El mito de las clases medias

septiembre 15, 2014 § Deja un comentario


pabloguerez:

Interesante diagnóstico sobre el fin de la clase media, que explica cómo muchos pasamos, a veces no sin nuestra imprudencia u omisión, carne de cañón de las entidades usureras legalizadas llamadas entidades bancarias, sujetas o no a la supervisión del Banco de España, de ser clase media acomodada -al menos “en potencia” y con expectaivas legítimas perfectamente razonables- a clase media empobrecida. Sin embargo, no puedo compartir la conclusión sobre la vuelta a la “conciencia de clase” de la clase obrera, sencillamente porque esta se encuentra alienada de verdad en unos términos que ni los marxistas más ortodoxos pudieron prever. Bastante tiene que sobrevivir, con evitar que se les eche de sus casas o de su trabajo o con conseguir un trabajo de 400 euros como en los peores tiempos del caciquismo español. Me pregunto si vosotros podríais soportarlo sin tirar la toalla de la “lucha” política. Claro, que la opinión de un Catedrático, figura a extinguir en la Universidad pública española, condenada a extinguirse también debido a la necesidad de amortizar plazas, quizá difiera un poco de la de un simple profesor en paro acreditado para plazas de profesorado permanentes que ahora, tal vez y digo sólo tal vez -las hipótesis contrafácticas nunca me han gustado porque no pueden comprobarse-, sería Profesor Titular si hubiera nacido cinco años antes. Aunque cuando tuve trabajo temporal durante seis años y medio, e incluso beca, nunca abandoné mi sensibilidad social.

Originalmente publicado en Lejos del tiempo:

10325672_10203857667141776_3360760665724352067_n

Vicenç Navarro | Catedrático de Políticas Públicas de la Universidad Pompeu Fabra
nuevatribuna.es | 08 Agosto 2014 
Nuevatribuna

Este artículo critica la visión muy generalizada en la cultura política y mediática del país de que la mayoría de la población española pertenece a la clase media.

Tras tener que irme de España en el año 1962 por razones políticas, he vivido en muchos países (Suecia, Reino Unido y EEUU), habiendo trabajado en este último durante casi cincuenta años. Volví a España tan pronto pude trabajar de nuevo en el mundo académico español al cual pertenezco. En EEUU, un país de inmigrantes, participé activamente en la vida académica y política de aquel país.

Esta nota introductoria es para indicar que conozco bien EEUU y sus instituciones y culturas políticas, configuradas en gran medida por lo que las clases populares de aquel país llaman la “Corporate Class”, la clase constituida por los propietarios…

Ver original 1.032 palabras más

Skid Row. Estados Unidos: ¿el país de las oportunidades o de la desigualdad extrema? La otra cara del “american dream”

septiembre 10, 2014 § Deja un comentario


http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2014/09/140813_eeuu_los_angeles_skid_row_indigentes_sin_hogar_jg.shtml

SIMPLIFICACIONES POLITICAS

septiembre 10, 2014 § Deja un comentario


pabloguerez:

No estoy de acuerdo en todo, pero es un buen artículo sobre el error que supone la atribución al PSOE de todos los males sociales y políticos de la España actual y el “y tu más” del PP.

Originalmente publicado en MartuBlog:

Samsung 353Vivimos en una sociedad híper informada e híper conectada. Una sociedad que tiene acceso a cualquier noticia que se produzca en cualquier lugar del mundo casi en tiempo real, contada no solo por los medios clásicos de comunicación, sino también por cualquier usuario de una red social que la esté viviendo en directo. Una sociedad que parece que se ha saturado con tantos datos y que ha decidido quedarse con el mero titular.

Esta semana hemos tenido el enésimo ejemplo de cómo funciona esta simplificación política que tanto interesa a los ricos, los poderosos, los corruptos, los que manejan el cotarro. Felipe González, al ser preguntado por el escándalo del latrocinio de la familia Pujol comenta que la primera impresión que tuvo al oír la noticia es que se trataba de una actuación de cobertura de un padre a sus hijos. No dijo que creía en la honradez de Pujo…

Ver original 544 palabras más

Comentario a un artículo de “El Confidencial” sobre el trabajo de Profesor de Universidad

septiembre 9, 2014 § Deja un comentario


¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres; pues ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que entrarían (Mt 23, 13-14). 

 

Estimados amigos, compañeros, profesores, estudiantes, familiares, ciudadanos y más de 6.000 lectores y visitantes de mi blog:

 

Os dejo un link del periódico “El confidencial” sobre “los males de la Universidad española” y mis comentarios al respecto, ligeramente ampliados en esta entrada. Son comentarios de alguien que tiene su corazón en la Universidad y en el claustro de profesores, pero que ya no es, como sabéis, y como le ha sido dicho con un lenguaje más propio de otras organizaciones, “uno de los suyos”.

 

http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2014-07-07/los-8-males-del-profesor-universitario-es-uno-de-los-trabajos-mas-toxicos-que-existen_156018/

 

Buenas tardes. Permítanme que haga una breve presentación de mi perfil universitario, a los principales efectos de justificar mi experiencia y conocimiento del sistema universitario español, pasa pasar seguidamente a comentar someramente este artículo.

 

He sido profesor honorario (sin cobrar nada) de una de las Universidades más prestigiosas del país durante tres años. Actualmente estoy en situación de legal de desempleo desde ese tiempo, y sin percibir prestación ni ayuda social alguna. Anteriormente trabajé con contrato laboral temporal -algo sólo permitido legalmente a las Universidades-, durante seis años y medio y, previamente, obtuve una beca predoctoral de cuatro años concedida por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. A pesar de ser Doctor “cum laude”, Premio Extraordinario de Doctorado y acreditado para plazas de profesorado permanente por la Agencia de la Acreditación, Calidad y Prospectiva de la Comunidad de Madrid, no encuentro trabajo. De nada.

 

Como comentaba al principio, y en estricta observancia de las normas de esta Comunidad, a la que agradezco la posibilidad de expresar mi opinión, lo que he escrito lo he hecho con la finalidad de fundamentar mi experiencia y mi conocimiento del sistema universitario español, de sus grandezas y de sus deficiencias.

 

A mi juicio, los principales problemas del sistema universitario no son ni la sobrecarga administrativa -aunque a mí me pasó factura-, ni el modelo feudal denunciado en el artículo -hoy mezclado con un régimen de control de agencias de calificación que hace que se potencien los efectos negativos de uno y otro modelo-, ni otros -a mi juicio anecdóticos- que se mencionan. Aunque me ha alarmado que se denuncie como problema generalizado el acoso por parte de alumnos. Admito el mobbing entre compañeros, pero el acoso por parte de los alumnos me suena a la típica herramienta de pendiente resbaladiza de la derecha no democrática para cargar sobre los alumnos las frustraciones de los profesores, implantar métodos docentes retrógrados basados en la autoridad y no en el respeto e impedir un aprendizaje autónomo por parte de éstos, que, no lo olvidemos, deberían poder acceder a las élites -abiertas, por supuesto- del mañana. Los profesores nos debemos a ellos y, en buena medida, muchos “viejos profesores” lo han olvidado. A mí, los estudiantes universitarios no me han dado más que satisfacciones en mi trabajo. Como entiendo que no puede ser de  otra manera.

Así que, desde la perspectiva que aquí sostengo, los principales problemas de la Universidad española actual son, a mi juicio, básicamente dos, y afectan, sobre todo, al reemplazo generacional.

En primer lugar las bases de ambos problemas se encuentran en el tremendo desfase entre el tiempo de la Universidad y el tiempo de la vida actual, que viene a coincidir, mal que nos pese, con el tiempo del mercado de trabajo, especialmente dominado en nuestro país por la idealización de la prisa y del cortoplacismo eficientista. La Universidad pública española ha exigido -por el reconocimiento que históricamente tuvo,  sobre todo fuera de las fronteras de nuestro país-, un tiempo de “formación” integral no agotada por la elaboración y redacción de una tesis doctoral; un “tiempo” muy superior al de la empresa privada e incluso al del sector público, formación que el último decreto sobre los estudios de Doctorado ha intentado recortar, como casi todo en este país, al amparo de la “convergencia” con el llamado espacio europeo de Educación Superior, limitando los Doctorados a tres años prorrogables e incorporando como paso intermedio la dudosa titulación del Máster Universitario de investigación. Sin embargo, hasta la última reforma de los estudios de Doctorado en 2011, el tiempo de tesis doctoral -que no es sólo el tiempo de realización de la tesis, sino tiempo de formación general, de colaboración en tareas docentes, de docencia real, de tareas administrativas, de trabajos por encargo-, se había alargado tanto que, para cuando una persona consigue tener un perfil universitario ideal, tiene de media 34 años, según la última encuesta del CIS al respecto. Parece que este país no conoce el término medio: o hacer tesis titánicas que más bien parecen tratados en las que se inviertan ocho, diez o doce años de trabajo, o realizar “tesis-express” puramente de especialización para adaptarse a las exigencias de no se qué mundo laboral. Como en tantas otras cosas, en este país, el término intermedio no existe. No quiero extenderme con ejemplos de Derecho Doctorado, pero en Alemania, donde se exigen tesis más breves, por ejemplo, un tiempo de investigación doctoral de cuatro o seis años es perfectamente asumible por el sistema universitario.  Y en los Estados Unidos el tiempo dedicado a cursar estudios de Doctorado (Phd degree), con un reconocimiento social y económico envidiable, si bien varía bastante según las Universidades, se sitúa de media entre los cuatro años para las disciplinas más científico-técnicas y los diez años para los estudios de Antropología. En cuanto a mí y a mis circunstancias típicamente hispánicas, que para mi tesis tuve que aprender alemán a un nivel académico desde la nada -incluidas estancias de investigación en Alemania-, y a pesar de que me cambiaron las reglas del juego una vez iniciada la partida, me doctoré algún año antes por encima de la media española, pero lo que percibíamos muchos Ayudantes cuando comenzó la crisis universitaria, antes de que comenzara la crisis general, era que, a pesar de todos nuestros esfuerzos, nunca conseguiríamos estabilizarnos, pues los Rectorados iban a cerrar el grifo de las plazas permanentes, tanto laborales como de cuerpos docentes universitarios, especie por cierto intocable en nuestro sistema universitario público y especialmente privilegiada de funcionarios, a la que todo le es permitido, desde el “simple” abandono de sus labores docentes hasta comportamientos y decisiones basados en la más absoluta discriminación por razón de sexo, salud o cualquier otra circunstancia personal o social, o el acoso sexual en toda regla, pasando por la inobservancia supina de la Ley de Incompatibilidades. Por supuesto, todo ello sin consecuencias. Pero no es mi intención hablar de ello con mayor profundidad en esta entrada. Allá cada uno con su conciencia.

El segundo gran problema, consecuencia en buena medida del anterior, es decir, de la falta de voluntad política de reemplazo generacional desde hace ya demasiado tiempo, es que, precisamente como los que tenemos un currículum laboral-universitario y no conseguimos obtener plazas, nos vemos abocados a entrar en el “tiempo” que nos corresponde. En el de personas de la década de la treintena cuya vocación universitaria ya no puede compensar por sí misma las necesidades de una persona que, no ya por su edad, sino por sus méritos, debería tener un “status” de “senior”. En lugar de esto, nos encontramos sin trabajo y en peores condiciones de quienes todavía no han acabado la carrera. Es una de las manifestaciones de la hipercualificación, tan penalizada en este país debido al cortoplacismo empresarial y social imperante, de la que ya he hablado en otro lugar. El sentimiento de frustración de muchos expulsados como yo, además, agrava las secuelas psicológicas de nuestra situación y hace más difícil que consigamos, literamente, “rehacer nuestra vida”. Porque, a pesar del sentimiento de frustración que nos produce el ver nuestra carrera universitaria truncada, algunos, como yo, seguimos teniendo vocación universitaria y creyendo en la Universidad como un proyecto de comunidad de vida, más que como en un trabajo.

Por tanto, la aportación que quisiera realizar a este foro es que debería distinguirse muy bien entre profesorados permanentes y quienes no lo son. No digo que éstos no tengan problemas, no estén lo suficientemente remunerados ni reconocidos como debieran ni sobrecargados administrativamente, ni que no se les haga injusticia. Pero, aun con todo, si tienen vocación, están desempeñando, a mi juicio, una de las mejores profesiones que existen. Con gusto volvería yo a la Universidad con un puesto de profesorado permanente cobrando 1.500 euros, que es el último sueldo que percibí, sobre todo teniendo en cuenta cómo está el mercado de trabajo. Por ello, cuando escucho a mis ahora ex compañeros -en realidad soy yo el ex compañero, puesto que han echado ellos- hablar de estas cosas, no puedo menos que indignarme o, en el mejor de los casos, ruborizarme. Porque no puede compararse la frustración de un Vicedecano sobrecargado con puesto fijo, o el un Profesor Titular que no llega a Catedrático, por ejemplo -por legítimas que sean estas quejas-, con la de quien ni siquiera está en situación de pedir una ayuda social con treinta y pico años tras trece años de dedicación a la Universidad lo mejor que ha podido.

 

Así que, si realmente se quiere dignificar a la Universidad, ábranse las promociones por abajo, puesto que son su futuro, y éstas asumirán con gusto las cargas de la burocratización, la endogamia y los demás males que denuncian aquellos que tienen dentro de la Academia la vida resuelta. Es más, estoy convencido de que el reemplazo generacional constituirá un elemento muy positivo para una reforma material -no política- de la Universidad, y redundará en provecho de la comunidad universitaria en su conjunto, para que aquella pueda servir a la principal finalidad que le ha sido encomendada por todas las leyes democráticas universitarias de nuestro país: la creación, desarrollo, transmisión y crítica del conocimiento, el arte y la cultura.

 

Vivat Accademia, vivant Professores

Vivat Accademia, vivant Professores

Vivat membrum quodlibet

Vivant membrae quaelibet

Semper sint in fiore, Semper sint in fiore.

 

Hasta aquí mi comentario: Sobre la hipercualificación y sus perniciosos efectos en el mercado laboral, recomiendo otro enlace en el mismo periódico digita. Son hechos: http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2014-09-09/el-paro-de-los-espanoles-con-estudios-superiores-triplica-la-media-de-la-ocde_188713/

 

Licencia de Creative Commons

Comentario a un artículo de “El Confidencial” sobre el trabajo de Profesor de Universidad by Pablo Guérez Tricarico, PhD is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial 4.0 Internacional License.
Puede hallar permisos más allá de los concedidos con esta licencia en ask to the writer on pablo.guerez@uam.es, pablo.guerez@gmail.com or @pabloguerez

 

This website supports Creative Commons!

 

Llamamiento a participar en la Jornada de Oración y Ayuno por la Paz convocada por el papa Francisco

septiembre 7, 2014 § Deja un comentario


La paz os dejo, mi paz os doy. No os la dejo como os la da el mundo. No tiemble vuestro corazón ni tengáis miedo (Jn 14, 27)

 

El Papa Francisco ha convocado este Domingo 7 de septiembre, Víspera de la Fiesta de la Natividad de la Virgen María, una Jornada Mundial de oración y ayuno por la paz en Siria, en Oriente Medio, Ucrania y otros territorios en guerra. En estos tiempos difíciles, en los que algunos nos quejamos de la demanda justa de no tener trabajo ni sustento, volvamos la mirada hacia quienes sufren unas condiciones de precariedad mucho más trágicas, y se levantan todos los días sin saber si volverán a acostarse.

Siguiendo la estela apostólica del gran papa San Juan XXIII y de su memorable encíclica “Pacem in terris”, el Pontífice llama a los hombres y mujeres de todas las religiones, creyentes y no creyentes, y, en definitiva, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, para que se unan con su participación y con sus intenciones a la oración de la Iglesia universal por la paz. Recordando el espíritu y la letra de la citada encíclica, el entonces para San Juan XXIII expresaba su deseo de que los responsables políticos de las naciones caminaran en una dirección en la que, por su peculiares características, toda guerra debería ser prohibida. Profundizaron en esta idea documentos conciliares como la magnífica Carta “Gaudium et spes”.

A cincuenta años de su publicación, vivimos en un mundo mucho más inestable y menos controlado, aunque obsesionado por la “seguridad”, la cual es esgrimida muchas veces por los exponentes del pensamiento único del nuevo orden mundial así como por sus prácticos -los líderes políticos occidentales-, en detrimento de la justicia. Poco recuerdan algunos de estos líderes su conexión con el movimiento democristiano y la doctrina social de la iglesia. En este sentido, baste la afirmación, repetida por la saciedad por el papa San Juan Pablo II, de que no puede haber paz sin justicia.  En el nuevo orden mundial actual, que puede ser explicado como un desarrollo perfectamente lógico, aunque inhumano, del pensamiento único que ocupó la hegemonía cultural mundial utilizando de manera privilegiada el lugar de las cenizas del bloque socialista y de los ataques del 11-S, la carrera de armamentos ya no explica el equilibrio de fuerzas, pero el fanatismo en el que aquella se inspiró sigue vivo, y muchas veces vinculado a errores cometidos por líderes políticos y religiosos de Oriente y Occidente. De nuevo, no va a ser la paz táctica, la que Kennedy llamara de manera crítica “pax americana”, la que traiga la verdadera paz, y con ello, la justicia, al mundo, sino aquella que nace del corazón puro y del amor al prójimo, incluido el amor a quien consideramos o nos considera nuestro enemigo.

Desde esta pequeña plataforma os invito a participar, de la manera que mejor estiméis en conciencia, en esta Jornada, desde vuestras casas, comunidades, puestos de trabajo o en el Templo. Las puertas de varias iglesias católicas estarán abiertas para recibir a todos aquellos que quieran unirse a esta sincera oración colectiva por la paz. Por mi parte, estaré esta tarde en la parroquia de San Germán, sita en Madrid, D. m., adorando a Jesús Sacramentado, que estará expuesto hasta las doce de la noche, y pidiéndole que ilumine los corazones de los políticos, de los poderosos, de los fanáticos, de las gentes resentidas y especialmente vulnerables a caer en la espiral de la violencia y con ello a convertirse en víctimas de ella; en definitiva, para que Jesús, que vino a traer la paz, infunda sobre toda la Humanidad doliente su Espíritu de Amor, a fin de que el hombre, con la ayuda del Espíritu de Dios, pueda resolver los problemas que él mismo ha causado por vías pacíficas y respetuosas con los derechos humanos. Que con la ayuda de Su divina gracia, y con la intercesión de la Santísima Virgen María, Reina de la paz, se derriben los muros de la incomprensión y se rompan las cadenas del odio, la ira, la violencia y el rencor que sólo llevan a encadenar nuevos actos de crueldad con otros y que, del reconocimiento de la dignidad del otro y de su humanidad, brote el Amor verdadero que lleve a la paz. Amén.

 

A.M.D.G.

 

 

Fin de Fiesta e inicio de curso. 1 de septiembre de 2014: la vuelta.. ¿a qué? A propósito de mi cese como profesor honorario de la Universidad Autónoma de Madrid

septiembre 1, 2014 § 4 comentarios


Ubi sunt qui ante nos in mundo fuere? (Gaudeamus igitur)

A los que vuelven, a los que se quedaron atrás y a los que no vuelven a ninguna parte

A mis compañeros de la Universidad Autónoma de Madrid, desde las señoras de la limpieza al Magnífico Sr. Rector 

 

Gloria a Dios en las alturas, recogieron las basuras

de mi calle ayer a oscuras y hoy sembrada de bombillas (…)

(…) Vuelve el rico a su riqueza, vuelve el pobre a su probreza

 y el señor cura a sus Misas.

Ya se despertó el bien y el mal

la pobre vuelve al portal

la rica vuelve al rosal

y el avaro a sus divisas.

Y se acabó, el sol nos dice que llegó el final…

por una noche se olvidó que cada uno es cada cual…

¡Y vamos, subiendo la cuesta, que arriba en mi calle se acabó la Fiesta! (Fiesta, Joan Manuel Serrat)

Volveré (Terminator, 1984, dir. por James Cameron, guión de James Cameron y William Wisher, Jr).

Queridos compañeros, amigos, seguidores y más de seis mil visitantes de los cinco continentes:

En estos tiempos de “operación retorno” en el viejo continente y, en especial, en mi país, es frecuente escuchar las quejas de quienes protestan por no tener más tiempo de vacaciones pagadas, de playa, de diversiones. Es normal, y no debería escandalizarnos. Lo que nos escandaliza es que estas inocentes “quejas”, que deberían ser las propias de un país civilizado, no sean las prioritarias ni las compartidas por la mayor parte de la población. Incluso quien protesta por la vuelta a su puesto de trabajo, lo dice con la boca pequeña. No sea que que el empresario de turno, deseoso de “recortes” en “recursos humanos”, contribuya con él y mediante cualquier artimañana económico-jurídica a engrosar las listas de paro. Y en la cola del paro, a la que vuelvo por cuarto año consecutivo, se pasa mucho frío. Con el añadido de que este “curso académico”, como en una mala interpretación de la parábola de los talentos, aun lo que no tenía me ha sido quitado. He sido desahuciado de mi despacho tras tres años de mantenerlo con un título de Profesor Honorario, sujeto a fecha de caducidad. Para mí, que no considero el salario como la única satisfacción del trabajo -especialmente cuando aguien desarrolla un trabajo que le permita poner en práctica sus talentos-, como algo absolutamente necesario a nivel satisfactivo -lo cual no excusa al empleador, público y privado, de la exigencia de su pago inmediato en estricta justicia, pues el obrero merece su salario-, de lo que se me ha despojado es de un espacio de libertad intelectual que, con todas sus limitaciones, constituía una proyección, siquiera muy limitada, de mi vida privada y pública. Aunque lo que he pretendido escribir es un post de despedida, es imposible que, tras 13 años de servicio institucional -17 si sumamos los cuatro años de Licenciatura, a los que siempre me dediqué como “buen estudiante” como el que presta un servicio-, no pueda mezclar algunas reflexiones personales con algunas consideraciones más generales de orden social y macroeconómico. Sin embargo, antes de ello, quisiera llamar la atención sobre el hecho de que a día de hoy, 1 de septiembre de 2014, mi relación -desde el punto de vista formal- con la Universidad Autónoma de Madrid, no desaparece del todo, al menos indirectamente. En primer lugar, porque conservo mi puesto de Investigador en el Instituto de Ciencias Forenses y de la Seguridad de la UAM, Instituto con personalidad jurídico-pública propia vinculado a la UAM; y, en segundo lugar, porque como miembro de la Asociación de Antiguos Alumnos de la UAM conservo el derecho a utilizar todas las instalaciones comunes del Campus, incluyendo todas sus Bibliotecas y las instalaciones deportivas, entre otras.

Yo me considero un investigador. Por esta razón, nunca he podido ver mi puesto en la Universidad simplemente como un “puesto de trabajo”, del mismo modo que mi concepción del ser humano en el mundo me impide ver a otro ser humano solamente como un conglomerado de células o como un “recurso”, palabra tan en boca de las reponsables de los departamentos de recursos humanos de las empresas del país, a causa de los desvaríos lingüisticos y materiales de la hegemónica ciencia económica. La Universidad ha sido para mí, siempre, una comunidad de vida. Un lugar, pero también una experiencia colectiva de afectos, relaciones, conocimientos y sensibilidades compartidos que ahora, por lo que a mí respecta, toca a su fin. Es imposible guardar todo eso en cajas de mudanza.

Sin embargo, en este momento, mis sentimientos más fuertes ante esta situación de auténtico desahucio institucional, por consideración a estos trece años en los que creo sinceramente haber prestado servicio fiel a la Universidad Autónoma de Madrid, a la comunidad científica y a la sociedad en su conjunto, sólo pueden ser de gratitud a mis compañeros de la Universidad.

Cuando empecé en esto, corrían tiempos de “bonanza económica”. La economía española se basaba fundamentalmente en el sector de la construcción y el sector de los servicios inmobiliarios, por los cuales fueron detraídos muchos jóvenes al sistema universitario. Frente a ello, la expectativa de ganancias fáciles e inmediatas, la insensatez de nuestra “clase emprendedora” y la colaboración de los bancos en los préstamos “sin fin” dibujaban en los años 2002-2003 un panorama de crecimiento económico que luego supimos que no podía mantenerse, pero en el que hasta entonces creía no sólo buena parte de la población, sino las fuerzas económicas y políticas del país. Pero los ciclos económicos llegan a su fin, y la rueda del consumo no puede mantenerse indefinidamente si no es a costa del incremento de la producción: y si ésta no “real”, echemos mano de los activos financieros, más reales que cualquier bien de la llamada “economía real”. Y así, en octubre de 2007, estalló lo que muchos no vimos o no quisimos ver: una crisis de proporciones devastadoras que se llevó por encima no ya los sueños, sino la pequeña riqueza de buena parte de la clase media, que fue “desacreditada” después de haber sido engañado con falsas promesas de créditos impagables, muchos de los cuales, con el pretexto del interés general de “salvar al sistema financiero”, fueron asumidos por el Estado, pero nunca llegaron a la ciudadanía. Pretender que toda la responsabilidad de lo ocurrido deba recaer sobre el usuario o consumidor y que no hayan desempeñado un papel fundamental, desde una posición dominante de información y poder, variables sistémicas que hayan contribuido muy decisivamente a esta situación, es más ilógico que hipócrita. Al igual que pretender que la crisis fue “prevista” con antelación por los gurús economistas que hoy llenan los platós de televisión.

En cuanto a la Universidad, y aunque siempre se me advirtió que “no corrían buenos tiempos para ella”, al menos la aparentemente estable situación macroeconómica que España presentaba hace 10-12 años permitía que nosotros, los investigadores, a los cuales no nos habían sido enviados los Gobiernos de la alternancia política oficial, pudiéramos comer “de las migajas que caen de la mesa del Señor”. A un joven como yo, de veintipocos años, ¿qué más le podía ilusionar que entrar a formar parte de un proyecto colectivo superior a sí mismo, precisamente en el seno de la Academia que entonces consideraba, y sigo considerando, una auténtica vocación, sobre todo teniendo en cuenta el gran reconocimiento que obtuve por mis compañeros y la gratuidad con la que éstos enseguida se aprestaron a ayudarme? ¿Podía prever las consecuencias del deterioro que, por razones macroeconómicas, pero también de convivencia, habría de llevarme ese camino?

A las, según las dos fuerzas políticas de la alternancia, generaciones más preparadas de la Historia de España, no sólo no se nos atendió en absoluto ni por las fuerzas parlamentarias ni por los macroleviatanes rectorales de las Universidades Públicas, más centradas en cuadrar su déficit, en construir plazas mayores o en promocionar de golpe a todos los Profesores Titulares a Catedráticos, que en atender las justas reinvindicacioens de los colectivos más débiles de la Universidad. Los derechos que adquirimos los investigadores y trabajadores de hecho de las Universidades españolas los obtuvimos fundamentalmente por la presión promovida por la Federeción de Jóvenes Investigadores – Precarios, Federación en la que milité, como nuestra asimilación al alta en el Régimen General de la Seguridad Social a partir de la aprobación del Estatuto del Becario en 2003. A lo largo de mi actividad representativa en varios órganos colegiados y comisiones de la UAM tuve que sufrir personalmente las críticas más feroces, más o menos sutiles, como representante del llamado “Profesorado Investigador en Formación”, por parte del stablishment corportativo universitario sólo por defender el derecho de mis brillantes compañeros de todas las áreas de conocimiento -ni siquiera el mío- de poder concurrir a las plazas de promoción como en cualquier empresa u organización, de acuerdo con los ya de por sí difíciles requisitos legales.

En el momento actual, a pesar de todo lo comentado, no me gustaría que éste fuera un post de lamentaciones. Comenzaba diciendo que sería un post de agradecimientos, además que de reflexión. Y es mi deseo que lo sea también de agradecimientos personalizados: En primer lugar, quisiera mencionar a mi primer director de tesis, Agustín Jorge Barreiro, hijo de tiempos más nobles y “viejo profesor”, como a él le gustaba llamarse, en sentido cariñoso, así como a nuestro maestro común el Prof. Gonzalo Rodríguez Mourullo. En segundo lugar, pero en el mismo nivel de importancia, a mi codirector y amigo Fernando Molina Fernández, con quien concluí mi tesis doctoral. A Enrique Peñaranda, por todo lo que él y yo sabemos. A Mario Maraver, compañero y amigo, por tantas cosas compartidas. También a Juan Antonio Lascuráin, a Blanca Mendoza, a Laura Pozuelo y a Yamila Fakhouri, por tantos pequeños detalles que no se olvidan. A mi amiga y compañera de despacho Raquel Benito, y a  mis compañeros más jóvenes Daniel Rodríguez y Gonzalo Basso, deseándoles lo mejor para sus vidas personales, que es lo que importa. A todos los becarios de investigación y colaboración que han pasado por el Área de Derecho penal, menos orgullosos que yo, quienes sabían que en el juego de la Academia también se puede perder, pero no sólo en un concurso o en una oposición, sino en un sentido trágico. Se puede perder simplemente por el capricho de los dioses que deciden cambiar las reglas a mitad de la partida. O porque otros dioses superiores, llamados “coyuntura”, ” crisis”, “situación del país”, se hagan responsables de la tragedia. En el fondo los dioses nunca han sido responsables, sino sólo los humanos…

Tampoco me olvido de todas las buenas personas de dentro y de fuera de la UAM que he tenido oportunidad de conocer a lo largo de mi actividad de estudio, gestión, representación, docencia e investigación, dentro y fuera de España. De Alfonso Iglesias, de José Luis López González, de Pedro Dalmau, de Pablo De Lora, de Irene Martín, de David García, de Gilberto Pérez, de la actual Decana de la Facultad de Derecho Yolanda Valdeolivas, de Evaristo Prieto, de Joaquín Almoguera, de Liborio Hierro, de Tomás de la Quadra Salcedo-Yanini, de José María Miquel, de Andrea Macía, de Pilar Benavente, de Maravillas Espín, de Eduardo Melero, de Raquel Escutia, de Rosa María Fernández, de Susana Sánchez, de Carlos Crivelli. De Antonio González-Cuéllar y de Anibal Sánchez Andrés, IN MEMORIAM. De Josetxu Linaza, de Carmen Almendros, de mis compañeros de Psicología. Del Prof. Dr. Wolfgang Frisch, cuyo profundo conocimiento sólo es superado por su bonhomía, a quien siempre le agradeceré su interés hacia mi persona. De André Callegari de la Universidad de Portoalegre, de Mayra del Poggio de la Universidad del Istmo de Guatemala. De mi querida compañera de la Universidad de Valencia Carmen Tomás-Valiente, de Mirentxu Corcoy, de Andrés Domínguez Luelmo. De mi compañera y amiga Ana Garrocho, próxima Doctora de la Universidad Carlos III de Madrid. De Patricia Esquinas. De Javier Sánchez Vera. De Jesús Santos. De Raúl Villar, mi  mejor Rector; de Celia, de Investigación; de Antonio, de Nóminas; de Antonio, de la Secretaría de la Facultad; de Ángel, de Información; de Victoria y Araceli, antigua y nueva Secretarias del Área de Derecho Penal; de Ramón, de Informática; de Jose, de la cafetería; de las señoras de la limpieza, y de tantos hombres y mujeres buenos que no caben en una lista y que la Providencia, en medio de mi andadura universitaria, tuvo a bien poner en mi camino, pues de todos aprendí. De verdad, gracias a todos.

Me voy, me echan o, mejor dicho, me retiran, como a los replicantes de Blade Runner, lo cual me produce algo bastante más amargo que un sentimiento de pérdida de empleo o de lo que fuera que yo haya tenido estos últimos años como profesor honorario sin cobrar. Supongo que se refiere a la pérdida del honor representado por el reconocimiento de un espacio vital, comparable a un deshaucio institucional. Frente a este sentimiento, incluso el horror de conocer a dónde me mandáis, a la calle sin adjetivar, de cuyas condiciones podréis haceros una ligera idea a poco que pongáis cualquier telediario, se me hace menos duro. ¿A dónde iré? Sinceramente, no creo que a los máximos responsables institucionales de la Universidad les preocupe lo más mínimo mi destino, como el de otros que me han precedido. No les guardo rencor. Sólo sé que me queda la Casa de mi familia y la Casa de mi Padre del Cielo, donde siempre podré encontrar a Aquél que, habiendo preguntado a Sus discípulos, después de una dura prueba de fe, si también ellos querían marcharse, contestaron: “¿Y a dónde iremos, Señor? Sólo tú tienes palabras de vida eterna”.

Me despido de todos vosotros, amigos y compañeros, con lo mejor que me habéis dado: un cúmulo de buenas experiencias y recuerdos, que será prácticamente imposible borrar de mi experiencia y mi crecimiento vitales. Sólo os pido, desde alguien que ya no está en situación de pedir nada, que mi paso por la Autónoma -como el de todos, pues todos estamos de paso- no quede en el olvido, ni mucho menos pueda decirse que yo haya pasado por ahí sin pena ni gloria.

Fdo.: Dr. Pablo Guérez Tricarico

           Doctor en Derecho por la Universidad Autónoma de Madrid

Vivat Academia, Vivant Professores

Vivat Academia, Vivant Professores

Vivant membrum quodlibet

Vivant membra quaelibet

Semper sint in fiore, sempre sint in fiore. 

¿Podemos emprender una política de rostro humano? Compromiso político y religión.

agosto 24, 2014 § Deja un comentario


 

Jesús, llamándolos junto a sí, dijo: Sabéis que los gobernantes de este mundo se enseñorean de ellos, y que los grandes ejercen autoridad sobre ellos. No ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera entre vosotros llegar a ser grande, que sea vuestro servidor, y el que quiera entre vosotros ser el primero, que sea vuestro siervo (Mt 20, 25-27, ca. 80 d. C)

The brave men, living and dead, who struggled here, have consecrated it far above our poor power to add or detract. The world will little note, nor long remember, what we say here, but it can never forget what they did here. It is for us the living, rather, to be dedicated here to the unfinished work which they who fought here, have, thus far, so nobly advanced. It is rather for us to be here dedicated to the great task remaining before us—that from these honored dead we take increased devotion to that cause for which they here gave the last full measure of devotion—that we here highly resolve that these dead shall not have died in vain—that this nation, under God, shall have a new birth of freedom—and that, government of the people, by the people, for the people, shall not perish from the earth (Abraham Lincoln, given to Edward Everett, 1864)

Todo el mundo quiere cambiar a la Humanidad, pero nadie quiere cambiarse a sí mismo (Lev Tolstói, ca. 1900)

Cambia tu corazón, y cambiarás el mundo. Porque el que es fiel en lo pequeño será fiel en lo grande

A todas las personas de buena voluntad de los movimientos sociales, especialmente de los vinculados a Izquierda Unida y a PODEMOS

A Tania Sánchez, cuyo discurso sigue ilusionando como un vergel en el desierto mediático previamente repartido por los responsables de la información

 

El problema: buena parte del mundo crítico del panorama sociopolítico español, no sin mucha razón, propone lo siguiente para

+EL PUEBLO UNIDO CONTRA LAS INJUSTICIAS

La lectura de estos puntos programáticos que me han hecho llegar a través de Google + algunas personas próximas al movimiento PODEMOS me ha producido, por una parte, simpatía, y, por el otro, impotencia. Simpatía porque estaría de acuerdo en el 90% de sus puntos si pudieran cumplirse sin que los poderes de este mundo -no sólo los económicos- no tuvieran capacidad de reacción. Es más: aun si pudiera ser posible, como hacker, extender un virus que destruyese todos los títulos de propiedad, legal o ilegalmente adquiridos, esa opción robinhoodiana me merecería simpatía, como en la película Los fisgones, 1991, aunque no considero que ésta fuese una opción razonable, ni menos deseable o generalizable. Lo que ocurre es que, leyendo los puntos programáticos del ámbito de PODEMOS, y a pesar de algún nuevo lenguaje, me suenan a viejo marxismo, el cual, en sus concretas aplicaciones históricas nunca favoreció del todo a las clases más bajas -aunque a favor de algunos regímenes marxistas occidentales “mitigados”, como algunos países del Este de Europa, o la propia URSS posterior a Kruschev, hay que decir que las necesidades más básicas de toda la población fueron atendidas, si bien a costa de reducir las oportunidades de aumentar la riqueza nacional y un reparto equitativo de mayores bienes, como denunciaran muchos marxistas críticos o teóricos de la justica como John Rawls-; más bien, a las clases populares y profesionales -por cierto, todavía enfrentadas en los países “libres” por el voto por los partidos del centro-izquierda, sociológicamente preferidas por las clases populares, o del centro-derecha, sociológicamente preferidas, al menos hasta ahora por los llamados “profesionales” que se sienten superiores- se las sometió, en los tiempos del “socialismo real”, al opio de la doctrina comunista oficial, que no de la religión. Dicho esto, he querido aprovechar este mensaje para expresar mi opinión sobre PODEMOS y los movimientos sociales, respecto de los cuales, y a pesar de sus buenas razones -sí, buenas, por si a algunos “hombres de bien” o de law and order no se lo parece-, y sobre su capacidad transformadora de la sociedad no puedo menos que mostrar un triste escepticismo. Y no precisamente por las razones más apuntadas por la prensa al uso: desconfianza de la población general para que PODEMOS pueda convertirse en una alternativa de gobierno viable, preferencia del movimiento por puntos programáticos en lugar de una nueva manera de hacer gobierno, así como algunas otras acusaciones al menos dudosas de que la formación y sus simpatizantes han sido y continúan siendo objeto de la prensa conservadora.

A estas alturas de la evolución humana, está visto que cualquier sistema económico, ya sea capitalista, ya comunista o intermedio, está sujeto a la necesidad de los poderosos de utilizar el poder para mayor gloria de ellos, y no de la comunidad política. Con ello no pretendo adherirme a las tesis del liberalismo político tradicional, que proclama que el hombre es egoísta por naturaleza -personalmente sostengo que hay hombres más egoístas y hombres más altruistas; incluso la misma persona puede actuar de una manera u otra en función de su entorno y de su aprendizaje-. Por ello, me cuento entre los que consideran que precisamente debe limitarse cualquier poder, incluido el poder político, uno de los mayores enemigos de la libertad del hombre, junto a las riquezas, y no sólo para los que lo padecen, sino para los que lo practican, que se convierten en esclavos de ídolos modernos, auténticas dependencias -y mucho más fuertes que las estigmatizadas, como las drogas o los comportamientos “antisociales” o desadaptativos- en el mundo actual.

Lo que parece haber demostrado la Historia de la Humanidad es que tanto las riquezas -entendidas como objetivo último, y no como instrumento para una justa, equitativa y caritativa distribución y, si es necesaria, redistribución del welfare o de la riqueza- o el poder -entendido como poder para gloria del que lo ejerce y no como servicio-, no sólo son nocivos para las personas que tienen que padecer los desmanes de los ricos y de los poderosos-, sino para ellos mismos, debido a la tendencia natural que proporcionan estos instrumentos a la acumulación y a la maldad: porque, ¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si arruina su vida? ¿O qué podrá dar para recuperarla?

Los ricos y poderosos de este mundo, asistidos por “coaches” intrusistas que han ocupado el papel de los antiguos magos y chamanes, prometen a sus aspirantes e iniciados la dominación, primero de sí mismos, y luego la de los demás. Ellos deberían saber a dónde conduce este camino, muy diferente al que conduce la vía estrecha de las disciplinas prácticas de las grandes religiones como la ascesis y la mística. Por ello, llegadas las cosas a la entronización de la economía como disciplina desacralizada, en términos de Mircea Eliade, a la que hay que sacrificar a la persona, es necesaria una reflexión transversal, que vaya más allá de los objetivos de los partidos políticos y de las personas que de verdad quieren cambiar el mundo. Porque no se hizo la economía para el hombre, sino el hombre para la economía. Para ello, es necesario un cambio personal radical, que no sé hasta qué punto las personas estamos verdaderamente dispuestos a emprender.

Me considero una persona cristiana que intenta vivir su fe sobre todo desde la autenticidad y no desde la autoridad. Pertenezco a la Iglesia Católica, que para mí no es otra cosa que el pueblo de Dios y mi casa espiritual. Una Iglesia que no entiendo excluyente, sino más bien abierta a todo el mundo, incluidos a los que no quieren entrar en ella formalmente pero buscan la verdad como ellos la entienden, y realizan realmente la voluntad de Dios, como en la parábola de los dos hijos. En relación con esto, simplemente quisiera realizar dos matizaciones a los “puntos programáticos” que me han llegado desde la esfera de PODEMOS, y que intentan, desde mi posición, que no es la de un “hombre de bien”, perfectamente integrado en la sociedad conservadora que criticara Jesús de Nazaret y que le costó la vida, en la defensa de los débiles, de los necesitados, de los marginados y de los excluidos por el status quo de la época, tanto político como religioso; pues la política era religión y la religión era política: algo, por cierto, no muy diferente en nuestros días, en las que hay pseudorreligiones desacralizadas, en palabras de Mircea Eliade, como la economía, a la que sirve la política formal. En primer lugar, en cuanto a la eliminación de los privilegios de la Iglesia, la Iglesia Católica declaró en 1964, en un documento conciliar del máximo nivel institucional, la Gaudium et spes, que estaría dispuesta a renunciar a dichos privilegios si ello redundara realmente en favor del bien común. Pues bien, a mi modesto entender ha llegado este momento, y el papa Francisco está dando muy buenos ejemplos de ello, de auténtica actitud evangélica que constituye el espíritu de la Iglesia. No es éste el lugar adecuado para explicar la falta de desarrollo de esta propuesta de la Iglesia. Por otra parte, los críticos de la Iglesia Católica deberían ver los fondos que se destinan en las colectas y en otras actividades, auditados por empresas independientes, y, sobre todo, la labor desarrollada en este ámbito por muy diversas organizaciones católicas, diocesanas o de adscripción diversa, como Cáritas, aquí y en el Tercer Mundo. No hay nadie, ni en cifras ni en dedicación – y de ello tenemos cada día ejemplos de personas que, por Cristo y su Evangelio, que proclama en la práctica fundamentalmente el amor al prójimo-, que lo haga mejor. Y a su vez, los católicos instransigentes, o “de rito”, deberían reflexionar -si es que muchos pueden hacerlo y no están obcecados por el fanatismo, en ocasiones incluso violento-, sobre la realidad y el compromiso de su fe, abandonando una falsa piedad y una falta de mezcla con la gente que no es como ellos, y que ha sido una de las causas que más ha contribuido al abandono de muchas personas de buena voluntad del seno de la Iglesia; por cierto, de cualquier Iglesia, no sólo de la católica. Porque, advertidos por Jesús, no todos los que dicen “Señor, Señor” serán admitidos en el Reino, sino sólo los que hacen la voluntad de su Padre. Un Padre que, por lo demás, es misericordiosísimo y que, tal y como se nos enseña en las parábolas de validez universal del hijo pródigo y de las otras parábolas pequeñas de Lucas 15, está siempre dispuesto a perdonar y a devolver al hombre su dignidad perdida, ensalzándolo incluso sobre aquellos que se consideran a sí mismos como “justos”; así nosotros, pecadores, deberíamos perdonar a los que nos ofenden, como rezamos en el Padrenuestro.

Llegamos entonces al punto fundamental de mi crítica constructiva y de mis reflexiones para cualquier proceso de regeneración política y social. Ahora que todo el mundo -con mayor o menor preparación- habla de economía, ahora que lo que es llamado economía detenta la hegemonía cultural del pensamiento a todos los niveles del conocimiento práctico occidental, vamos a hablar también de economía. Es una disciplina más sencilla que sus espurias derivadas pseudocientíficas que estudian los estocásticos, el análisis técnico y el análisis de los mercados de valores, cuestiones que intentan predecir, normalmente retroactivamente, sobre la base de “modelos”,  y no de personas. La economía trata de algo mucho más sencillo: la distribución de las necesidades. Y es aquí donde quisiera expresar mi reflexión fundamental: no es posible pensar en emprender un esfuerzo colectivo de cambio social -en sentido progresista-, de regeneración política o de sumisión de la macroeconomía a las necesidades reales de la gente sin tener en cuenta  precisamente la cuestión de las necesidades. Es necesario redefinir las necesidades. Como expresa el lema de Cáritas, vive sencillamente, para que otros, sencillamente, puedan vivir. Algunos economistas que han tratado de volver a los orígenes de su ciencia -por cierto, muchos de ellos no procedentes de países “desarrollados”-, han comprendido realmente lo que la economía significa, y no sólo a nivel teórico, como hicieran en el ámbito occidental los epígonos del marxismo metodológico como Horkheimer, Adorno o Marcuse en los años 60 y 70, sino a nivel práctico e intercultural, como el tachado de heterodoxo por sus colegas del pensamiento único de la Escuela de Chicago Amartya Sen, bengalí de nacimiento y Premio Nobel de Economía en 1998. Era necesario que el genio espiritual de un país como la India se hiciera notar también en el pensamiento económico, como también lo era que el espíritu del catolicismo ortodoxo, despojado de su lucha geopolítica en favor del mal menor -el capitalismo de los años 60- frente al socialismo real de entonces, volviera a sus auténticas raíces -el Evangelio- con documentos conciliares sobre economía y vida política, a juzgar por eminentes teólogos -fundamentalmente pertenecientes o simpatizantes al movimiento de la teología de la liberación, como Ellacurría o Tamayo, pero no sólo, sino también según buena parte del jesuitismo y del franciscanismo “otrodoxos”, insuficientemente desarrollados por la realpolitik vaticana de los años anteriores a la caída del Muro. Ya antes, teólogos tanto católicos de la talla de Urs von Balthasar, Vito Mancuso o Hans Küng -este último todavía en activo-, en el ámbito católico, o Robert Bultmann o Karl Rahner, para el ámbito protestante, así como pensadores ecuménicos norteamericanos como R. W. Emerson mostraran su compromiso por las tesis sobre la parcialidad de Dios y la opción preferencial por los pobres, que debe implicar la labor de la Iglesia. Es algo todavía proclamado por representantes de algunas parroquias abiertas incluso en barrios conservadores y excluyentes como en el que habito, como el párroco Alejandro Fernández Barrajón, fraile mercedario, o el conocido Padre Ángel.

Volviendo al tema de las necesidades… ¿De verdad necesitamos tantas cosas, cuando sólo una es importante? La gestión de las necesidades es la base de la ciencia económica. No es más rico el que más tiene, sino el que menos necesita. Y, aunque suenen a tópico, estas expresiones muestran con una sencillez perfectamente intersubjetiva la verdad que se esconde tras de ellas, accesible tanto al campesino analfabeto como al catedrático de Filosofía Moral. Como que hay gente tan pobre, tan pobre, que sólo tiene dinero. Pero entiéndaseme bien: con ello no pretendo quitarle valor, en primer lugar, a la necesidad de trabajar, aquí y ahora, por un mundo más justo, que yo entiendo con el Reino anunciado por Jesús, cada uno a su manera y ayudando a los más desfavorecidos, poniendo en práctica sus carismas pero también aceptando sus limitaciones. Tampoco pretendo criticar el valor de liberación personal y social del trabajo, el progreso e incluso las riquezas, salvo que quiera seguirse una, por cierto, respetabilísima, vocación contemplativa, monacal o eremítica. Precisamente por ello, en el momento actual es necesario devolver a muchas personas la dignidad de poder aspirar a un trabajo digno o de recuperar el que tuvieron -a mi juicio, no todos los “trabajos” lo son-, que en un Estado capitalista casi “puro” en crisis, precisamente como el nuestro, ha escindido la formación superior, todavía a su cargo en más de un 80% según cifras del INE, de la empleabilidad, que ha “dejado” al mercado -no sin mantener organismos de intermediación laboral cuya efectividad deja mucho que desear-, hay que ir mendigando a las responsables de recursos humanos de las grandes empresas, para las personas con formación, o a los gerentes machistas de la pequeña empresa, para las personas sin formación. Sí, soy políticamente muy incorrecto, y además, me gusta serlo. Hay que poder comer y beber para vivir con dignidad, tener vestido y techo. Lo que hace falta es un cambio de actitud hacia las “cosas del mundo”, que nos conduzca a otorgar a los bienes materiales el valor instrumental y relativo que realmente les corresponde, es decir, ser capaces de no perder al mismo tiempo de vista que sólo una cosa es importante. Ésta es la idea que, en mayor o menor grado, está detrás de todas las religiones: el desapego, comenzando por el de los bienes materiales. Pero para ello es necesario un cambio de actitud, muchas veces, radical. Es necesario renunciar a muchas necesidades artificiales a las que muy a menudo nos cuesta renunciar. Lo que sí tengo claro a estas alturas es que, si no cambiamos nuestro corazón, no podremos experimentar la auténtica alegría de la libertad que nos lleve de manera natural, como un niño, a ayudar a nuestro prójimo, movidos por la empatía, la compasión y el Amor, y con ello, a irnos desprendiendo poco a poco de nuestros propios egoísmos, de nuestros problemas y de nuestro “yo”. Pues no hay mejor manera, como ya señalara el siglo pasado el gran psicólogo Adler, de curar nuestras neurosis que saliendo de nosotros mismos y ayudando a los demás. Algo que ya nos enseño Jesús con su mensaje de que “el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí y por mi evangelio, la salvará”. Se trata de un mensaje a mi juicio universal, que puede ser aplicado, como todas las ideas de fondo de este artículo, a las personas de cualquier religión, credo, ideología y a las que no profesan religión alguna, pues todas somos hermanas y nos unen al menos dos cosas radicalmente fundamentales: la conciencia de nuestra muerte y el deseo de sobrevivir a ella, nuestro deseo de inmortalidad. Es este sentido, desde el punto de vista teológico-religioso, me ha interesado hablar más de actitudes y de comportamientos que de “verdades” dogmáticas, precisamente con vistas a la construcción de un terreno común para la acción práctica de todas aquellas personas de buena voluntad que realmente quieran, cada una desde su posición, contribuir, literalmente, a cambiar el mundo. Estas ideas no pueden ni deben ser ajenas al discurso y a la praxis política y social. Precisamente por ello he querido ser radical en el sentido etimológico de la palabra, para manifestar mi convicción de que cualquier cambio político y social debe venir “desde abajo”, desde un cambio en nuestra actitud egoísta de la que todos somos esclavos. Sólo así podrá desenmascararse por las buenas, generando credibilidad en nuestro entorno más inmediato, a modo de “luz del mundo”, es decir, sin enemistad, la actitud de muchos representantes religiosos, de esos “hombres de bien” respetables que cumplen los ritos de la religión católica, las dobles morales, las cargas illevaderas ordenadas por estas personas con poder como para ejercer presión social. No se me oculta que el condicionamiento social de la conducta -que incluye pensamiento como conducta verbal, en términos skinnerianos, y acción- resulta muy difícil para todos, no sólo para aquellas personas que no tienen tiempo material para plantearse esta cosas, o para aquellos que, pensando solamente en sí mismos y en su “bienestar” material, constituyen el “rebaño adormecido del que hablara Noam Chomsky. También algunas personas cultas caímos en el pasado en la trampa del consumo como sustitutivo de la necesidad de reconocimiento social a que se refierera el psicólogo Maxwell en su teoría piramidal de las necesidades humanas, y con ello, en el ciclo kármico -por emplear un término religioso panindio pero de validez mítica universal, como expresara Mircea Eliade- de la rueda del consumo-disfrute-trabajo-crédito-más consumo. Para todos es difícil sustraerse a la presión del entorno sofisticadamente diseñada por aquellos que detentan la economía cultural, pues todos somo esclavos de nuestras pasiones, jóvenes y mayores, y nadie está exento de tomar el camino equivocado -o el pecado-. Pero precisamente por ello, la novedad del mensaje de Jesús reside en el hecho de que todos estamos perdonados, y con ello, justificados. Sólo es necesaria una actitud de reconocimiento, de conversión y de lo que, en otras épocas no muy lejanos, estaba abarcado no sin ambigüedad en lo que llamábamos “penitencia” (Küng, 2014). Por ello, el momento de crisis en el que nos encontramos, si no caemos en el desánimo, puede ofrecernos una oportunidad real -es decir, sujeta a vaivenes, a la vuelta a los mismos errores, a pasos atrás, como no puede ser de otra manera- de cambiar nuestra actitud hacia nosotros mismos, nuestras necesidades, nuestro modelo de sociedad y nuestras relaciones entre nuestro prójimo y entre otras sociedades -de personas, se entiende-. Ello sólo podrá ser posible, a mi juicio, cambiando nuestro corazón, con la ayuda de Dios -cada uno como lo entienda-. Sólo así, desde lo pequeño, podremos trabajar con impecabilidad en tareas humildes que nos consigan el respeto de los demás. Porque el que es fiel en lo pequeño, también lo será en lo grande. Desde el que ha pasado por la experiencia de la humildad, podremos aspirar a puestos en los que la Providencia nos ponga, pues para Dios, que quiso nacer como hijo de un carpintero, no hay nada imposible. La predicación de Jesús cambió el mundo, y si el reino de Dios, que él proclamó ya entonces en medio de nosotros no ha llegado a la tierra ha sido por la dureza de los corazones.

En cuanto a promover cambios positivos en la sociedad, comencemos planteándonos objetivos concretos, y se nos irán dando los cometidos de lo grande. Así, por ejemplo, centrémonos en combatir la situación de pobreza -material y espiritual- de nuestro prójimo; la degradación material y moral de los barrios de nuestras urbes deshumanizadas y caracterizadas cada vez más por contactos anónimos aplaudidos por insignes sociólogos, que ven sociedades de comunicaciones donde deberían ver sociedades de personas. También podremos darnos cuenta de que la intolerable degradación y contaminación de nuestros espacios naturales acaba a la larga con la supervivencia de la propia especie humana, superando el cortoplacismo imperante en este tiempo de la instantaneidad. Y sólo así podremos devolver la dignidad a continentes enteros deliberadamente excluidos de las bondades del consumo y de la globalización, como África, gran parte de Centroamérica, la mayor parte de América Latina y buena parte de Oceanía, aliviando la situación de miseria extrema que clama al Cielo.

Desde la opinión que quiero sostener, todas las personas, de cualquier credo, o de ninguno, pero que compartan esta necesidad de cambio de actitud individual antes de adquirir cualquier compromiso social, sobre todo político, son capaces, desde su ser y sus circunstancias, como diría Ortega, de contribuir al bienestar y a la justicia social, a la caridad, al fomento de un empleo cuya adjudicación se realice en equidad, es decir, en función del reconocimiento de los talentos y carismas y de las limitaciones y debilidades de cada uno, así como a una distribución de la riqueza basada en las necesidades de toda la comunidad política, especialmente, de los más pobres, de los excluidos, de los marginados, de los victimizados y de los estigmatizados, para que éstos, superando su situación, puedan contribuir realmente al bienestar de la Nación y de todo el orbe y recuperar con ello la dignidad que proporciona el trabajo, aportando sus habilidades y sobre todo su humanidad, y convirtiéndose de este modo en protagonistas activos de su destino y del bien común.

 

A.M.D.G.

 

Licencia de Creative Commons
¿Podemos emprender una política de rostro humano? by Dr. Pablo Guérez Tricarico is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial 4.0 Internacional License.
Puede hallar permisos más allá de los concedidos con esta licencia en preguntar al autor en pablo.guerez@uam.es, pablo.guerez@gmail.com, @pabloguerez
Aprenda cómo compartir sus obras con las comunidades existentes que ya han habilitado el uso de licencias de Creative Commons.
MartuBlog

Política, cosas de Martu y hasta tontunas...

antes de 2015 ¡actúa!

Blog de Cáritas Española sobre los Objetivos de Desarrollo del Milenio

Ahora es el Tiempo

Noticias • Educativas • Documentales

Reflexiones de un migrante académico

Desde el escritorio de Andrés

Espacio de oceano

Asuntos gobierno Chile

Quartz

Quartz is a digitally native news outlet for the new global economy.

Hijo de Vecino

Un Diario de Viaje Espiritual

De la victimización al "blaming the victim" en el mundo capitalista actual

Blog público, escrito desde una perspectiva cristiana, pero sobre todo humanista y crítica, abierto a todo el mundo, desde el que un humilde Doctor en Derecho Público y Filosofía Jurídica -especialidad en Derecho Penal- os invita a una reflexión colectiva sobre las víctimas del "Sistema capitalista actual" (político, social, económico, "ideológico"), tratando especialmente los procesos por los cuales determinados "sujetos" se convierten en víctimas, para después ser culpabilizados ("blamed") por su situación por el colectivo social al que "pertenecen". Pablo Guérez Tricarico, PhD.

Small Fish Travels

Female Twenty-Something Travel

Marcial Rafael Candioti IV - Mi Legado: Humanidad, Solidaridad, Independencia, Libertad: sin Concesiones para Publicar Noticias - ENCUESTAS

Noticias Destacadas de toda naturaleza - Espiritualidad - Solidaridad - Independencia - Un Blog sin Ideologias ni Religiones, y que es respetuoso de todas.

moisesaguirre

Pensamiento de diseño= negocios innovadores

The Daily Post

The Art and Craft of Blogging

WordPress.com News

The latest news on WordPress.com and the WordPress community.

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 86 seguidores