MENSAJES DE REFLEXIÓN – DEPRESIÓN – SALUD –

agosto 17, 2014 § 1 comentario


pabloguerez:

Ante este excelente post de mi amigo Marcial, con cuyo contenido estoy muy de acuerdo, no quisiera centrar mi atención sobre el debate en torno a si las “enfermedades mentales” tienen una entidad nosológica equivalente a la de las enfermedades físicas. Tengo mi opinión fundada al respecto, y, como quizá tenga ocasión de expresar en otro post, las denominadas “enfermedades mentales”, cada vez más definidas conforme a un patrón de morfología de respuesta según las necesidades funcionales de la sociedad norteamericana son, sin duda, afecciones, debilidades e impedimentos, pero que no pueden ser explicadas sin más -como pretenden muchos psiquiatras- como “enfermedades del sistema nervioso central”, sin consideración alguna al papel mediador de lo social en la relación entre individuo y el comportamiento, basado en el aprendizaje, que éste manifiesta en su entorno. En cuanto al fondo de la cuestión, y al margen de estas consideraciones teóricas, mi principal intención, en un blog de victimización sociológica, está íntimamente ligada a mi convicción profunda sobre la necesidad de tocar un aspecto espinoso que afecta, en distinto grado, al estigma social de los “enfermos mentales”: se trata, ni más ni menos, que la reivindicación de su dignidad, cuyo reverso es la denuncia de una sociedad enferma. A estas alturas de la investigación en ciencias humanas, no es posible no tener en cuenta el gran papel de la sociedad como condicionante del comportamiento, que es obviado, cuando no abiertamente despreciado, por los psiquiatras -en su mayoría aprendices de psicólogos-, que intentan “tratar” desde una óptica parcial y sesgada precisamente los problemas descritos en el post reblogueado.

En esta línea de pensamiento, de acuerdo con mi punto de vista, depresiones, ansiedades, adicciones, no pueden verse como expresión única de una “voluntad” -ni siquiera acción- “desviada” por parte del “sujeto de estudio”, sino que, sin ignorar la historia individual de cada paciente en concreto, no es posible desconocer la gran determinación social del comportamiento humano, el cual, si no resulta completamente condicionado, sí está determinado muchas veces por sociedades enfermas que imponen al individuo un aprendizaje erróneo, el cual, por su propia naturaleza, no puede sino contribuir al desarrollo de estas “enfermedades mentales”. A mi juicio estas enfermedades -curiosamente en clamoroso aumento en los países “ricos”- no son más que, en la mayor parte de los casos, epifenómenos del descontento existencial del individuo con unas premisas sociales que lógicamente son vistas como insoportables: el éxito a toda costa, el materialismo, el refuerzo positivo social de aquellos que consiguen un reconocimiento social cada vez más identificado con la posesión de bienes, muchos de ellos, innecesarios. Estas personas, muchas veces, necesitan comprar distracciones cada vez más caras a toda costa, para así escapar del terrible vacío existencial que les aqueja. En el fondo, no son tan distintas de las personas tildadas de “enfermos mentales”; sólo han conseguido camuflar su debilidades o comprar su aprobación social de manera que éstas ya no sean desadaptativas, ni mucho menos representen un peligro “para sí mismas” (sic) o para la sociedad.

Por su parte, las personas aquejadas por depresión, ansiedad, adicciones u otros “trastornos” suponen una piedra de toque incómoda para el “sistema”, que trata de silenciar lo bueno que hay en ellas a través de sutiles procesos de victimización y “blaming” con el objetivo de que éstas, oficialmente etiquetadas como “enfermas” -en el sentido de incompetentes-, y de “culpables” -hasta el punto en el que en muchas terapias, sobre todo de grupo, se reviste de cientificidad la posibilidad de la renuncia a toda “curación” y lo único que se intenta, en lenguaje políticamente correcto, es que el paciente “controle” su “enfermedad”, sobre todo llegando a interiorizar la máxima de que “él se lo ha buscado”-. Con estos diabólicos procedimientos, que pueden estar plagados de buenas intenciones por parte de los terapeutas, se intenta que los pacientes renuncien a la esperanza terapéutica, tan auténticamente humana, de poder ser y comportarse, como objetivo final de la terapia -que debería centrarse más en el aprendizaje de herramientas de autocontrol idóneas no sólo para eliminar opciones individuales autodestructivas, sino también para soportar los “outputs” sociales perniciosos a través de un refuerzo de la autoestima-, como personas autónomas o, como diría el psicólogo humanista gestáltico Jorge Bucay, “autodependientes”: artífices de su propio destino y de su función social, y por la misma, con capacidad, autoridad moral y habilidades sociales para cuestionar los valores imperantes.

Pablo Guérez, PhD

Originalmente publicado en Marcial Rafael Candioti IV - Mi Legado: Humanidad, Solidaridad, Independencia, Libertad: sin Concesiones para Publicar Noticias - ENCUESTAS:

Foto Gentileza: suat.com.uy

Foto Gentileza: suat.com.uy

Por lo menos, una de cada cuatro personas que llegan al consultorio de un especialista en salud mental lo hace con síntomas emocionales como la tristeza, la angustia, la apatía o el desgano, o cuadros depresivos más afianzados. Desde la Asociación de Psiquiatras Argentinos afirman que el aumento de ese tipo de consultas que se fue dando especialmente en los últimos 10 años es “significativo” en la práctica, aunque no se dispone de estudios poblacionales.

La muerte del popular actor norteamericano Robin Williams, que sufría de un cuadro depresivo grave, sacó a la superficie esta problemática que es considerada un verdadero flagelo moderno.

Factores externos e internos como la violencia, la inestabilidad laboral percibida o real, las frustraciones, la insatisfacción constante o los reproches por no poder cumplir siempre una demanda cultural de éxito instalada en la sociedad influyen quizá como nunca antes en…

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The Fisher King / El rey pescador

agosto 15, 2014 § Deja un comentario


 

A Robin Williams Tribute

 

Grial        Robin Williams     Grial templarios

To Robin Williams, IN MEMORIAM

 

“¿Alguna vez has oído la historia del Rey Pescador?

Comienza cuando el rey era un muchacho que tuvo que dormir solo en el bosque para probar su valor y así llegar a convertirse en rey…

Mientras que pasaba la noche solo, lo visitó una visión sagrada…

De entre unas llamaradas aparece el Santo Grial…símbolo de la gracia de Dios.

Una voz le dijo “Tú serás el portador del Grial para que cure los corazones de los hombres”

Pero el muchacho fue cegado por visiones más grandiosas… de una vida llena de poder, gloria y belleza. Y en este estado de asombro radical…él se sintió por un breve instante… no como un muchacho… sino invencible. Como Dios. Entonces trató de alcanzar el fuego para tomar el Grial… y el Grial desapareció… dejándolo con su mano terriblemente herida por el fuego.

Conforme este muchacho crecía…su herida se hacía más profunda. Hasta que un día… la vida para él perdió el sentido. Ya no tenía fe en ningún hombre, ni siquiera en sí mismo. No podía amar o sentirse amado… estaba tan enfermo de experiencia que comenzó a morirse.

Un día, un bufón merodeó por el castillo del rey… y lo encontró solo. Y siendo un bufón, era ingenuo. Él no vio a un rey… solamente vio a un hombre abandonado… y sufriendo. Y el bufón preguntó al rey, ” ¿Qué te aflige, amigo?” Y el rey contestó: “Estoy sediento y necesito un poco de agua para refrescar mi garganta.” El bufón tomó una copa que estaba al lado de su cama, la llenó de agua y se la dio al rey.

Y mientras el rey comenzó a beber… se dio cuenta que su herida se había curado. Al fijarse, vio que allí estaba el Santo Grial, el que había buscado durante toda su vida. El rey se volteó hacia el bufón y dijo: “¿Cómo has podido encontrar aquello que mis hombres más valientes e inteligentes no pudieron?”

El bufón contestó: “No lo sé. Lo único que sabía era que tú tenías sed” (El Rey Pescador, 1991)

 

Hace tres días, Robin Williams nos ha dejado. No me considero ningún clarividente, pero algo, en lo profundo de mi corazón, me dice que a él, como a muchos, un tercer día le llegará.

Con independencia de la polémica valoración “técnica” del actor, en la que no quiero entrar, Robin Williams fue, para muchas personas de mi generación, un extraordinario acto que supo encarnar como pocos, desde una interpretación tragicómica, personajes problemáticos para la sociedad del stablishment norteamericano, hasta el punto que constituyó una auténtica “espinilla” para la conciencia colectiva de su país. Fue mendigo traumatizado y ex profesor de universidad en El Rey Pescador, mendigo excluido por el “sistema” en Con honores (With merit), periodista humanista en Good morning Vietnam, profesor deshonrado en El club de los poetas muertos o médico filántropo en Despertares. En todas sus interpretaciones dio vida a personajes que cuestionaron abiertamente la servidumbre que conlleva el sueño americano, basado exclusivamente en el triunfo y el éxito individual y material, encarnando valores contrarios a la idiosincrasia norteamericana dominante, tan condicionada por la ética del triunfo a toda costa y fruto de las más radicales corrientes del protestantismo, que en ocasiones debería ruborizarse ante su denominación de “cristiano”: valores de humanidad, de compromiso con los más débiles, de solidaridad y bonhomía. Es precisamente por todo ello, por haberse rebelado contra un sistema social injusto que hace del triunfo en los negocios la norma suprema del desarrollo personal, y por haber encarnado a los más débiles, a los desamparados, a los excluidos por el sistema y el status quo constituido por los “triunfadores”, por los succesful men, aquéllos que se llaman a sí mismos “hombres de bien”, defensores del law and order, los que profanan el nombre de Dios con su apego a los bienes de este mundo, e incluso con la diabólica doctrina poscalvinista de la identificación del éxito material con la salvación divina, por lo que Robin Williams ha supuesto un referente moral para muchas personas de mi generación. Su muerte no debe interpretarse, como proclamarían los defensores del más rancio law and order, como un comportamiento inmoral debido a las drogas, sino como una consecuencia de la incomprensión y el ostracismo social de una sociedad, la estadounidense, privada de referentes morales auténticos. Fue ello lo que condujo al actor, a pesar de su humor desbordante, a la depresión y, con ello, a la desesperación. Cualquier juicio adicional sobre la conducta que haya conducido a su muerte sobra, no sólo desde una perspectiva humana, sino auténticamente cristiana. Mucho menos deben cargarse las tintas por los fariseos de ahora contra su persona. Antes bien, estas personas deberían reflexionar sobre el porqué de su suicidio, sobre las gravísimas causas sociales que han empujado a un hombre capaz de criticar a todo un stablishment y al american dream cautivando a los espectadores tan sólo con una sonrisa. Este antihéroe americano merece, sin lugar a dudas, todos mis respetos, así como mi llanto por su pérdida, junto a las críticas de aquellos a los que “les va bien” a los ojos del mundo, y que, por lo tanto, les es más difícil no caer en aquellas debilidades más visibles para los hombres, pero no en aquellas más graves para Dios, como la envidia, la soberbia, la codicia o el odio. Y a propósito de todo esto, la fortísima exigencia social de “triunfar a toda costa”, el falso mito del self-made man, y el reduccionismo soteriológico del hombre al american dream se han convertido en los Estados Unidos, desde hace ya demasiado tiempo, en una carga illevadera, del estilo de las que denunciara Jesús. Mis pocos lectores saben que no me gusta se políticamente correcto. Una vez más, no lo soy. De las consideraciones que acabo de exponer deducirá el lector fácilmente mi conclusión: Williams ha sido una víctima más de una sociedad despiadada, la cual, proponiendo como única meta y sentido del hombre las cosas de este mundo, es capaz de desacreditar con una brutalidad inimaginable a aquellos hombres que se atrevan a cuestionar el rancio conservadurismo de los epígonos de la llamada “ética protestante”, verdadero escándalo para el auténtico mensaje evangélico. Sé que a más de uno mis palabras podrán parecer muy duras, pero las escribo desde la sinceridad que brota de mi corazón y desde la fe confiada en un Dios que no quiere personas ricas ante este mundo –y mucho menos que alardeen de su riqueza y hagan de ella el bastión de una nueva “religión” basada en las riquezas y el poder, así como en el cumplimiento de un falsa piedad a la cual, pese a la observancia externa de la ley, le falte corazón, como al león de El mago de Oz-; Dios quiere personas ricas ante Él, como Jesús se ocupó de predicar reiteradamente, incluso con mayor crudeza, durante su paso por este mundo.

Anoche, las luces de Broadway se atenuaron para homenajear a un hombre cuya luz iluminó la conciencia de muchos hombres buenos que no quisieron ver en el estado de las cosas la plasmación de la Ley de Dios, sino que se sintieron espoleados por los personajes interpetados por Williams que, desde la alegría y el sentido del humor, cuestionaron el american dream. Más allá de otras corrientes críticas del pensamiento estadounidense –como el llamado “realismo sucio” de Carver-, William supo cuestionar el sistema desde la alegría y la esperanza verdadera, que es la del que no tiene nada y sabe esperar contra toda esperanza. Por ello, a tres días de su muerte, suplico al Dios de la Misericordia y la Clemencia, el único en el que creo, que perdone sus pecados de debilidad debidos a situaciones de desesperación tan fácilmente ignoradas por los llamados “hombres justos”, y que Él le conduzca a la eternidad de Su presencia. Dios quiera que mi oración de intercesión por Robin Williams se una a la de todos los hombres misericordiosos, que, según la promesa de nuestro Señor Jesucristo, alcanzarán misericordia y que, con la intercesión de la Santísima Virgen, cuya gloriosa Asunción a los Cielos en cuerpo y alma celebra hoy con gozo la Iglesia Universal, brille sobre él la Luz eterna. Good bye, Mr. Williams. May you rest in peace.

 

Pablo Guérez, Phd.

MENSAJES DE REFLEXION – MENSAJES POSITIVOS: SI CREES QUE LA ECONOMIA…

julio 30, 2014 § Deja un comentario


pabloguerez:

Totalmente cierto, aunque en mi caso tardaría poco en contar mi dinero, por lo que me salvaría de la asfixia economicista que nos embarga.

Originalmente publicado en Marcial Rafael Candioti IV - Mi Legado: Humanidad, Solidaridad, Independencia, Libertad: sin Concesiones para Publicar Noticias - ENCUESTAS:

si crees

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¿Es posible conciliar la planificación de nuestra vida con la confianza en la Providencia divina? Especial referencia al trabajo en la situación de CRISIS actual, a la luz del Evangelio y de la doctrina social de la Iglesia.

julio 28, 2014 § Deja un comentario


A mi padre

 

http://es.catholic.net/escritoresactuales/854/1702/articulo.php?id=39646&msj=2&msj=1

 

Comentario:

 

El enlace que acabo de postear, publicado por Pioneros de Schoenstatt, movimiento católico que me merece el mayor de los respetos, realiza una breve exégesis del conocido y precioso mensaje de confianza en la Providencia contenido de Mt 6,24-34, sobre los pájaros del cielo y los lirios del campo. Intenta conciliar la confianza en la Providencia con nuestra necesidad humana de previsión y seguridad. Sin embargo, desde mi punto de vista el artículo “se queda corto” y no convence, a mi juicio. Y se queda corto precisamente desde el lado “providencialista”. La posibilidad conciliadora entre confianza en la providencia yy planificación de nuestras vidas, que sostiene el artículo posteado, resulta hoy, por la “certeza de la inseguridad” en la que se basan las sociedades aun de los países más desarrollados, no guarda relación directa con otros pasajes del Evangelio. En particular, con la condena de Jesús de la acumulación de riquezas -que no es equiparable al ahorro-, así como con otros pasajes neotestamentarios que recuerdan la sabiduría de los Salmos de David o de los Libros Proféticos del AT, algunos recordados por algunas epístolas de San Pablo: “Mis caminos no son vuestros caminos” (Is 55, 58), pasajes que nos recuerdan la absoluta precariedad de la vida y de la condición humanas, que sólo pueden descansar en la confianza en Dios, y no en las seguridades que nos construimos los hombres, seguridades cuyo carácter ilusorio es puesto de manifiesto por los signos de los tiempos cada vez con mayor crudeza y con pavorosa actualidad. En otro lugar del Evangelio de Mateo se nos invita a no atesorar tesoros en la tierra, sino a buscar los bienes del Cielo. Así, en Mt  6,19-23 leemos: “Jesús dijo a sus discípulos: “No atesoréis tesoros en la tierra, donde la polilla y la carcoma los roen, donde los ladrones abren boquetes y los roban. Atesorad tesoros en le cielo, donde no hay polilla ni carcoma que se los coman, ni ladrones que abran boquetes y roben. Porque dónde esté tu tesoro, allí estará tu corazón. La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, tu cuerpo entero tendrá luz; si tu ojo está enfermo, tu cuerpo entero estará a oscuras. Y si la única luz que tienes está oscura, ¡cuánta será la oscuridad!”).

Así las cosas, y por comentar críticamente la exégesis realizada de la invitación a la Providencia, quisiera comenzar diciendo que el mensaje evangélico me parece, a mi modo de ver, un sabio mensaje común a casi todas las religiones, antiguas y modernas, tanto occidentales como orientales -y sobre todo propio de éstas-, que con sabiduría milenaria han conseguido transmitir una enseñanza capaz de llevar mejor la paz al corazón del hombre que el mensaje contrario: el mensaje cristiano tergiversado propio del protestantismo clásico y de sus derivaciones en varias Iglesias reformadas, que insiste en la necesidad de triunfar en los negocios como signo externo de la gracia divina (cfr. Weber, Max, El espíritu protestante y la ética del capitalismo), y en el que se funda en buena parte el llamado “progreso” de nuestra decadente -pues ha perdido ya su ética originaria, incluso comercial- sociedad occidental.

Descendiendo a la “realidad de las cosas y del trabajo” en los actuales tiempos, ¿qué hacer cuando no hay trabajo y la lacra del paro se ceba precisamente con los que más hemos hecho fructificar nuestros talentos, precisamente porque los “emprendedores” tiene miedo de que no aceptemos sueldos menores? ¿Hasta cuándo debemos las personas que nos hemos esforzado toda nuestra vida en hacer fructificar nuestros talentos -aun en momentos de pecado y debilidad-, hasta conseguir la máxima titulación académica, la de Doctor (PhD), y no encontramos trabajo? ¿Mandar 100 currícula? ¿200? ¿500? Cualquier número podrá ser insuficiente porque siempre es posible pensar, in abstracto, en una mayor. Si mandamos 1000, siempre se nos puede reprobar que no hayamos mandado 1001.  Genitori et societati numquam satis. La única solución lógica, pero injusta, es infinito, lo que pasa por la extenuación del demandante de empleo, sobre todo porque ante esta situación es muy probable que se vea afligido por la depresión y la frustración, que paraliza, sin culpa alguna del trabajador en paro -el cual es encima victimizado y culpabilizado por su situación por las generaciones que le precedieron, por la clase política y empresarial y por la sociedad en su conjunto-, sus posibilidades de emprender una búsqueda fructífera de un trabajo que le procure un sostenimiento decoroso, no digamos ya la posibilidad de formar una familia, como han venido enseñando reiteradamente los papas en sus encíclicas sobre la doctrina social de la Iglesia. A este respecto, quisiera hacer una observación de la parábola de los talentos, que debe intepretarse sistemáticamente; el Señor, al igual que reparte talentos, reparte -o permite- cruces. Es por este motivo por lo que, especialmente en la situación socioeconómica actual, y especialmente en lo tocante a las economías de los países llamados “desarrollados”, la utilización de esta parábola como arma arrojadiza generacional es peligrosa en boca de las generaciones ya colocadas, que no entienden de la BRUTAL CRISIS que padece la sociedad, que lleva a cosas tan ilógicas como la hipercualificación constituya una desventaja. Desde luego, ilógicas desde el punto de vista de la justica y la equidad, pero perfectamente lógicas desde el mercado de trabajo y, en particular, de la figura del llamado “emprendedor”, que con la excusa de la crisis no aceptará personas cualificadas o hipercualificadas con el pretexto de no poder pagar salarios acordes con la cualificación alegada. Es más, presionará a los “mercados del conocimiento”, es decir, a las instituciones académicas, públicas o privadas, para que impartan enseñanzas conformes sólo con los caprichos coyunturales del mercado, denominados “nuevas necesidades del mercado” e incluso “necesidades de la nueva sociedad de la información y del conocimiento”. Y ante la conformidad del trabajador, ésta será vista con sospecha, sobre todo si se trata de un trabajador bien formado intelectualmente, con capacidad crítica y competencia para resolver problemas complejos, que la cortedad de mira sdel “emprendedor” no sabrá valorar, y mucho menos los psicólogas -y utilizo el femenino porque son abrumadora mayoría- de recursos humanos reclutadoras de carne fresca según los manuales al uso para para que los trabajadores finalmente seleccionados puedan ocupar un puesto para que la empresa “vaya tirando”. Por supuesto, los beneficios empresariales obedecerán a otra lógica muy distinta: la lógica de su inversión en los mercados financieros y su mágica transmutación en productos de nombres cuasi esotéricos; derivados, futuros, warrants up o down, bonos convertibles, acciones A, B, C, o cócteles financieros de todos ellos empaquetados en respetables fondos de inversión o planes de inversiones listos para la venta a los “ahorradores”, que no son más que las personas decentes que han conseguido acumular un pequeñísimo patrimonio con su trabajo a la largo de toda su vida. Si me habéis seguido hasta aquí, queridos lectores, ¿acaso no estáis ya cansados, pero desde hace ya muchísimo tiempo, de toda esta palabrería economicista que se cobra a precios de 60.000 euros en algunos “Másteres” de “ciencias empresariales, MBA, márketing y ciencias ocultas análogas?
Lógicamente, esta situación varía de país en país, de acuerdo con la diferente “cultura empresarial” que se tenga. Pero en España lo que ha primado y sigue primando -aunque la crisis haya detenido las ansias de codicia de los empresarios, que volverá a reaparecer si cabe con mayor virulencia cuando comencemos a experimentar un crecimiento económico real-, es un modelo que volverá a aplicarse; un modelo económico basado en el natural connubio entre construcción, servicios inmobiliarios, entidades financieras y corrupción pública, todo ello condimentado con una alta dosis de cinismo aplicada por los políticos que seguirán pidiendo “sacrificios” a los trabajadores en términos de moderación salarial, renuncia a los seguros sociales y a las pensiones públicas, renuncia a la sanidad y a la educación pública y a otros sistemas de previsión social mínimamente tutelados por el Gobierno.
En los tiempos de Cristo era más fácil poder vivir con poco. Lamentablemente hoy no. La doctrina social de la Iglesia, muchas veces no conocida en su integridad, y más compleja de lo que parece -aunque a mi juicio desde que surgiera como disciplina eclesiástica con cierta autonomía con la publicación de la Rerum novarum por parte del papa León XIII siempre se ha mostrado más favorable a los ricos que a los pobres, como espero poder tener tiempo de argumentar en una entrada posterior- revela sorpresas incluso para los que la blanden como arma arrojadiza en contra de opciones políticas legítimas “de izquierdas” respecto de las cuales la Iglesia, de conformidad con su propia doctrina, debería permanecer neutra, siempre y cuando aquellas doctrinas puedan funcionar sin una concepción socioantropológica distorsionada del hombre y de su dignidad en el mundo. Ello puede deducirse fácilmente de una lectura sosegada de varios documentos y declaraciones del Concilio Vaticano II, cuya enumeración, para no sobrecargar al lector con un farragoso elenco, resulta innecesaria, pero entre las que destaca la “Gaudium et spes”, que proclama la neutralidad política de la Iglesia en cuanto a opciones políticas temporales, así como las cartas encíclicas “Mater et magistra” de S. S. el papa San Juan XXIII de 1961 o la “Populorum Progressio de S. S. el papa Pablo VI de 1967. También son interesantes declaraciones a este respecto de los papas San Juan Pablo II, Benedicto XVI o del actual papa Francisco, por cierto, muy sensibilizado con el problema del paro juvenil, hasta el punto de que lo ha considerado un problema que afecta a la propia dignidad de quien lo sufre y a sus posibilidades de desarrollo personal, familiar, intelectual y aun espiritual dentro del sistema social. En este punto la doctrina sobre la dignificación del trabajo, constante en la evolución de la doctrina social de la Iglesia debe ser aplaudida, mas no por ello deben aceptarse cualesquiera condiciones de trabajo -algo de ello dicen también algunas encíclicas-, ni mucho menos debe dejarse al arbitrio de las coyunturas del mercado la determinación de las condiciones de trabajo y, especialmente la determinación del salario justo (vid., unánimemente, las encíclicas Rerum Novarum, Quadragesimo Anno, Mater et Magistra, Pacem in Terris, Populorum Progressio, Sollecitudo rei socialis, así como múltiples declaraciones tanto del Concilio Vaticano II como de los papas del siglo pasado y de éste, especialmente del papa Francisco.
A los que buscamos trabajo se nos dice muchas veces que debemos acudir al patrón -hoy llamado empleador o, peor, “emprendedor”, aunque no emprenda nada-, y no al revés, y conozco casos en los que esta acusación es vertida contra el demandante de empleo en su propia cara por parte del empresario cuando aquél acude a la empresa a pedir trabajo. A la luz de la terrible injusticia que suponen estas incidencias, que no son más que una manifestación más de la terrible desigualdad entre empresario y trabajador en el estadio del capitalismo actual posfordista, como curiosidad histórica sobre la evolución de la doctrina social de la Iglesia, puedo comentar, a favor de aliviar la carga a los trabajadores en su búsqueda de un empleo que les permita su decoroso sustento, que ya en la encíclica Quadragesimo Anno, S.S. el papa Pío XI comentaba que sería deseable que fuera el Capital el buscara al trabajo, y no al revés. Por su parte, el actual papa Francisco ha cargado ya en innumerables ocasiones justamente las tintas contra un mercado economicista que no tiene en cuenta el talento de las personas y nuestra dignidad, habiendo alertado a los empresarios sobre la gran responsabilidad que tienen para erradicar la lacra del desempleo y, especialmente, el que afecta a las personas con menos recuros y a los más jóvenes, en relación con los cuales las cifras del paro, especialmente en los países mediterráneos, reviste cifras alarmantes.
A.M.D.G.
Fdo./Signed by: Pablo Guérez Tricarico, PhD.
En Calpe (Alicante), a veintinueve de julio de dos mil catorce.
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¿Es posible conciliar la planificación de nuestra vida con la confianza en la Providencia divina? Especial referencia al trabajo en la situación de CRISIS actual, a la luz del Evangelio y de la doctrina social de la Iglesia, by Pablo Guérez Tricarico, PhD is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial 4.0 Internacional License.
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Acabemos con la barbarie en Tierra Santa: שלום. سلام. Pax. Peace!

julio 24, 2014 § Deja un comentario


 

 Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios (Mt 5, 9)

 

 

ADVERTENCIA: Las siguientes imágenes pueden herir la sensibilidad del lector.

 

niños sirios      ninño islaelí  niños palestinos  Gaza

 

“Entre las tareas más graves de los hombres de espíritu generoso hay que incluir, sobre todo, la de establecer un nuevo sistema de relaciones en la sociedad humana, bajo el magisterio y la égida de la verdad, la justicia, la caridad y la libertad: primero, entre los individuos; en segundo lugar, entre los ciudadanos y sus respectivos Estados; tercero, entre los Estados entre sí y, finalmente, entre los individuos, familias, entidades intermedias y Estados particulares, de un lado, y de otro, la comunidad mundial. Tarea sin duda gloriosa, porque con ella podrá consolidasrse la paz verdadera según el orden establecido por Dios. De estos hombres, demasiado pocos sin duda para las necesidades actuales, pero extremadamente beneméritos de la convivencia humana, es justo que Nos hagamos un público elogio y al mismo tiempo les invitemos con urgencia a proseguir tan fecunda empresa. Pero al mismo tiempo abrigamos la esperanza de que otros muchos hombres, sobre todo cristianos, acucidados por un deber de conciencia y por la caridad, se unirán a ellos. Porque es sobremanera necesario que en la sociedad contemporánea todos los cristianos sin excepción sean como centellas de luz, viveros de amor y levadura para toda la masa. Efecto que será tanto mayor cuanto más estrecha sea la unión de cada alma con Dios. Porque la paz no puede darse en la sociedad humana si primero no se da en el interior de cada hombre, es decir, si primero no guarda cada uno en sí mismo el orden que Dios ha establecido (…) Pidamos, pues, con instantes súplicas al divino Redentor esta paz que Él mismo nos trajo. Que Él borre de los hombres cuanto pueda poner en peligro esta paz y convierta a todos en testigos de la verdad, de la justicia y del amor fraterno. Que Él ilumine también con su luz la mente de los que gobiernan las naciones, para que al mismo tiempo que les procuran una digna prosperidad, aseguren a sus compatriotas el don hermosísimo de la paz. Que, finalmente, Cristo encienda las voluntades de todos los hombres para echar por tierra las barreras que dividen a los unos de los otros, para estrechar los víncluos de la mutua caridad, para fomentar la recíproca comprensión, para perdonar, en fin, a cuantos nos hayan injuriado. De esta manera, bajo su auspicio y amparo, yodos los pueblos se abracen como hermanos y reine siempre entre ellos la tan anhelada paz (…) Para todos los hombres de buena voluntad, a quienes va también dirigida esta nuestra encíclica, imploramos de Dios salud y prosperidad (…)”. (San Juan XXIII, “Pacem in Terris”, 163-164, Roma, 1963)

 

Desde este Primer Mundo cada vez más “ombliguista” y centrado en resolver problemas imaginarios que él mismo se ha creado, como la crisis de la economía financiera, la opinión pública parece cada vez más insensibilizada ante los problemas de verdad que hoy por hoy asolan a la Humanidad. El conflicto en Tierra Santa es ua barbarie que clama al Cielo y de la que todos somos, en parte, corresponsables, por su puesto, con un grado de responsabilidad distinta. La tragedia de los asesinatos ordenados por el Gobierno israelí en masa, con cientos de niños e inocentes asesinados, ha sido producida por las mismas técnicas terroristas que aquél denuncia de su enemiga, la organización terrorista Hamás, ante una pasividad de la comunidad internacional que ya no sorprende. No obstante, algo parece haber cambiado en la actitud de la comunidad internacional, sobre todo, en relación con el apoyo al equilibrio de fuerzas en la región. En este sentido, puede detectarse un ligero cambio en las actitudes estratégicas tanto de parte de las Derecha tradicional como de parte de la nueva Izquierda, tanto en Europa como en Estados Unidos. Mientras sectores cada vez más destacados de la Derecha europea han ido acallando, tras el nuevo orden mundial, las voces prosionistas y ha reconocido la necesidad de un Estado palestino -seguramente ello no haya obedecido a un cambio de “principios morales”, sino a la oportunidad de hacer negocios con los islamistas-, en la línea oficial tanto de la Administración Bush como Obama, las formaciones que realmente pueden todavía considerarse “de izquierdas” -en España, por ejemplo, Izquierda Unida y tal vez un sector incipiente del PSOE en renovación-, no han renunciado a la clásica preferencia geoestratégica proislámica. Los dirigentes que han seguido en esta lógica todavía propia de la Guerra Fría, y que surgiera como opción geoestratégica para frenar lo que llamaban el imperialismo yanqui mantienen hoy un apoyo incondicional hacia la causa islámica, desdibujando con ello la delgada línea roja entre el apoyo a las reinvindaciones del pueblo palestino por la vía pacífica y la semijustificación de las actuaciones de organizaciones integristas como Hamás, que en níngún caso pueden ser justificadas, ni total ni parcialmente, ni siquiera como represalias a las actuaciones criminales del Gobierno de Israel, en la medida en que en la lucha armada se empleen métodos prohibidos por el Derecho de la guerra o se atente indiscriminadamente contra la población civil. Ello sólo conduce a una imparable espiral de violencia de progresión geométrica que se va acentuando con el tiempo, y que cada vez resulta más difícil detener. Así las cosas, lo que parece haber quedado claro es que sin una intervención decidida de las Naciones Unidas que pase por dejar atrás los atavismos de la Guerra Fría y sus retrógrados comportamientos geoestratégicos adquiridos el objetivo de lograr una paz verdadera en Oriente Medio parece imposible.

Los cristianos y, en general, los hombres de buena voluntad, no podemos, no debemos permanecer impasibles ante semejante escalada de violencia que repugna el espíritu evangélico, especialmente cuando la tierra afectada por el horror y los asesinatos en masa de niños e inocentes de todas etnias y religiones es la tierra en la que nació, predicó, vivió y murió Nuestro Señor Jesucristo, el cual, aun refiriéndose al templo de Jerusalén, bien puedo referirse a los horrores de la perpetuación del conflicto palestino-islaelí al exclamar: “Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad más bien por vosotras mismas y por vuestros hijos. Porque he aquí, vienen días en que dirán: “Dichosas las estériles, y los vientres que nunca concibieron, y los senos que nunca criaron.…” (Lc 23, 28-29).

¿Qué hacer por tanto ante la escalada de violencia en Tierra Santa, lo que constituye una vergüenza para las tres religiones abrahámicas implicadas que profesan en sus respectivos credos el valor de la paz? El conflicto palestino-israelí debe verse como lo que es: una guerra de hostilidades fundada en el odio atávico tanto de los intransigentes sionistas como de los fundamentalistas de Hamás. Tanto unos como otros son igualmente culpables de las tremendas atrocidades cometidas en las últimas semanas, sobre todo contra la población civil, y especialmente de las muertes de niños y de personas no combatientes, en un absoluto desprecio no ya sólo por la legalidad internacional y el Derecho internacional humanitario, sino de los derechos fundamentales básicos. La facción intransigente sionista que controla al Gobierno del actual Estado de Israel es tan condenable por sus hechos como su enemiga organización terrorista Hamás. Sin embargo, aun pudiendo considerarse a priori legítima, resultaría inútil cualquier ingerencia humanitaria en Tierra Santa llevada a cabo, por ejemplo, por la OTAN, si no se comprenden las raíces atávicas de una disputa milenaria por el dominio de las tierras reclamadas por unos y otros. Tanto si se opta por una solución política de un Estado plurirreligioso, como por un fraccionamiento de Jerusalén, como por la situación anterior a la ocupación por parte del Estado de Israel ocupados en 1967, la solución pasa porque palestinos y judíos puedan convivir en paz y, si es necesario, compartir parte de un mismo territorio. Pero estas soluciones no podrán llevarse a la práctica si primero no se produce un cambio de actitud personal en los líderes de los movimientos políticos integristas de ambos bandos. Un cambio en sus corazones, del odio al respeto por el diferente. Sin este cambio de actitud, el verdadero cambio social y político no será posible, o al menos, no será completo, y se limitará a una paz impuesta y sometida siempre a la espada de Damocles de la inestabilidad, a la posibilidad de que el odio rompa de nuevo una paz artificialmente construida “desde arriba”. Los crímenes de lesa humanidad cometidos por integristas sionistas y por fundamentalistas islámicos no pueden ser comprendidos sino desde un profundo análisis del odio entre los colectivos implicados; odio que ha venido creciendo en espiral y que ha venido generando una cadena de masacres desde hace ya tanto tiempo, que resulta muy difícil de extirpar de buena parte de la población tanto palestina como judía. Porque el odio, si no es erradicado, corroe los corazones y engendra más odio. En estas condiciones, puede ser posible una paz exterior impuesta, pero nunca será una paz duradera y, sobre todo, cimentada en el respeto y en la tolerancia, aunténticas garantías para una paz verdadera. Como explicaba tan bien el papa San Juan XXII en su encíclica “Pacem in terris”, la paz debe nacer primero en el interior de los corazones de los hombres, para después poder extenderse a las instituciones públicas que conforman el orden social. Y es buena parte responsabilidad de los líderes de las religiones abrahámicas, judía, islámica y cristiana fomentar los valores de la paz, la tolerancia y del respeto mutuo, y el ideal de que los hombres, creados iguales por Dios, puedan compartir pacíficamente la misma tierra. Que Javhé/Alá y Jesucristo iluminen a los dirigentes responsables de la actual barbarie para que recapaciten y piensen en construir un futuro común basado en lo que los une, y no en lo que los divide. Porque todos somos hijos de Abrahám. Los buenos judíos, los buenos cristianos y los buenos musulmanes. Dios lo quiera. Inshallá.

 

Fdo./Signed by: Pablo Guérez Tricarico, PhD

 

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Acabemos con la barbarie en Tierra Santa: שלום. سلام. Pax. Peace! by Pablo Guérez, PhD is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial 4.0 International License.
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Choose a License// {“input name” : [default visibility, corresponding #id],}
“metadata” : {
“html+rdfa” : [true, "#for_htmlrdfa"],
“xmp” : [false, "#for_xmp"],
“offline” : [false, "#for_offline"]
}
},

// Timers
“TIMER” : {
“ping” : -1
},

// These are values used for generating output
“STATE” : {
“current” : {}, // current state of input elements
“metadata” : {}, // values entered for metadata fields
“htmlrdfa_template” : “”,
“large_icon” : “”,
“small_icon” : “”,
“icon_is_small” : false,
“query_string” : “”
},

// Constants
“CONST” : {
“img_path” : “/wp-content/themes/creativecommons.org/images/”,
“fc_approved” : “/wp-content/themes/creativecommons.org/images/fc_approved_tiny.png”,
“links” : {
“fc_by_sa” : “/freeworks”,
“fc_by” : “/freeworks”
}
},

// Templates (may or may not be constants)
“TEMPLATE” : {
“htmlrdfa” : “”,
“nondigital” : “”
},

// Functions
“CALL” : {
“ping” : false,
“delayed_ping” : false,
“refresh_ui” : false,
“refresh_state” : false,
“popup” : false
},

// Callbacks
“CALLBACK” : {
“main” : false,
“ping” : false
}
};

// CSS adjustments and ui event wiring.
$(document).ready(
CHOOSER.CALLBACK.main = function () {
“use strict”;

CHOOSER.TEMPLATE.htmlrdfa = $(“#template_htmlrdfa”).html();
CHOOSER.TEMPLATE.nondigital = $(“#template_nondigital”).html();

// height correction on overflowing boxes
var max_height = function (lhs, rhs) {
var a = lhs.height();
var b = rhs.height();
if (a > b) { return a; }
else { return b; }
};
var query = function (row, col) {
try {
var q = “.ui_row:nth-of-type(” + row + “)”;
q += ” .ui_box:nth-of-type(” + col + “)”;
return $(q);
}
catch (err) {
// IE8 hack // 8^y
try {console.warn(err);} catch (err) {}
return $(“#”+$(“.ui_row .ui_box”)[col-1 + (row-1)*2].id);
}
};
for (var i=1; i<=2; i+=1) {
var height = max_height(query(i, 1), query(i, 2));
query(i, 1).height(height);
query(i, 2).height(height);
}

// Dummy out href links for license characteristic icons
var icons = ["by", "sa", "nc", "nd"];
for (var i=0; i<icons.length; i+=1) {
var found = $("#"+icons[i]+"_icon")[0];
found.href = "javascript:void(0)";
found.target = "_self";
}

// set initial cgi state
CHOOSER.CALL.refresh_state();

// setup events
var key, i, k, watched, selected, found, etc;
for (key in CHOOSER.WIRING.watching) {
if (!CHOOSER.WIRING.watching.hasOwnProperty(key)) { continue; }
watched = CHOOSER.WIRING.watching[key];
for (i=0; i 0) {
selected.click(CHOOSER.CALL.ping);
}
else {
selected.change(CHOOSER.CALL.ping);
}
if (key === “text” || key === “url”) {
selected.keyup(CHOOSER.CALL.delayed_ping);
}
}
}
etc = ["field_metadata_standard", "field_iconsize"];
for (i=0; i<etc.length; i+=1) {
selected = $("[name="+etc[i]+"]");
selected.change(CHOOSER.CALL.refresh_ui);
}

// activate css stuff that is irrelivant without javascript
$("body").addClass("require_js");

// Ping the server for updates. This populates some of the CHOOSER.STATE vars, too.
CHOOSER.CALL.ping(true);
CHOOSER.LIVE = true;

// Set up text-on-click for textarea elements
$("textarea").each(function(i,el) { el.onclick=function () { this.select(); }; })
});

// Shows a nice inline popup
CHOOSER.CALL.popup = function (help_key) {
var prefix = "#help_lookup #help_" + help_key + " div.";

$("#popup_title")[0].innerHTML = $(prefix+"title")[0].innerHTML;
$("#popup_message")[0].innerHTML = $(prefix+"msg")[0].innerHTML;
$("#popup_close")[0].innerHTML = $(prefix+"close_buttons").length?
$(prefix+"close_buttons")[0].innerHTML :
$("#popup_close_default")[0].innerHTML;

$("#popup_screen")[0].style.display="table";
};

// Calls to the server are minimized by having the server generate templates,
// and filling them in here each time the text in a field changes.
CHOOSER.CALL.refresh_ui = function (event_ctx, data) {
"use strict";
var name, value, buffer, format, metakind;

// Change the bottom right panel for the correct metadata format
metakind = $("#metadata_format")[0].value;
if (!CHOOSER.WIRING.metadata[metakind][0]) {
for (format in CHOOSER.WIRING.metadata) {
if (CHOOSER.WIRING.metadata.hasOwnProperty(format)) {
CHOOSER.WIRING.metadata[format][0] = format == metakind;
$(CHOOSER.WIRING.metadata[format][1])[0].style.display = format == metakind ? "block" : "none";
}
}
}

// Update xmp download link
$("#xmp_download_link")[0].href = "/choose/metadata.xmp?" + CHOOSER.STATE.query_string;

// Update generated html for html+rdfa
buffer = CHOOSER.TEMPLATE.htmlrdfa;
for (name in CHOOSER.STATE.metadata) {
if (!CHOOSER.STATE.metadata.hasOwnProperty(name)) { continue; }
value = CHOOSER.STATE.metadata[name];
while (buffer.indexOf(name) !== -1) {
buffer = buffer.replace(name, value);
}
}

// Update html badge icon size
CHOOSER.STATE.icon_is_small = $("[name=field_iconsize]")[1].checked;
if (CHOOSER.STATE.icon_is_small) {
buffer = buffer.replace("88×31.png", "80×15.png");
}
$("#codetocopy")[0].value = buffer;
$("#for_htmlrdfa .results-preview")[0].innerHTML = "

” + buffer + “

“;

// If additional callback data is available, update related fields as well:
if (data != undefined) {
$(“#nc_slot”)[0].style.display = data.license_code.nc ? “table-cell” : “none”;
$(“#nd_slot”)[0].style.display = data.license_code.nd ? “table-cell” : “none”;
$(“#sa_slot”)[0].style.display = data.license_code.sa ? “table-cell” : “none”;
if (data.currency !== “”) {
if (data.currency == “eu”) {
$(“#nc_slot”).removeClass(“yen”);
$(“#nc_slot”).addClass(“euro”);
}
if (data.currency == “jp”) {
$(“#nc_slot”).removeClass(“euro”);
$(“#nc_slot”).addClass(“yen”);
}
}
else {
$(“#nc_slot”).removeClass(“yen”);
$(“#nc_slot”).removeClass(“euro”);
}
$(“#license_title_link”)[0].innerHTML = data.license_title;
$(“#license_title_link”)[0].href = data.uri;
$(“#xmp_license_name”)[0].innerHTML = data.license_title;
$(“#fc_approved_box”)[0].style.display = data.libre ? “table” : “none”;
$(“#fc_dubious_box”)[0].style.display = !data.libre ? “table” : “none”;
buffer = CHOOSER.TEMPLATE.nondigital;
buffer = buffer.replace(“LICENSE_NAME”, data.license_title);
buffer = buffer.replace(“LICENSE_URL”, data.uri);
$(“#infotocopy”)[0].value = buffer;

if (data.libre) {
var update_link = function (query) {
$(query)[0].href = CHOOSER.CONST.links[!!data.license_code.sa ? "fc_by_sa" : "fc_by"];
}
update_link(“#fc_approved_box .whatis a”);
update_link(“#fc_approved_box a.fc_logo_link”);
}
}

// weird bugfix for lackluster css support in IE8 and IE9
var panel = $(“#license”)[0];
panel.innerHTML += “”;
};

// Callback to update the UI & state based on the response from the server.
CHOOSER.CALLBACK.ping = function (data) {
“use strict”;

// update state
CHOOSER.TEMPLATE.htmlrdfa = data.license_html;
CHOOSER.STATE.large_icon = data.license_logo;
CHOOSER.STATE.small_icon = data.license_slim_logo;

// refresh ui
CHOOSER.CALL.refresh_ui(undefined, data);
};

// Poll the server for license and metadata info. Checks for relevance, first.
CHOOSER.CALL.ping = function (force) {
“use strict”;

var state_changed= CHOOSER.CALL.refresh_state();
CHOOSER.CALL.refresh_ui();
if (state_changed || force === true) {
$.getJSON(‘./xhr_api’, CHOOSER.STATE.current, CHOOSER.CALLBACK.ping);
}
};

// Calls a ping in 100ms, but do not schedule more than one at a time.
CHOOSER.CALL.delayed_ping = function () {
“use strict”;

if (CHOOSER.TIMER.ping === -1) {
CHOOSER.TIMER.ping = setTimeout(function () {
CHOOSER.TIMER.ping = -1;
CHOOSER.CALL.ping();
}, 100);
}
};

// This function updates the values of CHOOSER.state vars current, query_string, and metadata.
// Returns True if CHOOSER.state has changed, otherwise returns false.
CHOOSER.CALL.refresh_state = function () {
“use strict”;

refresh_version_field();

var attrib = function (attr, value) { return “["+attr+"="+value+"]“; };
var state = {}, query, node, name, type, i, k, key, found, fail, query_string, query_part;
var field_by_type = [];
query_string = “”;

// for each type of form field we are watching…
for (key in CHOOSER.WIRING.watching) {
if (!CHOOSER.WIRING.watching.hasOwnProperty(key)) { continue; }
field_by_type = CHOOSER.WIRING.watching[key];
query_part = “”;

// some vars used to generate a jquery query…
if (key === “select”) {
node = key;
type = false;
}
else {
node = “input”;
type = key;
}

// for each form field in the given type…
for (i=0; ioption[selected=selected]“;
}
found = $(query);
if (found.length === 0) {
throw (“$( “+query+” ) returned no results!”);
}

// Then, Extract a useful value from “found”…
if (type === “radio”) {
// If the field type is ‘radio’, then found is a list.
fail=true;
// iterate on ‘found’ list to find the value we care about…
for (k=0; k&lt;style type=”text/css”&gt; .update_bar { background-color: black; color: white; max-width: 800px; margin: auto; padding: 5px; text-align: center; border-radius: 1em; } #content[dir="ltr"] .update_bar input { margin-left: 14em; background-color: white; color: black; } #content[dir="rtl"] .update_bar input { margin-right: 14em; background-color: white; color: black; }&lt; /style&gt;

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MENSAJES DE REFLEXION – MENSAJES POSITIVOS: DEDICADO A CIERTAS PERSONAS…

julio 23, 2014 § Deja un comentario


pabloguerez:

Bonita metáfora, y tan difícil de cumplir… Pues a veces es muy difícil distinguir si la suciedad procede de nuestra mente o de los pies de otros; muchas veces son los nuestros los que la ensucian. Pero no soy de aquellos a los que les gusta cargar con el 100% o más de responsabilidad de lo que le pasa al individuo concreto, sobre todo cuando se trata de hacerse un reproche moral profundo a uno mismo; esta idea, además de contraria a las ideas que intento promover en mi blog es, a mi modesto juicio, no sólo ihnhumana, sino tan errónea como la contraria: la atribución de todo lo que nos pasa a los demás o a estructuras -realmente existentes- sociales, económicas, políticas o en cualquier caso que rebasan los límites de la conciencia individual y nos “inclinan”, si bien no nos “predeterminan”, ni mucho menos nos “programan”, desde pequeños, y nos acompañan durante toda nuestra vida adulta de hombres teóricamente libres y responsables. También la libertad -y su consecuencia más trágica, la responsabilidad moral-, son a mi juicio -aunque no sólo- una cuestión de grado. Fdo. Pablo Guérez Tricarico, PhD.

Originalmente publicado en Marcial Rafael Candioti IV - Mi Legado: Humanidad, Solidaridad, Independencia, Libertad: sin Concesiones para Publicar Noticias - ENCUESTAS:

DEDICADO A UNA PERSONA

Ver original

MENSAJES DE REFLEXION – MENSAJES POSITIVOS: SE HUMILDE

julio 20, 2014 § Deja un comentario


pabloguerez:

El que se enaltezca será humillado, y el que el que se humille será enaltecido (Mt 6, 11-12).

Estimados lectores:

Os dejo una bonita lectura sobre la humildad de San Pablo, que hago mía enteramente.

“Si se trata de presumir, paso a las visiones y revelaciones del Señor.
Yo sé de un cristiano que hace catorce aós fue arrebatado hasta el tercer cielo,
con el cuerpo o sin cuerpo, ¿qué sé yo?, Dios lo sabe. Lo cierto
es que ese hombre fue arrebatado al paraíso y oyó palabras arcanas, que un
hombre no es capaz de repetir; con el cuerpo o sin cuerpo, ¿qué sé yo?, Dios lo
sabe. De uno como ése podría presumir; lo que es yo, sólo presumiré de mis
debilidades.
Y eso que, si quisiera presumir, no diría disparates, diría la pura verdad; pero lo
dejo, para que se hagan una idea de mí sólo por lo que ven y oyen. Por la grandeza
de estas revelaciones, para que no tenga soberbia, me han metido un aguijón en la
carne: un emisario de Satanás que me apalea, para que no sea soberbio. Tres veces
he pedido al Señor verme libre de él; y me ha respondido: “Te basta mi gracia; la
fuerza se realiza en la debilidad.” Por eso, muy a gusto presumo de mis
debilidades, porque así residirá en mí la fuerza de Cristo. Por eso, vivo contento en
medio de mis debilidades, de los insultos, las privaciones, las persecuciones, las angustias y las
dificultades sufridas por Cristo. Porque, cuando soy débil, entonces soy fuerte” (2 Cor 12, 1-10).

Originalmente publicado en Marcial Rafael Candioti IV - Mi Legado: Humanidad, Solidaridad, Independencia, Libertad: sin Concesiones para Publicar Noticias - ENCUESTAS:

SE HUMILDE

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