¡Verdaderamente ha resucitado! ¡Aleluya!

marzo 27, 2016 § Deja un comentario


A mis padres, que me dieron la vida

A todos mis compañeros y amigos presentes, pasados y futuros, a las personas de buena voluntad que se han cruzado conmigo en el camino de mi vida, y a todas las personas que tengo en mi pobre corazón

A los Cardenales, Obispos, presbíteros, diáconos, religiosos y fieles seglares de la Iglesia Católica que tuvieron, tienen, y espero sigan teniendo la paciencia de escucharme en mis momentos de tribulación

A los ministros y pastores de todas las Iglesias cristianas que todavía conservan la valentía y la alegría de trasmitir el mensaje de Jesús Resucitado

A los hombres y mujeres que renuncian al mundo para dedicarse a la vida contemplativa

A los representantes del poder civil

A los atribulados, a los pobres, a los enfermos, a los niños indefensos, maltratados o víctimas de abusos, a las mujeres maltratadas o víctimas de trata, a las víctimas de la violencia y del terrorismo y sus familias y allegados, a los huérfanos y viudas, a los presos, a los cautivos y a las víctimas de cualquier esclavitud, a los ancianos, a las personas con diversidad funcional o con ncesidades especiales, a los raros, a los excluidos, a los que huyen de la guerra, de las catástrofes naturales o de la miseria, y a todas las demás personas víctimas de la cultura del descarte, especialmente a aquellas a las que no puedo ayudar

A los creyentes, teístas y no teístas, gnósticos, agnósticos y ateos

A mis enemigos

Y A.M.D.G.

 

¡Aleluya!

¡Aleluya!

 

 

¿Venís a buscar al Crucificado? No está aquí: ¡Ha resucitado! (cfr. Mc 16, 6)

 

Con la expresión “Verdaderamente ha resucitado”, como respuesta a la exclamación: “¡Jesucristo ha resucitado!” hay constancia histórica que se saludaban las primeras comunidades cristinas y griegas. Costumbre que, más allá del ámbito litúrgico de la Iglesia Católica de rito latino, de la Iglesia ortodoxa y de la Iglesia armenia, se sigue utilizando en algunos países de nuestra más cercana Europa, como Rumanía o Moldavia.

Para la Iglesia Universal, alumbrada por el primer plenilunio de la Primavera, la estación en la que vuelve la vida, la noche santísima de la Vigilia Pascual constituye la celebración más importante del Año Litúrgico.

¡Feliz Pascua de corazón a todos en la alegría de Nuestro Señor Jesucristo Resucitado, vencedor del pecado y de la muerte y dispensador de la nueva y eterna vida que no cesa para todo el que quiera acogerla!

Pero… ¿qué, o a Quién celebramos en la Pascua cristiana?

Como ha expresado de manera muy didáctica el papa Francisco, ninguna teología es capaz de explicar completamente a la manera humana el Amor que Dios ha tenido y tiene por nosotros, cuya manifestación más gloriosa encontramos en el Misterio incomprensible de la Resurrección de Jesús. Esta afirmación del Pontífice debe ser entendida correctamente, en el sentido no de negar valor a las disquisiciones teológicas que históricamente se han sucedido en el campo de la Teodicea o “justificación de Dios”, sino en el de poner el acento en la subordinación de la lógica humana, incluso teológica, a la apertura del corazón, dispuesto a recibir el Misterio por excelencia: la respuesta a “la Pregunta” o “el Problema por antonomasia”. La pregunta sobre la vida y sobre la muerte, sobre lo divino y lo humano, sobre el sentido de nuestra vida, de nuestro dolor y sobre el anhelo de felicidad impreso en el corazón de todos los hombres.

Todas estas cuestiones se unen en misteriosa comunión en el “Exultávit” a la luz del Cirio Pascual encendido esta misma noche, en el lucernario que da inicio de la Vigilia Pascual en el que la luz pascual del Cirio, y que representa la Luz de Cristo, Luz del mundo y para el mundo, Luz “que no mengua cuando se reparte” es multiplicada en un luminar de velas más pequeñitas portadas por los asistentes, mientras se escuchan acordes gregorianos que cantan versos sagrados como “Ésta es la noche de la que estaba escrito: “será la noche clara como el día, el día claro como la noche”; o “¡qué noche tan dichosa, donde se unen el cielo con la tierra, lo humano y lo divino!”  Así, el Misterio de la Resurrección, se abre camino a través de la teología, de la liturgia, del culto y de la experiencia personal de la Presencia de Dios a la verdad última sobre la muerte y sobre los enemigos de la Humanidad: y el mensaje, o, mejor, uno de los mensajes de la Pascua cristiana, es que la muerte no tiene la última palabra. Y como no la tuvo para Jesús, según su Palabra, tampoco la tendrá para nosotros, pues el Amor triunfa sobre la muerte. El mensaje de la Resurrección pascual nos enseña o, mejor, nos muestra, que Dios es un Dios de amor, y que, como dicen las escrituras, es un Dios de vivos, y no de muertos. El triunfo del amor y de la vida es lo que celebramos en la Pascua cristiana, que en su acepción originaria judía significa paso; pero en esta ocasión se trata del paso definitivo hacia una vida nueva, a la vida nueva, a la vida de verdad en el Ser de Dios, que sustenta constantemente toda nuestra existencia. Una vida eterna, incomprensible, misteriosa, que ya ha comenzado, y que, aunque no la entendamos, podemos en ocasiones vislumbrar como la gran promesa de Nuestro Señor Jesucristo, aun en medio de los sufrimientos.

Vivimos tiempos difíciles para la fe, pero, sobre todo, para la esperanza. Las intolerables desigualdades entre personas y Naciones ricas y pobres, las injusticias flagrantes, la pérdida de los valores tradicionales y no tradicionales, las falsas seducciones del mundo de las que nadie, en algún momento de sus vidas, está libre de entregarse, el “silencio de Dios”, tan meditado y sufrido en la tradición de las Iglesias reformadas, pero también en la Iglesia Católica, los azotes de la guerra, las hambrunas, los desastres naturales, la presencia del Mal en las diversas formas de terrorismo, de indiferencia, de arrogancia, de comodidad y de banalidad excluyentes, y otras muchas cosas que “no están bien” en el mundo hacen muy difícil al hombre y a la mujer de hoy, al hombre y la mujer de la Posmodernidad, creer en un Dios. Y mucho más difícil creer en un Dios mecanicista, como lo pensaran filósofos como Pascal o Hume, o en un Dios que se desentiende de la vida de los hombres. Por el contrario, el Dios del que nos habla el cristianismo es un Dios activo, amante, hasta el punto en que es Él mismo, una comunidad de Amor conformada por un Dios-relación, en el Misterio de la Santísima Trinidad. Un Dios trascendente e inmanente, que por su encarnación se ha unido misteriosamente a todo el género humano, como recordaba hace no mucho, en la liturgia de la Navidad, el papa Francisco. Un Dios que vive, experimenta la alegría y la tristeza, se acerca y tiene trato con buenos y malos. Un Dios que se compadece del dolor de los hombres, hasta el punto de cargar sobre sí todos los pecados de la Humanidad y justificarla. Y, al final de todo este camino, un Dios que resucita, y que “va por delante” a prepararnos el camino. Jesucristo intercede en la Eternidad del Padre a través de su Espíritu por toda la Humanidad, tan querida por Dios. En este Año Jubilar Extraordinario de la Misericordia, el Papa nos invita a dejarnos tocar por esta Luz de esperanza, como los primeros cristianos, de los que relata San Pablo que “esperaron contra toda esperanza”. Contra toda esperanza humana. Y es que sólo a través de la fe podemos entrar en la dimensión, realmente ininteligible, de la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.

Pero, llegados a este punto, podríamos preguntarnos: ¿Por qué muchos cristianos no nos alegramos de verdad? ¿Cambiará nuestra vida después de una Pascua más? ¿Nos hará más buenos? ¿Nos hará capaces de soportar los dolores del mundo movidos por la fe en el Resucitado que, en la noche de su Pasión, le dijo a sus discípulos que venció al mundo?

Puede que sí, y puede que no. Pero no por eso los que creemos que Nuestro Señor Jesucristo resucitó de entre los muertos y que, realmente va por delante, a prepararnos el camino del Reino de los Cielos, tenemos una razón práctica, que es fruto de una profunda creencia, que puede darnos razones para la esperanza.

Jesús, que experimentó el dolor físico, psicológico y el abandono espiritual y moral, es consciente de esto. Y sabe que no es suficiente comprender intelectualmente el mensaje de que Él va por delante hasta que este mensaje no llegue a impregnar nuestras almas, todo nuestro ser y nuestras vidas. Porque nuestra vida cristiana depende de que interioricemos lo que significa la Resurrección, aun sin comprenderla del todo. En la vida de la Iglesia que Jesucristo encomendó a sus discípulos, y que, tal y como proclama el Concilio Vaticano II, subsiste a día de hoy en la Iglesia Católica, se da la comunicación de la gracia que Jesús dio a sus discípulos tras su Resurrección. Por medio del Espíritu Santo, que es el Espíritu de Dios, la gracia es capaz de liberar al hombre de todas las cadenas de este mundo que le tienen atado. En la concepción socioantropológica cristiana del ser humano, y sin necesidad de ahondar mucho en profundidades teológicas, la gracia pasa primero el espíritu o alma (pnéuma), de ahí a la mente (psiché) y de ahí al soma (cuerpo). Pero el trabajo de interiorización de sentirnos perdonados, y no sólo, sino amados por Dios sin medida, y en la libertad de los hijos de Dios por adopción, se realiza en buena parte a través de nuestra colaboración y del resto de colaboraciones humanas, misteriosamente gobernadas por la Providencia. Y, en definitiva, es un trabajo espiritual en cuyo progreso siempre estamos en camino, siempre estamos de paso, de “Pascua” en el sentido etimológico judío antiguo. Somos nosotros los que, a través de los signos tangibles de nuestro prójimo, y, en este Año Jubilar de la Misericordia, del ejemplo de los cristianos, los que a veces tenemos que hacer un trabajo difícil: dejarnos sanar por la gracia de Dios. Por su Misericordia. Tampoco Jesús en su vida mortal se sustrajo a las colaboraciones humanas. Sobre este volveré, D. m., en la próxima entrada de carácter religioso, dedicada a la Fiesta de la Divina Misericordia.

Dios no nos ahorra el sufrimiento. Jesús mismo, como recordaba hace unas líneas, se lo dice a sus discípulos en la Última Cena: “En el mundo pasaréis tribulación; pero tened valor: yo he vencido al mundo (Jn 16, 33). El sufrimiento, incomprensible para casi todo el mundo, no deja de ser un Misterio (como la vida, y la vida eterna), que, por lo menos, por lo que el autor de estas líneas respecta, nunca es comprendido del todo. Ninguna teodicea, por elaborada que sea, puede superar el “non liquet” al que los hombres y las mujeres de nuestro tiempo, con siglos de filosofía y teología a nuestras espaldas, de Oriente y Occidente se ven hoy muchas veces abocados como conclusión humana, que, como todas, sólo puede ser provisional. El respetado teólogo católico Hans Küng, movido por una fuerte confianza en Jesucristo, escribía en su libro “Credo” (1990), frente al absurdo de un mundo sin Dios, si bien Dios no nos preserva de todo sufrimiento, sí nos preserva en todo sufrimiento. La Persona de Jesucristo, que vivió y murió por nosotros, nos ha dejado un ejemplo vivo en la Historia del mundo de que el Amor es capaz de ser una razón ética suficiente para dar la vida. Lo que venga después, no lo sabremos hasta que no pasemos, cada uno de nosotros, por la muerte. Por la muerte en Cristo. Pero la fe y la esperanza en las palabras del Hijo del Hombre, como se refería a sí mismo Jesús, que significa “alguien como nosotros” en el original hebreo, y sus palabras, nos invitan a confiar siempre en Dios, que es Padre Misericordioso.

La Resurrección de Jesucristo es la respuesta de Dios padre a a desesperación en Getsemaní, a las burlas y las torturas de los soldados romanos, al camino al Gólgota, de la dolorosa muerte en cruz. En la figura de Jesuscristo desfigurado podemos ver, como proclamaba ayer el papa Francisco en la liturgia del Viernes Santo, a Aquél “varón de dolores” que vive, ama y sufre como consecuencia del Amor verdadero, y en el que tantas veces el Papa nos invita a reconocer a las personas “descartadas de esta sociedad”: a los refugiados, a los emigrantes, a los pobres, a los atribulados, por quienes rezamos en una de las invocaciones de las preces del Oficio del Viernes Santo. Sin embargo, tras el luto de la Semana Santa, la Iglesia nos invita, como en los primeros tiempos, a mirar más allá. Es precisamente la fe en el Resucitado la que mueve la acción (praxis) de las primeras comunidades cristianas de Oriente y Occidente, y la que continúa dirigiendo la barca de la Iglesia hoy en día. Una fe tan firme que sólo puede proceder del encuentro con el Amor que lleva a dar la vida. Jesucristo, con su muerte, ha vencido al mundo y a nuestra propia muerte, y, resucitando, nos ha dado la vida propia de la comunión con la Santísima Trinidad: la vida nueva que brota de la filiación divina por adopción, recibida ordinariamente a través del Sacramento del Santo Bautismo. El Paraíso, cerrado por el pecado del hombre, es de nuevo abierto a toda la Humanidad ya desde el Viernes Santo. Pero con la Resurrección, Jesús nos regala el precioso don de la filiación divina y el don de que, como canta una hermosa canción de la Iglesia Católica, “amigo mío, también a ti, un tercer día te llegará”, de donde es posible volver al “Exultávit” inicial de la Vigilia Pascual siendo más conscientes de los planes del Amor de Dios para la Humanidad, y proclamar, como los Padres de la Iglesia, que “donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia”, y “Feliz culpa, que mereció tan grande Redentor”.

Como en años anteriores, agradeciéndoos las constantes visitas a mi humilde blog desde todos los rincones de la Tierra, aun a pesar de la disminución del número de entradas desde que que yo comenzara a trabajar de manera regular, desde todos los rincones de la Tierra, os envío un mensaje de comunicación pascual en casi todos los idiomas de los países de los que me han visitado, como muestra de gratitud y reconocimiento.

Paz a vosotros. Que no tiemble vuestro corazón, que no se acobarde: Os deseo de todo corazón una Feliz Pascua de Resurrección y un tiempo pascual lleno de gozo y alegría. Cristo ha resucitado: ¡Aleluya!
Please excuse my spelling and syntax mistakes in every language. I will try to wish you happy Easter in all your mother languages.

En expresión inglesa:

Peace may be with you: I wish with all my heart a happy Easter full of joy and a gladness Eastertime. Christ is resurrected, Hallelujah!
En expresión francesa:
La paix soit avec vous: je souhaite de tout mon cœur plein d’allégresse pascal. Le Christ est ressuscité, Alléluia!
En expresión italiana:
La pace sia con voi: Vi auguro con tutto il mio cuore una felice Pasqua e un tempo pasquale pieno di gioia e di letizia. Cristo è risorto: Alleluia!
En expresión napolitana:
A pace sia cu’ voi. Vi auguro con tutt’ el mio core ‘na felice Pasqua e nu tempo pasquale pien di gioia e letizia. Cristo è risorto: Alleluia!
En expresión romanesca:
A pace sia co’ voi, Ve auguro con tutt’ el mio cuore una felice Pasqua e un tempo pasquale pieno de gioia e de letizia. Cristo è risorto: Alleluia!
En expresión catalana:
Pau a vosaltres: Us desitjo de tot cor una feliç Pasqua de Resurrecció i un temps pasqual ple de goig i alegria. Crist ha ressuscitat: Al · leluia!
En expresión galega:
Paz a vosotros: Os deseo feliz de todo corazón unha Pascua de Resurrección llena de alegría pascal e gozo. Cristo resucitou: ¡Aleluia!
En expresión euskera:
Vosotros bakean: The deseo una ematea zoriontsua Pazko eta a tiempo lleno pazko poza eta zoriona. Kristo gora egin du: ‘hallelujahs’!
En expresión portuguesa:
Paz a vosotros: Os desse de todo o coração uma feliz Páscoa da Ressurreição e um Tempo pascal lleno de gozo e alegria. Cristo foi ressuscitado: ¡Aleluya!
En expresión alemana:
Friede sei mit euch: Ich wünsche Ihnen von ganzem Herzen ein frohes Osterfest und eine Osternzeit mit voller Friede und Freude. Christus ist auferstanden, Halleluja!
En expresión holandesa:
Vrede zij met u: ik wens met heel mijn hart een vrolijk Pasen en vol vreugde en blijdschap Eastertide. Christus is verrezen, Halleluja!
En expresión polaca:
Pokój niech będzie z wami: Życzę z całego serca Wesołych Świąt i pełne radości i wesela Wielkanocnym. Chrystus zmartwychwstał, Alleluja!
En expresión danesa:
Fred være med dig: Jeg ønsker af hele mit hjerte en god påske og fuld af fryd og glæde Eastertide. Kristus er opstanden, Halleluja!
En expresión noruega:
Fred være med deg: Jeg ønsker av hele mitt hjerte en god påske og full av fryd og glede påsketid. Kristus er oppstanden, halleluja!
En expresión sueca:
Frid vare med dig: Jag önskar av hela mitt hjärta en glad påsk och full av glädje och fröjd Eastertide. Kristus är uppstånden, Halleluja!
En expresión finesa:
Rauha teille: Toivon koko sydämestäni hyvää pääsiäistä ja täynnä iloa ja riemua Eastertide. Kristus nousi kuolleista, Halleluja!
En expresión islandesa:
Rauha teille: Toivon koko sydämestäni hyvää pääsiäistä ja täynnä iloa ja riemua Eastertide. Kristus nousi kuolleista, Halleluja!
En expresión húngara:
Bárcsak minden a szívem boldog húsvéti és teljes az öröm és a boldogsághúsvéti.Krisztus feltámadott, Alleluja!
En expresión búlgara:
Мир вам: Желая с цялото си сърце щастлив Великден и пълна с радост. Христос е възкръснал, Алилуя!
En expresión rumana:

Pacea să fie cu voi: doresc cu toată inima mea un Paste fericit si plin de bucurie și veselie pascal. Hristos a înviat, Aleluia!

En expresión ucraniana:

Мир вам: Я хочу від усього серця раді Великодня і повний радості і веселощів Великдень. Христос воскресе, Алилуя!
En expresión lituana:
Linkiu iš visos širdies Linksmų Velykų ir pilnas džiaugsmo ir džiaugsmasVelykų.Kristus prisikėlė, Aleliuja!
En expresión letona:
Es vēlos no visas sirds Priecīgas Lieldienas un pilna ar prieku un līksmībuLieldienās. Kristus ir augšāmcēlies, Alleluia!
En expresión estona:
Soovin kogu südamest õnnelik lihavõtted ja täis rõõmu ja rõõm Eastertide.Kristuson üles tõusnud, halleluuja!
En expresión rusa:
Мир вам: Я хочу от всего сердца рады Пасхи и полный радости и веселия Пасху. Христос воскресе, Аллилуиа!
En expresión croata:
Mir s vama: Volio bih svim srcem sretan Uskrs i puna radosti i veselja uskrsno vrijeme. Krist je uskrsnuo, Aleluja!
En expresión eslovena:
Želim si, z vsem srcem vesel velikonočni in poln radosti in veseljaEastertide.Kristus je vstal, Aleluja!
En expresión turca:
Barış sizinle olsun: Ben bütün kalbimle mutlu bir Paskalya ve neşe ve sevinç paskalya dolu diliyorum. Mesih, Alleluia yükseldi!
En expresión azerí:
Mən bütün ürəyimlə xoşbəxt Pasxa sevinc. Məsih elhamdülillah artmışdır deyil!
En expresión afrikáans:
Ek wens met my hele hart ‘n gelukkige Paasfees en vol van vreugde en blydskapPaasfees. Christus het opgestaan​​, Halleluja!
En expresión suajili:
Napenda kwa moyo wangu wote na furaha Pasaka na kamili ya furaha. Kristo amefufuka, Haleluya!
En expresión somalí:
 
Waxaan jeclaan lahaa qalbigaaga oo dhan ku faraxsan Easter ah iyo ka buuxaanfarxad iyo rayrayn Eastertime. Masiixa sara kacay, Alleluia!
En expresión zulú:
Ngifisa ngayo yonke inhliziyo yami ibe Easter ojabulisayo futhi igcweleinjabulonokuthokoza Eastertime. UKristu uvukile, Alleluia!
En expresión malaya:
Saya ingin dengan sepenuh hati yang Paskah gembira dan penuh dengan kegembiraan dan sukacita Eastertide. Kristus bangkit, Alleluia!
En expresión hindi:
मैं दिल से चाहता हूं और पूवीऩ खुशी खुशी खुशी और पूवीऩ के एक बार पूर्ण. ईसा बढ रहा है: पोस्को!
En expresión china:
愿你们平安:我想用我所有的心脏复活节快乐,充满喜悦和欢乐复活节季的。基督复活了,哈利路亚!
En expresión mongola:
Би бүх зүрх сэтгэл, аз жаргалтай Улаан өндөгний баярын болон баяр хөөр.Христ, Alleluia амилсан байна!
En expresión tailandesa:

ฉันต้องการพร้อมด้วยหัวใจของฉันมีความสุขวันอีสเตอร์และวันอีสเตอร์เวลาที่มีความสุขและความสุขพระเยซูคริสต์ได้ลุกขึ้นทหารชรา

En expresión japonesa:
平和はあなたと一緒に:私はすべて私の心幸せなイースターをお祈りし、喜びと喜び復活節の完全な。キリストは、ハレルヤ上昇している!
En expresión tagala:
Gusto ko ang lahat ng aking puso isang Maligayang Pasko ng Pagkabuhay at puno ng kagalakan at kagalakan Eastertime. Si Kristo ay risen, Alleluia!
En expresión papiamienta (Aruba)
Os deseo di todo corason una felice pascua di Resurreccion cu paz. Kristo ha resucitado: Aleluya!
En expresión árabe:
واود ان الجنسين كفالة النجاح من اعماق قلبى عيد الفصح, وقت باسكوال اعادة مليئة غوزو والسرور. السيد المسيح بعثت من جديد: ولندع
 
En expresión hebrea:
שלום לכם: אני מאחל בכל לבי חג הפסחא שמח ומלא שמחה ושמחה חג הפסחא. המשיח קם, הללויה!
En expresión yidis:
אַ וואָסאָטראָס: אָס דעסעאָ דע טאָדאָ קאָראַזאָון ונאַ פעליז פּאַסקואַ דע רעסוררעקסיóן. קריסטאָ המגיד רעסוסיטאַדאָ: ¡אַלעלויאַ!
En expresión esperanta:
Paco estas vosotros: Os Nokto de todo koro una Feliĉa rospis de Reviviĝo. Cristo ha Revivigita: £ Haleluja!
En expresión griega:
Ειρήνη μαζί σας: εύχομαι με όλη μου την καρδιά μια χαρά το Πάσχα και το Πάσχα μια φορά γεμάτο χαρά και ευτυχία. Χριστός έχει αυξηθεί: αλληλούια!
En expresión latina:
Pax vobiscum: Cristus resurrexit, sicut dixit! Halleluihah!
De nuevo, Feliz Pascua a todos,
Pablo
Exultavit de la noche de la Vigilia Pascual (pregón pascual). Desde que acudo a la Vigilia Pascua, siempre me ha emocionado el momento en el que el diácono entona este antiguo canto, como diría San Agustín, de belleza tan antigua y tan nueva. La versión es en lengua vernácula castellana, con estilo gregoriano:
https://www.youtube.com/watch?v=NK6I1JoabRU (pregón pascual gregoriano con subtítulos)
Dos piezas más con el deseo de que concedan paz al corazón:
 https://www.youtube.com/watch?v=llyADThAg5o (Leonard Cohen / Jeff Buckley – Hallelujah (Hannah Trigwell live cover)
Pablo Luis Guérez Tricarico. Hijo redimido por la gracia de Dios el 19 de mayo de 1979
 CC0
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Mensaje de la Comisión Episcopal de Pastoral con motivo de la Pascua del Enfermo (RB)

mayo 10, 2015 § Deja un comentario


Jornada Mundial del Enfermo y Pascia del Enfermo 2015.

Jornada Mundial del Enfermo y Pascia del Enfermo 2015.Porque (…) estaba enfermo y me visitásteis (Mt 25, 35; 36)

 

Porque (…) estaba enfermo, y me visitasteis (Mt 25, 35; 36)  

Hoy, VI Domingo de Pascua, la Iglesia Universal ha celebrado y sigue celebrando, allende la mar océana, la Pascua del Enfermo, con motivo de la Jornada Mundial del Enfermo. Son muchos los templos en los que se ha impartido, en Misas especiales o en celebración colectiva o individual, el Sacramento de la Unción de los Enfermos. Sacramento que, sobre todo después del Concilio Vaticano II, no se reserva sólo para los enfermos terminales -para eso está el Viático-, sino para todos los enfermos graves en el sentido más amplio de la palabra. Es curioso observar cómo la liturgia latina de la Iglesia Católica ha mantenido, en el rito de administración de la Santa Unción, las palabras de la Carta de Santiago. Gracias, Señor, por este Domingo y por tanta Misericordia.

Parte de la fórmula del rito de la Unción de los Enfermos, de la Carta de Santiago 5, 14-16-

Parte de la fórmula del rito de la Unción de los Enfermos, de la Carta de Santiago 5, 14-16-

En nuestras sociedades ricas, los enfermos, pequeños y mayores, son descuidados brutalmente por las dinámicas sociales y por lo que, expresado en un lenguaje propio de la teología moral católica, el gran papa San Juan Pablo II denominara “estructuras de pecado”. Y es que el pecado, en sus formas más graves, incluidos los pecados de indiferencia y omisión culpables -recordemos el pasaje del Génesis (cfr. Gn 4, 9): “¿Qué haces tú por tu hermano?”- son la peor enfermedad.

Tovavía resuenan en mi mente los ecos del discurso pronuncionado por S. S. el papa Francsico en el Parlamento Europeo: “Una de las peores enfermedades que constato en esta Europa es la soledad”. Y es que la salud en algo más complejo de lo que el mundo entiende, si bien por no ello no necesariamente objetivable, sino precisamente por ello, subjetivizable e individualizable hasta el máximo.

Y es que, como han tenido y siguen teniendo en cuenta, gracias a Dios, grandes Médicos, “no hay enfermedades, sino enfermos”. Porque con la salud y la enfermedad, lo que está en juego es la salud de la persona, única e irrepetible con su circunstancia mórbida, e inmersa en un contexto social “enfermo”, en el sentido de orientado hacia valores nocivos para la persona, el cual influye, como no puede ser de otra manera, sobre la salud de todos y cada uno de los individuos que la integran.

En una bonita definición de salud de la Organización Mundial de la Salud, ésta destacó tres aspectos, al mismo nivel, de la salud de las personas: salud física; salud psíquica o mental; y salud social. Todas estas dimensiones de la salud son importantes, pues sin una sola de ellas, el “sujeto” -prefiero el término no clínico persona-, no puede alcanzar la salud, tal y como es entendida por una de las muchas definiciones de la OMS: como el estado de completo bienestar físico, psíquico y social del individuo. Aunque yo añadiría, de acuerdo con mi concepción socioantropológica del ser humano y de su posición en el mundo, cristina y humanista, “de acuerdo con las posibilidades que la persona pueda alcanzar”. Posibilidades que muchas veces vienen de serie, pero que otras son negadas por la cultura del descarte denunciada por el papa Francisco, que niega a los débiles, a los enfermos, a los excluidos, a los marginados, su dignidad de personas. Esto es algo grave, amigos. Y los cristianos, creyentes de otras confesiones o credos colectivos o individuales, y todas las personas de buena voluntad, debemos esforzarnos por atender con un trato auténticamente humano al enfermo.

Que los profesionales sanitarios, entre otros, como figuraba en la dedicatoria de mi tesis doctoral sobre consentimiento y Derecho, sepan tratar al enfermo como un ser humano libre, y al mismo tiempo necesitado. Porque la atención a los enfermos es una de las mayores bienaventuranzas y obras de misericordia, no sólo corporales, sino integrales, que podemos realizar por amor, y conforme hayamos ayudado, nosotros creemos que seremos juzgados en el atardecer de la vida, recordando a San Juan de la Cruz, en el Amor. Para que podamos escuchar, en palabras del propio Jesucristo, aquella maravillosa promesa hecha para todos y cada uno para el fin de los tiempos. Aquellas palabras que fueron pronunciadas por Jesús en un lenguaje sencillo, y que Él mismo quiso que quedaran plasmadas en el Evangelio de Mateo 25, 34-35, con el deseo, que es al mismo tiempo misteriosa realidad natural y sobrenatural, humana y divina, de que reconozcamos en el hermano enfermo y necesitado el mismo rostro de Jesucristo Nuestro Señor: “Venid, benditos de mi Padre, y heredad el reino preparado para vosotros desde antes de la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, era inmigrante y me acogisteis, estaba desnudo y me vestisteis, estaba enfermo y me visitasteis, estaba encarcelado y vinisteis a verme”.

 

Por Pablo Guérez Tricarico, Phd

Doctor en Derecho

Colegiado ICAM 97.901

Hijo de Dios, por su entrañable Misericordia, desde el 19/5/1979

Iglesiaactualidad

SALUD Y SABIDURÍA DE CORAZÓN
Jornada Mundial del Enfermo y Pascua del Enfermo

Domingo 10 de mayo de 2015

1. Quien vive la Pastoral de la Salud sabe que su lenguaje propio es el del corazón. Vivir el sufrimiento o acompañarlo toca el corazón. Esta Campaña de Pastoral de la Salud 2015 nos invita precisamente a contemplar el corazón de Cristo ante quien sufre, y su vivencia del sufrimiento. Si nos dejamos empapar por sus actitudes cambiará también nuestra mirada sobre el enfermo, y transformará nuestro corazón con esa sabiduría de Dios que está “llena de compasión” (Sant. 3, 17).

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Papa Francisco: Vivamos una Navidad auténticamente cristiana, ajena a toda mundanidad

diciembre 23, 2014 § Deja un comentario


Estad en el mundo sin ser del mundo (San Juan Evangelista)

 

Estimados seguidores:

En medio de un mundo profano que desprecia el auténtico sentido de la Navidad, os remito este enlace del Papa Francisco:

https://www.aciprensa.com/noticias/papa-francisco-vivamos-una-navidad-verdaderamente-cristiana-libres-de-toda-mundanidad-88159/

Feliz Navidad a todos.

Navidad en sencillez: Sobre el desprendimiento en la auténtica vida cristiana

diciembre 23, 2014 § Deja un comentario


PRESEPIO DI BAROCCIO

PRESEPIO DI BAROCCIO. NATIVIDAD DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO.

 

Todas las religiones han practicado el desprendimiento como modo de vida auténtica. En el Cristianismo, el desprendimiento se hace patente desde el primer momento, en el que el Hijo de Dios acepta hacerse Hombre por Amor en el seno virginal de María, y nace en un pesebre, inerme, renunciando a todo lujo o comodidad innecesaria. Y Jesús mantendrá un estilo de vida sobrio durante toda su vida -lo cual no le impedirá asistir a banquetes y celebrar acontecimientos importantes, como las bodas de Caná, con sus discípulos, y también con publicanos y pecadores-. Pero el modo de vida sencillo y manso se mantendrá, como resulta de todo el Evangelio: la renuncia a los “bienes de aquí” para “aspirar” a los “bienes de allá arriba” es una de las mayores constantes de la predicación de Jesús de Nazaret, Quien llegará a decir que “El Hijo del Hombre no tiene donde reclinar la cabeza (Mt 8, 20)”. Mas, y sin ánimo de ahondar mucho en ello, la renuncia que se propone es gradual, no automática, y, sobre todo, se nos invita a que nazca del Amor. Con ello, Jesús nos da un ejemplo de vida cristiana a quienes queremos ser sus discípulos y al mundo, el cual, muchas veces, ha criticado y continúa criticando con razón comportamientos poco decorosos de representantes de la Iglesia que fundó Jesucristo, cuando no de eclesiásticos que viven abiertamente en el lujo y en el afán de codicia, dinero y poder.

La nueva espiritualidad promovida por el papa Francisco ha supuesto un nuevo “aggiornamento” de la Iglesia, que no es otra cosa que el Pueblo de Dios con nosotros, del Dios que se hace cercano y que comparte su Vida con los hombres y, especialmente con los más necesitados; pero, al mismo tiempo, también conlleva un retorno a los orígenes, a esa sencillez apostólica de las primeras comunidades cristianas.

El texto que reproduzco a continuación, con autorización de quien me lo ha enviado, es un comentario sobre el Evangelio de hoy, día 23 de diciembre, Feria privilegiada de Adviento, a un día de celebrar la Nochebuena. Y trata, con extraordinaria lucidez, precisamente sobre el tema del desprendimiento en la vida cristiana como modo de vivir unas Navidades auténticas, en sencillez. Feliz Navidad a todos.

 

Día litúrgico: Feria privilegiada de Adviento: 23 de Diciembre

Texto del Evangelio (Lc 1,57-66): Se le cumplió a Isabel el tiempo de dar a luz, y tuvo un hijo. Oyeron sus vecinos y parientes que el Señor le había hecho gran misericordia, y se congratulaban con ella. Y sucedió que al octavo día fueron a circuncidar al niño, y querían ponerle el nombre de su padre, Zacarías, pero su madre, tomando la palabra, dijo: «No; se ha de llamar Juan». Le decían: «No hay nadie en tu parentela que tenga ese nombre». Y preguntaban por señas a su padre cómo quería que se le llamase. Él pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre».

EL NACIMIENTO DE SAN JUAN BAUTISTA

EL NACIMIENTO DE SAN JUAN BAUTISTA

Y todos quedaron admirados. Y al punto se abrió su boca y su lengua, y hablaba bendiciendo a Dios. Invadió el temor a todos sus vecinos, y en toda la montaña de Judea se comentaban todas estas cosas; todos los que las oían las grababan en su corazón, diciendo: «Pues, ¿qué será este niño?». Porque, en efecto, la mano del Señor estaba con él.

Comentario: Rev. D. Miquel MASATS i Roca (Girona, España)

‘¿Qué será este niño?’. Porque, en efecto, la mano del Señor estaba con él

Hoy, en la primera lectura leemos: «Esto dice el Señor: ‘Yo envío mi mensajero para que prepare el camino delante de Mí’» (Mal 3,1). La profecía de Malaquías se cumple en Juan Bautista. Es uno de los personajes principales de la liturgia de Adviento, que nos invita a prepararnos con oración y penitencia para la venida del Señor. Tal como reza la oración colecta de la misa de hoy: «Concede a tus siervos, que reconocemos la proximidad del Nacimiento de tu Hijo, experimentar la misericordia del Verbo que se dignó tomar carne de la Virgen María y habitar entre nosotros».

El nacimiento del Precursor nos habla de la proximidad de la Navidad. ¡El Señor está cerca!; ¡preparémonos! Preguntado por los sacerdotes venidos desde Jerusalén acerca de quién era, él respondió: «Yo soy la voz del que clama en el desierto: ‘Enderezad el camino del Señor’» (Jn 1,23).

«Mira que estoy a la puerta y llamo: si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo» (Ap 3,20), se lee en la antífona de comunión. Hemos de hacer examen para ver cómo nos estamos preparando para recibir a Jesús el día de Navidad: Dios quiere nacer principalmente en nuestros corazones.

La vida del Precursor nos enseña las virtudes que necesitamos para recibir con provecho a Jesús; fundamentalmente, la humildad de corazón. Él se reconoce instrumento de Dios para cumplir su vocación, su misión. Como dice san Ambrosio: «No te gloríes de ser llamado hijo de Dios —reconozcamos la gracia sin olvidar nuestra naturaleza—; no te envanezcas si has servido bien, porque has cumplido aquello que tenías que hacer. El sol hace su trabajo, la luna obedece; los ángeles cumplen su misión. El instrumento escogido por el Señor para los gentiles dice: ‘Yo no merezco el nombre de Apóstol, porque he perseguido a la Iglesia de Dios’ (1Cor 15,9)».

Busquemos sólo la gloria de Dios. La virtud de la humildad nos dispondrá a prepararnos debidamente para las fiestas que se acercan.

Comentario: REDACCIÓN evangeli.net (elaborado a partir de textos de Benedicto XVI) (Città del Vaticano, Vaticano)

Juan, el Bautista

Hoy nos preguntamos: “¿Qué será este niño?”. Su aparición llevaba consigo algo totalmente nuevo: desde su concepción hasta su circuncisión —con el nombre de Juan—, llegando a su ministerio, todo es original. Juan anunciará a alguien más Grande que había de venir después de él. Ha sido enviado para preparar el camino a ese misterioso Otro; toda su misión está orientada a Él.

En los Evangelios se describe esa misión con pasajes del Antiguo Testamento (Isaías, Malaquías, Éxodo): “Una voz clama en el desierto: ¡Preparad el camino al Señor!”; “Yo envío a mi mensajero delante de ti para que te prepare el camino”… Con la predicación del Bautista se hicieron realidad todas estas antiguas palabras de esperanza: se anunciaba algo realmente grande.

—Por fin aparecía un profeta cuya vida también le acreditaba como tal. Por fin se anunciaba de nuevo la acción de Dios en la historia. Juan bautiza con agua, pero el más Grande, Aquel que bautizará con el Espíritu Santo y con “fuego”, está al llegar.

Meditación del día de Hablar con Dios

Adviento. 23 de diciembre

DESPRENDIMIENTO Y POBREZA CRISTIANA

— La Navidad nos llama a vivir la pobreza predicada y vivida por el Señor. El ejemplo de Jesús.

— En qué consiste la pobreza evangélica.

— Detalles de pobreza y modos de vivirla.

I. El desprendimiento efectivo de lo que somos y poseemos es necesario para seguir a Jesús, para abrir nuestra alma al Señor, que pasa y llama. Por el contrario, el apegamiento a los bienes de la tierra cierra las puertas a Cristo, y nos cierra las puertas al amor y al entendimiento de lo más esencial en nuestra vida: si alguno no renuncia a todo lo que posee no puede ser mi discípulo1.

El nacimiento de Jesús, y toda su vida, es una invitación para que nosotros examinemos en estos días la actitud de nuestro corazón hacia los bienes de la tierra. El Señor, Unigénito del Padre, Redentor del mundo, no nace en un palacio, sino en una cueva; no en una gran ciudad, sino en una aldea perdida, en Belén. Ni siquiera tuvo una cuna, sino un pesebre. La precipitada huida a Egipto fue para la Sagrada Familia la experiencia del exilio en tierra extraña, con pocos más medios de subsistencia que los brazos de José acostumbrados al trabajo. Durante su vida pública Jesús pasará hambre2, no dispondrá de dos pequeñas monedas de escaso valor para pagar el tributo del templo3. Él mismo dirá que el Hijo del hombre no tiene donde reclinar su cabeza4. La muerte en la Cruz es la muestra del supremo desprendimiento.

El Señor quiso conocer el rigor de la pobreza extrema –falta de lo necesario– especialmente en las horas más señaladas de su vida.

La pobreza que ha de vivir el cristiano ha de ser una pobreza real, ligada al trabajo, a la limpieza, al cuidado de la casa, de los instrumentos de trabajo, a la ayuda a los demás, a la sobriedad de vida. Por eso se ha dicho que «el mejor modelo de pobreza han sido siempre esos padres y esas madres de familia numerosa y pobre, que se desviven por sus hijos, y que con su esfuerzo y su constancia –muchas veces sin voz para decir a nadie que sufren necesidades– sacan adelante a los suyos, creando un hogar alegre en el que todos aprenden a amar, a servir, a trabajar»5.

Si llegan los bienes, siempre será posible vivir como «esos padres y esas madres de familia numerosa y pobre» y hacer con ellos el bien, porque «la pobreza que Jesús declaró bienaventurada es aquella hecha a base de desprendimiento, de confianza en Dios, de sobriedad y disposición a compartir con otros»6.

La pobreza que nos pide a todos el Señor no es suciedad, ni miseria, ni dejadez, ni pereza. Estas cosas no son virtud. Para aprender a vivir el desprendimiento de los bienes, en medio de esta ola de materialismo que parece envolver a la humanidad, hemos de mirar a nuestro Modelo, Jesucristo, que se hizo pobre por amor nuestro, para que vosotros fueseis ricos por su pobreza7.

II. Los pobres a quienes el Señor promete el reino de los Cielos8 no son cualquier persona que padece necesidad, sino aquellos que, teniendo bienes materiales o no, están desprendidos y no se encuentran aprisionados por ellos. Pobreza de espíritu que ha de vivirse en cualquier circunstancia de la vida. Yo sé vivir –decía San Pablo– en la abundancia, pero sé también sufrir hambre y escasez9.

El hombre puede orientar su vida a Dios, a quien se alcanza usando todas las cosas materiales como medios, o bien puede tener como fin el dinero y la riqueza en sus muchas manifestaciones: deseo de lujo, de comodidad desmedida, ambición, codicia… Estos dos fines son irreconciliables: no se puede servir a dos señores10. El amor a la riqueza desaloja, con firmeza, el amor al Señor: no es posible que Dios pueda habitar en un corazón que ya está lleno de otro amor. La palabra de Dios queda ahogada en el corazón del rico, como la simiente que cae entre cardos11. Por eso no nos sorprende oír al Señor enseñar que es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja que el que entre un rico en el reino de los cielos12. ¡Y qué fácil es, si no se está vigilante, que se meta en el corazón el espíritu de riqueza!

La Iglesia nos recuerda, desde sus comienzos hasta nuestros días, que el cristiano ha de vigilar el modo como utiliza los bienes materiales, y amonesta a sus hijos a que estén «atentos a encauzar rectamente sus afectos, no sea que el uso de las cosas del mundo y un apego a las riquezas, contrario al espíritu de pobreza evangélica, les impida alcanzar la caridad perfecta. Acordándose de la advertencia del Apóstol: los que usan de este mundo no se detengan en eso, porque los atractivos de este mundo pasan (Cfr. 1 Cor 7, 31)»13. El que se apegue a las cosas de la tierra no solo pervierte su recto uso y destruye el orden dispuesto por Dios, sino que su alma queda insatisfecha, prisionera de esos bienes materiales que la incapacitan para amar de verdad a Dios.

El estilo de vida cristiano supone un cambio radical de actitud ante los bienes terrenos: se procuran y se usan, no como si fueran un fin, sino como medio para servir a Dios. Al ser medios, no merecen que pongamos en ellos el corazón: son otros los bienes auténticos.

Hemos de recordar en nuestra oración que el desprendimiento efectivo de las cosas supone sacrificio. Un desprendimiento que no cuesta no se vive. Y se manifestará frecuentemente en la generosidad en la limosna, en saber prescindir de lo superfluo, en la lucha contra la tendencia desordenada al bienestar y a la comodidad, en evitar caprichos innecesarios, en renunciar al lujo, a los gastos por vanidad, etcétera.

Es tan importante esta virtud de la pobreza para un cristiano que bien se puede decir que «quien no ame y viva la virtud de la pobreza no tiene el espíritu de Cristo. Y esto es válido para todos: tanto para el anacoreta que se retira al desierto, como para el cristiano corriente que vive en medio de la sociedad humana, usando de los recursos de este mundo o careciendo de muchos de ellos…»14.

III. El corazón humano tiende a buscar desmedidamente los bienes de la tierra: si no hay lucha positiva por andar desprendido de las cosas, se puede afirmar que el hombre, más o menos conscientemente, ha puesto su fin aquí abajo. Y el cristiano no debe olvidar nunca que camina hacia Dios.

Por eso ha de examinarse con frecuencia, preguntándose si ama la virtud de la pobreza y si la vive; si se mantiene atento para no caer en la comodidad o en un aburguesamiento que es incompatible con ser discípulo de Cristo; si está desprendido de las cosas de la tierra; si las tiene, en fin, como medios para hacer el bien y vivir cada vez más cerca de Dios. Porque «en el decurso de la historia, el uso de los bienes temporales ha sido desfigurado con graves defectos… Incluso en nuestros días, no pocos… caen como en una idolatría de los bienes materiales, haciéndose más bien siervos que señores de ellos»15.

Siempre podemos y debemos ser parcos en las necesidades personales, frenando los gastos superfluos, no cediendo a los caprichos, vigilando la tendencia a crearse falsas necesidades, siendo generosos en la limosna, o en la ayuda a las obras buenas. Por el mismo motivo, debemos cuidar con esmero las cosas de nuestro hogar, así como toda clase de bienes que, en realidad, tenemos solo como en depósito para administrarlos bien. «La pobreza está en encontrarse verdaderamente desprendido de las cosas terrenas; en llevar con alegría las incomodidades, si las hay, o la falta de medios (…). Vivir pensando en los demás, usar de las cosas de tal manera que haya algo que ofrecer a los otros: todo eso son dimensiones de la pobreza, que garantizan el desprendimiento efectivo»16.

De esta y de otras formas diferentes se manifestará nuestro deseo de no tener el corazón puesto en las riquezas; también cuando, por razones de profesión u oficio, dispongamos para nuestro uso personal de otros bienes. La sobriedad de que entonces demos prueba será el buen aroma de Cristo, que siempre tiene que acompañar la vida de un cristiano.

Dirigiéndose a hombres y mujeres que se esfuerzan por alcanzar la santidad en medio del mundo –comerciantes, catedráticos, campesinos, oficinistas, padres y madres de familia– decía San Josemaría Escrivá: «Todo cristiano corriente tiene que hacer compatibles, en su vida, dos aspectos que pueden a primera vista parecer contradictorios.Pobreza real, que se note y se toque –hecha de cosas concretas–, que sea una profesión de fe en Dios, una manifestación de que el corazón no se satisface con las cosas creadas, sino que aspira al Creador, que desea llenarse de amor de Dios, y dar luego a todos de ese mismo amor. Y, al mismo tiempo, ser uno más entre sus hermanos los hombres, de cuya vida participa, con quienes se alegra, con los que colabora, amando al mundo, utilizando todas las cosas creadas para resolver los problemas de la vida humana, y para establecer el ambiente espiritual y material que facilita el desarrollo de las personas y de las comunidades.

»Lograr la síntesis entre esos dos aspectos es –en buena parte– cuestión personal, cuestión de vida interior, para juzgar en cada momento, para encontrar en cada caso lo que Dios no pide»17.

Si luchamos eficazmente por vivir desprendidos de lo que tenemos y usamos, el Señor encontrará nuestro corazón limpio y abierto de par en par cuando venga de nuevo a nosotros en la Nochebuena. No ocurrirá con nuestra alma, lo que sucedió con aquella posada: estaba llena y no tenían sitio para el Señor.

1 Lc 14, 33. — 2 Cfr. Mt 4, 2. — 3 Cfr. Mt 17, 23-26. — 4 Mt 8, 20. — 5 Conversaciones con Mons. Escrivá de Balaguer, 111. — 6 S. C. para la Doctrina de la fe, Instr. Sobre la libertad cristiana y la liberación, 22-III-1986, 66. — 7 2 Cor 8, 9. — 8 Mt 5, 3. — 9 Flp 4, 12. — 10 Mt 6, 24. — 11 Mt 13, 7. — 12 Mt 19, 24. — 13Conc. Vat. II, Const. Lumen gentium, 42. — 14 Conversaciones con Mons. Escrivá de Balaguer, 110. — 15Conc. Vat. II, Decr. Apostolicam actuositatem, 7. — 16 Conversaciones con Mons. Escrivá de Balaguer, 111. — 17 Ibídem, 110.

Las 15 enfermedades de la Curia vaticana, diagnosticadas por el Papa

diciembre 22, 2014 § Deja un comentario


Estimados lectores:

 

Os dejo el enlace, que espero que sea de vuestro interés:

http://www.yotengofe.com/estas-son-las-15-enfermedades-de-la-curia-vaticana-diagnosticadas-por-el-papa-francisco?utm_source=dlvr.it&utm_medium=twitter

 

Apenas tengo nada que añadir a las palabras del Papa. Él ha arrojado luz sobre lo que muchos sólo sospechábamos y que, desgraciadamente, no sólo subsiste en el franquismo sociológico y en la intransigencia que reina en algunos sectores de la jerarquía eclesiástica de mi país, sino en la propia Curia romana.

En cuanto al poder del dinero en la Curia, hay mucha literatura. Entre la más actual, recomiendo el libro de periodismo de investigación Las cartas secretas de Benedicto XVI (El libro que ha destapado el escándalo vaticano; título original: Sua Santità. Le carte segrete di Benedetto XVI, 2012), del periodista Gianluigi Nuzzi, Ed. Planeta Madrid, 2012.

Fdo.: Dr. Pablo Guérez Tricarico

Ex Profesor de Derecho Penal de la Universidad Autónoma de Madrid y del Colegio Universitario “Cardenal Cisneros”

@pabloguerez

http://www.citizengo.org/es/14871-papa-francisco-rezo-por-vos?m=5&tcid=8989303

diciembre 18, 2014 § 1 comentario


Mensaje de Felicitación al papa Francisco por su 78 cumpleaños

 

Mensaje general, que hago mío plenamente (publicado en http://www.citizengo.org/es/14871-papa-francisco-rezo-por-vos?m=5&tcid=8989303):

 

Rezo por vos

Estimado Papa Francisco:

Gracias por ser la luz moral y espiritual en un mundo que adora el dinero y el poder y descarta a quienes no son útiles o “convenientes”.

Cuente con mis oraciones.

Atentamente,
[Tu nombre]

 

 

Mensaje personal

 

Felicidades, Santidad.

Estáis haciendo muchas cosas muy buenas en la Iglesia. Estoy seguro que gracias a vuestras palabras y a vuestros hechos, a vuestro ejemplo y estilo sencillo y humilde, como el de Francisco de Asís, muchos católicos no practicantes, o agnósticos, han vuelto a la plena comunión con la Iglesia Católica, entendiendo el ministerio que Vos ejercéis como un servicio y no como un ejercicio de poder, y que permite sensibilidades distintas dentro de esta Casa tan grande que es la Iglesia Católica, porque es la Casa que Jesús quiso para todos en este mundo. Ojalá ésta, y especialmente los sectores jerárquicos más reticentes a seguir el consejo evangélico de la pobreza y a practicar las obras de Misericordia en Nombre del Dios Amor, se impregne del espíritu de humildad que guía a Vuestra Santidad. Mi más sincera felicitación por vuestro cumpleaños y mi felicitación y agradecimiento por vuestra obra pastoral y de gobierno.

Atentamente,

Pablo Guérez Tricarico

@pabloguerez

 

 

Con Jesús, Rey del Universo, despedimos el Año Litúrgico

noviembre 29, 2014 § Deja un comentario


 

Cristo+Rey                        Cielo y tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán (Mt 24, 35)

JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO

 

El pasado domingo 23 de noviembre, la Iglesia Católica de rito latino -la más extendida del mundo- celebró la Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo.

Fue una Fiesta, en sus orígenes no muy remotos, instituida en momentos en los que peligraba la influencia y el poder de la Iglesia frente a los avances de la Modernidad, y, especialmente, el poder temporal de aquélla. Ahora, en un momento en el que el poder temporal de la Iglesia se reduce a la garantía de la imparcialidad e inmunidad de coacción frente al poder civil, labradas a través de los siglos, por medio de la figura de Derecho internacional público de la persona jurídica internacional de la Santa Sede, albergada en el Estado de la Ciudad del Vaticano, de apenas 0,4 km2 de extensión, así como a los vestigios de los antiguos privilegios procesales del refugio “en sagrado” -y que a mi  juicio, como jurista, en un momento de crisis de valores y de legitimidad del poder civil y de los Estados Nación, habría que recuperar-, la Fiesta de Cristo Rey, con la lectura del conocido pasaje de Mt 25 referido al Juicio Universal, representa litúrgicamente la culminación del designio escatológico del hombre y del mundo.

A Jesús, cuya venida volveremos a esperar en el inminente nuevo Año Litúrgico que comienza, con el tiempo de Adviento, ya esta tarde del 29 de noviembre, se le trata como Rey ya desde las antiguas profecías de Isaías y de Zacarías, quien se refiere a un hombre “destinado a gobernar las Naciones con vara de hierro” (Zac 14, 16). La misma descripción aparece en el Apocalipsis (Ap, 12, 5), Libro complejo y de inagotable lectura, escrito en clave de Eternidad, es decir, en la más pura definición borgiana de la misma como “simultaneidad de pasado, presente y futuro aprehendidas por una misma mente”. Por ello, y porque el lenguaje alegórico empleado muchas veces en el Texto Sagrado, muchas de las descripciones bíblicas deben ser entendidas metafóricamente, en su justo sentido.

Los Evangelios nos hablan de que Jesús es adorado ya como Rey por los magos desde su Nacimiento. Pero se trata, como sabemos todos los cristianos, de un Rey muy distinto, como distinta es la predicación de Jesús durante su Reino: “Mirad: el Reino de Dios está dentro de vosotros” (Lc 17, 21). En la noche de su Pasión, preguntado por el Sanedrín y por Pilato, responderá que sí a la pregunta de si es rey. Pero enseguida se aprestará a pronunciarse sobre la naturaleza de su reinado: “Mi reino no es de este mundo” (Jn 18, 36).

¿Qué clase de rey es Jesús? ¿Cuál es la manera de reinar que tiene Jesús? No puede ser un reinado al estilo de los hombres, pues ya había declarado, durante su predicación, que “Los reyes de las naciones las dominan con su poder, y pretenden ser reconocidos como bienhechores… Entre vosotros, que no sea así… Yo estoy entre vosotros como vuestro servidor” (Lc 22, 25-27). Se trata de un rey que se ciñe el cinto, que va a buscar a la oveja descarriada y la pone a salvo. Que nos sostiene a todos y a cada uno de nosotros y nos pone a salvo, diciendo, con el Salmo: “yo te sostengo”. Que no tiene reparos en mezclarse con el pueblo “pecador” y en comer con ellos, con meretrices y publicanos. Es un rey que, antes de ser proclamado burlescamente como tal por sus torturadores, se remanga la camisa y lava los pies a sus discípulos. Ésa es la manera que tiene Jesús de reinar: reinar para nosotros, entendiendo su reinado como un instrumento al servicio de la redención y salvación de los hombres. Jesús reina en nuestros corazones, con tal que le dejemos un mínimo resquicio para poder entrar en ellos. Es un Rey que nos abrió las puertas del cielo llevando por corona una corona de espinas, y por trono una cruz. Por Amor a todos los hombres, su Corazón está representado, en la iconografía católica, especialmente, a partir de la fundación del movimiento de los Sagrados Corazones, con un corazón cubierto por una corona de espinas: símbolo de un Amor sin límites que está dispuesto a aceptar los sufrimientos más horribles con tal de ponernos a salvo y de ensalzarnos hasrta hacernos partícipes de su divina condición. Pues, con el Bautismo, la liturgia católica nos recuerda que el Sacramento hace al catecúmeno “sacerdote, profeta y rey”. Jesús es un Rey deseoso de conducirnos al Padre, que es el Amor mismo, que le ha ensalzado y le ha dado poder sobre toda la Creación, y de hacernos coherederos con Él del Reino de los Cielos que el Padre le ha entregado, preparado para sus benditos desde antes de la creación del mundo. Con tal de que le digamos que sí. Al cumplimiento de su voluntad. Y a cambio escucharemos: “Venid a mí, benditos de mi Padre”. Así, leemos en el Evangelio del Domingo de Cristo Rey: “Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles, entonces se sentará en su trono de gloria. Serán congregadas delante de él todas las naciones, y él separará a los unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos. Pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda. Entonces dirá el Rey a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme”. Entonces los justos le responderán: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; o sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos forastero, y te acogimos; o desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte?” Y el Rey les dirá: “En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis” (Mt 25, 31-14).

Rebuscando en el ciberespacio de las homilías católicas para esta Solemnidad, no he podido encontrar mejor colofón que éste para terminar este post. Pertenece a una página católica muy recomendable que destila autenticidad evangélica desde el principiol, y tiene una licencia de copyleft, es decir, una licencia similar a las de creativecommons.org que yo suelo utilizar. Se permite la reproducción de su contenido citando su origen, y que podéis encontrar íntegro en http://www.acogerycompartir.org/palabra/2012/1125.html, no sin antes situar al lector en el contexto del mismo, a partir de la reflexión que puedan suscitar estas palabras a las que antes me he referido: “Jesús reina en nuestros corazones”. Creo compartir con muchas personas, creyentes y no creyentes, la percepción de una renovación en la Iglesia, tanto desde abajo, pedida desde los grupos de oración de las parroquias más humildes en todo el mundo cristiano, como desde arriba, en cuanto está siendo promovida por el papa Francisco. El texto que cito parte de la necesidad de situar la primacía del reinado de Cristo aquí y ahora. Cristo ha resucitado y ya es Rey. Aunque no lo veamos, como Él mismo dijo: “El Reino de Dios está en vuestros corazones”. Depende de nosotros, por tanto, remover las estructuras de pecado que configuran una sociedad muchas tecnológicamente muy avanzada pero muchas veces inhóspita para hacer posibles los ideales del Reino de Dios aquí y ahora, en este mundo que Cristo ha ganado para nosotros. Así, el objetivo escatológico de un cielo nuevo y una tierra nueva no debe sumirnos en una espera apática, sino servirnos de referente para ayudar a mejor este mundo, de una manera sencilla, como se expresaba y actuaba Jesús, “dando de comer al hambriento”. El párrafo que escogido del texto al que antes he aludido es el siguiente: “Aunque la fe cristiana nos lleve a mirar siempre más allá de la sociología y la política, ya es bueno que, con otras muchas personas, luchemos por metas intermedias, que son, sin embargo, bien importantes.  Jesús hace presente a Dios en el centro de nuestra historia y por eso Él en persona es el Reinado de Dios.  Sin olvidar que Dios reina místicamente en las personas santas.  En el concilio Vaticano II la Iglesia renunció a monopolizar la realización del Reinado de Dios.  Bastó decir que ha de ser germen o signo del Reinado de Dios hacia el mundo.

Eso debería haber sido y eso debería ser.  La crítica del poder absoluto de la realeza terrena se extiende también en el evangelio al poder absoluto que ejercen las instancias religiosas. A poco de iniciar el relato de la activación del programa del Reino, el evangelio de san Marcos indica que fariseos y herodianos se confabularon para hacer desaparecer a Jesús (Marcos 3,6).  La imagen del Reinado de Dios y de Cristo Rey del Universo no justifica que en la Iglesia se reproduzcan los símbolos y las estructuras de los gobiernos absolutos que tiranizan al mundo”.

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