Están borrachos! ¿Borrachos a las nueve de la mañana? Están perfectamente en sus cabales. Lo que ocurre es que tienen dentro de sí tanta alegría -la Fuerza y el Amor del Resucitado o la Presencia del Dios vivo- metidos en su corazón por el Espíritu Santo, que no pueden contenerla y tienen que transmitirla a todos”. (P. Salas)
 
Con el Papa San Juan XXIII oramos: “Señor Jesús, Virgen María, renueva en tu Iglesia y en nosotros los prodigios de un nuevo Pentecostés”. Amén.
 
© P. Esteban, Hº Prieto y Cande

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